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Alpargateras de Vidángoz

Por lo que he podido indagar hasta ahora, ya tengo noción de unas cuarenta mozas de Vidángoz que estuvieron trabajando en las fábricas de Mauleón, pero es probable que haya otras tantas de entre muchas que tengo sin confirmar y con posibilidades de haber hecho esta misma labor. A continuación, una lista de las que tengo confirmadas y ordenadas por el nombre de su casa de origen:

Alpargateras de Vidángoz en Mauleón en 1911-1912: De pie: Josefa Sanz Fuertes [Fuertes], María Santos Hualde Mainz [Navarro], Eusebia Pérez Jimeno [Landarna], Gila Sanz Calvo [Kurllo / Txantxolit]; Sentadas: Restituta Sanz Salvoch [Escuela / Mailusa], Tomasa Ornat Arguedas [Algarra], Jacoba Hualde Mainz [Navarro].

  • Aizagar / Garín-Montes: Crescencia Garín Pascualena;
  • Algarra: Tomasa Ornat Arguedas;
  • Anarna: Petra Artuch Urzainqui;
  • Arlla: Juana Alejandra Hualde Salvoch y María Cruz Hualde Salvoch;
  • Arotx: Leonor Landa Arguedas;
  • Arriola: Veneranda Landa Urzainqui;
  • Calderero: Alejandra Calderero Sanz;
  • Cosme: Juliana Pelairea Fuertes;
  • Escuela / Mailusa: Andresa Sanz Salvoch y Restituta Sanz Salvoch;
  • Fuertes: Josefa Sanz Fuertes;
  • Garro: Donata Jimeno Ornat y Fulgencia Jimeno Ornat;
  • Jimeno: Asunción Salvoch Jimeno, Ceferina Salvoch Jimeno, Juliana Salvoch Jimeno y Rafaela Salvoch Jimeno;
  • Kurllo / Txantxolit: Gila Sanz Calvo;
  • La Santa: Secundina Sanz Fuertes;
  • Lengorna: Gregoria Urzainqui Hualde;
  • Llabari: Daniela Jimeno Sanz y María Jimeno Sanz;
  • Matxin: Eulogia Galech Salvoch;
  • Montxonena: Ángela Mainz Fuertes;
  • Mux: Felipe Nicolao Sanz;
  • Navarro: Jacoba Hualde Mainz y María Santos Hualde Mainz;
  • Ornat: Anastasia Ornat Jimeno y Leoncia Ornat Jimeno;
  • Paskel: Exaltación Pasquel Salvoch, Juana Pasquel Salvoch y Sebastiana Conrada Pasquel Salvoch;
  • Pexenena: Saturnina Salvoch Zazu;
  • Txantxolit: Benita Sanz Fuertes;
  • Xereno: Fermina Zazu Fuertes e Inocencia Zazu Fuertes.

Como veis, son un montón, pero hay otras muchas, algunas hermanas de las mencionadas  que habrían ido pero que todavía no he podido confirmar, y otras que constan en la documentación como ‘ausentes’ de Vidángoz durante algún periodo de tiempo y esto suele estar asociado a mozas que bien iban a la alpargata bien a algún otro lugar a servir.

Echad, pues, un ojo a la lista y, si echáis en falta a alguna que sepáis que marchó a Mauleón, pues me decís. A ver si conseguimos que la relación de ‘golondrinas’ sea lo más completa posible.

‘Traído de Francia’

Alejandra Calderero [Calderero] fue la primera mujer en dejar de ir a la iglesia vestida de roncalesa y vistiendo más a la moda, ‘como en Francia’. Y tuvo que oír no pocos reproches…

Con el dinero que ganaban, las golondrinas solían traer géneros diversos: vestidos, zapatos, telas y tejidos, bisutería… En otros pueblos han tenido noticia de aparatos más grandes (reloj de pie, máquina de coser, bicicleta…), pero en Vidángoz de momento solo lo mencionado arriba.

Pero además de lo material, las mozas que pasaban varios inviernos en Mauleón traían otro equipaje, digamos cultural. Y es que salir del Vidángoz aislado en las montañas a un Mauleón donde había tanto trasiego tenía que ser una apertura al mundo que no nos podemos ni imaginar.

Y así, las modas de allí fueron viniendo aquí con nuestras mozas, y llegó, por ejemplo, el día en que una de ellas decidió ir a misa vestida ‘a la moda’, como en Mauleón, en vez del traje de roncalesa, y tuvo que oír que parecía ‘una gallina mojada’. En fin, está claro que ser pionera tiene un precio…

Bodas y nacimientos en Mauleón

La mayoría de las jóvenes vivía estas idas y venidas como algo temporal, no pensaban en quedarse a vivir en Mauleón, pero hubo quienes terminaron casándose allí. En los primeros tiempos, como hemos comentado, no había una relación demasiado fluida con los autóctonos, y las roncalesas que se casaron allí lo hicieron en su mayoría con mozos aragoneses, pero conforme fue pasando el tiempo se fueron formando también parejas mixtas con originarios de ambos lados de la muga, si bien apenas he encontrado casos de este tipo entre las de Vidángoz.

Consentimiento paterno obtenido por Crescencia Garín [Garín/Montes] para poder casarse en Mauleón en 1911.

De entre las muchas mozas que marcharon de Vidángoz, aquí van algunas de las que se casaron en Mauleón, aunque, casualmente, el primero de Vidángoz en casarse allí fue un ‘golondrino’: Felipe Nicolao Sanz [Mux] en 1880 con Florencia Clemente Solano (de Huértalo, Huesca); María Cruz Hualde Salvoch [Arlla] en 1892 con José Aznárez Orus (de Fago, Huesca);  Crescencia Garín Pascualena [Aizagar / Garín-Montes] en 1911 (no consta el nombre del marido en el registro donde lo consulté); Andresa Sanz Salvoch [Escuela / Mailusa] en 1912 con Félix Larraz (de Aragüés del Puerto, Huesca); Restituta Sanz Salvoch [Escuela / Mailusa] en 1918 con Antonio Larraz (de Aragüés del Puerto, Huesca); Sebastiana Conrada Pasquel Salvoch [Paskel] en 1918 con Eustaquio Elío Ansó (de Huértalo, Huesca); Constancia Navarro Mainz [Makurra] en 1922 con Juan Aznárez Hualde (de Mauleón, pero hijo de la bidankoztar María Cruz Hualde Salvoch [Arlla], mencionada más arriba); Inocencia Zazu Fuertes [Xereno] en 1925 con Pedro Landa Arriola [Mux]; Ecequiela Sanz Salvoch [Kurllo] en 1930 con Felipe Gómez Castro (de Santa María del Berrocal, Ávila); Secundina Sanz Fuertes [La Santa] en 1931 con José Jimeno (de ¿Birrau?, Zaragoza); Remigia Sanz Salvoch [Kurllo] en 1931 (no consta el nombre del marido en el registro donde lo consulté).

Por otra parte, también hubo quienes tuvieron algún hijo allí, y como veremos, las circunstancias eran bien distintas. Por un lado, tenemos a Miguel Salvoch [Pexenena / Juanko / Molena], que nació en Mauleón en 1875 siendo su madre, Saturnina Salvoch Zazu [Pexenena / Juanko] todavía moza soltera. Por otro lado, tenemos a Julio Salvoch Artuch [Anarna], nacido en Mauleón en 1912 e hijo de Petra Artuch Urzainqui [Anarna] y Tomás Salvoch Hualde [Maisterra / Anarna]. Es este segundo caso más atípico porque relacionamos a las alpargateras con mozas jóvenes y solteras, pero en este caso Petra no solo estaba casada, sino que ya había tenido otros ocho hijos antes, con lo que el hecho de que marchara a Francia (tal vez junto con toda la familia) solo puede entenderse en un contexto de necesidad en la familia Anarna.

Además de los nacimientos (que habrá más, probablemente), faltaría por consultar los fallecimientos de bidankoztarras en Mauleón, que seguro que los hubo, pero esto, de momento, tendrá que esperar.

Como veis, Vidángoz dejó más huella en Mauleón de lo que parecía…

La vida en la ‘jota villa’

Las mozas que iban a Mauleón se pegaban todo el invierno trabajando, de sol a sol podríamos decir e incluso más. En aquella época todavía no había derechos de las trabajadoras, ni vacaciones, ni nada que se le pareciera. Además, las roncalesas y las aragonesas percibían un sueldo menor al de sus congéneres zuberotarras y, además de esta discriminación por el origen, hay que añadir la brecha salarial entre hombres y mujeres, cobrando los primeros también un sueldo mayor. Así, nuestras mozas roncalesas cobraban las que menos y, además, solían realizar en las fábricas los trabajos más duros.

La ‘haute ville’ de Mauleón era la zona donde se residían las alpargateras.

Los lugares donde se alojaban tampoco eran ninguna maravilla. La haute ville (la parte alta de la villa) de Mauleón era el casco antiguo de la ciudad, con casas muy viejas, era el destino de estas emigrantes estacionales. La población autóctona se había desplazado a la parte baja de la villa, más cerca del río, donde también se fueron estableciendo las fábricas. Como ya hemos mencionado, principalmente marchaban a la alpargata las mozas de familias necesitadas, y de la estancia en la capital de Zuberoa había que sacar el máximo beneficio, y esto pasaba por ganar todo lo posible (trabajar mucho) y gastar lo mínimo. Y así, podemos entender que sus alojamientos serían como lo que hoy en día denominaríamos ‘pisos patera’.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que en las décadas de esplendor de las fábricas de alpargatas el número de emigrantes llegadas desde el sur de la muga suponía un porcentaje nada desdeñable del total de la población de la villa. Gente diferente, muchas hablaban un idioma distinto (las que no hablaban en euskera; por cierto que a este respecto se señalan Uztárroz y Vidángoz como los pueblos cuyos habitantes seguían hablando en euskera en Mauleón), tenían otras costumbres, competían con las autóctonas por el uso de servicios como el lavadero, la fuente… La convivencia, en resumen, no debió de ser fácil aunque, con el tiempo, como suele ocurrir, la situación se fue asimilando.

Con todo, la juventud se dejaba notar y también había tiempo para la alegría, para juntarse a cantar (a este respecto, Juana Pasquel Salvoch [Paskel] denominaba al barrio en el que vivían la ‘Jota villa’, por la similitud fonética con Haute ville, pero también porque era frecuente oír jotas por sus calles) y a jugar con las de su lugar de origen, e incluso para relacionarse con mozos que, aunque en menor número, también marchaban a las fábricas de alpargatas.

‘In itinere’

Tal y como se relata a la derecha de estas líneas, el que llevaba de Vidángoz a Mauleón distaba de ser un camino de rosas. Principalmente por lo escarpado del terreno, pero también porque en aquella época no había forma de prever el tiempo que iba a hacer al día siguiente o incluso en unas horas.

‘Golondrinas’ en marcha, en la recreación realizada en Isaba en 2019 [Imagen: Diario de Noticias].

Es por eso que, de la misma manera que en el relato del viaje de regreso de 1929, las mozas roncalesas en numerosas ocasiones habrían sufrido en sus carnes las inclemencias del tiempo, y, en alguna de ellas, habría tenido consecuencias fatales para alguna de las jóvenes.

Así, en la casa nativa de mi madre, en casa Ornat, tengo referencia de un episodio trágico relacionado con estos viajes de alpargateras: una hermana de mi bisabuela Martina, llamada Leoncia Ornat Jimeno [Ornat], falleció con 23 años como consecuencia de una pulmonía que contrajo debido a un fuerte temporal que le debió de tocar sufrir a la vuelta de Mauleón, donde había estado trabajando el invierno de 1930-1931. Otra de sus hermanas, Anastasia, debía de recordar cómo Leoncia llegó ya al pueblo en muy mal estado, aunque aún vivió hasta medidados de julio.

El trayecto entre Vidángoz y Mauleón era toda una aventura y, por ello, no será raro que todavía encontremos noticias de más casos de accidentes in itinere como el relatado, o como algún otro que recuerdo vagamente pero que no sé asociar a una persona concreta.

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