Archive for the ‘Casas y lugares’ Category

Sobre el nombre Paxapán

La casa que tratamos en esta ocasión tiene un nombre digamos que curioso, cuanto menos: Paxapán. Tiene esa pronunciación con “x” (sonido /sh/) tan característica del habla tradicional de Vidángoz y que también se puede oír en otros nombres de casa como Mux, Lixalte, Pexenena, Monxón… Pero, ¿de dónde viene el nombre Paxapán?

Seguramente se trate de un apodo, pero el intríngulis del asunto debe de estar en su origen: ¿Vendrá de alguien que decía mucho “Pasa pan”, como aventuraba algún mayor del pueblo? Puede ser, pero parece una explicación demasiado simple.

Juankar López-Mugartza en su artículo “Erronkaribarko oikonimia, mitoak eta elezaharra” ofrecía otra explicación curiosa: Paxapán, con otra pronunciación Paxabán, podría estar relacionado con la frase con la que se sella el Tributo de las Tres Vacas: Pax Avant.

Por último, plantearé mi propuesta, y es que el nombre esté relacionado con un tal Celestino Pasamán, natural de Olorón y que residió en Vidángoz hacia 1863 no sé exactamente con qué empleo, tal vez herrero, boyero, u otro oficio por el estilo. El caso es que en las pocas ocasiones en que se le menciona unas veces consta como Pasamán, otras como Masapán. Pasamán, Masapán… ¡Pasapán! En cualquier caso, tampoco queda claro que ocupara la actual casa Paxapán o la antigua (hoy Elizarena) y, como suele pasar, creo que nos quedaremos con las ganas de saberlo.

Casa Paxapán

Llegamos nuevamente al barrio de Egullorre, a casa Paxapán concretamente. Sucede con esta casa algo curioso: la antigua casa Paxapán o casa vieja de Paxapán sería la actual casa Elizarena y la actual casa Paxapán… pues todavía no he conseguido aclarar si anteriormente era una vivienda o, por contra, era un edificio destinado a otras funciones. La estructura exterior de la casa, las ventanas y puerta principal parecen indicar que la casa tiene cierta antigüedad, pero al seguir la genealogía de la familia Paxapán y al estudiar la ocupación de diversas casas de Vidángoz en tiempos pasados no queda claro que hubiera dos casas habitadas en aquel entorno…

Así pues, nos centraremos en la familia que denominamos Paxapán, en cómo se transmitió la casa durante la últimas generaciones. Comenzaremos por los hermanos Juanco Pérez, sus últimos habitantes hasta pasar en la década de 1970 a casa Lixalte, con la que tenían vínculos familiares y que en aquel momento estaba vacía y en mejor estado que su casa nativa.

Casa Paxapán

Natural de casa Paxapán era la madre de los hermanos Juanco Pérez, Gabriela Pérez Artieda, casada en 1909 con Nicolás Juanco Salvoch, natural de casa Juanko. No era la primogénita, pero junto con su hermano mayor Fermín, que se casó a casa Txestas, eran los dos únicos hermanos que llegaron a adultos de los ocho hermanos que eran, dándose la curiosa circunstancia de que cuatro de ellos murieron en torno a la edad de 20 años y otros dos, y esto ya era más habitual, con 2 y 3 años de edad.

Gabriela, a su vez, había recibido la casa de mano de sus padres, que eran Faustino Jovita Pérez Larrambe, de casa Paxapán (algunos tal vez conozcáis un lugar en el monte que se denomina Lo de Jovita, pues bien, hace referencia a este Faustino Jovita, puesto que se refiere a una finca de esta familia), y María Petra Artieda Mayo, natural de Uztárroz, quienes habían contraído matrimonio en 1868. Faustino era el 3º de seis hermanos de los que tres fallecieron a corta edad, otra a los 28 años (poco antes de la boda de Faustino) y del benjamín de esta generación no sabemos qué fue, tal vez se casó a otro pueblo o tal vez emigró.

Éstos habían sucedido a los padres de Faustino, que eran Francisco Fermín Pérez Eder [Paxapán] y María Juana Larrambe Mainz [Axairna, actual Paskel], que se casaron en 1838. Francisco Fermín era el primogénito, y los otros dos hermanos fallecieron con casi 2 años y 13 respectivamente, por lo que la pervivencia de la casa pendió durante tres años de un hilo que era el propio Francisco Fermín.

Francisco Fermín había heredado la casa de mano de sus padres, Francisco Ygnacio Pérez Urzainqui [Paxapán] y Juana María Eder Esandi [de Roncal], pareja que había contraído nupcias hacia 1815 (seguramente en Roncal, por ser el pueblo de origen de la novia) y de quienes era el primogénito. Francisco Ygnacio era el benjamín de tres hermanos, pero parece que el mayor falleció a temprana edad y la segunda, que era una hermana, no sabemos si estaría destinada a heredar, pero tuvo un hijo de soltera (aunque terminó casándose apenas dos meses después) y en aquel momento salió de la casa, quedando como heredero Francisco Ygnacio, quien se casaría apenas un año después, en 1815.

A Francisco Ygnacio le legaron la casa sus padres, casados en 1779, Joseph Gabriel Pérez Hualde y Mª Cecilia Urzainqui Mainz, siendo ella la natural de casa Paxapán, quien a su vez la había recibido de sus padres, Pedro Francisco Urzainqui Dansa y Mª Ysabel Mainz Pérez, pareja enlazada en 1751 y en la que ella era natural de la casa que tratamos. Y con los padres de Mª Ysabel, Domingo Mainz Gambra y Lucía Pérez Echeverri, él de Paxapan y ella de Garde, llegamos todo lo lejos que puedo llegar en la genealogía, pues Domingo Mainz era el dueño de la casa en 1726, que es el último punto de control histórico que puedo enlazar y antes que eso ya no sé por cuál de los progenitores de Domingo seguiría.

La transmisión de casa Paxapán, como la de todas las casas, veis que ha tenido sus peculiaridades. Se nos escaparán muchas historias, pero algunas nos son inalcanzables…

Una bruja en la cuadra

Si en el nº 19 de Bidankozarte narraba una de las historias sobre brujas en Vidángoz, la de la gallina de casa Pantxo, hoy contaremos otra menos conocida pero relacionada con aquella.

Esta leyenda decía que en la cuadra de casa Ornat todas las nochebuenas moría un macho, una mula o similar. Ante el perjuicio que ello causaba a la casa, un año el cabeza de familia se escondió en la cuadra en la noche señalada para ver qué ocurría y cuál fue su sorpresa que en torno a la medianoche apareció su madre, se montó encima del macho y éste empezó a agitarse hasta morir.

Entonces, el hombre salió de su escondite y recriminó a su madre por lo ocurrido, a lo que ésta contestó que, de no morir un animal, quien fallecería sería uno de los miembros de la familia.

Como suele pasar, hay un detalle en la historia que seguramente contribuyó a alimentar este cuchicheo, y es que el día de Nochebuena de 1895 falleció una nieta de esta supuesta bruja.

Dicen en casa Ornat que mi bisabuela Martina odiaba que a los de Vidángoz nos llamaran brujos, y es que los protagonistas de la historia anterior eran su padre, Alejo, y su abuela, Mª Ignacia Pérez Artica, hermana de aquella bruja de casa Pantxo, ambas naturales de Burgui, de ahí que la gente mayor del pueblo suele decir aquello de “a Vidángoz las brujas subieron de Burgui”.

Como véis, detrás de estas leyendas suele haber algún hecho real que contribuye a que parezcan verídicas.

Casa Ornat

Llegamos nuevamente al barrio de Iribarnea en este recorrido por las casas de Vidángoz, en esta ocasión a casa Ornat. Partiendo de la generación actual, nos encontramos que sus padres eran Flora Sanz Ornat y Cándido Artuch Jimeno, siendo ella la natural de la casa, de casa Ornat, y él nacido en casa Largotena. Lo mismo había ocurrido en la generación anterior, donde también había heredado la casa una mujer, en esa ocasión Martina Ornat Jimeno, casada con Jerónimo Sanz Calvo, natural de la actual casa Kurllo y que posteriormente también había vivido durante unos años en casa Txantolit. Martina y Jerónimo tenían también sendos oficios singulares, por lo que eran más conocidos en el pueblo: ella por ser la comadrona, la última que ejerció en Vidángoz, y él por ser el alguacil durante muchos años. En esta generación se da la circunstancia de que fue la última en la que uno de los dos cabezas de familia llevó el apellido Ornat, que da a la casa su nombre actual, si bien hay que señalar que tres hermanos de Martina también se casaron a otras casas de Vidángoz y llevaron con ellos el apellido Ornat: Marcelino se casó a casa La Santa, Pío a casa Zinpintarna y Anastasia a casa Makurra.

Casa Ornat

Los padres de Martina eran Alejo Ornat Pérez y Vicenta Jimeno Navarro, él de casa Ornat y ella de casa Danielna, casados en un doble enlace de dos parejas de hermanos donde esta pareja quedó en casa Ornat y la otra, formada por José María Jimeno Navarro y Paula Ornat Pérez, pasó a casa Garro, puesto que en casa Danielna ya se había quedado otra hermana de Vicenta y José María, casada en otra doble boda entre dos parejas de hermanos donde una pareja quedó en casa Danielna y la otra en casa Llabari. Alejo era hijo, a su vez, de Francisco Pasqual Ornat Pérez, natural de la casa, y María Ygnacia Pérez Artica, natural de Burgui y hermana de Teresa Jesús Pérez Artica, que se casó a casa Pantxo un año antes de que María Ygnacia llegara a Vidángoz.

De aquí hacia atrás la sucesión en casa Ornat se empieza a complicar un poco ya que hubo varios enviudamientos y segundas nupcias en los cabezas de familia de la casa, aunque lo resumiré para no extenderme demasiado. Francisco Pasqual quedó huérfano de padre (Mariano Miguel Ornat Hualde, hermano de la madre de Mariano Mendigacha y padrino de éste) con 4 años y de madre (Nicolasa Pérez Garde, de casa Diego y hermana del Diego que da nombre a dicha casa) con 9. Su madre, al fallecer su padre, se había vuelto a casar y, de hecho, falleció como consecuencia de un parto. Así que Francisco Pasqual fue criado en gran parte por sus padrastros y otros parientes.

En la generación anterior el natural de la casa era Mariano Ornat, que murió joven (36 años). De esta generación ya he mencionado que era también Melchora, la madre de Mariano Mendigacha, y además un hermanastro suyo, Fermín Francisco Ornat Onco, cuyo hijo, Matías Ornat Urzainqui acabaría yendo de heredero a casa Algarra, extendiendo con él el apellido Ornat a otra casa.

Y una generación más atrás, nos encontramos con una pareja en la que ninguno eran de la casa: Pasqual Ygnacio Ornat Mendi, natural de Roncal, y Mª Francisca Hualde Urzainqui, de casa Malkorna. ¿Cómo puede ser? Pues la explicación es la siguiente: en casa Ornat había quedado una pareja mayor, formada por Cathalina Mendi Esparz, de la casa, e Ygnacio Aierra Pérez, de Burgui. La pareja no tuvo descendencia y, como se solía hacer en esos casos, habían recurrido a alguien con relación familiar para que fuera a la casa de heredero, en este caso a un hijo de una hermana de Cathalina que se había casado a Roncal. Y así, desde Roncal, llegó el primer Ornat a Vidángoz, y la casa tomó su nombre. ¿Cómo se llamaría antes? A saber. ¿Casa Mendirna? ¿Mendi? ¿Otro nombre que nada tiene que ver? ¡Adivina!

Pues hasta aquí esta pequeña historia de casa Ornat.

Casa Molena

Volvemos con la sección de oiconimia a analizar otra casa del antiguo barrio de Iriartea: casa Molena. En la actualidad es un edificio de titularidad municipal, que alberga, entre otros, el consultorio médico de Vidángoz. Pero no siempre ha sido así. ¿Queréis saber cuándo la compró el Ayuntamiento, los usos que ha tenido desde entonces y lo que sabemos de quienes vivieron en esa casa con anterioridad? Pues seguid leyendo este artículo.

Empecemos por la historia reciente, aquella que pueden recordar los de mayor edad. Casa Molena, nombre que al contrario de lo que suele ocurrir en Vidángoz, consta como tal en la escritura, fue comprada por el Ayuntamiento el 28 de junio, víspera del patrón San Pedro, del año 1927. La compra se realizó por medio de apoderados: el Municipio estuvo representado por el entonces secretario Babil Ayestarán, y la familia vendedora, por su parte, había delegado funciones en el bidankoztar Francisco Hualde [Arlla], aquel malogrado comerciante que unos pocos años después terminaría su existencia al despeñarse su taxi cerca del puente de la foz, entre Burgui y Salvatierra. La transacción se acordó en 4.500 pesetas, y el destino que proyectaba dar el Ayuntamiento al edificio era “habitaciones de empleados municipales o de la Sra. maestra”.

Casa Molena

Así, los primeros en ocupar la casa tras la compra fueron la maestra Doña Basilisa y su familia, los Garralda García, que la ocuparon entre 1927 y 1935. Tras dejarla esta familia, y por lo que se deduce de los libros de matrícula parroquiales, permaneció vacía durante algunos años hasta que en 1946-1947 volvió a ocuparla otro maestro parte de cuya progenie todavía sigue ligada a nuestro pueblo: Don Tirso y su familia, los Díaz de Zerio Galdeano. Ese curso convivieron la familia de Don Tirso y la maestra Antonia Igal Alfaro, quién siguió en el pueblo los dos cursos siguientes. Y a esta le siguieron en los cursos posteriores los maestros José María Arraiza Pérez, José García Remón y Javier García.

Después de estas dos décadas y media de ocupación por parte de maestros, la casa fue habitada por Enrique Hualde [Txestas / Juanko] y Carmen Mainz [Aristu / Juanko] desde que se casaron en 1953 hasta que pasaron a su morada definitiva, casa Juanko, en torno a 1965. Después de esa fecha, casa Molena ya no fue empleada como vivienda.

Pero ¿quién era la familia originaria de casa Molena? Pues la pareja formada por Josefa Arguedas Gayarre [Molena] y Miguel Salvoch [Pexenena/Juanko/Molena].  La pareja se había casado en 1902 y en torno a 1915 parece ser que Miguel Salvoch emigró a Argentina, donde permaneció unos años, y parece que le fue bien, puesto que a su vuelta, en torno a 1924, la familia marchó a vivir a Pamplona, concretamente a la calle Arrieta nº 2.

En la generación anterior, los cabezas de familia eran Petra Gayarre Mainz [Molena] y Javier Arguedas Mainz [Arguedas/Molena], antes que éstos lo fueron los padres de Petra, Ángela Estefanía Mainz Sanz [Molena] y Manuel Gayarre Necoch, natural de Urzainqui, y otra generación más atrás, los padres de Ángela, Martina Ygnacia Sanz Mainz [Molena] y Pedro Antonio Mainz Garat [Paskel/Molena], quienes habían heredado la casa al fallecer el matrimonio que había sido designado en inicio a tal fin: Juana Juachina Sanz Mainz [Molena] (hermana mayor de Martina Ygnacia) y Juachín Mariano Sanz Glaría [Navarro/Molena]. Se da la circunstancia de que las herederas de las dos últimas generaciones que hemos citado, Ángela Estefanía y Martina Ygnacia, y una hermana soltera de esta última que también vivía en casa, fallecieron en apenas 10 días en la epidemia de cólera de 1855, con lo que suponemos que el impacto del brote en casa Molena fue tremendo, ya que el viudo de Ángela, Manuel Gayarre, quedó con cuatro hijos de corta edad (entre 3 y 12 años) que sacar adelante, y fue uno de los que, tras el cólera, volvió a casarse, haciéndolo además con otra viuda, Felicia Azanza Jacue, natural de Garaioa que había perdido a su marido (Juan Ygnacio Monzón Jaúregui [Txestas]) meses antes de la epidemia.

Seguir para atrás en la genealogía de casa Molena nos supondría un salto de tres o cuatro generaciones en el que, al no estar claro quién era el/la propietaria de la casa en 1726 (que es el siguiente punto de control que tenemos desde 1810), puede que fallemos, por lo que lo dejaré para cuando analice dicho tema de forma más global.

Por lo que respecta al significado del nombre de la casa, mi teoría es que tiene relación con la palabra “molina” en su acepción de “aserradero cuyas máquinas se mueven con energía producida por la fuerza del agua”, como el que había en la parte baja del propio molino de Vidángoz. De hecho, creo en algún documento antiguo del Valle de Roncal que ahora no acierto a encontrar leí en su día referencias a “molenas de aserrar”, con lo que, tal vez esta casa tendría alguna relación con dicha instalación.

Bueno, pues ya hemos sabido un poco más de casa Molena, una de las casas que, quizás, menos conocemos.

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