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Apellidos bidankoztarras: Urzainqui

Esta vez vamos a conocer la historia del apellido Urzainqui en Vidángoz, un apellido que no es el más habitual en los últimos tres siglos de txiripa, y es que solo es superado por el apellido Sanz y por muy poco.

Así es que, siendo un apellido tan frecuente, os podéis imaginar que da un poco de pereza adentrarse en el berenjenal que supone estudiar un apellido tan extendido… pero algún día había que hacerlo, así que vamos a empezar por el principio.

José Mariano Urzainqui Urzainqui [Txestas] fue secretario del Ayuntamiento de Vidángoz durante 10 años a finales del Siglo XIX.

José Mariano Urzainqui Urzainqui [Txestas] fue secretario del Ayuntamiento de Vidángoz durante 10 años a finales del Siglo XIX.

¿Cuándo está documentado el primer Urzainqui en Vidángoz? Pues, hasta donde yo he indagado, parece que el primero en llevar ese apellido en Vidángoz lo encontramos en 1515 (y en 1501 no constaba), donde aparece un tal Blasco Urzaynquy, seguramente venido de Urzainqui (y es que inicialmente ese era el significado de este apellido, que hacía referencia a alguien natural del pueblo de Urzainqui que había salido de él para establecerse en otro sitio, en este caso en Vidángoz). Y es que en aquella época los apellidos todavía no se transmitían como hoy en todos los casos, digamos que estaban en proceso de fijación. Desde allí hasta un siglo más tarde, prácticamente, no he encontrado más Urzainquis (principalmente porque no hay apenas listados donde hacerlo).

Ya en 1605 aparece un Pedro Urzainqui en un proceso judicial de los Tribunales Reales de Navarra, donde consta entre los que han denunciado a otro vecino por injurias. Este mismo Urzainqui es quien vuelve a aparecer en unos documentos sobre rentas de 1612-1613, lo que hoy en día vendría a ser una especie de catastro. Y de aquí en adelante es donde comienza el boom de los Urzainqui, ya que apenas dos décadas después, en otro documento estadístico de 1634, ya hay cuatro Urzainquis entre los 85 vecinos o cabezas de familia de Vidángoz (no sabemos si todos son descendientes de aquel Pedro), tres en el barrio de Iriartea y uno en el de Iribarnea, aunque no podamos llegar a saber qué casa ocupaban. El número que se mantiene en los Apeos de población de 1645-1646, cuando uno de aquellos cuatro ha llegado a alcalde (Juan Urzainqui). En el Apeo de Población de 1677 ya son cinco los vecinos con este apellido, y uno de ellos tiene la circunstancia de ser pobre mendigante.

Casa Pantxo, probablemente sede de la saga más longeva de Urzainquis.

Casa Pantxo, probablemente sede de la saga más longeva de Urzainquis.

Ya en el siglo XVIII se mantiene la tendencia y el apellido sigue extendiéndose y llega a su máximo en el Apeo del año 1726, cuando en nueve casas el cabeza de familia (tres mujeres y seis hombres) lleva por primer apellido Urzainqui, siendo dos de las mujeres pobres de solemnidad, circunstancia tristemente frecuente en viudas y mozas (solteras).

No disponemos de más listados nominales hasta el siglo XIX, pero entonces, tanto en la matrícula parroquial de 1810 como en el listado de propietarios de 1816 hay ocho vecinos apellidados Urzainqui, cifra que con ligeros altibajos se mantendrá hasta nuestros días (9 en el catastro de 1847, 8 en el de 1883, 7 en el de 1898, 8 en el de 1916 y 7 en la matrícula parroquial de 1942).

Así pues, es fácil suponer que no habrá muchas casas en las que no habrá habido Urzainquis (y menos aún si tenemos en cuenta a las esposas, que no aparecen en los listados de vecinos por constar el nombre del marido como cabeza de familia). Así, por barrios, tenemos que en el barrio de Iriburua ha habido Urzainquis en las casas de Diego, Cosme, Laskorna, Lengorna y Arguedas; en el barrio de Iriartea en las casas de La Santa, Artutx (actual Pelairea), Algarra, Navarro y Hualderna; En Iribarnea, en casa de Xereno, Anarna, Kostiol, Pantxo, Ferniando, Ornat, Secretario, Arotx (actual Arbizu), Santxena, Maisterra, Rakax, Xapatero, Txestas, Landa y Llabari; Y en Egullorre, en casa de Malkorna, Xoko, Paxapan, Santos (actual Mailusa), Anxelmo (actual Calderero), Vicaría, Zinpintarna y Arriola.

En resumen, el apellido ha pasado por al menos 33 casas de las poco más de 70 que históricamente ha venido teniendo Vidángoz, casi la mitad.

Como dato curioso, señalar que hay varias casas en las que el apellido Urzainqui se ha mantenido durante muchas generaciones, como las casas Lengorna, Kostiol, Pantxo o Ferniando.

Así que podemos atrevernos a decir que todos seremos Urzainqui en cierto grado…

Nacidos, casados y muertos en Vidángoz en 1918

1918 es uno de esos años marcados en rojo por la historia por dos motivos diferentes que, aunque en Vidángoz parece que no influyeron directamente, a nadie se le escapa que los efectos de ambos en las cercanías se harían notar: el final de la I Guerra Mundial y la epidemia de gripe.

Aunque España no tomó parte en la I Guerra Mundial, ésta tuvo un impacto brutal en las localidades cercanas al otro lado de la muga, con las que había mucho más contacto que en la actualidad. No hay más que visitar, por ejemplo, el cementerio de Santa Engracia y observar la cantidad de fallecidos que dejó aquel conflicto (60 muertos en una población de en torno a 900 personas).

Por otra parte tenemos la famosa Gripe del 18 o Gripe Española, que aunque en Vidángoz concretamente no tuvo incidencia, probablemente habría golpeado con fuerza en algún pueblo de nuestro entorno de la misma manera que a nuestra villa le había tocado la embestida del cólera en 1855.

La pareja formada por Martina Ornat y Jerónimo Sanz, en la foto con su nieta Anuncia Artuch

Como decía, pues, el ambiente no era demasiado alentador y reflejo de ello sea el hecho de que solo se oficiara una boda en todo el año, más si tenemos en cuenta que el año anterior también había registrado un único enlace matrimonial y que la media era de tres casamientos anuales. La única pareja que se dio el sí en aquel 1918 fue la formada por Jerónimo Sanz Calvo [La Cabrera / Txantxolit / Ornat] y Martina Ornat Jimeno [Ornat], que pasaron a ser los cabeza de familia de casa Ornat.

Muy diferente fue la dinámica en lo que a nacimientos se refiere, ya que fue un año especialmente prolífico, con 20 nacimientos, 10 niñas y 10 niños, cuando la media era de 12,5. Seguro que a la matrona de aquella época no se le olvidaría aquella primavera en la que atendió diez partos. Los nacidos en aquel año y sus casas de origen / residencia son los siguientes:

Los quintos de 1918 Terencia Sanz (derecha) y Gerardo Gayarre (sentado), en la imagen junto a Adriana Landa [Algarra] y Andresa Asín [Pelaire / Pantxo]

Purificación Landa Urzainqui [Arriola], Margarita Sanz Ornat [Ornat / Montxonena], Lucio Urzainqui Mainz [Artutx], Josefa Sanz Jimeno [Zinpintarna], Terencia Sanz Fuertes [Txantxolit], Prudencio Iriarte Rodrigo [Maizena], Felipa Ysabel Mainz Mainz [Refelna], N. Landa Ornat [Bomba], Antonino Ezquer Pérez [Landarna], Bernardino Jimeno Mendigacha [Llabari], Jacoba Iriarte Sanz [Iriarte], Robustiano Landa Arguedas [Arotx], Basílides Elizalde Sanz [Elizalde], Eusebio Urzainqui Urzainqui [Pantxo], Felisa Pasquel Ornat [Paskel], Micaela Mainz Landa [Landa], Gerardo Gayarre Necochea [Gaiarre], Clemente Sanz Sanz [Danielna], Dátiva Sanz De Miguel [Arlla] y Santiago Ornat Sanz [La Santa]. Sin embargo, y pese a ser varios de ellos primogénitos en sus familias, muy pocos de ellos terminaron siendo cabezas de familia en Vidángoz.

En cuanto a los difuntos, alguno más que la media (once en 1918 por ocho de media), seis adultos y cinco niños. Los adultos fueron Aquilino Antero Larrambe Urzainqui [Larranbe], Justa Ornat Juanco [Algarra], Francisca Arguedas Recalde [Arotx], Mariano Mendigacha Ornat [Mendigatxa], Basilio Carrica Iriarte [Izal / Varias casas / Pexenena] y Bernardo Rodrigo Usieto [Navascués / Maizena], y los menores fallecidos fueron Secundino Urzainqui Urzainqui [Pantxo], N. Landa Ornat [Algarra], Robustiano Landa Arguedas [Arotx], Ana Ornat Landa [Bomba] y Julia Ornat Sanz [La Santa].

Año movido, sobre todo en lo referente a los nacimientos, y cantidad de nombres de los que, particularmente los mayores, conoceréis a muchos aunque solo sea de oidas, pero también habrá más de uno del que no tendríais noticias. De todo tiene que haber…

El concejal Jimeno, destituido

A la hora de citar alguien con el apellido Jimeno con una historia relevante pensaba que lo iba a tener difícil, pero entonces recordé un documento que encontré la pasada primavera y que me dejó ciertamente descolocado por lo desconocido del asunto.

La historia en cuestión nos lleva al Vidángoz del otoño de 1936, con la Guerra Civil recién empezada. Nuestro pueblo, como toda Navarra en general, era zona ‘nacional’, esto es, de dominio franquista. Y en principio, y por lo que nos han contado o por lo que ha quedado en la memoria popular, en nuestro pueblo solo la familia Landa sufrió las represalias por su tendencia política izquierdista.

Escrito del Gobierno Civil por el que se acuerda destituir al concejal del Ayuntamiento de Vidángoz Ángel Jiménez [Jimeno] Salvoch por ‘simpatizar con las izquierdas’. [Fuente: Archivo Municipal de Vidángoz]

Pues resulta que no fueron los únicos. Y es que al protagonista de esta triste historia, al entonces concejal del Ayuntamiento de Vidángoz Ángel Jimeno Salvoch [Zinpintarna / Llabari], le tocó sufrir en sus carnes la represión política, en su caso con la destitución de su puesto de concejal ‘por ser simpatizante con las izquierdas’. Así lo demuestra un escrito que encontré recientemente en el Archivo Municipal de Vidángoz [Caja 023, carpeta 1936)]. Se trata de un comunicado del Gobierno Civil bastante escueto fechado el 10 de noviembre de 1936 en el que podemos observar varios datos:

    • Hay un error en la grafía del apellido del cesado, ya que el documento original dice ‘Ángel Jiménez Salvoch‘, cuando debería decir ‘Ángel Jimeno Salvoch‘.
    • La destitución se realizó a iniciativa del entonces alcalde de Vidángoz Pedro Salvoch Salvoch [Salbotx / Calderero], que debió de enviar una solicitud a tal respecto el 21 de octubre de 1936 (o sea, que la guerra ya llevaba tres meses en marcha, no fue nada más empezar).
    • El motivo de destitución es ser ‘simpatizante con las izquierdas‘.
  • La Comandancia de la Guardia Civil de Navarra emitió un informe que, por lo visto, confirmaría lo señalado por el alcalde de Vidángoz y por ello se procedió a la destitución del alcalde.

Ángel Jimeno Salvoch [Zinpintarna / Llabari]. (Foto: Fondo Fotográfico Santiago ‘Calderero’)

Curiosamente, y pese a los avances en la investigación de la memoria histórica en los últimos años, nadie había dado noticia de esta destitución. Seguramente se deba al hecho de que esta destitución no consta por ninguna parte en los libros de actas del Ayuntamiento de Vidángoz, y de hecho, el acta de concejal de Ángel Jimeno tardó en ser ocupada más de un año. Habrá que intentar corregir esta falta y dar a conocer este hecho ocultado y olvidado.

Ante esto, parece ser que Ángel decidió ‘tragar‘ y callar, y de hecho, ninguno de sus descendientes tenía conocimiento de esta circunstancia… Mi teoría relativa a sus ‘simpatías con las izquierdas‘ está relacionada con el bar que regentaba Ángel en casa Llabari, donde supongo que éste habría permitido reuniones de ‘izquierdistas‘, y esto habría sido excusa suficiente para apartarlo de su acta de concejal cuando habría ‘molestado‘ con sus opiniones (de otra forma, habría sido apartado de su cargo inmediatamente, en julio o agosto de 1936). El caso es que, aparentemente, siguió desarrollando su actividad sin otras consecuencias durante muchos años.

En fin, seguro que Ángel Jimeno habría preferido no aparecer en este espacio por este motivo…

Encontrado en Vidángoz un cráneo… ¿sin dueño?

Las ediciones digitales de Diario de Noticias y Diario de Navarra recogían ayer una noticia titulada “Investigan el hallazgo de un cráneo humano en el río Irati a su paso por Orbaizeta“.

Pues bien, salvando la distancia temporal, en Vidángoz hubo un caso similar que traté en 2014 en la charla-paseo “Vidángoz negro: muerte y delincuencia en nuestras calles“, de la que se publicó un pequeño cuaderno con diversas historias truculentas ocurridas en nuestro pueblo.

Plano que indica dónde está el término de Irasokoatea

Nos tenemos que remontar al año 1850, con la primavera recién estrenada (más o menos en la época en que nos encontramos), cuando un macabro hallazgo sacaba al pueblo de su letargo invernal: una calavera junto con diversas ropas habían aparecido en el término de Irasokoatea [al Norte de Olaberria; visto que se indica que era paraje abrupto, tal vez habría cogido el denominado camino de Azaltegia y se habría perdido en algún punto cerca de los Lexankos (o Amuluxanko según algunos estudios de toponimia)]. El primero en ser avisado ha sido el párroco, Don Ángel Urzainqui [Ferniando], quien dió cuenta de lo encontrado al alcalde, Tomás Hualde [Pelaire]. Éste fue el encargado de realizar las diligencias necesarias para tratar de identificar los restos.

Para realizar el reconocimiento se desplazaron hasta el lugar del suceso el alcalde, el cirujano D. Manuel Larequi [Burgui / Elizalde]) y cuatro testigos (Tomás Iriarte [Güesa / Iriarte], Pedro Miguel Fuertes [Lixalte], Vicente Zazu [Gallués / Pexenena] y Mariano Landa [Landa]). Levantó acta el escribano Manuel Nicolao [Anxelarna].

En el lugar del hallazgo, además de un montón de trocitos de ropa y demás, apareció un elemento que resultó fundamental para identificar al cadáver: “una caja de ojadelata usada y algo roñosa, dentro de ella un poco de polvo para narices, en cuya tapa tiene hecha a navaja la inscripción “Carrascón”, y debajo, en tinta, pone “Mi dueño”, y en un lateral pone en tinta Dn M y el resto de letras, que debieron de estar escritas, están borradas”. Aparecieron, además, otros elementos de la vestimenta que no eran los habituales: “un sombrero de copa muy fino y bastante usado, con cinta de seda alrededor; una capa anoquerada de buen paño, con cuello alto y bueltas de pana de color de botella; un bastoncillo blanco de fresno”.

Una calavera apareció en el monte de Vidángoz.

A juzgar por donde apareció el cadáver, dedujeron que el difunto se habría retirado al abrigo del lugar y habría muerto ahí mismo, sin fuerzas ni alimentos y tal vez perdido, ya que algo más arriba está el camino de alcorce de sierra de los valles de Roncal y Salazar. Concluyeron que debió de estar algo de tiempo porque parte de la hierba está más pisada y, por unos pelos encontrados en la roca donde habría estado sentado, que era canoso. La calavera “la habrían separado las fieras feroces que según las fuentes se conoce haber habido muchas. Los huesos se suponen también comidos por las fieras, o llevados con facilidad por alguna avenida de agua del barranco de Azaltegia”.

El molinero, Ramón Ainesa, declaró que conocía a un tal Carrascón de avanzada edad que era cirujano (más o menos lo que hoy denominaríamos practicante, o enfermero) en Jaurrieta cuando él estuvo de molinero en aquella villa, y que además, en noviembre, pasó un hijo suyo preguntando si habían visto a su padre, porque había salido de casa (en Izalzu) hacia Urzainqui, para buscar trabajo porque le habían despedido de Izalzu, le debió de atrapar un temporal de lluvia y nieve y no había vuelto. Algunos vecinos más (Vicente Zazu [Gallués / Pexenena] y  Pascual Garcés [La Herrera]) corroboraron lo dicho.

Declararon también los que tenían propiedades cerca del lugar del hallazgo (José Anaut [Inigizena] y Pedro Miguel Fuertes [Fuertes / Lixalte]), que indicaron que no habían estado allí desde septiembre hasta una semana antes del hallazgo, y que “ignoran que nadie haya podido estar en un lugar tan distante y retirado”.

Las unaiak, las boyeras, declararon no haber visto a nadie.

Para cerrar el círculo de interrogatorios, les tocó el turno a las boyeras (unaiak) que andaban cerca del término: Ignacia Monzón [Txestas / Arguedas], que había estado todo el mes de Marzo en una borda que tienen en Irasokoatea, cuidando sus vacas, Manuela Sanz [Bernabé] y Sevastiana Navarro [Danielna], que todo el mes de Marzo había estado en la borda de su amo Diego Pérez [Diego] en la jurisdicción de Irasokoatea y por los días apacentaba sus vacunos o los de su amo. Ninguna había visto a nadie salvo a ellas mismas durante esos días.

Se enterró provisionalmente su cráneo en el cementerio de Vidángoz con una marca a la espera de que lo reclamasen.

Finalmente, las declaraciones de varios testigos de Izalzu indicaron que solía vestir con la ropa encontrada en Irasokoatea y que su estado de alimentación era malo porque era pobre miserable. Así pues, pese a que la viuda dice que su marido no vestía esa ropa, como negándose a aceptar lo inevitable, parece que el tema quedó aclarado y que el viejo cirujano Manuel Carrascón salió de Izalzu hacia Urzainqui por el puerto, le pilló el temporal, trató de refugiarse, se perdió, murió de frío y hambre, y los lobos dieron cuenta de su cuerpo.

No sabemos cómo acabará la historia que hay detrás de la noticia, pero seguro que el tema no tiene mucho que ver con lo ocurrido en Vidángoz hace más de siglo y medio…

Una teja con historia

En los últimos días he leído dos noticias curiosas que tenían por protagonistas sendas tejas.
La primera era particularmente curiosa por tener una inscripción en euskera y haberse encontrado nada menos que en Villartoso (Soria).
La segunda, no tan curiosa, pero mucho más cercana en el espacio, ya que la recogía el colectivo ‘hermano’ La Kukula de Burgui en su facebook.
Pues bien, en Vidángoz no íbamos a ser menos y también tenemos una teja con una inscripción que, si bien no está en euskera, si que tiene una historia cuanto menos curiosa por detrás.
En nuestro pueblo, quien más quien menos sabe que hubo una tejería. De hecho, todavía hay una calle que hace referencia a dicha factoría: aunque recientemente ha habido algún cambio en la denominación por temas de catastro, antiguamente la calle Tejería partía de la calle Mayor entre casa Landa y casa Fuertes (actual casa Azkue) hacia abajo, cruzaba el puente de Casero y subía al Castillo. Y es que, siguiendo del Castillo hacia el alto de Igal, allí se encontraba la tejería de Vidángoz.
Teja encontrada en casa Santxena

Teja encontrada en casa Santxena

Todavía no he conseguido profundizar demasiado en la historia de la tejería, así que dejaré este punto para otra ocasión, pero lo que sí trataré serán las circunstancias que rodean a la historia de la teja que acompaña estas líneas, que encontraron al retejar el tejado de casa Santxena hace algunos años. La inscripción de dicha teja reza así: ‘José Mina, carabinero en Vid[án]goz, se casa en el mes de agosto y no conbida a sus compañeros. Me cago [en] quien lea esto‘. La mala leche plasmada en una teja.

Bueno, para empezar no tenemos ni idea de quien la escribió, posiblemente un carabinero (por lo de compañero, o tal vez solo era compañero en la tejería…), pero el nombre del casadero que nos da nos pone sobre la pista de en qué año se hizo la teja: en 1883. Efectivamente, el 25 agosto de aquel año se casó en Vidángoz un carabinero que se ajusta con los datos que nos da la teja, si bien la inscripción no era del todo correcta, ya que el novio se llamaba José Flores Mena, de 25 años, natural de Medina Sidonia (Cádiz) y carabinero del punto de Vidángoz. Por lo que se ve, el sueldo de carabinero no sería nada del otro mundo (o siempre les vendría bien un complemento) y se sacaban unos duros trabajando en la tejería. El caso es que el tal José Flores no se querría meter en muchos invitados, por el gasto que conllevaban o a saber por qué razón, y alguno de éstos se sintió ofendido.
Tejería de Arbizu, similar a la que habría en Vidángoz

Tejería de Arbizu, similar a la que habría en Vidángoz

La novia de José Flores, que suponemos que también tendría algo que decir en este asunto, era una burguiar con cierta relación con Vidángoz: Francisca Aizagar Larrambe, de 22 años. Aunque no es seguro del todo, los datos que manejo parecen apuntar a que era hermanastra de Fernando Aizagar Arnalda, que había sido molinero y ejercía de carpintero y carnicero en Vidángoz y cuya mujer, también natural de Burgui y de nombre Antonia Andreu Aisa, consta como testigo/madrina en el citado matrimonio.

La pareja aún residió en Vidángoz al menos un año más, ya que el 28 de junio de 1884 el matrimonio vio nacer a su primogénita, Cristobalina Flores Aizagar, en nuestro pueblo. Después, probablemente, José Flores habría sido trasladado a algún otro punto y ya se pierde la historia de esta familia.
¡La de juego que nos ha dado la inscripción de una teja!
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