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Encontrado en Vidángoz un cráneo… ¿sin dueño?

Las ediciones digitales de Diario de Noticias y Diario de Navarra recogían ayer una noticia titulada “Investigan el hallazgo de un cráneo humano en el río Irati a su paso por Orbaizeta“.

Pues bien, salvando la distancia temporal, en Vidángoz hubo un caso similar que traté en 2014 en la charla-paseo “Vidángoz negro: muerte y delincuencia en nuestras calles“, de la que se publicó un pequeño cuaderno con diversas historias truculentas ocurridas en nuestro pueblo.

Plano que indica dónde está el término de Irasokoatea

Nos tenemos que remontar al año 1850, con la primavera recién estrenada (más o menos en la época en que nos encontramos), cuando un macabro hallazgo sacaba al pueblo de su letargo invernal: una calavera junto con diversas ropas habían aparecido en el término de Irasokoatea [al Norte de Olaberria; visto que se indica que era paraje abrupto, tal vez habría cogido el denominado camino de Azaltegia y se habría perdido en algún punto cerca de los Lexankos (o Amuluxanko según algunos estudios de toponimia)]. El primero en ser avisado ha sido el párroco, Don Ángel Urzainqui [Ferniando], quien dió cuenta de lo encontrado al alcalde, Tomás Hualde [Pelaire]. Éste fue el encargado de realizar las diligencias necesarias para tratar de identificar los restos.

Para realizar el reconocimiento se desplazaron hasta el lugar del suceso el alcalde, el cirujano D. Manuel Larequi [Burgui / Elizalde]) y cuatro testigos (Tomás Iriarte [Güesa / Iriarte], Pedro Miguel Fuertes [Lixalte], Vicente Zazu [Gallués / Pexenena] y Mariano Landa [Landa]). Levantó acta el escribano Manuel Nicolao [Anxelarna].

En el lugar del hallazgo, además de un montón de trocitos de ropa y demás, apareció un elemento que resultó fundamental para identificar al cadáver: “una caja de ojadelata usada y algo roñosa, dentro de ella un poco de polvo para narices, en cuya tapa tiene hecha a navaja la inscripción “Carrascón”, y debajo, en tinta, pone “Mi dueño”, y en un lateral pone en tinta Dn M y el resto de letras, que debieron de estar escritas, están borradas”. Aparecieron, además, otros elementos de la vestimenta que no eran los habituales: “un sombrero de copa muy fino y bastante usado, con cinta de seda alrededor; una capa anoquerada de buen paño, con cuello alto y bueltas de pana de color de botella; un bastoncillo blanco de fresno”.

Una calavera apareció en el monte de Vidángoz.

A juzgar por donde apareció el cadáver, dedujeron que el difunto se habría retirado al abrigo del lugar y habría muerto ahí mismo, sin fuerzas ni alimentos y tal vez perdido, ya que algo más arriba está el camino de alcorce de sierra de los valles de Roncal y Salazar. Concluyeron que debió de estar algo de tiempo porque parte de la hierba está más pisada y, por unos pelos encontrados en la roca donde habría estado sentado, que era canoso. La calavera “la habrían separado las fieras feroces que según las fuentes se conoce haber habido muchas. Los huesos se suponen también comidos por las fieras, o llevados con facilidad por alguna avenida de agua del barranco de Azaltegia”.

El molinero, Ramón Ainesa, declaró que conocía a un tal Carrascón de avanzada edad que era cirujano (más o menos lo que hoy denominaríamos practicante, o enfermero) en Jaurrieta cuando él estuvo de molinero en aquella villa, y que además, en noviembre, pasó un hijo suyo preguntando si habían visto a su padre, porque había salido de casa (en Izalzu) hacia Urzainqui, para buscar trabajo porque le habían despedido de Izalzu, le debió de atrapar un temporal de lluvia y nieve y no había vuelto. Algunos vecinos más (Vicente Zazu [Gallués / Pexenena] y  Pascual Garcés [La Herrera]) corroboraron lo dicho.

Declararon también los que tenían propiedades cerca del lugar del hallazgo (José Anaut [Inigizena] y Pedro Miguel Fuertes [Fuertes / Lixalte]), que indicaron que no habían estado allí desde septiembre hasta una semana antes del hallazgo, y que “ignoran que nadie haya podido estar en un lugar tan distante y retirado”.

Las unaiak, las boyeras, declararon no haber visto a nadie.

Para cerrar el círculo de interrogatorios, les tocó el turno a las boyeras (unaiak) que andaban cerca del término: Ignacia Monzón [Txestas / Arguedas], que había estado todo el mes de Marzo en una borda que tienen en Irasokoatea, cuidando sus vacas, Manuela Sanz [Bernabé] y Sevastiana Navarro [Danielna], que todo el mes de Marzo había estado en la borda de su amo Diego Pérez [Diego] en la jurisdicción de Irasokoatea y por los días apacentaba sus vacunos o los de su amo. Ninguna había visto a nadie salvo a ellas mismas durante esos días.

Se enterró provisionalmente su cráneo en el cementerio de Vidángoz con una marca a la espera de que lo reclamasen.

Finalmente, las declaraciones de varios testigos de Izalzu indicaron que solía vestir con la ropa encontrada en Irasokoatea y que su estado de alimentación era malo porque era pobre miserable. Así pues, pese a que la viuda dice que su marido no vestía esa ropa, como negándose a aceptar lo inevitable, parece que el tema quedó aclarado y que el viejo cirujano Manuel Carrascón salió de Izalzu hacia Urzainqui por el puerto, le pilló el temporal, trató de refugiarse, se perdió, murió de frío y hambre, y los lobos dieron cuenta de su cuerpo.

No sabemos cómo acabará la historia que hay detrás de la noticia, pero seguro que el tema no tiene mucho que ver con lo ocurrido en Vidángoz hace más de siglo y medio…

Una teja con historia

En los últimos días he leído dos noticias curiosas que tenían por protagonistas sendas tejas.
La primera era particularmente curiosa por tener una inscripción en euskera y haberse encontrado nada menos que en Villartoso (Soria).
La segunda, no tan curiosa, pero mucho más cercana en el espacio, ya que la recogía el colectivo ‘hermano’ La Kukula de Burgui en su facebook.
Pues bien, en Vidángoz no íbamos a ser menos y también tenemos una teja con una inscripción que, si bien no está en euskera, si que tiene una historia cuanto menos curiosa por detrás.
En nuestro pueblo, quien más quien menos sabe que hubo una tejería. De hecho, todavía hay una calle que hace referencia a dicha factoría: aunque recientemente ha habido algún cambio en la denominación por temas de catastro, antiguamente la calle Tejería partía de la calle Mayor entre casa Landa y casa Fuertes (actual casa Azkue) hacia abajo, cruzaba el puente de Casero y subía al Castillo. Y es que, siguiendo del Castillo hacia el alto de Igal, allí se encontraba la tejería de Vidángoz.
Teja encontrada en casa Santxena

Teja encontrada en casa Santxena

Todavía no he conseguido profundizar demasiado en la historia de la tejería, así que dejaré este punto para otra ocasión, pero lo que sí trataré serán las circunstancias que rodean a la historia de la teja que acompaña estas líneas, que encontraron al retejar el tejado de casa Santxena hace algunos años. La inscripción de dicha teja reza así: ‘José Mina, carabinero en Vid[án]goz, se casa en el mes de agosto y no conbida a sus compañeros. Me cago [en] quien lea esto‘. La mala leche plasmada en una teja.

Bueno, para empezar no tenemos ni idea de quien la escribió, posiblemente un carabinero (por lo de compañero, o tal vez solo era compañero en la tejería…), pero el nombre del casadero que nos da nos pone sobre la pista de en qué año se hizo la teja: en 1883. Efectivamente, el 25 agosto de aquel año se casó en Vidángoz un carabinero que se ajusta con los datos que nos da la teja, si bien la inscripción no era del todo correcta, ya que el novio se llamaba José Flores Mena, de 25 años, natural de Medina Sidonia (Cádiz) y carabinero del punto de Vidángoz. Por lo que se ve, el sueldo de carabinero no sería nada del otro mundo (o siempre les vendría bien un complemento) y se sacaban unos duros trabajando en la tejería. El caso es que el tal José Flores no se querría meter en muchos invitados, por el gasto que conllevaban o a saber por qué razón, y alguno de éstos se sintió ofendido.
Tejería de Arbizu, similar a la que habría en Vidángoz

Tejería de Arbizu, similar a la que habría en Vidángoz

La novia de José Flores, que suponemos que también tendría algo que decir en este asunto, era una burguiar con cierta relación con Vidángoz: Francisca Aizagar Larrambe, de 22 años. Aunque no es seguro del todo, los datos que manejo parecen apuntar a que era hermanastra de Fernando Aizagar Arnalda, que había sido molinero y ejercía de carpintero y carnicero en Vidángoz y cuya mujer, también natural de Burgui y de nombre Antonia Andreu Aisa, consta como testigo/madrina en el citado matrimonio.

La pareja aún residió en Vidángoz al menos un año más, ya que el 28 de junio de 1884 el matrimonio vio nacer a su primogénita, Cristobalina Flores Aizagar, en nuestro pueblo. Después, probablemente, José Flores habría sido trasladado a algún otro punto y ya se pierde la historia de esta familia.
¡La de juego que nos ha dado la inscripción de una teja!

Apellidos bidankoztarras: Pasquel

Como se indicaba en el número anterior, comienza una nueva sección dedicada a apellidos de Vidángoz. El primer apellido que se presenta, gracias a la información proporcionada por Miquel Martí (Bilizar), es Pasquel.

Extracto de la partida de matrimonio de Simon Pasquel Casau y Petra Salvoch Elizalde (1888) [Fuente: Archivo Parroquial de Vidángoz]

Si partimos de la última generación nacida que lleve Pasquel como primer o segundo apellido, se puede afirmar que el apellido lleva en Vidángoz cinco generaciones. El apellido Pasquel llegó a Vidángoz en 1888 por medio de Joaquín Simón Pasquel Casado (aunque en los registros de Vidángoz consta su segundo apellido como “Casau”), natural de Roncal y que en aquel año contrajo matrimonio con Petra Salvoch Elizalde, de la que actualmente denominamos casa Paskel. Bueno, realmente nació en Roncal circunstancialmente, ya que su padre, Salvador Pasquel Ariño, ejercía de médico en aquella localidad pero era natural de Salvatierra de Esca, donde parece tener su origen el apellido, como puede leerse en la columna de la izquierda. Como curiosidad, puede señalarse que Salvador Pasquel atendió el parto del ilustre tenor Julián Gayarre e incluso fue su padrino en el bautizo.

Félix Pasquel, el 2º de la saga en nacer en Vidángoz. [Fuente: Fondo fotográfico Santiago ‘Calderero’]

El apellido Pasquel da nombre en Vidángoz a una casa, a aquella a la que llegó aquel primer Pasquel, Simón, pero con los años el apellido fue pasando a otras casas por medio de matrimonios y adquisiciones. Así, varios hijos de Simón Pasquel siguieron en Vidángoz, en las casas Paskel (Félix), Malkorna (Exaltación) y Matxin (Sabino). Los Pasqueles de  la siguiente generación siguieron extendiéndose por Vidángoz, manteniéndose en la casa originaria (Crisanto) y en la de Matxin (Simeón), y pasando también a las casas de Refelna (Marcelino), Landa (Martín) y Bilizar (Mari). Y la siguiente generación todavía sigue extendiendo el patronímico Pasquel, llegando además de las casas mencionadas a las de Bomba (Rosa Mari), Ferniando (Santos) y Mux (Montse).
Queda claro que la familia Pasquel ha sido productiva y el apellido se ha mantiene fuerte hasta nuestros días.
Por lo que respecta a su significado, lo más probable es que Pasquel fuera inicialmente Pascual, que antiguamente se escribía Pasqual. Su significado no sería otro que “[hijo de] Pasqual”. En el Valle de Roncal tenemos otros apellidos de este tipo, como De Miguel, y en Salazar también son comunes los De Andrés y los De Carlos. Así pues, tendríamos que Pasquel sería un apellido de tipo patronímico, esto es, de esos que hace referencia al nombre del padre.
Para ir terminando, seguro que alguno llevará rato pensando “pero si Pasquel no es apellido de Vidángoz de toda la vida”… y tal vez habría perdido una apuesta al respecto en el caso de haberla hecho. Y es que, como ya señalábamos en el nº 10 de Bidankozarte al hablar de Azaltegia, ya en 1586 había un Petri Pasquiel en Vidángoz. Si tenemos en cuenta que el Archivo Parroquial de Salvatierra solo refleja Pasqueles desde 1590 (casualmente un Pedro Pasquel, tal vez hijo o nieto del Petri Pasquiel de Vidángoz) y que no existen documentos anteriores, puede que, después de todo, incluso el Pasquel fuese originario de Vidángoz.
Pero nos quedaremos con la duda.

Vicente el de Landa ya descansa en paz

Hace casi dos años, en junio de 2013, recordábamos por un lado las represalias franquistas en Vidángoz, que padecieron prácticamente en exclusiva en casa Landa, y por otro lado, la fuga de San Cristóbal, de la que se cumplían en aquel entonces 75 años, y en la que tomó parte el bidankoztar Vicente Mainz Landa, de la mencionada casa Landa.

En aquel momento dábamos cuenta de los datos que se conocían: Vicente había sido detenido en los días posteriores al golpe de estado, juzgado por un Consejo de Guerra por un delito de Rebelión militar y sentenciado el 8 de agosto de 1936 a 30 años de reclusión perpetua. Seguramente en ese primer momento fue encarcelado en la cárcel sita en el barrio de San Juan (hoy en día desaparecida) y algo después, el 14 de noviembre de 1936, fue trasladado al penal de San Cristóbal. Año y medio más tarde, la noche del 22 de mayo de 1938, Vicente había escapado junto con otros 794 presos y no había regresado al penal como muchos de los aquellos (se contabilizaron 576 fugitivos que desistieron de su intento al haberse dado la alerta) que habían decidido volver antes que verse muertos por los disparos de sus perseguidores. Por último, parece que, en principio, habría conseguido aguantar casi 20 días fugado, hasta en día 10 de junio, cuando, según los informes, resultó muerto por la Fuerza Pública encargada de su captura al hacer armas contra ella en el valle de Esteríbar, si bien no se indicaba el pueblo concreto en cuyo término se le había detenido y ejecutado.

Vicente Mainz Landa

Vicente Mainz Landa

Pues bien, como resultado de unas recientes inhumaciones realizadas en el pueblo de Elía (valle de Egüés, aunque mugante con el valle de Esteríbar en el término de Belzunegi), ayer mismo (04/05/2015) se dio a conocer que los restos de uno de los enterrados en aquella localidad pertenecían al bidankoztar Vicente Mainz Landa, y en el mismo acto fueron recogidos por un sobrino suyo, Ricardo Galech Mainz, quien reconoció el descanso que suponía para la familia el hecho de encontrar los restos.

Sabiendo dónde terminó la fallida huida de Vicente, podemos intentar recomponer lo que fue su huida a través de los testimonios recogidos en los pueblos por los que fueron pasando fugados. La noche del 22 de mayo se produjo la fuga masiva, casi 800 presos de entre los que solo había 9 navarros, esto es, 9 que sabían más o menos por dónde se andaban o hacia dónde había que correr. En cualquier caso, parece que, al menos los organizadores de la fuga sabían que la mejor ruta para llegar hasta la muga francesa era el valle de Esteríbar. La fuga tuvo la mala fortuna de que uno de los guardias del fuerte que volvía de pasar el día en Pamplona vio lo que ocurría y dio el aviso esa misma noche. De no haber aparecido aquel, es probable que muchos más hubieran logrado el objetivo de llegar a Francia. Pero pasó lo que pasó. Y se inició la caza de los fugados, ya que se dió orden de no hacer prisioneros, sino de matarlos.

La mayoría fueron abatidos en los primeros días y en las cercanías del monte Ezkaba o cerca de los pueblos más inmediatos. Pero parece que algunos consiguieron eludir estos primeros momentos de acoso y refugiarse en el monte. Sin embargo, el miedo a ser acusados de colaborar con los fugados, unido a la propaganda falangista que avisaba de que los fugados eran delincuentes, asesinos y ladrones, hizo que muchos vecinos de las localidades por las que pasaron los fugados colaboraran con los franquistas en esta caza de fugitivos.

Vicente parece que, junto con otros dos fugados consiguió mantenerse con vida casi tres semanas tras la fuga oculto en el monte, en algún lugar entre la muga de los concejos de Belzunegi (Esteríbar), Elía (Egüés) y Zaldaitz (Lizoain), hasta que, seguramente, alguien les delató y fueron ejecutados. No sabemos cuál era su plan, tal vez ir hacia Vidángoz (como parece que llevaba camino) o alcanzar la frontera por otro camino, o tal vez permanecer ocultos hasta que se calmaran las aguas y poder seguir el camino, pero el caso es que aquello no llegó a buen término. Los vecinos del pueblo armados con escopetas hacían guardia bajo las órdenes de la Guardia Civil de Villava y ellos fueron los que capturaron a Vicente y a sus dos compañeros de fuga en algún monte cercano a Elía, y a otro fugado en término de Amocáin, el 10 de junio y probablemente al anochecer, y de ahí los bajaron al pueblo. Según el testimonio de Francisco O., por aquel entonces niño de 11 años que vivía en Elía, los llevaron a Artadizoko (paraje situado en las afueras del casco urbano de Elía), los niños rezaron el rosario mientras llegaba el cura, que tomó confesión a tres de los cuatro apresados, ya que uno de ellos rechazó hacerlo. Finalmente, Vicente y otros dos de los fugados, maniatados, fueron asesinados de un tiro en la cabeza. Uno de los cuatro consiguió escaparse aprovechando la oscuridad de la noche. FInalmente, los tres cadáveres fueron enterrados en el espacio de dos sepulturas en dicho paraje de Elía.

Así, la familia quedó sin saber nada de su hijo Vicente (y de Enrique tampoco se sabe mucho más), sin saber que había sido ejecutado. Prueba de ello son las declaraciones de su padre, Crisanto Mainz Glaría (Aristu / Landa), que declara en junio de 1939, dentro del expediente de Responsabilidades Políticas seguido contra su hijo Vicente, “que hasta la fuga escribía con bastante frecuencia, pero a partir de dicha evasión carece de noticias, por lo que ignora en absoluto su paradero”. No fue hasta la década de los años ochenta, cuando la familia leyó el nombre de Vicente en un artículo de prensa sobre la fuga, y entonces tuvieron certeza de lo sucedido, si bien desconocían el posible paradero de sus restos. Casualidades de la vida (o no), Ricardo Galech, un sobrino de Vicente, se casó con una natural de Elía, y debido a ello, la familia tuvo noticia de que Vicente estaba enterrado en aquel término, extremo que se ha confirmado recientemente.

Finalmente, señalar que la exhumación de Vicente Mainz Landa supone un hito, ya que la identificación de sus restos es el resultado del primer expediente de exhumación incoado por un ayuntamiento (el de Egüés, con fecha de 6 de noviembre de 2014) desde la aprobación la Ley de Memoria Histórica de Navarra.

Descansa en paz, Vicente.

Para más información sobre la exhumación:

Otras fuentes de información:

Vidángoz negro: Muerte y delincuencia en nuestras calles

Con motivo de las fiestas de San Agustín de este año 2014, el viernes día 29 de agosto tuvo lugar una charla-paseo por el pueblo en la que se dio cuenta de diversas historias escabrosas sucedidas en nuestro pueblo. En realidad, parte de la charla-paseo ya había sido realizada en carnavales del mismo año, el sábado 8 de marzo, si bien en aquella ocasión solo se relataron 7 historias, mientras que en fiestas las historias relatadas fueron 13. Trece historias que hablan de asesinatos, desapariciones, contrabando, tiroteos, timos, corrupción… Un coctail de historias que, probablemente, pensarías que nunca podrían haber sucedido en Vidángoz pero que realmente sucedieron.

He intentado darle a cada una de las 13 historias el título de una película o serie de televisión, pero adaptándolo a cada caso concreto. A continuación, los 13 títulos, entre paréntesis el año en que sucedió la historia y una pequeña introducción sobre cada una:

Portada del libreto "Vidángoz negro"

Portada del libreto "Vidángoz negro"

1.– “C.S.I. VIDÁNGOZ: UN MONTÓN DE HUESOS EN IRASOKOATEA” (1850)
Un cráneo, huesos y ropas han aparecido en el monte de Vidángoz. Nadie sabe de quién puede tratarse…

2.– “DOS BURROS Y UNA MUJER” (1882)
Una mujer, dos burros, la frontera y los carabineros… Una historia de “contrabando”.

3.– “POR UN PUÑADO DE LANA” (1822)
En medio de una guerra, los bidangoztarras hacen contrabando de lana… y alguien les sorprende…

4.– “TODOS LO QUERÍAN MUERTO” (1901)
Lorenzo Artuch ha desaparecido, pero parece que tenía algunas cuentas pendientes…

5.– “MUERTE ENTRE LAS XARGAS” (1900)
Aparece un cadáver debajo de la Txurrusta, aparentemente ahogado… pero solo aparentemente.

6.– “…Y QUE PAREZCA UN ACCIDENTE” (1932)
El primer taxi de Vidángoz tuvo un trágico final… ¿un accidente?

7.– “EL COLOSO EN LLAMAS” (1933)
La noche de San Valentín arde casa Malkorna y el olor a una sustancia inflamable flota en el ambiente…

Mapa de Vidángoz que indica los lugares donde suceden las historias

Mapa de Vidángoz que indica los lugares donde suceden las historias

8.– “¡¡¡MENDIGACHA RÍNDETE!!!” (1835)
Los isabelinos roncaleses vienen a por el cabecilla carlista Mendigacha. ¿Lograrán atraparlo?

9.– “EN LA IGLESIA HEMOS TOPADO” (1903)
Una típica riña callejera con los bancos de la iglesia como escenario…

10.– “CAMINO DE LA PERDICIÓN” (1891)
La sombra de la corrupción se cierne sobre Vidángoz…

11.– “EL HONOR DE LOS LANDA” (1912)
Los mozos ofrecen la enésima cencerrada a una joven soltera embarazada. Esto no quedará así…

12.– “EL GOLPE” (1918)
Un timo de grandes proporciones en el Vidángoz de hace 100 años…

13.– “RESACÓN EN VIDÁNGOZ” (1926)
Una merienda en casa Santxena que terminará con consecuencias inimaginables…

Se editó un pequeño libro en el que se relata cada historia y se ubica en un plano de Vidángoz el lugar de cada suceso (o donde se contó durante la charla si ocurrió fuera del pueblo). Si le interesa adquirirlo, está disponible al precio de 5 € en el Bar Danielna de Vidángoz o poniéndose en contacto conmigo, con el autor [Ángel Mari Pérez Artuch], bien personalmente o bien en el correo electrónico bidankozarte@yahoo.es. También existe la posibilidad de enviarlo por correo ordinario (añadiendo en torno a 1 € de gastos de envío), para lo que habría que contactar conmigo en el correo electrónico indicado en la frase anterior.

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