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Sobre el nombre Paxapán

La casa que tratamos en esta ocasión tiene un nombre digamos que curioso, cuanto menos: Paxapán. Tiene esa pronunciación con “x” (sonido /sh/) tan característica del habla tradicional de Vidángoz y que también se puede oír en otros nombres de casa como Mux, Lixalte, Pexenena, Monxón… Pero, ¿de dónde viene el nombre Paxapán?

Seguramente se trate de un apodo, pero el intríngulis del asunto debe de estar en su origen: ¿Vendrá de alguien que decía mucho “Pasa pan”, como aventuraba algún mayor del pueblo? Puede ser, pero parece una explicación demasiado simple.

Juankar López-Mugartza en su artículo “Erronkaribarko oikonimia, mitoak eta elezaharra” ofrecía otra explicación curiosa: Paxapán, con otra pronunciación Paxabán, podría estar relacionado con la frase con la que se sella el Tributo de las Tres Vacas: Pax Avant.

Por último, plantearé mi propuesta, y es que el nombre esté relacionado con un tal Celestino Pasamán, natural de Olorón y que residió en Vidángoz hacia 1863 no sé exactamente con qué empleo, tal vez herrero, boyero, u otro oficio por el estilo. El caso es que en las pocas ocasiones en que se le menciona unas veces consta como Pasamán, otras como Masapán. Pasamán, Masapán… ¡Pasapán! En cualquier caso, tampoco queda claro que ocupara la actual casa Paxapán o la antigua (hoy Elizarena) y, como suele pasar, creo que nos quedaremos con las ganas de saberlo.

«O se va, o enseña la doctrina de Cristo, o muere»

El año 1922 estaba llegando a su fin y el ambiente en Vidángoz andaba algo enrarecido, particularmente entre la comunidad educativa.

En aquel momento se encontraba al frente de la escuela la asturiana Basilisa García Costales, que fue maestra de Vidángoz entre 1920 y 1935. Doña Basilisa llegó a Vidángoz en mayo de 1920, cuando el curso estaba llegando a su fin. Tenía para entonces 36 o 37 años y había tomado la plaza de la escuela de Vidángoz en propiedad, no era una maestra interina, vaya. Era, pues, una mujer con experiencia en la docencia, tenía carácter (tuvo que reclamar un ascenso en el escalafón del magisterio hasta las más instancias y, finalmente, le acabaron dando la razón) y venía a Vidángoz con las cosas claras.

Croquis sobre el apedreamiento sufrido por Ángel Garralda que consta en el proceso [Fuente: Archivo General de Navarra]

Doña Basilisa trajo consigo diversas innovaciones, no todas del gusto de los padres. Para empezar, colocó ‘banderas’, el sagrado corazón y la bandera nacional, y con esto no hubo mayor problema. Por otra parte, consignó que las niñas debían vestir pantalones cerrados y el alumnado debía llegar puntual a clase o, de lo contrario, se encontraría la puerta cerrada. Estas medidas ya empezaron a levantar ampollas entre algunos de los padres afectados, que presentaron queja formal ante el alcalde por la primera de las medidas mencionadas. Pero había otra novedad en las formas de enseñar de Doña Basilisa de la que no se hablaba abiertamente (y que veremos más adelante) y que se topó con el rechazo frontal de algunos padres.

El caso es que tras dos cursos con Doña Basilisa, algunos padres estaban ya al límite de su paciencia, pero no habían actuado porque la maestra se iba a casar con quien había ejercido de herrero en Vidángoz (Ángel Garralda) y se rumoreaba que, tras la boda y las vacaciones, la maestra dejaría Vidángoz para trasladarse a otro destino. Sin embargo, llegó el verano y parecía que los planes no eran exactamente esos y la maestra pensaba quedarse a vivir en Vidángoz y seguir ejerciendo en la escuela. Ante esto, los padres exaltados decidieron pasar a la acción y enviar un escrito anónimo al párroco Don Salvador Napal para que intercediera por ellos.

El anónimo no os vayáis a pensar que eran dos líneas mal escritas, no, casi estaba encuadernado: siete cuartillas escritas por ambas caras. En ellas queda de manifiesto la principal preocupación de los padres que estaban detrás de todo aquello, que no era otra que la negativa de la maestra a enseñar las dos materias más importantes: la doctrina cristiana y cómo habían de comportarse los niños en misa. Si la maestra no enseñaba esto, sus hijos iban a salir ‘protestantes, como la propia maestra’. Al final del escrito, una advertencia: ‘O se va, o enseña la doctrina, o muere’.

El párroco lo dejó estar, y al volver las clases y no cambiar nada, el 18 de octubre intentaron apedrear a la maestra en la puerta de su casa, con la mala suerte de que quien salió fue su marido. Como en el pueblo tenían a éste en buena estima, le mandaron otro anónimo pero más resumido y culminando con la misma amenaza.

Doña Basilisa y su marido, lógicamente, denunciaron el apedreamiento y las amenazas y se iniciaron las pesquisas. Preguntados por posibles enemistades de la maestra, salió a relucir el tema de obligar a llevar pantalón cerrado a las niñas, y entre los padres que llevaron la voz cantante, Miguel Urzainqui [Arguedas / Artutx] y Rafael Juanco [Juanko / Antxon], quienes, pese a mantener su disconformidad, indicaron que la habían mostrado por los cauces establecidos.

La letra de los anónimos, imitando a la de imprenta, dio la pista de otro posible sospechoso, quien debía de tener facilidad para hacer esa letra. Además, el día anterior a recibirse el último escrito amenazante, éste había mandado a comprar un sello a su hija y luego había enviado una carta. Además, algo de lo expresado en el escrito se lo había dicho la maestra a la madre del sospechoso, con lo que parecía cerrarse el cerco.

Así, la Guardia Civil detuvo a Luis Landa Arriola [Arriola-Mux], quien tuvo que poner 1000 pesetas de fianza y ser embargados varios de sus bienes para cubrir posibles gastos.

Sin embargo, en el juicio los peritos caligráficos no pudieron concluir que la letra fuera de Luis Landa y el caso quedó sobreseído.

Después de todo esto, la maestra aún estuvo en Vidángoz otros 13 años más, así que no consiguieron amilanarla.

Finalmente, en 1935, Doña Basilisa, ya viuda, se trasladó a Corrales de Buelna (Cantabria) para estar más cerca de sus hijos, estudiantes en Comillas, y viviendo en zona republicana cuando estalló la guerra, dicen que los rojos fueron a buscarla por enseñar el catecismo en la escuela. Así que la doctrina dichosa casi le mata dos veces.

Nacimientos, bodas y defunciones en 1919

Señalaba al inicio que, aparte de lo relativo a las epidemias, también en este número iba a haber algo de puesta al día, y es que como los cinco últimos números han sido monográficos por diversos motivos (bueno, y éste bien podía haberlo sido en lo relativo a epidemias), no he podido incluir sendos artículos que solían incluirse en el número de invierno ni el año pasado ni este. Me refiero al repositorio de nacimientos, bodas y defunciones registrados en Vidángoz hace 100 años.

Faltaba de repasar lo relativo a 1919, que tenía que haber aparecido hace cinco números de Bidankozarte, y ahora me pongo a ello.

Empezando por el capítulo de nacimientos, hace un siglo hubo diez retoños que vinieron al mundo en nuestro pueblo, cifra ligeramente inferior a la media de aquellos años, que era de 12,5 niños/año. En orden cronológico, la lista sería la siguiente: Teófilo Rodríguez Blázquez [de padres castellanos], Victoriano Artuch Urzainqui [Maisterra], N. De Andrés Fuertes [Xapatero], Ambrosio Navarro Carrica [Pexenena], Isidora Artuch Jimeno [Largotena], Marino Juanco Pérez [Paxapan / Xoko], Rosario Pérez Goyeneche [Diego], Santiago Pérez Goyeneche [Diego], Luis Martín Corrales [de padres castellano y extremeña] y Andresa Asín Gayarre [Pelaire / Pantxo].

Es una quinta un tanto atípica, ya que, para empezar, hay dos nacidos de padres foráneos. El primero es hijo de un pastor llegado de un punto tan lejano como Yeste (Albacete), lo mismo que su mujer. El otro consta como hijo de un obrero natural de La Alamedilla (Salamanca) y su mujer, natural de Piedras Albas (Cáceres), padre que seguramente se encontraría trabajando en la construcción de la carretera de Burgui a Vidángoz. Dos niños que apenas habrían vivido en el pueblo.

Por otra parte, tenemos varios que fallecieron a temprana edad: el de casa Xapatero (que no dio tiempo ni a ponerle nombre o nació muerto), Isidora y Rosario. Este último se trata de un caso de mellizos, que en aquella época era difícil que salieran adelante, y normalmente fallecían en poco tiempo uno de los dos o ambos. Cuatro años antes había habido otra pareja de mellizos en casa Diego y en aquella ocasión ambos habían fallecido en poco tiempo. Esta vez uno de los dos salió adelante, Santiago, que con los años sería sacerdote.

De los cuatro restantes, Victoriano y Ambrosio vieron marcadas sus vidas por la Guerra Civil. El primero quedó soltero y vivió en Vidángoz el resto de su vida. El segundo, tras la Guerra Civil, formó parte de la División Azul en la II Guerra Mundial y terminó casándose en Francia con Felisa, una bidankoztar de casa Paskel. Marino también se casó, con Capitolina Aldunate (de Ujué) y vivieron algún tiempo en Vidángoz aunque terminaron dejando el pueblo. El caso de Andresa es similar, puesto que se casó con Víctor Urzainqui [Pantxo] y terminaron emigrando al entorno de la capital en la década de 1960.

María Gayarre y Silvestre Asín, en la foto flanqueando a su hijo Ciriaco en el día de su ‘cantamisa‘.

En el capítulo de bodas, hubo cuatro: Antonio Landa Lanzaco [Sigüés / Algarra] e Irene Sanz Salvoch [Mailusa / Algarra]; Silvestre Asín Cemboráin [Uscarrés / Pelaire] y María Gayarre Guinda [Gaiarre / Pelaire]; Florencio Rodrigo Mendigacha [Maizena / Xoko] y Braulia Urzainqui Fuertes [Xoko]; Santiago Urzainqui Recari [Ferniando] y Norberta Pérez Jimeno [Landarna]. Otro bidankoztar, Fermín Landa Arriola [Mux] también se casó en 1919 con Dionisia Jiménez, de Javier, si bien lo hizo en Sangüesa, donde fue creciendo el negocio que él creo, las famosas Gaseosas Landa, tema del que también hablaremos en otra ocasión.

En las dos primeras había al menos un viudo y ambas parejas terminaron viviendo en una casa de la que no eran naturales ninguno de los dos. En las otras dos, también hay otra coincidencia inusual, aunque en aquella época no lo era tanto: los novios en ambas parejas eran americanos que habían empezado a hacer fortuna en Argentina, volvieron al pueblo a casarse y retornaron a América. A ver cuándo tengo ocasión (e información suficiente) para afrontar este tema de la emigración.

En cuanto a los fallecidos, fue un año promedio, muriendo ocho personas: tres niños (N. De Andrés Fuertes [Xapatero], Isidora Artuch Jimeno [Largotena] y Casta Sanz Hualde [Danielna] y cinco adultos (Norberto Mainz Mendigacha [Mendigatxa], Josefa Jimeno Navarro [Danielna], Melchor Fuertes Salvoch [Fuertes / Melchor-Cosme], Miguel Hualde Salvoch [Pelaire] y Santiago Mainz Fuertes [Montxonena].

Nota de prensa de El Pensamiento Navarro (17/02/1919) sobre la muerte accidental de Norberto Mainz [Mendigatxa]. Días después también se le dedicó un amplio espacio a sus funerales en el Diario de Navarra.

De entre estos cinco adultos, dos eran bastante jóvenes: Norberto, de 24 años, falleció tras recibir una coz de una caballería y cuya desgracia tuvo su sitio hasta en la prensa de la época, y Santiago, que padecía una enfermedad pulmonar, secuela seguramente de alguna neumonía padecida. Los tres restantes, ya de mayor edad, fallecieron por causas más comunes: Josefa, con 54 años, de un derrame cerebral; Melchor, con 80 años, de ‘senectud’ (o sea, ‘de viejo’); y Miguel, con 65 años, de ‘parálisis’.

Como veis, los protagonistas y las circunstancias que rodean a estos nacimientos, bodas y fallecimientos de 1919 son un fiel reflejo de lo que acontecía en el Vidángoz de hace 100 años.

La epidemia de cólera de 1855

Hace 175 años un brote de cólera asoló Vidángoz, la mayor epidemia que ha sufrido el pueblo en los últimos tres siglos. El tema lo traté en profundidad en 2013 y edité un cuadernillo que podéis leer y descargar en la sección ‘especiales’ del blog de Bidankozarte. El mismo estudio, aunque con un carácter algo más técnico, se publicó tres años después en la revista Cuadernos de etnologia y etnografía de Navarra, de donde también lo podéis descargar.

Aquella fue una epidemia brutal, ya que en apenas quince días fallecieron más de 60 de los 400 habitantes de Vidángoz (casi un 15%), y la práctica totalidad del pueblo estuvo infectada, a juzgar por lo que indicaba el párroco en una misiva de aquellos días.

Por si eso fuera poco, apenas diez días después de terminar aquel brote, tuvo lugar otra afección, seguramente intestinal, que se llevó a cinco niños en pocos días.

La epidemia de cólera de 1855 llegó desde Asia por vía marítima. El dibujo sobre estas líneas representa la llegada de la siguiente pandemia de cólera (en 1883) a Inglaterra.

Pues pese a que esto ocurrió pocas generaciones antes de nosotros, es extraño el nulo recuerdo sobre aquel episodio negro que ha quedado en la memoria colectiva de Vidángoz, tal vez por la creencia de que el mal vino por los pecados del pueblo. Y es que en aquella ocasión no sabían qué causaba la enfermedad. Creían que se transmitía por vía aérea y por ello se prohibieron las rogativas (aunque en Vidángoz terminaron paseando a San Sebastián y esto pareció surtir efecto en un primer momento) y los funerales, siendo celebrados los oficios por las almas de alguno de los difuntos hasta seis meses después de terminar la epidemia.

El cólera, como hoy ya sabemos, es causado por una bacteria, Vibrio cholerae, y el contagio se produce al consumir comida o agua contaminados con dicho microorganismo, que tiene su origen en las heces de una persona infectada. Los enfermos padecían sobre todo fuertes diarreas y vómitos, y morían en poco tiempo víctimas de una deshidratación severa. Así, les habría ayudado mucho el lavado de manos y una adecuada hidratación, pero entonces lo desconocían, y se usaban otros medios más expeditivos (y en ocasiones contraproducentes) como sangrías usando sanguijuelas y la aplicación de laxantes y sudoríficos, que agravaban la deshidratación de los enfermos.

La epidemia dejó un panorama desolador: 32 viudos y viudas, muchos de los cuales todavía tenían hijos muy pequeños y, para poder salir adelante, volvieron a casarse en los 12 meses siguientes. Cuando lo habitual era que hubiera unas tres bodas al año, en los 365 días posteriores al cólera hubo 13 bodas en Vidángoz. En todos los enlaces menos en uno al menos uno de los contrayentes era viudo/a, y en cinco de ellos ambos.

Fruto de dichos  ‘arrejuntamientos’ son muchas de las parentelas que hoy todavía conocemos entre algunas familias y de las que, a veces, nos cuesta encontrar explicación.

En algún caso extremo, como casa Mux, murieron todos los miembros de la familia, quedando la casa vacía y perdiéndose la estirpe.

Vidángoz se endeudó mucho para combatir la epidemia y tardó años en recuperarse económicamente (fue el segundo pueblo de la Merindad de Sangüesa que más gastó, solo tras Lumbier) y algo menos en hacerlo demográficamente.

Sea como fuere, al final entre todos terminaron saliendo adelante y el pueblo volvió a remontar el vuelo.

Alpargateras de Vidángoz

Por lo que he podido indagar hasta ahora, ya tengo noción de unas cuarenta mozas de Vidángoz que estuvieron trabajando en las fábricas de Mauleón, pero es probable que haya otras tantas de entre muchas que tengo sin confirmar y con posibilidades de haber hecho esta misma labor. A continuación, una lista de las que tengo confirmadas y ordenadas por el nombre de su casa de origen:

Alpargateras de Vidángoz en Mauleón en 1911-1912: De pie: Josefa Sanz Fuertes [Fuertes], María Santos Hualde Mainz [Navarro], Eusebia Pérez Jimeno [Landarna], Gila Sanz Calvo [Kurllo / Txantxolit]; Sentadas: Restituta Sanz Salvoch [Escuela / Mailusa], Tomasa Ornat Arguedas [Algarra], Jacoba Hualde Mainz [Navarro].

  • Aizagar / Garín-Montes: Crescencia Garín Pascualena;
  • Algarra: Tomasa Ornat Arguedas;
  • Anarna: Petra Artuch Urzainqui;
  • Arlla: Juana Alejandra Hualde Salvoch y María Cruz Hualde Salvoch;
  • Arotx: Leonor Landa Arguedas;
  • Arriola: Veneranda Landa Urzainqui;
  • Calderero: Alejandra Calderero Sanz;
  • Cosme: Juliana Pelairea Fuertes;
  • Escuela / Mailusa: Andresa Sanz Salvoch y Restituta Sanz Salvoch;
  • Fuertes: Josefa Sanz Fuertes;
  • Garro: Donata Jimeno Ornat y Fulgencia Jimeno Ornat;
  • Jimeno: Asunción Salvoch Jimeno, Ceferina Salvoch Jimeno, Juliana Salvoch Jimeno y Rafaela Salvoch Jimeno;
  • Kurllo / Txantxolit: Gila Sanz Calvo;
  • La Santa: Secundina Sanz Fuertes;
  • Lengorna: Gregoria Urzainqui Hualde;
  • Llabari: Daniela Jimeno Sanz y María Jimeno Sanz;
  • Matxin: Eulogia Galech Salvoch;
  • Montxonena: Ángela Mainz Fuertes;
  • Mux: Felipe Nicolao Sanz;
  • Navarro: Jacoba Hualde Mainz y María Santos Hualde Mainz;
  • Ornat: Anastasia Ornat Jimeno y Leoncia Ornat Jimeno;
  • Paskel: Exaltación Pasquel Salvoch, Juana Pasquel Salvoch y Sebastiana Conrada Pasquel Salvoch;
  • Pexenena: Saturnina Salvoch Zazu;
  • Txantxolit: Benita Sanz Fuertes;
  • Xereno: Fermina Zazu Fuertes e Inocencia Zazu Fuertes.

Como veis, son un montón, pero hay otras muchas, algunas hermanas de las mencionadas  que habrían ido pero que todavía no he podido confirmar, y otras que constan en la documentación como ‘ausentes’ de Vidángoz durante algún periodo de tiempo y esto suele estar asociado a mozas que bien iban a la alpargata bien a algún otro lugar a servir.

Echad, pues, un ojo a la lista y, si echáis en falta a alguna que sepáis que marchó a Mauleón, pues me decís. A ver si conseguimos que la relación de ‘golondrinas’ sea lo más completa posible.

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