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Nacimientos, bodas y defunciones en 1922

El año que iba a empezar por estas fechas pero hace un siglo fue un año prolífico en cuanto a nacimientos se refiere, y es que si en aquellos años nacían una media de 11,6 criaturas en Vidángoz, aquel año de 1922 vio venir al mundo a 17 nuev@s bidankoztarras, bastantes de los cuales se me hacen conocid@s incluso a mí, lo cual da señal de que much@s mantuvieron un vínculo  mayor o menor con el pueblo, por un lado, y, por otro, que ya voy cumpliendo años y a esta generación ya la habría conocido yo si llegaron a los 60. En orden de nacimiento, son quienes siguen: Telesforo Elizalde Sanz [Elizalde], Ricarda Landa Sanz [Algarra / Pelaire], Francisco Sanz Sanz [Danielna], Rafaela Juanco Pérez [Paxapan], Felipa Urzainqui Urzainqui [Pantxo], Dionisia Urzainqui Urzainqui [Pantxo], Consuelo Sanz Urzainqui [Arguedas], José Jimeno Urzainqui [Hualderna], Cándido Artuch Jimeno [Largotena / Ornat], Antonina Sanz De Miguel [Arlla], N. Iriarte Rodrigo [Maizena], Félix Montes Fuertes [Montes], N. Asín Gayarre [Pelaire], Estefanía Juanco Jimeno [Antxon], Hilario Mainz Pérez [Aristu], Flora Sanz Ornat [Ornat] y Donata Pasquel Ornat [Paskel]. Como veis, hubo aquel año dos niñ@s que nacieron muert@s, en casa Maizena y en casa Pelaire, pero los demás, en general, tuvieron vidas relativamente longevas, e incluso todavía queda una representante de esta quinta que se postula para centenaria: Estefanía. De ell@s, un@s cuant@s fueron cabezas de familia en el pueblo: Telesforo (en casa Elizalde, aunque ya se casó en Pamplona), Ricarda (Pelaire), José (Hualderna), Cándido y Flora (Ornat) y Estefanía (Antxon), y aunque no se casaron, también podríamos considerar a Rafaela e Hilario como cabezas de sus respectivas familias, al menos en parte, de casa Paxapan/Lixalte la primera y de casa Aristu el segundo. Esta generación es un reflejo claro de la emigración que sufrió el pueblo en los años 60-70 y buena prueba de ello es que muchas de esas casas se cerraron en aquella época, cuando marcharon a Pamplona en busca de un futuro que parecían no ver en Vidángoz.

Foto de finales de la década de 1940 con varios quintos de 1922: Atrás: Emilia Ornat, Hilario Mainz, Flora Sanz // Medio: Estefanía Juanco, Micaela Landa // Delante: Cándido Artuch, Carlos Asín

En lo que respecta a las bodas, 1922 fue algo más atípico: solo hubo dos enlaces, y ninguna de las parejas se quedó en el pueblo. Por un lado, Ángela Sanz Navarro [Laskorna] se casó con el pamplonés Justo Gamasa Osinaga, y la pareja pasó a vivir en Pamplona, donde ejercieron de porteros de la catedral de la capital navarra. Por otro lado, Fidela Salvoch Artuch [Anarna], que se casó con el donostiarra Silverio Laburu Del Puerto, y pasaron a vivir en Gipuzkoa.

En el capítulo de defunciones, 1922 fue un año promedio en cuanto a muertes, con 9 fallecid@s, pero si quitáramos de la lista a los dos nonat@s, tenemos un dato curioso:  la edad promedio de l@s otr@s 7 difunt@s fue de 77 años, que es una cifra muy  elevada para la época, y tres de ell@s pasaron de los 80.  Los fallecidos en aquel año, por orden cronológico, fueron Avelino Landa Orduna [Landa, 75 años], N. Iriarte Rodrigo [Maizena, nonat@], Ciriaco Landa Orduna [Landa / Arriola, 72 años], Petra Gayarre Mainz [Molena / diversas casas, 76 años], N. Asín Gayarre [Pelaire, nonat@], Marcelo De Miguel Mayo [de Uztárroz, 70 años], Braulio Urzainqui Sanz [Txestas, 83 años], Getrulio Mainz Clemente [Refelna, 83 años] y Galo Andrés Garcés Machín [Matxin, 80 años]. Como podéis comprobar, en lo que a fallecimientos se refiere también fue un año importante, pues fallecieron los cabezas de familia de seis casas de Vidángoz (el séptimo en discordia era de Uztárroz pero había venido a Vidángoz a casa Arlla, donde se acababa de casar su hija Teodosia), cinco de l@s cuales (todos menos Ciriaco), además, ya eran viud@s, por lo que se extinguió con ellos su generación en dichas casas.

Pues hasta aquí el repaso al registro civil de 1922, donde supongo que vosotr@s también habréis encontrado a much@s conocid@s.

«O se va, o enseña la doctrina de Cristo, o muere»

El año 1922 estaba llegando a su fin y el ambiente en Vidángoz andaba algo enrarecido, particularmente entre la comunidad educativa.

En aquel momento se encontraba al frente de la escuela la asturiana Basilisa García Costales, que fue maestra de Vidángoz entre 1920 y 1935. Doña Basilisa llegó a Vidángoz en mayo de 1920, cuando el curso estaba llegando a su fin. Tenía para entonces 36 o 37 años y había tomado la plaza de la escuela de Vidángoz en propiedad, no era una maestra interina, vaya. Era, pues, una mujer con experiencia en la docencia, tenía carácter (tuvo que reclamar un ascenso en el escalafón del magisterio hasta las más instancias y, finalmente, le acabaron dando la razón) y venía a Vidángoz con las cosas claras.

Croquis sobre el apedreamiento sufrido por Ángel Garralda que consta en el proceso [Fuente: Archivo General de Navarra]

Doña Basilisa trajo consigo diversas innovaciones, no todas del gusto de los padres. Para empezar, colocó ‘banderas’, el sagrado corazón y la bandera nacional, y con esto no hubo mayor problema. Por otra parte, consignó que las niñas debían vestir pantalones cerrados y el alumnado debía llegar puntual a clase o, de lo contrario, se encontraría la puerta cerrada. Estas medidas ya empezaron a levantar ampollas entre algunos de los padres afectados, que presentaron queja formal ante el alcalde por la primera de las medidas mencionadas. Pero había otra novedad en las formas de enseñar de Doña Basilisa de la que no se hablaba abiertamente (y que veremos más adelante) y que se topó con el rechazo frontal de algunos padres.

El caso es que tras dos cursos con Doña Basilisa, algunos padres estaban ya al límite de su paciencia, pero no habían actuado porque la maestra se iba a casar con quien había ejercido de herrero en Vidángoz (Ángel Garralda) y se rumoreaba que, tras la boda y las vacaciones, la maestra dejaría Vidángoz para trasladarse a otro destino. Sin embargo, llegó el verano y parecía que los planes no eran exactamente esos y la maestra pensaba quedarse a vivir en Vidángoz y seguir ejerciendo en la escuela. Ante esto, los padres exaltados decidieron pasar a la acción y enviar un escrito anónimo al párroco Don Salvador Napal para que intercediera por ellos.

El anónimo no os vayáis a pensar que eran dos líneas mal escritas, no, casi estaba encuadernado: siete cuartillas escritas por ambas caras. En ellas queda de manifiesto la principal preocupación de los padres que estaban detrás de todo aquello, que no era otra que la negativa de la maestra a enseñar las dos materias más importantes: la doctrina cristiana y cómo habían de comportarse los niños en misa. Si la maestra no enseñaba esto, sus hijos iban a salir ‘protestantes, como la propia maestra’. Al final del escrito, una advertencia: ‘O se va, o enseña la doctrina, o muere’.

El párroco lo dejó estar, y al volver las clases y no cambiar nada, el 18 de octubre intentaron apedrear a la maestra en la puerta de su casa, con la mala suerte de que quien salió fue su marido. Como en el pueblo tenían a éste en buena estima, le mandaron otro anónimo pero más resumido y culminando con la misma amenaza.

Doña Basilisa y su marido, lógicamente, denunciaron el apedreamiento y las amenazas y se iniciaron las pesquisas. Preguntados por posibles enemistades de la maestra, salió a relucir el tema de obligar a llevar pantalón cerrado a las niñas, y entre los padres que llevaron la voz cantante, Miguel Urzainqui [Arguedas / Artutx] y Rafael Juanco [Juanko / Antxon], quienes, pese a mantener su disconformidad, indicaron que la habían mostrado por los cauces establecidos.

La letra de los anónimos, imitando a la de imprenta, dio la pista de otro posible sospechoso, quien debía de tener facilidad para hacer esa letra. Además, el día anterior a recibirse el último escrito amenazante, éste había mandado a comprar un sello a su hija y luego había enviado una carta. Además, algo de lo expresado en el escrito se lo había dicho la maestra a la madre del sospechoso, con lo que parecía cerrarse el cerco.

Así, la Guardia Civil detuvo a Luis Landa Arriola [Arriola-Mux], quien tuvo que poner 1000 pesetas de fianza y ser embargados varios de sus bienes para cubrir posibles gastos.

Sin embargo, en el juicio los peritos caligráficos no pudieron concluir que la letra fuera de Luis Landa y el caso quedó sobreseído.

Después de todo esto, la maestra aún estuvo en Vidángoz otros 13 años más, así que no consiguieron amilanarla.

Finalmente, en 1935, Doña Basilisa, ya viuda, se trasladó a Corrales de Buelna (Cantabria) para estar más cerca de sus hijos, estudiantes en Comillas, y viviendo en zona republicana cuando estalló la guerra, dicen que los rojos fueron a buscarla por enseñar el catecismo en la escuela. Así que la doctrina dichosa casi le mata dos veces.

Nacimientos, bodas y defunciones en 1920

Para terminar de ponernos al día con esta especie de registro civil de hace un siglo nos falta de revisar lo relativo a 1920, que debería de haber aparecido en el anterior número de Bidankozarte.

Algunos de los quintos de 1920 (Crisantos Pasquel y Salvador Sanz) y de 1919 (Victoriano Artuch y Marino Juanco), entre otros

En lo referente a los nacidos este año, fue un año promedio, con 13 nacimientos: Isidora Sanz Ornat [Ornat], Adriana Landa Sanz [Algarra], Cipriano Sanz Jimeno [Zinpintarna], Basilisa Ornat Landa [Bomba], Felisa Sanz Sanz [Danielna], Manuel Artuch Jimeno [Largotena], Manuel Urzainqui Hualde [Ferniando], Nicolasa Juanco Jimeno [Antxon / Diego], Salvador Sanz Urzainqui [Arguedas / Xereno], Valentina Landa Urzainqui [Arriola / Landarna / Llabari], Crisantos Pasquel Ornat [Paskel], Patrocinio Sanz Hualde [José María] y Gregoria Urzainqui Urzainqui [Pantxo / Molino].

Entre ellos, hay un poco de todo, como siempre. De los trece solo uno murió a temprana edad, Cipriano, los demás llegaron todos a mayores. Al igual que a la quinta anterior, a ésta también le tocó la Guerra Civil, y los cuatro quintos varones que llegaron a los 18 tuvieron que tomar parte en la contienda, muriendo uno de ellos (Manuel Artuch) en los últimos compases de la guerra. Algunas quintas también se casaron con bidankoztarras que habían participado en la guerra (Nicolasa, Valentina y Gregoria) y Patrocinio se desposó con un militar de los que llegaron a Vidángoz con los Batallones de Trabajadores.

Esta quinta también tuvo su cura, en este caso Manuel Urzainqui, que ejerció durante cerca de 15 años en Burgui, entre otros destinos.

De los y las nacidas en 1920 es curioso que bastantes se casaron con otros bidankoztarras y fueron cabezas de familia en casas de Vidángoz: Adriana con Mariano Ezquer Pérez [Landarna / Algarra] en casa Algarra; Nicolasa con Eusebio Pérez Goyeneche [Diego] en casa Diego; Salvador con Paula Artuch Jimeno [Largotena / Xereno] en casa Xereno; Valentina con Daciano Ezquer Pérez [Landarna / Llabari] en casa Landarna primero y posteriormente en casa Llabari; Crisantos con Lucila Ayechu Arrese [Iciz / Paskel] en casa Paskel; y Gregoria con Felipe Artuch Jimeno [Largotena / Molino] en el Molino.

Isidora y Basilisa se casaron a Sada y Rentería respectivamente y Felisa, que fue la única quinta que quedó soltera, vivió en Barcelona.

Aquel año hubo otras cuatro bodas en Vidángoz: Leonarda Urzainqui Urzainqui [Arguedas] con Epifanio Labari Sala (de Iciz y viudo de la bidankoztar Manuela Arguedas [Molena / Iciz]); Román Corrales López (Alamedilla, Salamanca) con Enriqueta Martín López (Piedras Albas, Cáceres); Teófila Mainz Mendigacha [Mendigatxa] con Francisco Mainz Gayarre [Urzainqui / Mendigatxa]; y Victoria Fuertes Salvoch [Lixalte / Montes] con Julián Montes Glaría [Roncal / Montes].

La familia Mendigatxa vivió momentos convulsos entre 1918 y 1920

Leonarda no tuvo mucha suerte y su marido falleció poco tiempo después, y decidió marchar junto con una prima de Igal a Estados Unidos, donde residía una tía suya de casa Arguedas. No debían de tener el dinero suficiente para ingresar en el país (sí entre las dos, pero no cada una individualmente) y las mandaron de vuelta después de haber visto la Estatua de la Libertad como ya comenté en el artículo ‘Un Urzainqui yanqui’ del nº 27 de Bidankozarte. La segunda pareja que se casó eran foráneos y se casaron no ya de penalti, sino después de haber tenido un hijo en 1919, lo que en la época habría sido poco menos que un escándalo. A Teófila no sé si le tocaba casarse y heredar casa Mendigatxa o fue la muerte de su hermano Norberto en 1919 lo que precipitó su boda, ya que sus otros hermanos Eleuterio y Teodosia habían marchado a Argentina y Diego les seguiría en 1920 o 1921. Y por último, Victoria Fuertes se casó con el herrero, que era natural de Roncal, y cuyo apellido (Montes) dio nombre a una casa que estaba pegada a casa Xoko y que hoy ya no existe (podéis leer sobre ella en el nº 12 de Bidankozarte).

En el capítulo de muertes, en 1920 hubo 13 fallecimientos, bastante más que los 8 muertos anuales que solía haber: Justa Anaut Pérez [Antxon], Micaela Mainz Landa [Landa], Cipriano Sanz Jimeno [Zinpintarna], Juliana Salvoch Urzainqui [Zinpintarna], Javiera Hualde Salvoch [Rakax], Margarita Fuertes Bretens [Xapatero], Rosario Pérez Goyeneche [Diego], Petra Fuertes Hualde [Txantxolit], Antonina Navarro Carrica [Pexenena], Feliciana Urzainqui Pérez [Kostiol], Santiago Ornat Sanz [La Santa], Aquilino Gayarre Necochesa [Gaiarre] y Nicanor Ornat Jimeno [Ornat]. Aparte de los 4 niños que murieron con días/meses (Micaela, Cipriano, Rosario y Santiago), otros tres niños de entre 7 y 10 años (Antonina, Feliciana y Aquilino) fallecieron de fiebres tifoideas. Los demás, de las frecuentes neumonías, ‘de viejos’ o de una peritonitis (Nicanor), que entonces no se operaban.

Bueno, pues ya veis, en 1920 varían algunas cosas con respecto a 1919 pero todo lo relatado nos ayuda a hacernos una idea de cómo era la vida en el Vidángoz de hace un siglo y qué pasaba en él.

Marcas de las ovejas de las casas de Vidángoz (I)

Hasta hace unas pocas décadas el ganado era el medio de vida fundamental de más de la mitad de las familias de Vidángoz, bien por ser dueñas de un rebaño más o menos grande, bien por trabajar algún miembro de la familia como pastor a sueldo para otros.

Una oveja de casa Diego, marcada con una ‘V’, tal y como figura sobre la entrada del corral de Diego en Ziberria.

Decimos ‘ganado’ y sobreentendemos con esto el ovino o lanar, y es este nombre el que explica el porqué de la importancia de las ovejas, y no es por su carne ni por la leche que daban y con la que se fabrica el famoso queso del Roncal, sino por la riqueza que en tiempos pasados suponía el comercio de la lana. Y es que no necesitamos irnos tan atrás en el tiempo para encontrarnos con datos sorprendentes al respecto: hace apenas cien años, cuando Mendigacha escribió a Azkue sus famosas cartas, Mariano comentaba que las ovejas se esquilaban cuatro veces al año (‘en marzo, en junio, en la San Miguelada y en San Andrés’). Recuerdo haberlo comentado con mi padre y éste decía que aquello no podía ser, pero a la vista está que así era.

Bueno, pues hecha esta introducción, y teniendo en cuenta la cantidad de rebaños diferentes que podían confluir en un espacio más o menos reducido (bien en las Bardenas, bien en los puertos del valle de Roncal), está claro que era de capital importancia el poder reconocer la propiedad de las ovejas. Para ello se empleaban dos tipos de marcaje: muescas en las orejas de las ovejas y marcas de pez en el cuerpo de los animales. En esta ocasión nos centraremos en las segundas.

Javier ‘el de Diego’ con unas ovejas cuya marca no es la de casa Diego

Y antes de meternos en harina, señalar que, al contrario de lo que podríamos pensar y de la misma manera que sucede con los nombres de las casas, ni unos ni otros se mantienen necesariamente en el tiempo y pueden cambiar. Así, a modo de ejemplo, tenemos que la marca antigua de casa Calderero era una ‘C’, que se corresponde con la inicial del apellido de José Calderero, a quien la casa debe su nombre actual. Sin embargo, una generación después el cabeza de familia pasó a ser Pedro Salvoch [Salbotx/Calderero], y la marca de las ovejas dejó de ser una ‘C’ para ser ‘PS’, iniciales de Pedro Salvoch.

Pese a la importancia que, en principio, parece que tendría este marcaje del ganado, apenas he encontrado rastro en la documentación que diga a quién pertenecía cada marca, seguramente porque era algo que todos conocían y se daba por sentado.

En ese sentido, y por lo investigado a la fecha, solo he encontrado un listado de ese tipo, y se debe a una epidemia de viruela que afectó al ganado ovino en el verano de 1940. Se decretó una cuarentena de todos los rebaños y se solicitó a los ayuntamientos información de todos los ganados que se encontraban en aquel momento en cada término municipal, en qué paraje se encontraban, quién era su dueño y qué marca identificativa tenían los animales de cada cabaña. De este modo tenemos noticia de once rebaños que había en aquel verano pastando en los montes de Vidángoz (lo cual no quiere decir que fueran todos los que había en el pueblo en aquel momento, ya que habría otros rebaños pastando en comunes del valle, en Belagua por ejemplo, o en otros términos municipales.

Los ganados mencionados en dicho listado y sus marcas son los siguientes:

Antonio Mainz [Aristu]:……………….O
Gabriel Salvoch [Salbotx]:……………
Blas Sanz [Arguedas]: …………………A
Felipa Sanz [Fuertes]: …………………M
Marta Urzainqui [Maisterra]: ……..M
Simona Urzainqui [Xoko]: …………..R
Agustín Salvoch [Jimeno]: …………..G
Pedro Salvoch [Calderero]: …………PS
Manuela Salvoch [Kurllo]: …………..
Francisco Mainz [Mendigatxa]: …..M
Juan Miguel Artuch [Largotena]: …T

Como podéis ver, no aparecen todas las que conocemos y alguna de las que aparecen ahora la asociaríamos a otra casa. Así que, este tema tendrá que tener segunda parte… o tal vez más.

Apellidos bidankoztarras: Pérez

El apellido elegido en esta ocasión no podía ser otro que Pérez. Es éste un caso curioso, pues habrá quien diga que este apellido u otros patronímicos (apellidos que hacen referencia al nombre del padre) como Sanz, Martínez, López… son castellanos y, por tanto, no pueden ser originarios de nuestro valle, pero el caso es que varios de ellos constan en nuestro valle desde hace seis siglos, esto es, desde antes incluso de que los apellidos empezaran a heredarse de padres a hijos. Y es que el apellido Pérez no significa otra cosa que ‘hijo de Pedro’ (en la época en la que el apellido se originó, en lugar de Pedro decían Pero o Pere – de ahí Pérez o Périz- o Petri -de ahí Petrotx).

Hecha esta reseña, vamos a conocer la historia del apellido en Vidángoz que, dicho sea de paso, tiene su miga.

John Periz, uno de los 6 vecinos apellidados Periz que aparecen en Vidángoz en el Libro de Fuegos de 1428

El primer Pérez que encontramos en Vidángoz es en 1428, donde entre los 64 vecinos (dueños de casas) del pueblo seis llevaban el apellido Periz (Sancho, Pero, John, Pero, John y John). Desde entonces, y tanto en los libros de fuegos como en los apeos de población donde se han ido anotando los nombres de todos los vecinos del pueblo, siempre ha habido algún Periz o Pérez como vecino/a (dueño/a de casa) en Vidángoz: en 1501, García, Sancho, Domingo, Sancho y Domingo Périz; En 1514, Johan, Johan, Johan y Sancho Périz; En 1612, Juan y Juanco Pérez; En 1613, Joan y Luca Pérez (ésta última consta como mujer de Joan de Ayesa); En 1634, Joan Périz; En 1645, Bartolomé y Joan Pérez; En 1677, Bartolomé, Juan, Blas y María Pérez; Y en 1726, Cathalina Pérez (que consta como viuda de Pedro Sanz y probablemente residente en casa Makurra o en casa Navarro).

Sin embargo, y como ya he señalado en anteriores ocasiones, solo podemos seguir fidedignamente el rastro familiar de los apellidos en nuestro pueblo desde aproximadamente 1700, así que, partiendo de ahí y hasta el presente, iremos viendo las diferentes ramas que ha tenido el apellido en Vidángoz y por qué casas ha pasado.

Señalaba que en ninguno de los documentos históricos hasta 1726 faltaba el apellido, pero en el último, en 1726, solo constaba Cathalina Pérez, viuda de Pedro Sanz, como vecina con el apellido, con lo que podríamos suponer que las líneas del apellido Pérez originarias del pueblo estaban a punto de desaparecer de Vidángoz. Es por ello que el apellido Pérez que ha habido en Vidángoz en prácticamente los tres últimos siglos ha llegado en algún momento de otro pueblo del valle (aunque quién sabe si no había llegado hasta allí procedente de Vidángoz…).

Así, la primera rama de Pérez que podemos rastrear se originó en 1734 con la llegada del burgiar Bernabé Pérez Martín a casa Lengorna, al casarse con la heredera de la casa, Pascuala Feliciana Hualde Urzainqui. En esa casa duró solo una generación, ya que volvió a heredar una hija (María Polonia), pero dos hijos de la casa se casaron a otras dos casas de Vidángoz, llevándose el apellido con ellos: Feliciano Valentín pasó en 1775 a casa Belttorna (actual casa Antxon) y Joseph Gabriel pasó en 1779 a casa Paxapán. De la primera saltó el apellido en posteriores generaciones a casa Marilusa (la casa que había donde hoy en día se encuentra el Ayuntamiento y que entonces tendría otro nombre) en 1832 por medio de Antonio Bernardo Pérez Clemente, a casa Laskorna en 1838 por medio de Ángel Custodio Pérez Clemente, a casa Makurra en 1869 por medio de Romualdo Domingo Pérez Sanz (que procedía de casa Laskorna), a casa Landarna en 1881 por medio de Modesto Crescencio Pérez Sanz (que procedía de casa Laskorna) y a casa Aristu en 1921 por medio de Felixa Pérez Jimeno (que procedía de casa Landarna). De casa Paxapán también pasó el apellido a casa Anarna en 1814 por medio de María Fermina Pérez Urzainqui, a casa Txestas en 1896 por medio de Fermín Anacleto Pérez Artieda y también a casa Matxín en la década de 1940 por medio de Teresa Pérez Urzainqui (que procedía de casa Txestas).

La segunda rama fue bastante más efímera y apenas duró una generación. Se originó con la llegada en 1791 del roncalés Vicente Pérez Arsuri, que se casó con la heredera de casa Aldaberna (actual casa Jimeno) Ana Joachina Onco Martín. Solo la hija que heredó la casa (y que se casó con el Jimeno que le da su nombre actual), Melchora Pascuala Pérez Onco, llegó a adulta, con lo que esa rama de Pérez se extinguió.

Casa Diego, sede de una de las ramas del apellido Pérez en Vidángoz desde 1797.

La tercera rama de Pérez llegó poco después, en 1797, de la mano del izabar José Joaquín Pérez Necochea, que se casó con la uztarroztar María Francisca Garde Hualde y vinieron de herederos a casa Don Mikelna (actual casa Diego), de donde era originaria la madre de María Francisca. De esta casa se extendió (aunque perduró poco en la mayoría de ellas) a casa Ornat en 1829 por medio de María Josefa Nicolasa Pérez Garde, Malkorna en 1842 por medio de Francisca Escolástica Pérez Garde, De la Villa vieja en 1875 por medio de Bernarda Romana Pérez Urzainqui, a casa Kurllo en 1877 por medio de Luisa Remona Pérez Urzainqui, a casa Kostiol en 1898 por medio de María Cruz Pérez Arriola, a casa Santxena en 1902 por medio de Dámaso Pérez Arriola, a casa del Secretario en 1936 por medio de Visitación Pérez Sanz (que procedía de casa Santxena), y a casa Peñeta en 1993 por medio de Francisco Javier Pérez Juanco.

Además de estas ramas que han tenido mayor recorrido por transmitirse el apellido del padre, también hubo varias mujeres Pérez del valle de Roncal (y una de Ezcároz) que se casaron a varias casas de Vidángoz: Pantxo (Teresa de Jesús Pérez Artica, de Burgui, entre 1856 y 1893), Inigizena (actual Peña) (Teresa de Jesús Pérez Artica, entre 1902 y 1905), Garro (Teresa de Jesús Pérez Artica, en 1910), Ornat (María Ignacia Pérez Artica, de Burgui, entre 1857 y 1903), Mendigatxa (Josefa Pérez Marco, de Uztárroz, entre 1852 y 1886), Fuertes (Francisca Xaviera Pérez Bere, de Ezcároz, entre 1851 y 1856 y también Cathalina Pérez Glaría, de Burgui, entre 1733 y 1753), Paxapán (Lucía Pérez Echeverri, de Garde, entre 1718 y 1753), Arguedas (Antonia Pérez Martín, de Burgui, entre 1734 y 1761), Mailusa (Estefanía Pérez Mayo, de Isaba, entre 1858 y 1864) y Malkorna (Juana Bautista Pérez Necochea, de Uztárroz, entre 1810 y 1811).

En resumen, en los últimos tres siglos ha habido Pérezes en más de un tercio de las casas de Vidángoz (28 de las 70-75 casas), así que todos seremos un poco Pérez. Y como mi padre solía decir, ‘¿Eres Pérez? Pues perecerás’.

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