Archive for the ‘Notas historicas’ Category

Tres requetés bidankoztarras muertos (11/06/1937)

Obituario de Antonio Larrea y Pascual Urzainqui

Obituario de Antonio Larrea y Pascual Urzainqui

Tal día como hoy hace 80 años la última guerra civil iba camino de cumplir año. Las tropas ‘nacionales’ avanzaban por el denominado Frente del Norte. Entre esas fuerzas se encontraban varios requetés bidankoztarras pertenecientes al Tercio de Montejurra: Antonio Larrea Miguéliz (Xapatero), Dionisio Mayo Urzainqui (Rakax), Pío Ornat Jimeno (Ornat / Zinpintarna), Eusebio Pérez Goyeneche (Diego), Cecilio Pérez Sanz (Santxena), Abundio Sanz Sanz (Danielna), Juan Urzainqui Pérez (Kostiol) y Pascual Urzainqui Hualde (Lengorna).

En aquel junio de 1937, tras haber sometido Durango, los requetés avanzaban hacia Bilbao. Para ello, habían de superar el denominado Cinturón de Hierro, un sistema defensivo que trataba de mantener la ciudad libre de las fuerzas sublevadas.
Esquela de los tres requetés bidankoztarras

Esquela de los tres requetés bidankoztarras

El día 11 de junio se inició la ofensiva definitiva sobre la capital vizcaína y en ella tomaron parte, entre otros, los ocho requetés bidankoztarras que formaban parte del Tercio de Montejurra, falleciendo en el asalto a las fortificaciones del Gallo (Galdakao) de aquel día tres de ellos: Antonio Larrea, Juan Urzainqui y Pascual Urzainqui.
Tres bidankoztarras muertos en un mismo día, noticia que seguramente causó un gran pesar cuando se recibió en el pueblo.
Las imágenes del Cinturón de Hierro en Galdakao han sido proporcionadas por la asociación de memoria histórica Galdakao Gogora.

Casas almadieras de Vidángoz en 1917

Mañana se celebra el Día de la Almadía en nuestro vecino pueblo de Burgui. Las almadías son parte de la historia no ya de Burgui y del valle de Roncal, sino que también lo es de otros valles pirenáicos, tanto navarros como aragoneses y catalanes. Así, y aunque para el que visite Vidángoz le pueda resultar sorprendente, por el Biniés, por el río de Vidángoz, también bajaban almadías, y no de manera esporádica o casual…

Una almadía en la Pechera, el punto por donde el río Biniés abandona Vidángoz

Hace 100 años concretamente, los bidankoztarras bajaron por los ríos 191 almadías, que se dice pronto. A este respecto, por un lado, hay que tener en cuenta que no todos los troncos se sacaban al río Biniés, por no ser el que más cerca quedaba de la explotación, y, por otro, también hay que considerar que a veces los bidankoztarras hacían “aprovechamientos forestales” fuera del término municipal de Vidángoz y bajaban almadías por el río que más cerca les tocara.

Tal era la actividad almadiera de Vidángoz que durante el 1º tercio del siglo XX funcionó en nuestro pueblo una Sociedad de Almadieros que agrupaba a los maderistas de la villa. Gracias a un documento de 1917 podemos saber con detalle qué casas integraban la Sociedad en aquel momento y cuántas almadías bajaron durante aquel año. La relación de las mismas, en orden de mayor a menor producción almadiera, es la que sigue: Garro 14, Arguedas 12, Pantxo 12, Txantxolit 11, Hualderna 10, Jimeno 8, Lixalte 8, Aristu vieja 7 (es Doroteo Jimeno, natural de Llabari), Juanko 7, Llabari 7, Mendigatxa 7, Xereno 7, Gaiarre 6, Ornat 6, Paskel 6, Txestas 6, Zinpintarna 6, Artutx 5, Danielna 5, Makurra 5, Matías 5, Paxapan 5, Antxon 4, Arotx 4, Larranbe 4, Montxonena 4, Santxena 3, Diego 3, Algarra 2, Lengorna 2.
Un total de treinta casas de Vidángoz que, en mayor o menor medida, participaban de la actividad almadiera. Sorprende ver en el listado algunas casas que  seguramente contaríamos por ganaderas, pero hay que tener en cuenta que, entonces como ahora, tampoco era mala idea diversificar el negocio.

Encontrado en Vidángoz un cráneo… ¿sin dueño?

Las ediciones digitales de Diario de Noticias y Diario de Navarra recogían ayer una noticia titulada “Investigan el hallazgo de un cráneo humano en el río Irati a su paso por Orbaizeta“.

Pues bien, salvando la distancia temporal, en Vidángoz hubo un caso similar que traté en 2014 en la charla-paseo “Vidángoz negro: muerte y delincuencia en nuestras calles“, de la que se publicó un pequeño cuaderno con diversas historias truculentas ocurridas en nuestro pueblo.

Plano que indica dónde está el término de Irasokoatea

Nos tenemos que remontar al año 1850, con la primavera recién estrenada (más o menos en la época en que nos encontramos), cuando un macabro hallazgo sacaba al pueblo de su letargo invernal: una calavera junto con diversas ropas habían aparecido en el término de Irasokoatea [al Norte de Olaberria; visto que se indica que era paraje abrupto, tal vez habría cogido el denominado camino de Azaltegia y se habría perdido en algún punto cerca de los Lexankos (o Amuluxanko según algunos estudios de toponimia)]. El primero en ser avisado ha sido el párroco, Don Ángel Urzainqui [Ferniando], quien dió cuenta de lo encontrado al alcalde, Tomás Hualde [Pelaire]. Éste fue el encargado de realizar las diligencias necesarias para tratar de identificar los restos.

Para realizar el reconocimiento se desplazaron hasta el lugar del suceso el alcalde, el cirujano D. Manuel Larequi [Burgui / Elizalde]) y cuatro testigos (Tomás Iriarte [Güesa / Iriarte], Pedro Miguel Fuertes [Lixalte], Vicente Zazu [Gallués / Pexenena] y Mariano Landa [Landa]). Levantó acta el escribano Manuel Nicolao [Anxelarna].

En el lugar del hallazgo, además de un montón de trocitos de ropa y demás, apareció un elemento que resultó fundamental para identificar al cadáver: “una caja de ojadelata usada y algo roñosa, dentro de ella un poco de polvo para narices, en cuya tapa tiene hecha a navaja la inscripción “Carrascón”, y debajo, en tinta, pone “Mi dueño”, y en un lateral pone en tinta Dn M y el resto de letras, que debieron de estar escritas, están borradas”. Aparecieron, además, otros elementos de la vestimenta que no eran los habituales: “un sombrero de copa muy fino y bastante usado, con cinta de seda alrededor; una capa anoquerada de buen paño, con cuello alto y bueltas de pana de color de botella; un bastoncillo blanco de fresno”.

Una calavera apareció en el monte de Vidángoz.

A juzgar por donde apareció el cadáver, dedujeron que el difunto se habría retirado al abrigo del lugar y habría muerto ahí mismo, sin fuerzas ni alimentos y tal vez perdido, ya que algo más arriba está el camino de alcorce de sierra de los valles de Roncal y Salazar. Concluyeron que debió de estar algo de tiempo porque parte de la hierba está más pisada y, por unos pelos encontrados en la roca donde habría estado sentado, que era canoso. La calavera “la habrían separado las fieras feroces que según las fuentes se conoce haber habido muchas. Los huesos se suponen también comidos por las fieras, o llevados con facilidad por alguna avenida de agua del barranco de Azaltegia”.

El molinero, Ramón Ainesa, declaró que conocía a un tal Carrascón de avanzada edad que era cirujano (más o menos lo que hoy denominaríamos practicante, o enfermero) en Jaurrieta cuando él estuvo de molinero en aquella villa, y que además, en noviembre, pasó un hijo suyo preguntando si habían visto a su padre, porque había salido de casa (en Izalzu) hacia Urzainqui, para buscar trabajo porque le habían despedido de Izalzu, le debió de atrapar un temporal de lluvia y nieve y no había vuelto. Algunos vecinos más (Vicente Zazu [Gallués / Pexenena] y  Pascual Garcés [La Herrera]) corroboraron lo dicho.

Declararon también los que tenían propiedades cerca del lugar del hallazgo (José Anaut [Inigizena] y Pedro Miguel Fuertes [Fuertes / Lixalte]), que indicaron que no habían estado allí desde septiembre hasta una semana antes del hallazgo, y que “ignoran que nadie haya podido estar en un lugar tan distante y retirado”.

Las unaiak, las boyeras, declararon no haber visto a nadie.

Para cerrar el círculo de interrogatorios, les tocó el turno a las boyeras (unaiak) que andaban cerca del término: Ignacia Monzón [Txestas / Arguedas], que había estado todo el mes de Marzo en una borda que tienen en Irasokoatea, cuidando sus vacas, Manuela Sanz [Bernabé] y Sevastiana Navarro [Danielna], que todo el mes de Marzo había estado en la borda de su amo Diego Pérez [Diego] en la jurisdicción de Irasokoatea y por los días apacentaba sus vacunos o los de su amo. Ninguna había visto a nadie salvo a ellas mismas durante esos días.

Se enterró provisionalmente su cráneo en el cementerio de Vidángoz con una marca a la espera de que lo reclamasen.

Finalmente, las declaraciones de varios testigos de Izalzu indicaron que solía vestir con la ropa encontrada en Irasokoatea y que su estado de alimentación era malo porque era pobre miserable. Así pues, pese a que la viuda dice que su marido no vestía esa ropa, como negándose a aceptar lo inevitable, parece que el tema quedó aclarado y que el viejo cirujano Manuel Carrascón salió de Izalzu hacia Urzainqui por el puerto, le pilló el temporal, trató de refugiarse, se perdió, murió de frío y hambre, y los lobos dieron cuenta de su cuerpo.

No sabemos cómo acabará la historia que hay detrás de la noticia, pero seguro que el tema no tiene mucho que ver con lo ocurrido en Vidángoz hace más de siglo y medio…

Accidente mortal en una almadía (17/03/1917)

Almadía saltando la presa de Ziberria, en Vidángoz. En un salto similar, aunque en un río de mayor envergadura, se produjo la desgracia

Almadía saltando la presa de Ziberria, en Vidángoz. En un salto similar, aunque en un río de mayor envergadura, se produjo la desgracia

El colectivo hermano La Kukula de Burgui daba cuenta hace diez días de un accidente de almadía ocurrido hacía 75 años en el que falleció el burguiar Donato Mendive.
Pues bien, casualidades de la vida, tal día como hoy hace 100 años las almadías nos dejaban otro accidente laboral con resultado de muerte y con algún bidankoztar de por medio.
El suceso tuvo lugar en el río Belagua, en la presa del molino de Isaba, donde cayó al agua el peón (trabajador contratado) de almadiero Miguel Pérez Novallas (o Navallas, según el documento), natural de Salvatierra de Esca, y falleció ahogado. Su cuerpo fue arrastrado por el agua y pudieron sacarlo del agua en el punto donde confluyen las aguas de los ríos Belagua y Uztárroz dando origen al Ezka. Por lo que indica la prensa de esos días, había habido abundantes lluvias y el río bajaría crecido, con lo que es de esperar que maniobras del tipo a la del salto de la presa fueran aún más peligrosas que de costumbre.

Recorte del Diario de Navarra de 21/03/1917

Recorte del Diario de Navarra de 21/03/1917

Este almadiero se encontraba trabajando para José Urzainqui Jimeno [Hualderna], bidankoztar y miembro de la Sociedad de Almadieros de Vidángoz (hablaré de este colectivo en otra ocasión, pues apenas quedaba recuerdo sobre él y es una cooperativa cuyo funcionamiento fue relevante para nuestro pueblo), que en estos casos, así como en los accidentes de menor gravedad, tenía establecidas una serie de indemnizaciones para los afectados (o para sus familiares, como en este caso). Por lo que indica la reseña del accidente que apareció en el Diario de Navarra, en la misma almadía viajaban otros dos vecinos de Salvatierra de Esca, uno de ellos hermano del fallecido, que imaginamos que habría sufrido especialmente con el suceso.

Nota en la que se da parte del accidente a la Sociedad de Almadieros de Vidángoz

Nota en la que se da parte del accidente a la Sociedad de Almadieros de Vidángoz

Claro que, en esta ocasión, al haber fallecido a resultas del accidente, la cuantía a pagar a la viuda debía de ser considerable y la Sociedad intentaba de alguna manera escaquearse o pagar menos de lo que parecía estar estipulado. Además, en estos casos, el importe de la indemnización lo habían de aportar todos los socios de la Sociedad de Almadieros de Vidángoz, que en el momento de este accidente eran treinta (casi la mitad de las familias de Vidángoz), y cada uno de ellos en función de las almadías que poseía cada uno de ellos.
Finalmente, y tras presionar el abogado de la viuda un poco, ambas partes llegaron a un acuerdo y la mujer del finado Miguel Pérez percibió una indemnización de 2.900 pesetas que, aunque en 1917 sería una cuantía considerable, en ningún modo habría suplido la ausencia de su marido.

Dragones en el valle de Roncal

¿Dragones en Vidángoz?

¿Dragones en Vidángoz?

Nuestro valle no ha sido escenario para ‘Juego de tronos’ (aunque paisajes no le faltan) pero ¿qué pensaríais si os dijera que hace casi cuatro siglos nuestro valle se alojaron unos dragones?
Pues por un lado, esto nada tiene que ver con ‘Daenerys de la tormenta, madre de dragones’.
Por otro, que lo que he dicho, aunque cierto, nada tiene que ver con animales mitológicos ni mucho menos.
Y es que, según certifica un documento que se conserva en el Archivo de la Junta General del Valle de Roncal (Caja 005, Doc. 3), en 1640 nuestro valle dio alojamiento a los Dragones durante seis meses.

Soldado del Tercio de Dragones

Soldado del Tercio de Dragones

Los Dragones eran un cuerpo del ejército español que consistía en guerreros equipados con caballo y que portaban arcabuces, y que, según las circunstancias, combatían a caballo o a pie (en las imágenes que acompañan esta entrada podéis ver cómo sería un soldado ‘dragón’ y como era su capitán).
Pero, ¿por qué estuvieron en el valle durante seis meses esos ‘dragones’? Pues seguramente debido al conflicto que España mantenía con Francia en aquellos años (Guerra franco-española 1635-1659), si bien en 1640 había otros frentes abiertos, como la secesión de Portugal y la sublevación en Cataluña con la que daría comienzo a la ‘Guerra de los Segadores’ (1640-1652). Para hacernos una idea de lo convulso del momento, señalar que la historiografía lo denomina ‘La Crisis de 1640’, haciendo referencia a la cantidad de problemas que se le acumularon a España.

Capitán de Tercio de Dragones

Capitán de Tercio de Dragones

En cualquier caso, podemos imaginarnos el coste que habría tenido para nuestros antepasados mantener a una tropa de tal calibre formada no solo por soldados sino también por sus caballos, así que lógicamente el Valle reclamaría a España posteriormente los gastos producidos.
Pues esta ha sido la explicación a la presencia de dragones en el Valle de Roncal en 1640 que aunque le quita el aire legendario al titular de esta entrada, nos ha permitido conocer otro pequeño capítulo de nuestra historia.

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