Archive for the ‘Notas historicas’ Category

Hija de unos «empleados del rey»

Como podréis conocer dentro de dos boletines, el año que estaba por comenzar hace 200 años no iba a ser un año cualquiera. Y es que en aquel año se reactivó la que sería primera guerra civil del siglo XIX (que habría empezado en 1821, como consecuencia del Pronunciamiento de Riego de 1820 y la respuesta armada al mismo) y Vidángoz viviría algún episodio de aquella guerra en sus propias carnes. Pero dejemos ese capítulo para el número 44 de Bidankozarte (verano de 2022) y centrémonos en este curioso episodio.

Hace años, cuando andaba transcribiendo los libros de bautizados de la parroquia de Vidángoz me encontré con un caso curioso. Generalmente, los padres de las criaturas eran labradores y por eso no se mencionaba su oficio, pero cuando se trataba de alguien cuya profesión no era la de esa mayoría apegada a la tierra, entonces sí que se mencionaba: maestros, herreros, molineros… Hasta aquí, más o menos perfecto. Pero hete aquí que el 16 de enero de 1822 nació en Vidángoz una niña cuyos padres eran nada más y nada menos que “empleados del Rey”, siendo el padre natural de Ayelo (actual Aielo de Malferit), Reyno de Balencia, y la madre natural de Etxalar. ¿Qué clase de oficio era aquel? ¿Y qué pintaban con esa profesión en Vidángoz? Bueno, en aquel momento quedó transcrito el dato y seguí con mi labor sin concretar a qué se refería, pero se me quedó un apunte en la cabeza a nodo de “nota mental”.

Algún tiempo después, e indagando en otras historias, empecé a entender el contexto de este asunto: después del Pronunciamiento del general Riego el 1 de enero de 1820, dio comienzo el denominado Trienio Liberal, del que en la escuela nos decían básicamente que en ese periodo el rey Fernando VII estuvo apartado del poder y que ese capítulo histórico terminó con la llegada de los Cien mil hijos de San Luis en 1823, que reestablecieron al monarca absolutista al mando del estado.

Lo que no nos contaron es que en ese periodo se desató una guerra civil denominada Guerra Realista, una suerte de precursora de la I Guerra Carlista que se iniciaría apenas una década después. Pues bien, en aquel contexto andaba por Vidángoz Francisco Armengol Barbería. Armengol, al parecer, se encontraba al mando de alguna partida de realistas, esto es, partidarios del monarca (de ahí el oficio de empleado del Rey), en Navarra, y se ve que por aquí andaría también su mujer, y así nació su hija María Fulgencia Armengol Sanciñana en nuestro pueblo.

En nuestro valle, como os informaré en la revista veraniega de Bidankozarte, parece que surgió un importante núcleo realista, la denominada División Real de Navarra, uno de cuyos artífices fue el párroco de Uztárroz Don Andrés Martín, quien terminada (y ganada por su bando) la contienda, escribiría en 1825 una crónica del conflicto titulada Historia de la Guerra de la División Real de Navarra contra el intruso sistema llamado constitucional y su gobierno revolucionario. Y a ese bando es al que pertenecía Armengol.

Gregorio Cruchaga, hermano de Juan José, predecesor suyo como líder guerrillero roncalés y que también murió en guerra, en su caso en la de Independencia.

Pero hay algo que hace de Armengol un personaje especial en esta guerra, y es que hizo diversos méritos por los que al finalizar el conflicto sería condecorado por el rey, y uno de los cuales está directamente relacionado con nuestro valle.

Los realistas navarros se habían alzado contra el gobierno liberal en diciembre de 1821, pero la insurrección fue sofocada rápidamente, y los partidarios del rey cruzaron la muga con Francia esperando a mejor ocasión. Oportunidad que se presentaría en la primavera siguiente, cuando volvieron a activarse en suelo navarro. Y en una de esas acciones, Armengol asesinó en Nardués-Andurra (Urraúl Bajo) al coronel Juan José Cruchaga, natural de Urzainqui y héroe de la Guerra de Independencia, que en este conflicto había tomado parte con el bando liberal.

Así, Armengol pasa de ser un combatiente más de una guerra civil poco conocida a ser el asesino de un héroe roncalés… ¡y cuya hija nació en Vidángoz!

El padrino

El nacimiento relatado a la derecha de estas líneas podía quedar en una mera anécdota, e incluso el hecho de que el padrino fuera natural del propio Vidángoz también podría haber sido casual, pero todo tenía su razón de ser.

Y es que el padrino de la criatura, de Mª Fulgencia Armengol, fue el diácono bidankoztar Pedro Mariano Salboch Larrambe [Salbotx], y podríamos considerarlo algo casual, algún clérigo que se ofrecía a ser el padrino de una criatura que había nacido fuera del entorno familiar, pero parece que no van por ahí los tiros. Más bien da la impresión de ser uno de esos casos en los que alguien con cierto estatus apadrina a la bautizada (como cuando el padrino de alguien era el médico o el maestro del pueblo, pese a no ser familia del retoño), aunque en este caso todavía no pasara de la categoría de diácono.

Este conflicto, la Guerra Realista, marcaría un punto de inflexión en la trayectoria de Mariano Salboch y de algunos otros bidankoztarras, como explicaré en el nº 44 de Bidankozarte, erigiéndose poco a poco en uno de los cabecillas locales de la facción realista en esta contienda y, una década después, en la I Guerra Carlista.

Así, y teniendo en cuenta Mariano Salboch pertenecía a una familia pudiente de Vidángoz, y que no era la única de la que tenemos noticia en ese aspecto, podríamos aventurarnos a decir que nuestro pueblo era un lugar donde los realistas se sentirían particularmente cómodos, que gozarían de cierto apoyo popular.

125 años de la muerte de Juan De Remón

Y os estaréis preguntando, ¿quién era, pues, ese Juan De Remón? Pues vamos a ver que es un personaje que tiene su miga.

Recorte de El Eco de Navarra, 08/01/1897

Lo primero que llama la atención es que se dio noticia de su muerte en la prensa (El Eco de Navarra, 08/01/1897). Si ya el hecho de que saliera en el periódico es algo que se sale de lo habitual, tenemos otros cuantos datos que encienden nuestra curiosidad.

El primero es que el finado es citado como comerciante, un oficio poco habitual en el Vidángoz de aquella época, pero que no significa otra cosa que él era quien regentaba la única tienda del pueblo a finales del siglo XIX, negocio del que daremos más datos después.

Por otra parte, no resulta menos curioso la mención a su pasado en la Marina Francesa. ¿Y esto? Pues bien, resulta que Juan De Remón, como era conocido en Vidángoz (su nombre real era Juan Bautista Erramundeybery, como consta en su partida de defunción), era natural de Baiona, y es por ello que habría tenido que realizar el servicio militar francés, y, por lo que se ve, hizo carrera en la Marina, con la que probablemente habría participado en alguno de las múltiples expediciones de colonización y conflictos protagonizados por Francia en las décadas de 1860 y 1870.

Bueno, y con ese origen, ¿cómo había llegado a Vidángoz? Pues, como también indica su partida de defunción, anduvo muchos años de marinero y estaba casado con la bidankoztar Silveria Clemente Hualde [Makurra], con la que, tras retirarse de la vida militar, había residido en Montevideo y Buenos Aires hasta que, hacia 1890, se habían establecido en este pueblo nuestro.

Silveria había dejado su Vidángoz natal hacia 1868, con unos 25 años, no sabemos si con destino a Francia o a América, y en alguno de los dos sitios habría conocido a Juan. Parece que la pareja no tuvo descendencia, pero Juan sí que tuvo al menos una hija de un matrimonio anterior, llamada Eugenia.

Y para terminar, ¿dónde estaba la tienda que regentaban? Pues, ¡sorpresa!, en casa Angelena, la que posteriormente durante medio siglo XX sería tienda de José María Sanz, que, al parecer, estaba disponible para alquilar cuando el matrimonio llegó a Vidángoz. Regentaron la tienda desde 1890 hasta que Juan falleció, y Silveria siguió hasta su muerte en 1906, aunque tuvo algún problema con acreedores de la tienda que no querían pagar, si bien no pudo demostrarlo… pero eso es otra historia.

Bidankoztarras en la Guerra del Rif

Hace un siglo andaba España enfrascada en una guerra en una de las pocas colonias que le quedaban: El Rif (Norte del actual Marruecos). Realmente, esta zona ni siquiera era una colonia española en sí, sino que era una zona de Marruecos que Francia había cedido a España para su administración.

A finales del siglo XIX las principales potencias europeas se habían repartido África como territorio colonial. La mayor parte del pastel se la comieron entre Francia y Reino Unido, pero Alemania, Bélgica, Portugal e Italia también consiguieron algunos territorios en esa división. España, por su parte, ya era una nación de segunda categoría que había ido perdiendo gran parte de sus colonias a lo largo de ese siglo y en sus últimos años terminaría de dilapidar su imperio colonial con la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Además, dicha centuria había sido un continuo de enfrentamientos militares, algunos con carácter de guerras civiles, y en lo económico, también, un completo desastre, con diversas bancarrotas.

Así, podemos entender que España pintaba más bien poco en la Conferencia de Berlín (1885) en la que se repartió África, y tuvo que conformarse con las migajas que quedaron: la zona Norte del actual Marruecos (El Rif), el Sahara Occidental y Guinea Ecuatorial.

Localización de varios bidankoztarras en la Guerra del Rif.

Además, El Rif, que ya hemos indicado que se lo cedió Francia, era una zona de Marruecos donde predominan las montañas y donde había diversas tribus que se resistían a la dominación colonial, con lo cual, tampoco era ninguna perica en dulce. Es por ello que, ante los levantamientos que se producían en aquel protectorado, España respondía militarmente, y para ello necesitaba tropas, reclutas, y aquí es donde entramos en nuestra pequeña historia.

Como hacía falta soldados constantemente, se recurría a los quintos, a aquellos a quienes les tocaba realizar el servicio militar. Estos soldados no eran profesionales y eso llevó a que, en algunas ocasiones, se produjeran derrotas sonadas. Y es que aunque la denominada Guerra del Rif (o Guerra de Marruecos) se alargó desde 1911 hasta 1927, hubo periodos de mayor o menor intensidad en los enfrentamientos, y también victorias y derrotas. Y el hecho de haber elegido esta fecha para este artículo es porque en julio del presente año se conmemora el centenario del Desastre de Annual, una derrota estrepitosa de las tropas españolas. No sabemos si algún bidankoztar falleció en este episodio, pero sabemos que pocos meses después, unos cuantos andaban por aquellas tierras.

Raimundo García García, alias Garcilaso, director del Diario de Navarra, realizó un periplo por diversos acuartelamientos de Marruecos en 1922 y dio cuenta de los navarros que había en ellos, y estos son los bidankoztarras que encontró (su ubicación se señala en el mapa), aunque seguro que hubo muchos más: Benito Urzainqui Pérez [Kostiol] en el blocao de El Paso; Juan Mainz Salvoch [Aristu / Jimeno] en Kudia Rabta; Sor Paz Fernández (hija de un carabinero y nacida en Vidángoz) en Alcazarquivir; Antonio Hualde Mainz [Navarro / Txestas] en Bu Harrat; Y Ambrosio Mainz Salvoch [Aristu / Arriola] y Robustiano Urzainqui Pérez [Kostiol], ambos en Arcila (y en 1925).

Al menos todos estos soldados regresaron a casa, que no es lo de menos.

Una copla de la Guerra de África

Cuando hace tres años anduve investigando la figura de Mariano Mendigacha, los textos que había publicados y otros documentos originales, me llamó la atención una copla de las recogidas por Resurrección Mª Azkue.

Aquellos versos decían así:

A bayoneta calada

Tetuan arteko,

de seguido Tánger,

guretzat betiko.

La copla sobre la Guerra de África, tal y como figura en las notas de Azkue (Euskaltzaindiako Azkue liburutegia)

La copla es bien curiosa porque mezcla uskara y castellano (para que luego digan que el euskañol es cosa moderna), tal vez mostrando la situación del dialecto roncalés hacia 1860, y también porque da cuenta de un acontecimiento histórico. La estrofa, en esta ocasión, no había sido recogida de la boca de Mariano Mendigacha, sino de Francisco Mayo, de Uztárroz, quien señalaba que era una copla que cantaban los soldados roncaleses en la Guerra de África.

Con esa denominación creía yo que se refería a la Guerra de Marruecos o a la que la historiografía denomina Guerra del Rif (1911-1927), de la que hablo en el artículo de la derecha, pero resulta que no, que esta Guerra de África era otra.

Y, claro, el detalle es que quien aportaba esta rima, Francisco Mayo, había sido soldado en aquella guerra y cuando se publicó, en 1931, tenía ya 88 años, con lo que salían las cuentas y había sido quinto en la época en la que se desarrolló aquella contienda, 1859-1860.

En fin, una curiosa copla roncalesa.

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