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El Síndrome de Mendigatxa

Por si lo dicho en la entrada del miércoles fuera poco, Mariano Mendigacha sirve para denominar a un síndrome, el Síndrome de Mendigatxa, denominación que apareció por primera vez en el verso de Bidador pero que ha tenido más recorrido.

Artículo de Aingeru Epaltza sobre el Síndrome de Mendigatxa, en la última página del Diario de Noticias de 10/06/2015.

El Síndrome de Mendigatxa, tal y como lo definía certeramente Aingeru Epaltza en su columna del Diario de Noticias (06/10/2015), viene a ser la melancolía de ser una suerte de último mohicano de tu lengua, siendo consciente de ello.

Seguramente Mendigacha bastante tendría con su día a día como para andar pensando en que su nombre se iba a asociar a la desazón que le producía el querer enseñar todo su uskara y que no muriera y no ser capaz de salvarlo, pero el caso es que su figura ha servido para representar esa sensación.

En este sentido, y como dice uno de el poema de Díez de Ulzurrun, ‘amamos a Mendigacha, pero no ser Mendigacha‘.

Mariano, nuestro particular último mohicano, sonreiría satisfecho si pudiera ver que sus esfuerzos no fueron en vano, como tanto temía. Eskarrik anitx!

Anteriores recordatorios a Mariano Mendigacha

Al hilo del homenaje que se le va a brindar este próximo sábado, tendemos a pensar que, como Mariano Mendigacha no tiene una placa en su honor al estilo de la de Prudencio Hualde, nunca se le ha tributado un homenaje o que ni siquiera se ha intentado, pero no es así, ni en un caso ni en el otro.

Extracto del acta de Euskaltzaindia de 28/04/1932, donde se recoge lo relativo a colocar una lápida en recuerdo de Mendigacha en su casa nativa.

El primer intento de homenaje fue promovido por el propio Resurrección Mª de Azkue como primer presidente de Euskaltzaindia. Fue en 1932, aprovechando el centenario del nacimiento de Mendigacha, cuando Azkue propuso a la asamblea de la academia colocar una lápida en su honor. La propuesta fue aprobada e incluso se llegó a consultar y recibir respuesta del párroco Don Marcelino Murillo sobre las fechas exactas de nacimiento y muerte de Mariano.

Sin embargo, este primer intento de homenaje no pudo llevarse a cabo, no sabemos si por dificultades propias de una Euskaltzaindia cuyo funcionamiento era más bien precario en aquella época, por la inestabilidad política y social de la época o incluso, tal vez, por el golpe de estado de Sanjurjo que tendría lugar tan solo tres meses después.

Imagen publicada en el Diario de Navarra de 14/06/1975 acompañando a la noticia del homenaje a Mariano Mendigacha y Prudencio Hualde.

Así, el homenaje a Mariano Mendigacha durmió el sueño de los justos hasta 1975, año en cuya primavera se realizaron en diversas localidades del Pirineo (Burguete, Ochagavía, Vidángoz…) acciones de ensalzamiento del euskera. La de Vidángoz, concretamente, tuvo lugar el día 8 de junio de aquel año y lo que se planteó como un homenaje tanto a Mariano Mendigacha como a Prudencio Hualde consistió principalmente en una misa en euskera. Parece ser que Don Nicolás fue quien organizó el asunto.

El artículo que dedicaba a la celebración el Diario de Navarra del 14 de junio de 1975 señala que se sumaron a la fiesta los 200 habitantes que tenía Vidángoz en aquel entonces, las autoridades (el alcalde Enrique Hualde [Txestas / Juanko], los concejales Evaristo Urzainqui [Lengorna] y Tomás Arbizu [Arbizu] y el secretario Miguel Salvoch [Urzainqui / Secretario / Landeta]

Las lecturas de la misa, que fue concelebrada por el padre Aguinagalde, fueron traducidas al roncalés por Koldo Artola y pusieron música a la celebración una acordeonista y varios  txistularis.

Esta jornada sirvió de germen para el tributo que se le realizaría a Prudencio Hualde cuatro años más tarde, en 1979, con motivo del centenario de su muerte.

Y posteriormente, 1998, con motivo del primer Uskararen eguna que se celebró en Vidángoz, organizado por la Asociación Kebenko, también se homenajeó tanto a Mendigacha como a Hualde en su calidad de ilustres uskaldunes bidankoztarras.

Mariano Mendigacha, Vidángoz y el uskara

Por las fechas en las que le tocó nacer y morir a Mariano, podría decirse que su vida resume a grandes rasgos las últimas décadas del uskara roncalés.
Así, nuestro Mendigacha nació en 1832, cuando Navarra todavía era un reino (con muchas limitaciones, pero un reino) y en un tiempo en el que el uskara, aunque ya proscrito en diversos ámbitos, todavía gozaba de buena salud.
Al año de nacer Mariano se desencadenó la I Guerra Carlista, una guerra que perdieron los carlistas, quienes en principio apostaban por lo tradicional, situándose en este ámbito la lengua vernácula. Como consecuencia de esta guerra, Navarra pasó de ser reino a ser provincia española, vio recortados sus fueros y empezó a sufrir en mayor medida las políticas centralizadoras del gobierno liberal, presión que iba reduciendo el uso del uskara a menos ámbitos, para pasar en pocos años a limitarse su uso al ámbito del hogar.

El uskara roncalés, en el mapa realizado por Bonaparte en 1866.

No obstante, el proceso variaría de una casa a otra pero, en cualquier caso, parece claro que el declive del uskara habría comenzado en este punto, sin obviar que hasta entonces también había tenido trabas. Así, aunque en el análisis sobre la distribución y salud de los diferentes dialectos del euskera que realizó el lingüista Louis-Lucien Bonaparte en 1866 (en la imagen que acompaña a este artículo, la parte del mapa que concierne al Valle de Roncal, separando los tres subdialectos de Vidángoz, Urzainqui y Uztárroz, y donde ya se señala que en Burgui estaba en peor situación de uso que en el resto de villas del valle) se señala que en Vidángoz más del 90% de la población era vascoparlante, parece que el retroceso ya estaría en marcha y nos encontraríamos en ese punto en que tanto mujeres como hombres jóvenes y de mediana edad serían bilingües y entre los más mayores la mayoría de las mujeres y algunos hombres serían mayormente euskaldunes aunque conocerían algunos rudimentos de castellano. Es de reseñar que Bonaparte escogió Vidángoz para el estudio del uskara por ser el pueblo que mejor se prestaba a ello (por menos influenciado por el castellano o por gentes venidas de fuera, suponemos, favorecido esto por su situación aislada), y de ahí su colaboracion con Mendigacha y con Prudencio Hualde.
En la década siguiente, donde seguramente habría tenido particular relevancia la III Guerra Carlista (1872-1876), se aceleró el proceso hasta el punto de que, por lo que pudo concluir el investigador Gorka Lekaroz en 2014 en su análisis de la desaparición del uskara en Vidángoz (en la que contó con mi colaboración), la guerra habría tenido tal efecto que incluso en hijos de una misma familia, los nacidos antes del conflicto dominarían el uskara y los nacidos después de él ya no habrían llegado a tener el mismo nivel con el idioma.
En casa Mendigatxa, supongo que hasta 1883, año en que se casó Inés, la hija que quedó en casa, se habría hablado uskara. Al entrar en la casa Juan Mainz Villanueva [Santxena], se habría iniciado una convivencia entre el castellano y el uskara en la que variaría el idioma de comunicación en funcion de quién hablaría y a quién se dirigiera, pero seguramente Mariano seguiría dirigiéndose a su mujer y a su hija en su idioma nativo.
El siguiente escalón que bajaría el uskara en casa Mendigatxa llegaría con la muerte de su esposa, Josefa Pérez Marco (Uztárroz) en 1886, con lo que parece que el castellano se habría convertido en el idioma principal relegando al uskara a situaciones más o menos puntuales.
Dos décadas después, en 1904, cuando Mariano ya había iniciado su correspondencia con Azkue, el Obispado de Pamplona analizó su diócesis y en el Valle de Roncal solo se hablaba uskara en Vidángoz, Isaba y Uztárroz y, por lo que decía Mendigacha, sólo unos pocos ancianos ya lo dominarían. En Mariano, animado por su creciente relación con Resurrección Mª de Azkue, revivió el fuego del uskara y éste incluso trató de que uno de sus nietos (seguramente Diego Mainz Mendigacha), que todavía no había aprendido a hablar, interiorizara el uskara y salvarlo así en cierta manera, pero al solo tener al abuelo para la conversación, fue en vano y el anciano Mendigacha desistió de su intento.
14 años después, en 1918, falleció Mariano, y entonces quedarían menos euskaldunes aún, pero todavía en 1935 se mencionaba a Vidángoz como muga sur del euskera, si bien en nuestro pueblo ya estaba en su último estadío antes de desaparecer (‘solo lo conocen los ancianos, pero no lo usan en público’). situación solo un poco mejor en Isaba (donde ya solo lo conocían los mayores de 50) y en Uztárroz (mayores de 30).
Por lo que podemos deducir de sus cartas, Mariano Mendigacha vivió el declive del uskara como un querer y no poder, pero fue la figura clave para que hoy conozcamos mucho de lo que sabemos de nuestro desaparecido dialecto, por lo que solo podemos expresarle nuestro agradecimiento. Así que, ¡Eskarrik anitx, Mariano!

Los libros sacramentales anteriores a 1701

A decir verdad, éste es un tema que me intrigaba desde hace tiempo: ¿por qué los libros sacramentales de Vidángoz solo se conservan desde 1701-1702? En la mayoría de pueblos del valle se conservan prácticamente desde su comienzo (en torno a 1580) salvo en Isaba, donde se perdieron con el incendio de 1813. Entonces, ¿qué pasó en Vidángoz para que los libros desaparecieran?

Lo primero que se me ocurría pensar era que aquello pudiera tener que ver con algún conflicto bélico como la Guerra de Sucesión (1701-1713), aunque fuera improbable, ya que aquella contienda no se acercó mucho a nuestro pueblo.

Por otra parte, recuerdo haber oído a algún mayor que en tiempos antiguos la iglesia se debía de haber quemado, aunque no sabían concretar cuándo. Podía ser, pero en ese caso seguramente tendríamos información al respecto en el Archivo Diocesano de Pamplona, y no es así.

La última opción que barajaba era que los libros no se conservaran en la iglesia sino en la casa vicarial y que allí no hubieran sufrido un incendio, sino algo más leve (goteras, ratones…) que con el tiempo habría ido arruinando los libros y en algún momento se habrían desechado por inservibles.

Pues bien, cuando ya pensaba que esta sería una de esas preguntas para la que jamás encontraría respuesta, una casualidad hizo que llegara a resolver ese enigma, al menos en parte.

Caballero de la Orden de Santiago [www.blasoneshispanos.com]

Caballero de la Orden de Santiago [www.blasoneshispanos.com]

El caso es que un aficionado a la genealogía (Eloy Higuera, un saludo desde aquí) que contactó conmigo por un antepasado suyo que era de Vidángoz, me enseñó cómo encontrar información sobre algún antepasado que hubiera sido Caballero de la Orden de Santiago o similar. Yo solo sabía de un Caballero de Santiago que tenía relación con nuestro pueblo: Raimundo Sanz y Domínguez, que aunque era natural de Hecho era hijo del bidankoztar Miguel Sanz.

Y el caso es que con aquella referencia vaga consulté su expediente y encontré varias sorpresas:

1.- La primera y principal es que en 1757, cuando se investigó la genealogía de Raimundo para estudiar su ‘limpieza de sangre’, los libros sacramentales anteriores a 1701 todavía se conservaban en casa del párroco (Pedro Marco Hualde), en un arca grande de pino ‘por no aber archivo en la yglesia’.  Allí se expresa que el párroco mostró un  libro envuelto en pergamino que contenía cinco volúmenes donde se registraban todos los sacramentos y que comenzaba en 1638 con la partida de bautismo de Bartholomé de Blas Pérez Martín, hijo de Bartholomé y Chathalina (04/02/1638), y terminaba con la partida de entierro de Susana Mainz (29/03/1701).

2.- El ayuntamiento se encontraba entonces en la plaza (no sabemos si la misma que actualmente o llamaban plaza al espacio delante de Casa de la Villa vieja), las dos ventanas de su sala de plenos daban a la plaza y en su archivo solo constaban libros de actas y de cuentas.

3.- El apellido Sanz de esta rama (ya había en el pueblo otros cinco Sanzes) no era natural del pueblo, ya que el abuelo de Raimundo, era natural de Villarreal de la Canal (Huesca, a unos 20 km de aquí) y se casó a Vidángoz. Además, en principio, este linaje no llegaría a la actualidad en nuestro pueblo, ya que quien heredó era el padre de Raimundo, y dejó el pueblo para casarse a Hecho (aunque lo mismo vendió su condición de heredero a su hermano, a saber…).

4.- Los diez hombres ancianos (¡siete de ellos pasaban de los 60 años!) con los que trataron para indagar sobre la ascendencia de Raimundo Sanz entendían castellano además de euskera y no necesitaban intérprete.

Bueno, en resumen, que aparte de todas estas curiosidades que he puesto de relieve, resulta que los libros anteriores a 1701 ni se habían quemado ni habían desaparecido en una guerra. Eso sí, en 1757 estaban deteriorados, por lo que o bien siguieron ese camino y quedaron inservibles… o quién sabe, quizás están perdidos en algún sabaiao o en algún arca vieja esperando ser rescatados…

Fondo Bonaparte

El lingüista Louis-Lucien Bonaparte

El lingüista Louis-Lucien Bonaparte

En febrero, y como si se tratara de un tributo a Mariano Mendigacha en el centenario de su muerte, el Archivo General de Navarra publicó en su página web (Archivo Abierto) el denominado Fondo Bonaparte digitalizado.

Este fondo se compone de 145 documentos que el lingüista Louis Lucien Bonaparte hizo redactar a sus colaboradores en Navarra para estudiar los diversos dialectos del euskera.

Para el estudio de nuestro extinto uskara roncalés eligió Vidángoz y aquí tuvo por colaboradores al cura Prudencio Hualde y a Mariano Mendigacha, y es por ello que en el Fondo Bonaparte hay cuatro documentos relativos a Vidángoz (Evangelio según San Mateo, el catecismo del padre Astete, algunas oraciones [?] y un pequeño vocabulario), aunque falta la mayoría de lo escrito por Mendigacha, que se encuentra en otros archivos, de los cuales iré dando cuenta en posteriores ocasiones.

Estamos, pues, de enhorabuena.

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