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Apellidos bidankoztarras: Hualde

Como señalaba al inicio de este número, esta vez trataremos el apellido Hualde y su recorrido histórico en Vidángoz.

La verdad es que Hualde es un apellido relativamente frecuente en Euskal Herria, ya que podría traducirse como ‘al lado del agua’ y, así, de manera análoga a otros como Elizalde (‘al lado de la iglesia’), es un apellido que perfectamente podría existir en cualquier pueblo con río (o sea, en casi cualquier pueblo).

Dicho esto, vamos con la historia del apellido Hualde que, al igual que todos los apellidos frecuentes de Vidángoz (Hualde es el 5º apellido mas frecuente en nuestro pueblo en los últimos tres siglos y pico, solo superado por Sanz, Urzainqui, Mainz y Salvoch), tiene miga.

Casa Hualderna, literalmente “la de Hualde”, aunque la denominación es anterior a los datos que podemos rastrear…

La mención más antigua al apellido Hualde es de hace seis siglos y medio, de 1366/1368, cuando uno de los treinta vecinos de Vidángoz se llamaba Sancho Hualde. Entonces no se heredaban los apellidos de padres a hijos, por lo que los actuales Hualde probablemente no tengan parentesco con éste, pero como dato, ahí queda.

En los siguientes libros de fuegos y apeos de población hasta 1613 no vuelve a aparecer, y en esa ocasión lo hace solamente en una mujer viuda llamada Cathalina Hualde. Desde al menos ese momento hasta la actualidad, la presencia de Hualde sera ya constante: en 1634 solo aparece un Domingo Hualde, en 1646 Pedro Hualde, en 1677 dos Juan Hualdes… y a partir de 1700 ya podemos seguir la pista completa a todas las ramas de Hualdes, si bien no sabemos cuánto de común tienen de ahí hacia atrás en el tiempo.

Antes de empezar con las líneas, y al contrario de lo que pasaba con Pérez, cuyas ramas en los últimos tres siglos habían llegado de otros pueblos del valle, señalar que en el caso del apellido Hualde todas las ramas son autóctonas de Vidángoz y las cinco que he localizado tienen inicio antes de 1700 (y, probablemente, partirían de un tronco común o, tal vez, dos).

Empezaré por las ramas más efímeras, aquellas que tuvieron poco recorrido a partir de 1700. La primera se localiza en casa Maisterra, donde vivían Pedro Hualde y Magdalena Urzainqui. La casa nativa la heredó una hija (y el Hualde no continuó), Juana Feliciana, y un hijo, Feliciano, se casó a casa Inigizena (actual casa Peña) y el apellido desapareció de aquella en la siguiente generación.

Firma de Prudencio Hualde, uno de los Hualde más ilustres que ha dado Vidángoz.

Un camino similar llevó la línea que partía de casa Lengorna, con Domingo Hualde y Cathalina Urzainqui, donde también heredó una hija, Pascuala Feliciana, y de donde pasó un hijo a casa Pelaire o a casa Garro y dos hijas de éste, María Josepha y María Joachina Hualde Glaria, ocuparon las dos casas mencionadas, pero, al ser mujeres, el apellido dejó de transmitirse.

La tercera rama, en casa Calderero e iniciada con Pasqual Hualde y Elena García, fue aún más efímera, ya que en la siguiente generacion heredó su hija mayor, Susana, y ya no se transmitió a la descendencia el apellido Hualde.

La cuarta línea que analizaré es la de los Hualdes de casa Arlla/Xapatero, iniciada con Fermín Hualde con sus dos matrimonios. Esta rama, aparte de mantenerse en casa Arlla hasta 1893, cuando falleció la última Hualde que heredó la casa (Petra Tomasa Hualde Salboch), llevó el apellido Hualde a las casas de Xoko (María Ysabel Hualde Sanz, en 1779), Anarna (María Sebastiana Hualde Sanz, en 1788), Txikiborda (María Tomasa Hualde Salboch, en 1884), Hualderna (María Tomasa Hualde Salboch, en 1915), Landarna (Casimira Antonia Hualde Barrena, en 1825), Txantxolit (María Sebastiana Hualde Barrena, en 1836), y Makurra (Petra Antonia Hualde Barrena, en 1838). La última Hualde de este linaje, María Tomasa Hualde Salboch, falleció en casa Hualderna en 1929.

La familia Hualde Pérez, seguramente la más extensa en número de miembros.

La última rama, la más extensa y que llega hasta nuestros días se inició en casa Diego o casa Casero/Txantxolit (eran dueños de ambas casas y casa Casero la tenían alquilada, tal vez le venga desde entonces el nombre de casa Casero, donde ‘casero‘ equivale a ‘inquilino‘) y el primer matrimonio que conocemos es  el de Agustín Hualde y María Urzainqui. En casa Diego duró solo dos generaciones más, pero desde allí pasó a las casas de Malkorna (Juan Hualde Urzainqui, en 1722), Laskorna (Juana María Hualde Sanz, en 1766), Hualderna (Fermina Agustina Hualde Armendáriz, en 1782), Mailusa (María Ramona Hualde Urzainqui, en 1792), Ornat (María Francisca Hualde Urzainqui, en 1795), Rakax (Josef Ramón Hualde Mayo, en 1849), Vicaría (Pedro Prudencio Hualde Mayo, en 1853), Santxena (Juana Ygnacia Hualde Yriart, en 1791), Pelaire (Pedro Pasqual Huarte Yriart, en 1796), Maisterra (María Cruz Hualde Anaut, en 1854), Arriola/Mux (Román Hualde Salvoch, en 1901), Navarro (Pedro María Hualde Salboch, en 1884), Ferniando (Javiera Hualde Mainz, en 1915), Danielna (Jacoba Hualde Mainz, en 1916), Angelena/José María (Jacoba Hualde Mainz, hacia 1920/1921), Lengorna (María Santos Hualde Mainz, en 1924), Txestas (Antonio Hualde Mainz, en 1925), Molena (Enrique Hualde Pérez, en 1953), Juanko (Enrique Hualde Pérez, en 1957), Mendigatxa, Aristu, Landeta y Remendía (antigua Matías), éstas últimas en tiempos más recientes. En resumen, que esta línea esparció Hualdes por más de un tercio de las casas de Vidángoz.

Anteriores recordatorios a Mariano Mendigacha

Al hilo del homenaje que se le va a brindar este próximo sábado, tendemos a pensar que, como Mariano Mendigacha no tiene una placa en su honor al estilo de la de Prudencio Hualde, nunca se le ha tributado un homenaje o que ni siquiera se ha intentado, pero no es así, ni en un caso ni en el otro.

Extracto del acta de Euskaltzaindia de 28/04/1932, donde se recoge lo relativo a colocar una lápida en recuerdo de Mendigacha en su casa nativa.

El primer intento de homenaje fue promovido por el propio Resurrección Mª de Azkue como primer presidente de Euskaltzaindia. Fue en 1932, aprovechando el centenario del nacimiento de Mendigacha, cuando Azkue propuso a la asamblea de la academia colocar una lápida en su honor. La propuesta fue aprobada e incluso se llegó a consultar y recibir respuesta del párroco Don Marcelino Murillo sobre las fechas exactas de nacimiento y muerte de Mariano.

Sin embargo, este primer intento de homenaje no pudo llevarse a cabo, no sabemos si por dificultades propias de una Euskaltzaindia cuyo funcionamiento era más bien precario en aquella época, por la inestabilidad política y social de la época o incluso, tal vez, por el golpe de estado de Sanjurjo que tendría lugar tan solo tres meses después.

Imagen publicada en el Diario de Navarra de 14/06/1975 acompañando a la noticia del homenaje a Mariano Mendigacha y Prudencio Hualde.

Así, el homenaje a Mariano Mendigacha durmió el sueño de los justos hasta 1975, año en cuya primavera se realizaron en diversas localidades del Pirineo (Burguete, Ochagavía, Vidángoz…) acciones de ensalzamiento del euskera. La de Vidángoz, concretamente, tuvo lugar el día 8 de junio de aquel año y lo que se planteó como un homenaje tanto a Mariano Mendigacha como a Prudencio Hualde consistió principalmente en una misa en euskera. Parece ser que Don Nicolás fue quien organizó el asunto.

El artículo que dedicaba a la celebración el Diario de Navarra del 14 de junio de 1975 señala que se sumaron a la fiesta los 200 habitantes que tenía Vidángoz en aquel entonces, las autoridades (el alcalde Enrique Hualde [Txestas / Juanko], los concejales Evaristo Urzainqui [Lengorna] y Tomás Arbizu [Arbizu] y el secretario Miguel Salvoch [Urzainqui / Secretario / Landeta]

Las lecturas de la misa, que fue concelebrada por el padre Aguinagalde, fueron traducidas al roncalés por Koldo Artola y pusieron música a la celebración una acordeonista y varios  txistularis.

Esta jornada sirvió de germen para el tributo que se le realizaría a Prudencio Hualde cuatro años más tarde, en 1979, con motivo del centenario de su muerte.

Y posteriormente, 1998, con motivo del primer Uskararen eguna que se celebró en Vidángoz, organizado por la Asociación Kebenko, también se homenajeó tanto a Mendigacha como a Hualde en su calidad de ilustres uskaldunes bidankoztarras.

Casas almadieras de Vidángoz en 1917

Mañana se celebra el Día de la Almadía en nuestro vecino pueblo de Burgui. Las almadías son parte de la historia no ya de Burgui y del valle de Roncal, sino que también lo es de otros valles pirenáicos, tanto navarros como aragoneses y catalanes. Así, y aunque para el que visite Vidángoz le pueda resultar sorprendente, por el Biniés, por el río de Vidángoz, también bajaban almadías, y no de manera esporádica o casual…

Una almadía en la Pechera, el punto por donde el río Biniés abandona Vidángoz

Hace 100 años concretamente, los bidankoztarras bajaron por los ríos 191 almadías, que se dice pronto. A este respecto, por un lado, hay que tener en cuenta que no todos los troncos se sacaban al río Biniés, por no ser el que más cerca quedaba de la explotación, y, por otro, también hay que considerar que a veces los bidankoztarras hacían “aprovechamientos forestales” fuera del término municipal de Vidángoz y bajaban almadías por el río que más cerca les tocara.

Tal era la actividad almadiera de Vidángoz que durante el 1º tercio del siglo XX funcionó en nuestro pueblo una Sociedad de Almadieros que agrupaba a los maderistas de la villa. Gracias a un documento de 1917 podemos saber con detalle qué casas integraban la Sociedad en aquel momento y cuántas almadías bajaron durante aquel año. La relación de las mismas, en orden de mayor a menor producción almadiera, es la que sigue: Garro 14, Arguedas 12, Pantxo 12, Txantxolit 11, Hualderna 10, Jimeno 8, Lixalte 8, Aristu vieja 7 (es Doroteo Jimeno, natural de Llabari), Juanko 7, Llabari 7, Mendigatxa 7, Xereno 7, Gaiarre 6, Ornat 6, Paskel 6, Txestas 6, Zinpintarna 6, Artutx 5, Danielna 5, Makurra 5, Matías 5, Paxapan 5, Antxon 4, Arotx 4, Larranbe 4, Montxonena 4, Santxena 3, Diego 3, Algarra 2, Lengorna 2.
Un total de treinta casas de Vidángoz que, en mayor o menor medida, participaban de la actividad almadiera. Sorprende ver en el listado algunas casas que  seguramente contaríamos por ganaderas, pero hay que tener en cuenta que, entonces como ahora, tampoco era mala idea diversificar el negocio.

Santa Bárbara

Santa Bárbara, en el retablo principal de la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol de Vidángoz

Santa Bárbara es una de las pocas santas venerada tradicionalmente y es, junto con Santa Ana, la única con representación en los retablos de la iglesia parroquial de Vidángoz (Santa Bárbara es la figura que queda justo encima de la de San Pedro).
Por otra parte, también es la única santa que da nombre a un término cercano a Vidángoz por el norte (aunque no esté en el mismo). Antiguamente, cuando aún existía supuestamente la ermita sobre el monte homónimo y en el actual término municipal de Urzainqui, probablemente subirían desde Vidángoz en romería, quién sabe. De hecho, salvo en Isaba (a juzgar por lo que señalaba el antiguo párroco Juan Antonio Induráin Anaut en su libro “Referentes de vida cristiana: Santos con presencia en el valle de Roncal“), Santa Bárbara está presente de una manera u otra en todas las parroquias de nuestro valle, lo que pone de relieve lo generalizado de su veneración.

El monte Santa Bárbara, donde en su día se encontraría la ermita [Foto: Itziar Lazurtegi en www.mendikat.net]


Sea como fuere, además de la del retablo, tenemos otra pequeña figura realizada por el escultor bidankoztar Justino Navarro Aizagar (cuya azarosa vida se repasó en parte en una entrada anterior de este blog), probablemente en la década de 1960. En una de las fotos puede observarse su firma en aquella época (fue evolucionando con el tiempo), con sus iniciales J. N. A.

De este escultor paisano nuestro, de momento solo he encontrado unas pocas figuras en Vidángoz (un cristo en la iglesia y unas pocas figuras en casa Juanko y en casa Peñeta), pero seguro que hay más. Quien conozca alguna otra, por favor, que me lo haga saber (bidankozarte@yahoo.es).
Gracias!!!

20 años de la muerte de Don Nicolás (19/02/1996)

El 19 de febrero de 1996, hace 20 inviernos, falleció Don Nicolás, último párroco residente en nuestro pueblo. Nicolás Iribarren Tainta era natural de Güesa, valle del Salazar, a 10 kilómetros de Vidángoz, y, aunque falleció relativamente joven, con 63 años, pasó casi cuatro décadas al frente de nuestra parroquia de San Pedro Apóstol, los últimos de los cuales, además, también se hizo cargo de la parroquia de Igal.

Un joven Don Nicolás llegó a Vidángoz.

Durante esos largos 40 años Don Nicolás desarrollo principalmente su labor cura-párroco, desempeño por el que es comúnmente conocido y único ámbito en el que algunos le recordarán. Así, se encargaba de todo lo relativo a la administración parroquial, la celebración de los oficios y administración de sacramentos. De hecho, prácticamente las últimas bodas religiosas en Vidángoz fueron oficiadas por él.

Pero Don Nicolás realizó otra labor de investigación que, seguramente, será desconocida para muchos y que, precisamente por eso, no le ha sido reconocida como es debido. Sirva este artículo y el espacio que a su difusión habilitaré en el blog de Bidankozarte para poner en valor todo ese trabajo cuyos ámbitos principales trataré de explicar en los próximos párrafos.

Supongo que Don Nicolás habría empezado esto sin saber hasta dónde iba a llegar. Así, lo primero que habría hecho sería confeccionar índices de las partidas anotadas en los libros sacramentales de la parroquia de Vidángoz. Estos libros, en los que se anotan los bautizos, confirmaciones, bodas y defunciones, conservan en Vidángoz registros desde 1701-1702, no tenían índices, con lo que buscar cualquier registro en ellos era trabajo de chinos. Don Nicolás realizó y mecanografió dichos índices, pero se ve que al hacerlo se dio cuenta de que las partidas contenían multitud de detalles “reseñables” (cónyuges forasteros en las bodas, cónyuges casados en más de una ocasión, motivos de muerte atípicos…), que empezó a recoger en diversos documentos.

Cantando misa el la iglesia de San Pedro Apóstol de Vidángoz.

Desconozco si ya tendría interés por la genealogía con anterioridad pero, si no, está claro que esa labor de extracción de información de los libros sacramentales despertó su curiosidad. Ahondando en ese trabajo, procedió a realizar el denominado Libro de genealogías, donde quedaba constancia de los matrimonios oficiados en Vidángoz y la descendencia de los mismos, así como los años del enlace y de los nacimientos, y una serie de 1771 fichas personales en las que daba cuenta de los datos disponibles de cada bidankoztar (bautismo, confirmación, matrimonio y defunción).

Sin restar valor a su trabajo, a la hora de usar esos documentos hay que tener en cuenta que tienen lagunas: por un lado, en el Libro de genealogías no constan las parejas que, aunque se casaron en otro pueblo, vivieron y tuvieron hijos en Vidángoz, con lo que faltaría un número considerable de familias. Por otro lado, en lo que respecta a las fichas (algunas de las cuales, además, corresponden a cónyuges forasteros, esto es, no nacidos en Vidángoz) no se corresponden con los poco más de 3000 bautizados en Vidángoz desde 1702, y es que faltan prácticamente la mitad de ellos por diversas circunstancias (se casaron a otro pueblo, emigraron…).

Fue el último morador de la Vicaría o Casa Vicarial.

Profundizando en el devenir de cada casa de Vidángoz, también realizó un inmenso trabajo al reagrupar por casas los datos recogidos en los libros de matrículas parroquiales desde 1861-1862, que venían a ser una especie de censo de almas que se hacía anual o bianualmente y que separaba a las personas enumeradas por familias, lo que en la mayoría de casos se correspondía con casas, si bien no se indicaba qué casa era. 91 listados de unas 350-400 personas en la mayoría de los casos y en descenso pronunciado en las últimas, que Don Nicolás plasmó en una especie de índice que nos permite seguir el rastro de las familias que habitaron la mayoría de casas hasta hace siglo y medio. En este caso también hay algunas lagunas, particularmente en las casas que no se han transmitido familiarmente en ese periodo (casas a las que una pareja fueron de herederos, por ejemplo) o casas que han pasado algunos años vacías.

Gran investigador de Vidángoz.

Como colofón a este trabajo, empezó a realizar los árboles genealógicos de los cabeza de familia que iban quedando en el pueblo en la década de 1970, si bien, siguiendo el recorrido de la llega, sólo llegó desde casa Gaiarre hasta casa Juanko.

Pero su quehacer no terminó con eso. Aparte de esta inmensa labor en lo que a la genealogía se refiere, Don Nicolás trató de realizar una serie de fichas e imágenes relativas a varias profesiones o colectivos: secretarios, maestros, médicos, cirujanos-practicantes, matronas, párrocos, sacristanes, alguaciles, molineros, herreros-veterinarios, carabineros… Listas más o menos completas, más o menos detalladas, que obedecen a anotaciones de los libros sacramentales que hacen mención a las profesiones mencionadas.

Mención aparte merecen las fichas realizadas sobre los religiosos y religiosas originarios de Vidángoz, de quienes recoge los datos que sobre los mismos constan en los libros sacramentales de la parroquia hasta que dejan de aparecer en las matrículas parroquiales, lo que indicaría que ya habían partido hacia el convento, seminario o el destino que les correspondiera. En algunos casos, se indican también algunas notas relativas a sus vidas.

Colaborador periodístico bajo el sobrenombre de Botín.

Hasta aquí podría decirse que la labor realizada por Don Nicolás se reduciría al estudio detallado de los libros parroquiales, poco menos que una tesis doctoral sobre los mismos, pero no se quedó en eso. También intentó recopilar fotos de las diferentes personalidades habidas en Vidángoz, tanto de las profesiones anteriormente mencionadas como de los religiosos. En este sentido, en el de los religiosos, amplió su labor a los valles de Roncal y Salazar, en lo que debió de ser una colección fotográfica bastante completa que, por desgracia, actualmente está bastante mutilada.

Para terminar, también realizó una labor digamos periodística, colaborando con el Diario de Navarra entre los años 1979 y 1993, donde bajo el sobrenombre Botín lo mismo ejercía de corresponsal en Vidángoz que hablaba sobre las ermitas o personajes históricos de Vidángoz o redactaba necrológicas sobre religiosos conocidos suyos y que acababan de fallecer. Con anterioridad a esto, entre 1968 y 1970, también publicó varios artículos en la revista religiosa La Verdad.

Además de todo lo anterior, y para ir terminando, también fue el organizador de aquel primer “Uskararen Eguna” que se celebró en Vidángoz en 1975, una fiesta en la que se rindió por primera vez homenaje a Mariano Mendigacha y a Prudencio Hualde, y que sirvió de germen para la colocación de la placa en homenaje a éste último que se colocó en casa Rakax con motivo del Día del Valle de Roncal de 1979 celebrado en Vidángoz y que coincidía con el centenario de la muerte de Prudencio.

Promovió homenajes a los euskaltzales bidankoztarras Mariano Mendigacha y Prudencio Hualde.

En definitiva, que Don Nicolás realizó una labor notable para nuestro pueblo y que, aunque sea 20 años después de su muerte, merece la pena que se le reconozca y agradezca.

Por mi parte, en lo que respecta a su labor genealógica, ya hace unos años que me planteé la labor de rellenar las lagunas que dejó Don Nicolás, pero después de plantearme el cómo realizar la labor, decidí empezar prácticamente de cero ese trabajo y hacerlo de manera exhaustiva y sistematizada, de modo que quedara el menor número posible de lagunas de información. El proyecto, que después de seis años a mayor o menor velocidad, ya está en su fase final, permitirá relacionar a más de 5000 personas que han vivido en Vidángoz (y que han dejado “rastro” documental) en algún momento entre 1700 y 1960 o 1970 (de aquí en adelante es más difícil seguir la pista porque tanto los nacimientos como los matrimonios y muchas de las defunciones tenían lugar fuera de Vidángoz).

Una vez esté montado este árbol genealógico gigante en el que muchos podréis encontraros, el objetivo es intentar seguir la línea de transmisión de cada una de las casas apoyándome tanto en las matrículas parroquiales como en los apeos de población, e ir rellenando de información complementaria de que disponga (recortes de prensa, documentación notarial, referencias a su profesión u otras encontradas en la documentación, etc…). De este modo, podremos seguir el rastro de muchas de las familias durante 10 generaciones en muchos casos. Un trabajo que podría alargarse todo lo que uno quiera, pero que llegue hasta el punto que llegue estará bien.

Pero bueno, esto será la siguiente fase, una que llevará todavía más tiempo. De momento hay 2000 personas relacionadas, y todavía solo constan los matrimonios registrados hasta 1775 y sus descendientes, nacidos hasta principios del siglo XIX.

Para terminar, y como indicaba al principio de este artículo, a partir del 19 de febrero de 2016 (cuando se cumplan 20 años de la muerte de Don Nicolás) estará disponible en el blog de Bidankozarte un apartado destinado a dar difusión a ese legado que nos dejó este último párroco residente en Vidángoz.

Gracias, Don Nicolás.

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