Archive for the ‘Cosas curiosas’ Category

Aquí también se plantaba el Mayo

El mayo en la plaza de Ataun, en julio de 2015

Hoy se celebra el Día Internacional de los Trabajadores y, aunque por otro motivo diferente, parece que este día ha sido festivo en nuestro pueblo desde antiguo.
Y es que hasta comienzos del siglo XX se celebraba en Vidángoz la plantación del Mayo en la plaza, esa ceremonia por la que se colocaba un tronco de grandes dimensiones de pie en la plaza (vaya, que se plantaba casi literalmente). Esta festividad que todavía se mantiene en algunas localidades navarras como Murieta, Etxarri Aranatz, Bakaiku, Iturmendi…

En realidad, debía de tratarse de una tradición muy extendida ya no solo por nuestra geografía, sino por toda Europa en general. En nuestro entorno, además de las referencias que he encontrado en los libros de cuentas del Ayuntamiento de Vidángoz donde anualmente había una pequeña partida para pagar ‘el refresco de los que han estado plantando el Mayo en la plaza’, también tengo noción de que existía esta costumbre en Isaba, ya que en 1612, al hilo de varias vacas defectuosas en el Tributo de las Tres Vacas que habían de ser sustituidas y entregadas en el plazo de tres días ‘en la plaza y mayo de Isaba’, mostrando con ello que allí también se plantaba el mayo y también en la plaza.

Partida para pagar el refresco de los que plantaron el mayo en la plaza de Vidángoz en 1853

Levantando el mayo los de Etxarri-Aranatz en 1999. De manera similar se haría aquí.

Una vez plantado, el mayo estaba plantado en la plaza un tiempo que podía variar en función de la localidad, pero como puede verse, a mediados de julio (el Tributo de las Tres Vacas se celebra el 13 de julio) permanecía en pie el de Isaba, y en algunos lugares indican que incluso hasta septiembre se mantenía.
Esto es otra muestra de lo poco que realmente conocemos de nuestro pasado, ya que siendo una tradición que se habría perdido hace unos 100 años, nadie tenía noción de ella. Yo al menos, cuanto más profundizo en el conocimiento de nuestra historia ‘menuda’, más me doy cuenta de lo poco que realmente sabemos e incluso, en ocasiones, de lo equivocados que estamos con respecto a nuestra historia.
Pero por esta ocasión, ya hemos aprendido algo nuevo: ‘Nunca te acostarás sin saber una cosa más‘.

Un toque de humor en un libro de cuentas (1863)

Anotación al final del libro nº 19 del Archivo Municipal de Vidángoz, un libro de cuentas que finaliza en 1863.

Anotación al final del libro nº 19 del Archivo Municipal de Vidángoz, un libro de cuentas que finaliza en 1863.

Cuando la gente piensa en los que investigamos la historia de nuestros pueblos (bueno, en lo que investigamos en general) yo creo que se imaginan una labor aburrida y monótona, pero, lejos de ser así, en muchas ocasiones, además de hallazgos más o menos interesantes, uno se encuentra con elementos curiosos, incluso cómicos.

Hoy traigo a colación uno de esos casos. En la última página de un libro de cuentas del ayuntamiento de Vidángoz que termina en 1863 alguien tuvo el humor de dibujar y escribir lo que expone la primera imagen que acompaña a este artículo: Un dibujo de un monigote con un sombrero que parece que tiene dos antenas (pero realmente son como dos pequeñas borlas o peloticas). Las inscripciones no nos dicen demasiado, pero tal vez se puede sacar algo de ellas.

El monigote dibujado, a detalle.

El monigote dibujado, a detalle.

Por un lado, dice Libro de Buru-Macur, nombre que nos muestra que el uso del euskera era entonces habitual (Buru-Makur significa ‘Cabeza Torcida’, y sería el apodo con el que designaban, probablemente, al secretario o al depositario).

Por otro lado, dice Sombrero calañés, dibujado sobre el monigote de manera algo exagerada. Detalle curioso éste, pues tendemos a suponer que nuestros antepasados no se quitaban el sombrero de roncalés… bueno, o es que tal vez el tal Burumakur no era oriundo de nuestro valle… El sombrero calañés es originariamente andaluz, y es el que suelen emplear los bandoleros en la iconografía tradicional (por ejemplo, Curro Jiménez, en una de las imágenes que acompañan estas letras).

Bueno, el caso es que esto podría quedar en una anécdota (e incluso tal vez lo sea realmente) si no fuera por el hecho de que el penúltimo depositario que consta en el libro, Pedro Clemente, que era bidankoztar de pura cepa, pero que además era el cabeza de familia de la que hoy en día conocemos como casa Makurra, y que tal vez deba el origen de su nombre a ese apelativo de Buru-Makur

¡Vete a saber! En cualquier caso, queda claro que nuestros antepasados también tenían humor.

Un sombrero calañés, cuyas dos bolicas se representan mucho mayores en el dibujo

Un sombrero calañés, cuyas dos bolicas se representan mucho mayores en el dibujo

Bandolero de película con su sombrero calañés.

Bandolero de película con su sombrero calañés.

El bandolero televisivo Curro Jiménez, con el sombrero calañés.

El bandolero televisivo Curro Jiménez, con el sombrero calañés.

Dragones en el valle de Roncal

¿Dragones en Vidángoz?

¿Dragones en Vidángoz?

Nuestro valle no ha sido escenario para ‘Juego de tronos’ (aunque paisajes no le faltan) pero ¿qué pensaríais si os dijera que hace casi cuatro siglos nuestro valle se alojaron unos dragones?
Pues por un lado, esto nada tiene que ver con ‘Daenerys de la tormenta, madre de dragones’.
Por otro, que lo que he dicho, aunque cierto, nada tiene que ver con animales mitológicos ni mucho menos.
Y es que, según certifica un documento que se conserva en el Archivo de la Junta General del Valle de Roncal (Caja 005, Doc. 3), en 1640 nuestro valle dio alojamiento a los Dragones durante seis meses.

Soldado del Tercio de Dragones

Soldado del Tercio de Dragones

Los Dragones eran un cuerpo del ejército español que consistía en guerreros equipados con caballo y que portaban arcabuces, y que, según las circunstancias, combatían a caballo o a pie (en las imágenes que acompañan esta entrada podéis ver cómo sería un soldado ‘dragón’ y como era su capitán).
Pero, ¿por qué estuvieron en el valle durante seis meses esos ‘dragones’? Pues seguramente debido al conflicto que España mantenía con Francia en aquellos años (Guerra franco-española 1635-1659), si bien en 1640 había otros frentes abiertos, como la secesión de Portugal y la sublevación en Cataluña con la que daría comienzo a la ‘Guerra de los Segadores’ (1640-1652). Para hacernos una idea de lo convulso del momento, señalar que la historiografía lo denomina ‘La Crisis de 1640’, haciendo referencia a la cantidad de problemas que se le acumularon a España.

Capitán de Tercio de Dragones

Capitán de Tercio de Dragones

En cualquier caso, podemos imaginarnos el coste que habría tenido para nuestros antepasados mantener a una tropa de tal calibre formada no solo por soldados sino también por sus caballos, así que lógicamente el Valle reclamaría a España posteriormente los gastos producidos.
Pues esta ha sido la explicación a la presencia de dragones en el Valle de Roncal en 1640 que aunque le quita el aire legendario al titular de esta entrada, nos ha permitido conocer otro pequeño capítulo de nuestra historia.

Una cuchara de boj

Cuchara de boj realizada por Justino Navarro para Dámaso Pérez en 1924.

Cuchara de boj realizada por Justino Navarro para Dámaso Pérez en 1924.

Hoy presentamos una pequeña reliquia, si se le puede llamar así, una muestra de arte popular. Se trata de una cuchara de boj tallada por un pastor (por aquel entonces) para otro pastor. El autor, el que grabó la cuchara era un joven Justino Navarro Aizagar (casa Matías, actual casa Remendia), como lo atestiguan sus iniciales J. N. en la parte delantera de la pieza, que por entonces ejercería de pastor, si bien posteriormente haría valer sus dotes para el arte y se dedicaría a la escultura y a la enseñanza en Madrid, pasando diversas vicisitudes como consecuencia de la última guerra civil.
De Justino Navarro ya tuve ocasión de mostrar otra talla con ocasión del día de Santa Bárbara, de quien también realizó una pequeña figura en una de sus posteriores visitas a Vidángoz.
La historia de la cuchara nos la podemos imaginar en una noche de 1924 en torno al fuego en el que se habrían reunido unos cuantos pastores bidankoztarras a cenar, charlar y jugar un rato a las cartas. Vista la habilidad de Justino con la navaja, Dámaso Pérez Arriola (de casa Diego pero casado a casa Santxena) le habría encargado una cuchara de boj (recordemos que en aquel entonces esta herramienta y la navaja eran prácticamente los únicos cubiertos que se empleaban para comer) con un diseño de su gusto, en este caso el caballo de oros de alguna baraja de la época que tiene el aspecto de un caballero mongol (lo más similar que he encontrado ha sido el naipe que pongo en la imagen, si bien no es exactamente igual).
En definitiva, una cuchara con historia.

 

Una teja con historia

En los últimos días he leído dos noticias curiosas que tenían por protagonistas sendas tejas.
La primera era particularmente curiosa por tener una inscripción en euskera y haberse encontrado nada menos que en Villartoso (Soria).
La segunda, no tan curiosa, pero mucho más cercana en el espacio, ya que la recogía el colectivo ‘hermano’ La Kukula de Burgui en su facebook.
Pues bien, en Vidángoz no íbamos a ser menos y también tenemos una teja con una inscripción que, si bien no está en euskera, si que tiene una historia cuanto menos curiosa por detrás.
En nuestro pueblo, quien más quien menos sabe que hubo una tejería. De hecho, todavía hay una calle que hace referencia a dicha factoría: aunque recientemente ha habido algún cambio en la denominación por temas de catastro, antiguamente la calle Tejería partía de la calle Mayor entre casa Landa y casa Fuertes (actual casa Azkue) hacia abajo, cruzaba el puente de Casero y subía al Castillo. Y es que, siguiendo del Castillo hacia el alto de Igal, allí se encontraba la tejería de Vidángoz.
Teja encontrada en casa Santxena

Teja encontrada en casa Santxena

Todavía no he conseguido profundizar demasiado en la historia de la tejería, así que dejaré este punto para otra ocasión, pero lo que sí trataré serán las circunstancias que rodean a la historia de la teja que acompaña estas líneas, que encontraron al retejar el tejado de casa Santxena hace algunos años. La inscripción de dicha teja reza así: ‘José Mina, carabinero en Vid[án]goz, se casa en el mes de agosto y no conbida a sus compañeros. Me cago [en] quien lea esto‘. La mala leche plasmada en una teja.

Bueno, para empezar no tenemos ni idea de quien la escribió, posiblemente un carabinero (por lo de compañero, o tal vez solo era compañero en la tejería…), pero el nombre del casadero que nos da nos pone sobre la pista de en qué año se hizo la teja: en 1883. Efectivamente, el 25 agosto de aquel año se casó en Vidángoz un carabinero que se ajusta con los datos que nos da la teja, si bien la inscripción no era del todo correcta, ya que el novio se llamaba José Flores Mena, de 25 años, natural de Medina Sidonia (Cádiz) y carabinero del punto de Vidángoz. Por lo que se ve, el sueldo de carabinero no sería nada del otro mundo (o siempre les vendría bien un complemento) y se sacaban unos duros trabajando en la tejería. El caso es que el tal José Flores no se querría meter en muchos invitados, por el gasto que conllevaban o a saber por qué razón, y alguno de éstos se sintió ofendido.
Tejería de Arbizu, similar a la que habría en Vidángoz

Tejería de Arbizu, similar a la que habría en Vidángoz

La novia de José Flores, que suponemos que también tendría algo que decir en este asunto, era una burguiar con cierta relación con Vidángoz: Francisca Aizagar Larrambe, de 22 años. Aunque no es seguro del todo, los datos que manejo parecen apuntar a que era hermanastra de Fernando Aizagar Arnalda, que había sido molinero y ejercía de carpintero y carnicero en Vidángoz y cuya mujer, también natural de Burgui y de nombre Antonia Andreu Aisa, consta como testigo/madrina en el citado matrimonio.

La pareja aún residió en Vidángoz al menos un año más, ya que el 28 de junio de 1884 el matrimonio vio nacer a su primogénita, Cristobalina Flores Aizagar, en nuestro pueblo. Después, probablemente, José Flores habría sido trasladado a algún otro punto y ya se pierde la historia de esta familia.
¡La de juego que nos ha dado la inscripción de una teja!
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