Posts Tagged ‘Epidemia de cólera’

Apellidos bidankoztarras: Mendigacha

Como no podía ser de otra manera, esta vez analizaremos la historia del apellido Mendigacha en Vidángoz.
El apellido Mendigacha, en lo que a nuestro pueblo se refiere y hasta donde podemos llegar, llegó desde Burgui, y a ese pueblo había llegado una generación antes desde Garde. Bueno, realmente hubo algún Mendigacha que falleció en nuestro pueblo a principios del siglo XVIII, pero aquella raza, como se suele decir en Vidángoz, se extinguió, por lo que nos centraremos en los que han llegado hasta el presente.

Phelipe Mendigacha, el primero de su apellido del que tenemos noticia en Vidángoz.

Se da la circunstancia que el apellido Mendigacha llegó a Vidángoz por medio de tres hermanos naturales de Burgui y de apellidos Mendigacha Aysa con bastante diferencia de edad entre ellos y, por ello, casados a Vidángoz con bastante distancia en el tiempo.
Así, el primero que llegó a Vidángoz fue Esteban Mendigacha Aysa, que se casó en 1787 con María Mathea Martín Baines [Mendigatxa], siendo éstos los abuelos de Mariano Mendigacha. Esta pareja vivió en la casa que hoy conocemos como casa Mendigatxa, si bien Esteban falleció en Tudela en el contexto de la Guerra de la Convención (1793-1795) apenas ocho años después de casarse, habiendo dejado dos hijos: Manuel Julián (padre de Mariano) y María Ysidora (que se casó con uno de Calderero a casa Xereno). En casa Mendigatxa Manuel solo tuvo un hijo que llegó a viejo, Mariano, y éste casó a tres de sus hijos: Francisco e Inés con dos de Santxena, pasando el primero a casa Bernabel y quedándose la segunda en casa Mendigatxa, y Eusebia Felicia, que se casó a Ochagavía. Así, el apellido pasó a casa Bernabel y de ahí, por medio de Eusebio Mendigacha Mainz, a casa Fuertes (actual Azkue Enea).
Un hermano de Esteban, Juan Basilio Mendigacha Aysa, se casó en 1799 (cuatro años después de morir su hermano) con Francisca Ygnacia Mainz Esparz [Maizena], iniciando así el apellido Mendigacha su andadura en otra casa de Vidángoz. Basilio tuvo un hijo, Josef Joaquín, que heredó casa Maizena, y dos hijas, Luisa Francisca, que se casó a la antigua casa Mailusa (actual Ayuntamiento), y María Lorenza, que se casó a casa Montxonena. Por parte de las mujeres se detuvo la transmisión del apellido, y en casa Maizena Josef Joaquín tuvo siete hijas, todas chicas, con lo que el apellido Mendigacha tampoco llegó más lejos de una generación como segundo apellido. Además, cabe señalar que tanto Josef Joaquín como María Lorenza fallecieron en la epidemia de cólera que asoló Vidángoz durante finales de agosto y septiembre de 1855.
Un tercer hermano de Esteban y Basilio, Manuel Mendigacha Aysa, se casó en 1819 con María Manuela Barricart Sanz [Algarra]. Manuel tuvo cinco hijas (cuatro niñas y un niño) pero solo una, Ángela Custodia, llegó a mayor y heredó la casa, pero no tuvo descendencia, con lo que el apellido Mendigacha no tuvo más recorrido en esta casa.
Como veis, aunque parecía que el apellido Mendigacha era exclusivo de la casa homónima, realmente tuvo más recorrido en nuestro pueblo, habiendo pasado como primer apellido por un total de ocho casas repartidas por los cuatro barrios antiguos de Vidángoz.
Para terminar con este apellido, aunque su significado no está del todo claro, parece ser que procede de las palabras vascas ‘Mendi’+’gaitza’, que se podría traducir más o menos como ‘monte de difícil acceso’.
En cualquier caso, parece claro que el origen del mismo habría que situarlo en el barrio Mendigatxa de Isaba, otra de las villas del valle de Roncal.

Casa Peña

Le toca el turno esta vez a una casa un tanto enigmática, por aquello de que, hasta donde llega el recuerdo, no se tiene una idea clara sobre qué familia vivía antiguamente en ella o qué pasó con sus componentes.
Una casa que actualmente se conoce como casa Peña y que también plantea muchas dudas y mayormente silencios cuando preguntamos acerca de su nombre anterior.
A lo largo de este artículo se intentará despejar estas dudas y arrojar un poco de luz sobre lo que respecta a esta casa.
Comenzaremos por el presente para ir retrocediendo poco a poco en el tiempo. Casa Peña, como se denomina la casa actualmente, recibe su nombre del apellido de Juan Peña, natural de San Sebastián, que la adquirió en 1982. La familia Peña Aldazabal debía su vínculo a Vidángoz a las colonias de la parroquia de San Sebastián Mártir del barrio El Antiguo de Donostia, que frecuentaban casa Fuertes durante los veranos desde principios de la década de 1970.
Y anteriormente, ¿de quién era la casa? Pues una parte de la casa pertenecía a la familia Pelaire, la parte más cercana a su casa, y otra parte era propiedad de la familia Zinpintarna.

Casa Inigizena hacia la década de 1970. [Fuente: ‘La casa navarra’, de Julio Caro Baroja, 1982]

Entre 1860 y 1982 parece que la casa no estuvo habitada en ningún momento y todo parece apuntar a que quedó repartida entre las familias a las que habían pasado dos de los últimos naturales de casa Inigizena, la familia Pelaire por un lado y la familia Lengorna, habiendo pasado posteriormente esta segunda parte a la familia Zinpintarna.
Remontándonos en la historia de la casa, y llegados al año 1860, ¿por qué quedó la casa vacía? Pues en abril de 1860 falleció el último de sus moradores: Ramona Guillén Martín, natural de Garde y llegada a Vidángoz en 1838 a casarse con el heredero de la casa, Pedro José Anaut Arregui. Éste, a su vez, había fallecido 5 años antes, siendo seguramente la primera víctima de la epidemia de cólera que asoló Vidángoz en agosto y septiembre de 1855. La pareja solo había tenido una hija que había fallecido con apenas 2 años de edad, por lo que tras morir la pareja la casa quedó vacía.
Debido al apellido tanto de Pedro José como de las anteriores 2 generaciones, la casa fue también conocida como casa Anaut, habiendo llegado el apellido a la casa en 1756, cuando el izabar Domingo Anaut Conget se casó con Juana Ygnacia Hualde Glaría, probablemente heredera de esta casa.
Entonces, ¿hasta dónde nos hemos de remontar para encontrar el origen de Inigizena, el nombre antiguo de esta casa? Pues hasta la generación anterior a la de este matrimonio. Inigizena no significa otra cosa que “la [casa] de Íñiguez”, apellido que existió en Vidángoz hasta mediados del siglo XVIII. De hecho, el último Íñiguez, de nombre Pedro, fallecido en 1754 y probablemente clérigo, fundó una capellanía en su nombre que perduró hasta 1854.
Casa Peña, casa Anaut, casa Inigizena, otra casa que hemos conocido un poco más a fondo.

1855: La Cólera de Dios en Vidángoz

Con motivo de las fiestas de San Agustín del año 2013, se realizó una charla sobre una epidemia de cólera que asoló Vidángoz en 1855. El contenido de aquella disertación no estaba plasmado en papel en aquel momento, pero recientemente he conseguido dejar constancia del tema y completar algunos flecos que quedaron pendientes en aquella fecha, y ya está listo el cuadernillo correspondiente al brote de cólera de 1855.

Portada del libreto "1855: La Cólera de Dios en Vidángoz"

Este número especial recoge y amplía, pues, el contenido aquella charla de fiestas de 2013, y en él se da cuenta de la que, seguramente, será la mayor tragedia que ha vivido Vidángoz: una epidemia de cólera en la que, en apenas 15 días, fallecieron 60-66 de los 400 habitantes que tenía Vidángoz, casi 1 de cada 6 vecinos. Esta publicación da cuenta del contexto histórico en que tuvo lugar el mortal brote, cómo se desarrolló y qué consecuencias tuvo en la vida del pueblo. Cuenta, además, con un apartado en el que se analizan las circunstancias de la muerte de cada uno de los 66 fallecidos.

Consta de 36 páginas de tamaño A4 (folio) y, como ya es costumbre, incluye aclaraciones relativas a qué casas pertenecen las personas que aparecen en el texto.

De venta en Bar Danielna, por correo ordinario o por correo electrónico contactando con bidankozarte@yahoo.es.

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Casa Txantxolit / Casero

Llegamos por tercera vez en este recorrido por los nombres de las casas de Vidángoz al barrio de Iribarnea. Y en este caso toca una casa curiosa por cuanto es conocida indistintamente por sus dos nombres, Txantxolit y Casero, y además da nombre al puente sobre el río Biniés que está al lado de la casa, el puente de Casero (pero al que, curiosamente, no se denomina ni puente Txantxolit ni puente Hualderna, aunque tendría el mismo derecho).

Al igual que en la casa que tratábamos en el número anterior, casa Monxon, tiene diversas idas y venidas en lo que a transmisión se refiere, siendo algo difícil seguir el rastro de la propiedad de la casa. Y es que no es una casa que se haya transmitido de padres a hijos en todas las últimas generaciones, sino que ha habido diversas alteraciones en ese sentido.

Foto antigua de la Calle Tejería, donde se encuentra casa Txantxolit.

Foto antigua de la Calle Tejería, donde se encuentra casa Txantxolit.

En ese sentido, el nombre de casa Casero ya nos da una idea de lo que en algún momento fue la casa, ya que, seguramente hará referencia a que en algún momento, en ella, vivía alguien “por casero”, esto es, alquilado (tal vez toda la casa, o tal vez parte de ella). Luego veremos a quién puede hacer referencia.

En cuanto al otro nombre de la casa, Txantxolit, se antoja prácticamente imposible averiguar a cuál de sus habitantes hacía referencia lo que parece ser un apodo. Alguna persona mayor de Vidángoz señalaba que podía tener relación con la palabra “chancho”, que significa cerdo, pero esta palabra y tiene origen argentino, con lo cual no parece que sea compatible con el nombre más o menos antiguo de una casa de Vidángoz.

Pero una vez consultado el “Diccionario Vasco-Español-Francés” (Azkue, 1905), se despejan las dudas acerca del significado de este nombre de casa. Para la elaboración de aquel diccionario Resurrección Mª Azkue colaboró activamente nuestro paisano Mariano Mendigacha [Mendigatxa] aportando las palabras correspondientes al dialecto roncalés tal y como se hablaba en Vidángoz, en nuestro pueblo se denomina “txantxulit” al “hombrecillo de cascos ligeros“. O sea que viene a ser lo que en Ochagavía (“Vocabulario Navarro”, J. M. Iribarren) o en Burgui llaman “txantxulín”, que se usa para designar despectivamente a “una persona simple, de poco fundamento”.

Sea como fuere, haré un repaso sobre el devenir de la casa que, como ya he señalado, ha cambiado mucho de manos. Empezando por los dueños actuales, los hermanos Sanz Iriarte, el que era natural de la casa era su padre Perfecto Sanz Fuertes, algo por todos conocido.

Perfecto era el primogénito del matrimonio formado por Guillermo Tomás Sanz Calvo (Kurllo) y Vicenta Fuertes Maisterra (vivió en varias casas), que se estableció en casa Txantxolit al casarse en 1909. Entonces, ¿no era ninguno de casa Txantxolit? Pues estrictamente, no. ¿Cómo llegaron entonces a la casa? Pues porque la madrastra de Guillermo (la esposa en terceras nupcias de su padre, de Antonio Sanz Gárate (Kurllo)), Petra Fuertes Hualde (Txantxolit), para quien el padre de Guillermo era su segundo marido, era natural y dueña de casa Txantxolit.

El caso es que Guillermo, su padre y sus hermanos, eran naturales de casa Kurllo, y allí vivieron con la excepción del año 1897, en que, recién casados Antonio Sanz Gárate y Petra Fuertes Hualde bajaron a casa Txantxolit a vivir, pero al año siguiente volvieron a casa Kurllo.

Aspecto actual de Casa Txantxolit / Casero

Aspecto actual de Casa Txantxolit / Casero

Y entre 1898 y 1909, ¿qué fue de la casa? Pues entre 1898 y 1902 la casa estuvo vacía, y entre 1903 y 1909 vivió en ella una pareja, tal vez “de caseros” (y aquí podría tener origen el nombre de casa Casero), formada por Román Hualde Salvoch (Pelaire) y Sotera Fuertes Maisterra (Fuertes), y que no tuvieron descendencia. Cabe señalar que la mujer de esta pareja tiene los mismos apellidos que la esposa de Guillermo Sanz Calvo, pero es su tía y no su hermana.

Volvemos ahora al hilo de Petra Fuertes Hualde. Petra fue la hermana que heredó la casa, y se casó en 1869 con Ángel Antonio Sanz Navarro (Mailusa), pareja que no tuvo descendencia y durante cuya estancia en la casa fueron pasando primero parientes de casa Mailusa y posteriormente de casa Fuertes a modo de herederos. De hecho llegó a vivir en la casa un matrimonio que tuvo hijos en ella conviviendo con Petra y su marido, pero que finalmente salieron de la casa. Así, volvieron a quedar Petra y su marido solos, hasta que éste murió en 1895 y Petra volvió a casarse en 1897.

En cuanto a Petra, era la pequeña de 4 hermanos, hijos de Pedro Francisco Fuertes Eseverri (Fuertes) y Sevastiana Hualde Barrena (Landarna). Ni Petra, ni ninguno de sus 3 hermanos, ni sus padres nacieron en casa Txantxolit. Otra vez nadie de la casa. ¿Y estos cómo llegaron? Pues los anteriores propietarios de la casa eran una pareja casada en 1853, formada por Francisco Mª Larrañeta Bertol y Dolorosa (o Dolores) Mainz Urzainqui (Txantxolit), que tuvieron la desgracia de fallecer ambos en la epidemia de cólera de 1855, sin dejar descendencia y no quedando nadie de la familia en casa, ya que los padres de ella ya habían muerto y el resto de hermanos ya estaban casados a otras casas o muertos.

Sebastiana Hualde Barrena era prima carnal del padre de Dolorosa Mainz Urzainqui, de Ángel Mainz Hualde y, seguramente, no habiendo otro pariente más cercano que reclamara la casa, pues allí habrían ido Sebastiana, su marido y sus hijos.

De ahí hacia atrás, parece que la transmisión de la casa fue más “normal”, de padres a hijos.

En cualquier caso, seguimos sin conocer a quién se refiere el apodo “Txantxolit”, pero, por lo menos, ya hemos conocido con cierta profundidad las no pocas manos por las que ha pasado casa Txantxolit o casa Casero.

¡Mendigacha ríndete!

Esta vez, y sin que sirva de precedente, voy a tratar más que una parte del legado de Mariano Mendigacha, una de las circunstancias que marcaron su vida de manera muy relevante. Y es que rebuscando en una hemeroteca antigua, por casualidad, encontré un artículo que tiene mucha relación con la vida de Mariano y que, por otro lado, explica el por qué de esa expresión que muchos habremos escuchado alguna vez: ¡MENDIGACHA RÍNDETE!

Para empezar podríamos decir que Mariano Mendigacha nació en un siglo particularmente violento: desde los últimos años del siglo XVIII, en los que tuvo lugar la guerra de la Convención, el siglo XIX comenzó con la guerra de Independencia, siguió la guerra Realista y posteriormente las guerras Carlistas, dejando todas ellas una huella más o menos grande en la vida y el sentir de los bidangoztarras. Por si esto fuera poco, desde mediados del siglo, con el paso de ser Reino de Navarra a provincia, los roncaleses dejaron de tener el privilegio de no tener que realizar el servicio militar de España, y como consecuencia, a algún bidangoztarra también le tocó guerrear en la guerra de Cuba y Filipinas.

Soldados de infantería isabelinos (llamados así por Isabel II) o cristinos (en honor a la Regente Doña Cristina de Isabel II), como los que dieron muerte a Mendigacha.

Soldados de infantería isabelinos (llamados así por Isabel II) o cristinos (en honor a la Regente Doña Cristina de Isabel II), como los que dieron muerte a Mendigacha.

Por si todo esto fuera poco, Vidángoz también sufrió un violento brote de cólera que diezmó su población en 1855 y trató de evitar como pudo la desamortización civil de Madoz (la expropiación por parte de la administración española de los bienes públicos) que tuvo lugar a mediados de siglo.

Con todo esto podemos figurarnos que la mentalidad de la época sería más bien pesimista y bastante trabajo tendrían con aguantar el día a día como para andar planeando el futuro a medio y largo plazo.

Mariano Mendigacha era el segundo hijo del matrimonio formado por Manuel Mendigacha  (Mendigatxa) y Melchora Ornat (Ornat). Su hermano mayor Pascual Isidoro, falleció en torno al año de edad,  algo que dadas las circunstancias sociales del momento, no era para nada extraño.

Así pues, Mariano Saturnino Mendigacha (que así era su nombre completo) nació el segundo pero, a la postre, quedó primogénito, con todo lo que ello conllevaba. Nació en 1832, a las puertas de la primera guerra carlista y con un Vidángoz que todavía estaba recuperándose de la guerra de Independencia y del impacto que habría tenido en la población el enfrentamiento armado que se produjo en 1821 en el mismo Vidángoz entre los dos bandos contendientes en la guerra Realista.

De hecho el propio padre de Mariano Mendigacha, junto con otros bidangoztarras, fue acusado en 1822 del asesinato de Leandro Gorria, natural de Urzainqui y miliciano de Uztárroz, hecho que seguramente tendría relación con el enfrentamiento habido en Vidángoz unos meses antes.

Fusilamiento de carlistas, bando al que pertenecía Manuel Mendigacha, padre de Mariano.

Fusilamiento de carlistas, bando al que pertenecía Manuel Mendigacha, padre de Mariano.

Llegamos ya al hecho en sí. El  21/12/1835 un artículo del periódico liberal “El Eco del Comercio” decía lo siguiente: “Los bizarros hermanos Barricart seguidamente de haber contribuído con su valor a la aprehensión del cabecilla Rojo con su partida en Aóiz, alcanzaron también al rebelde Mendigacha con algunos otros en su propio lugar Vidángoz (Roncal) donde se había cobijado a repararse de la desastrosa correría por Cataluña. Cercándole en su misma casa que le dio el ser, se tiró por un balcón, y huyendo sin querer ceder a la rendición que le intimaban, herido de un balazo cayó y le cosieron a bayonetazos sus mismos patricios a causa del odio que le tenían por haberlos perseguido mucho y a sus familias. […]”.

Eran en torno a las 9 de la noche del 5 de diciembre de 1835 y una tropa de partidarios de doña Cristina rodeó casa Mendigacha y gritaron: “¡Mendigacha, ríndete!”. “Ni me he rendido ni me rendiré” dicen que contestó aquel, y seguidamente salió corriendo con lo puesto, aunque no debió llegar más que hasta las inmediaciones del barranco de Elizarena.

Aquel Mendigacha era Manuel, padre de Mariano Mendigacha, que creció huérfano junto a  su madre y tal vez algún tío y poco más. Su madre, viuda, no volvió a casarse, algo que era relativamente habitual, tal vez debido a las circunstancias de la muerte de su marido. Huérfano pues, e hijo único, cabe pensar que le habría tocado madurar mucho y rápido para hacerse cargo de su casa tan pronto como le fuera posible, casándose con 20 años.

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