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Un profesor poco ejemplar

Por la escuela de Vidángoz pasó hace más de un siglo un profesor digamos que peculiar. Como si de una premonición se tratase, luego entenderéis el porqué, tomó posesión de su cargo un 6 de julio de 1890. Su nombre, Eloy Beope Goyeneche, de Ochagavía.

Estuvo aquel maestro su primer año en la escuela y pasó junio sin haber hecho los exámenes habituales, con lo cual no se pudo evaluar su trabajo, pero algo sospecharía la Junta Local de Enseñanza cuando encomendó al entonces párroco Miguel Urzainqui la vigilancia de la instrucción por parte del maestro.

Pero aún tuvo que pasar otro curso entero hasta la realización de exámenes, que tuvieron lugar en junio de 1892, cuyos resultados fueron ‘poco satisfactorios’. Como consecuencia, se le ordenó al maestro que debía de realizar un plan de estudios y se le detallaron una serie de defectos concretos que debía corregir en la instrucción del alumnado.

Comenzó el siguiente curso y, lejos de mejorar, el tema pareció seguir empeorando por momentos. Y así, el 30 de noviembre de 1892 se le abrió un expediente al maestro Eloy Beope. Los motivos para iniciar dicho procedimiento, los siguientes: desde que se hizo cargo de la escuela el alumnado nuevo no avanza y el viejo va dejando la escuela (por no avanzar); falta a muchas clases y muchas de las que da las hace más cortas del tiempo debido; se ha embriagado en las tabernas y cafés un sin número de veces hasta avanzadas horas de la noche, siendo el oprobio de los concurrentes, faltando a la escuela al día siguiente, y siendo mal ejemplo para sus pupilos.

La Junta Local solicitó la suspensión temporal del maestro, que fue aprobada por la Superioridad, quien posteriormente apartó definitivamente del magisterio a Don Eloy.

Este cese trajo como consecuencia la llegada de la primera maestra a Vidángoz, Doña Eugenia Morales Ezquer, dándose inicio a una época en la que quien estaba al frente de la escuela del pueblo no solía durar más de un año.

La Junta Local de Enseñanza

Al menos desde mediados del siglo XIX, los asuntos relativos a la instrucción pública en Vidángoz los trataba la Junta Local, denominada de Instrucción, de Enseñanza o de la Escuela según la época.

La Junta Local estaba integrada, como solía ser costumbre, por el alcalde, el cura y algunos otros miembros. Su función no era otra que la de velar por el adecuado funcionamiento de la escuela. Así, era el órgano encargado de trasladar al ámbito educativo local las disposiciones gubernativas sobre la materia, pero también procuraba que el aula cumpliera unas condiciones mínimas, que se dispusiera del material necesario, que se premiara al alumnado más aplicado e incluso solucionaba conflictos que surgían en el contexto escolar.

La escuela de Vidángoz en 1979 [Foto: Diario de Navarra]

Como curiosidad, cabe señalar que en la primera Junta Local de Enseñanza de la que se conserva documentación en Vidángoz, del año 1867, coincidieron los famosos Mariano Mendigacha y Prudencio Hualde, como alcalde y párroco respectivamente. El motivo de la reunión de la Junta Local en aquella ocasión fue la querella de un padre (Ángel Arriola Jamar [Garaioa / Arriola]) por castigos inmoderados que el maestro brindaba a su hijo (Pedro Javier Arriola Mainz [Arriola]) y otra querella que en respuesta presentó el maestro (Santos Mainz Pérez, de Burgui) contra dicho padre por insultos y amenazas. Al igual que otros aspectos de la administración, como por ejemplo el registro civil, esta institución parece que empezó a tener un funcionamiento más formal a partir de 1876. Ya en 1877 el inspector que visita a la Junta Local (donde nuevamente se encontraba Mariano Mendigacha, en esta ocasión como representante de los padres de familia) hace hincapié en algunos aspectos que nos resultarán incluso avanzados para aquella época: promover la asistencia a la escuela, especialmente la de las niñas, multando a quien no lo haga, visitar las clases y los exámenes, premiando a los más aplicados, la adquisición de mobiliario y la adecuación del aula e incluso el establecimiento de una escuela nocturna de adultos.

Como podréis imaginar, estas medidas todavía tardarían mucho en cumplirse. Las multas por no asistir se empezaron a imponer enseguida, y los premios al alumnado más aplicado también, siendo los tres primeros distinguidos José Mariano Urzainqui Urzainqui [Txestas] (quien terminaría siendo secretario), Ignacio Hualde Legaz [Oronz / Maisterra] y María Petra Urzainqui Urzainqui [Kostiol].

La andadura de la Junta Local duró lo que la escuela en Vidángoz, esto es, hasta 1980, pero el último acta del organismo es de septiembre de 1975, cuando la Junta Superior de Educación de Navarra planteaba la concentración escolar en Roncal. En aquella ocasión, el pueblo pedía mantener, al menos, la escuela en Vidángoz para la etapa anterior a la E.G.B. Los firmantes de aquella última acta ya nos son más familiares: Enrique Hualde [Txestas / Juanko], Evaristo Urzainqui [Lengorna], Luis Fuertes [Lixalte], Ascensión De Andrés [Xapatero], Mª Dolores Pérez [Diego] y Ascensión Marco [Garde / Danielna].

Difícil provisión

Decir que la escuela de Vidángoz era una de aquellas denominadas como de difícil provisión no sorprende demasiado.

Sello de la escuela de niños de Vidángoz del año 1937 [Fuente: Archivo Municipal de Vidángoz, Caja 009 / 1938]

Antes más, pongamos hasta la segunda mitad del siglo XIX, cuando la educación no estaba ni tan reglada ni tan generalizada, en la que el docente solía ser de algún pueblo del valle o de alguna zona cercana en cualquier caso, aquellos maestros (las maestras vendrían más tarde) sí que podrían durar muchos años en el pueblo. Así, por ejemplo, tenemos un ejemplo atípico de un profesor que parece que ejerció en Vidángoz durante 54 años (1787-1841), Pascual Ramón Nicolao, natural de Garde y casado en Vidángoz (de hecho, uno de sus hijos le sucedió en el cargo durante otros 19 años).

Pero, como se deduce del título de este artículo, esto no era lo habitual y, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XIX, los maestros no tenían demasiada continuidad en Vidángoz, los cambios de docente eran frecuentes e incluso hubo ocasiones en que la escuela quedó vacante en mitad del curso, con el perjuicio que ello suponía para los y las jóvenes bidankoztarras.

Seguramente el aislamiento del pueblo, los crudos inviernos en Vidángoz y la paga y otras condiciones que se ofrecían, no serían aliciente suficiente para alguien venido de fuera. Era, en fin, una escuela de difícil provisión.

Organistas en Vidángoz

A nosotros no nos resulta algo extraordinario, pero, por lo que se dice, parece ser que en el Valle de Roncal había un gusto especial por la música en la iglesia, un aprecio aparentemente mayor que en otros lugares. Esto hizo que los pueblos del valle, ya en el siglo XVIII, dotaran a sus respectivas iglesias de unos órganos de categoría.

Las siete villas, además, desde hace casi tres siglos se dotaron de un organista que hiciera sonar el instrumento, cargo que solemos asociar con el de secretario (secretario-organista, como se solía denominar desde finales del siglo XIX y el siglo XX), pero hubo un tiempo (hasta la década de 1860, más o menos) en que esa labor la realizaba el maestro de primeras letras, perfil con el que casa Paco el de Txestas, que ejerció como maestro en la escuela de Vidángoz en el curso 1961-1962.

Paco ‘el de Txestas’, en el órgano de la iglesia de Vidángoz.

Como decía el propio Paco o su hermano Enrique, a los hijos de casa Txestas los mandaban al Seminario por parejas, (‘como la guardia civil’, solían decir), y uno se quedaba y el otro se salía. Así, Paco fue de los que se salió, pero ya con cierto nivel de estudios, que fueron los que luego le llevaron a la docencia y también a aprender a tocar el órgano.

Más adelante veremos la historia del órgano, pero podemos decir que el de Vidángoz entró en funcionamiento en torno al año 1785. Desde entonces ha habido un montón de organistas de los que tenemos noticia, algunos de manera ocasional, que cronológicamente exponemos a continuación:

  • Pascual Ramón Nicolao (entre 1785 y 1841, natural de Garde);
  • Manuel Nicolao (1842-1851, Vidángoz [Anxelarna]);
  • Juan Pico (1852);
  • Benito Bustince (1852-1855, Ujué);
  • Eugenio Olejua (1860, Mendiliberri);
  • Simeón Larrea (1861, Idocin);
  • Francisco Aldave (1863);
  • Manuel Berro (1863-1866);
  • Santos Mainz (1865);
  • Isaac Garde (1870, Uztárroz);
  • Antonio Larrea (1871-1872, Sangüesa);
  • Pedro Belzunegui (1879);
  • Juan Irurzun (1885);
  • José Mariano Urzainqui (1882-1892, Vidángoz [Txestas]);
  • Eloy Beope (1890, Ochagavía);
  • Babil Urzainqui (1893-1896, Vidángoz [Kostiol]);
  • Félix Uztárroz (1898-1901);
  • Demetrio Ruiz de Azua (1901, Ciriano-Álava);
  • Estanislao Osés (1904, Arróniz);
  • Tomás López (1906);
  • Sabino Sola (1906-1908, Gallipienzo);
  • Francisco Zubiri (1909, Ezcároz);
  • Antonio Bonet (1911, Peralta de la Sal-Huesca);
  • Babil Ayestarán (1916-1935, Úcar);
  • Cesáreo Sanz (1935-1954, Vidángoz [La Santa]);
  • Francisco Hualde (1960-2018, Vidángoz [Txestas]);

¿Habrá sido Paco el último en hacer sonar el órgano de Vidángoz?

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