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Toponimia: Austimendia

Teniendo en cuenta que este número es especial, el topónimo a tratar en esta ocasión tenía que ser acorde con esta circunstancia. Es por ello que vamos a hablar de Austimendia, nombre con el que consta en la toponimia oficial de Navarra, aunque veremos que el nombre ha sufrido diversas variaciones desde su origen hasta presentar la forma con la que lo conocemos en nuestros días.

En principio, la localización de este topónimo debería ser conocida por todo el mundo, pero, tal vez, y estoy pensando en la gente de menor edad, habrá quien no haya tenido ocasión de oír el nombre de este monte pese a tenerlo delante todo el tiempo. Y es que Austimendia no es otro que el monte que queda en frente si lo miramos desde la ladera en la que se asienta la mayor parte de casas de Vidángoz, aquel donde están casa Larranbe, el Txaparro o el repetidor de televisión y las antenas de telefonía, o aquel por cuyas faldas se sube hasta el Castillo desde el Puente de Casero. Con todas estas indicaciones, ya se habrá despejado cualquier atisbo de duda sobre el lugar al que nos referimos.

Bien, y ahora entraremos en el nombre en sí, porque ha tenido su evolución en el tiempo, su transformación, y es retrocediendo en el tiempo, acercándonos, lógicamente, a su denominación original, cuando descubriremos su sentido.

En la actualidad, según a quien preguntemos, nos dirá que se llama Ustemendia, Austemendia o el Austimendia recogido en la toponimia oficial. Puestos a interpretar la etimología del nombre, la segunda parte está clara, mendia = monte, pero, ¿qué hay de la primera? Podríamos hacer muchas cábalas, partiendo de Uste, Auste o Austi, pero no me meteré con ellas porque finalmente se demostrarían erróneas.

Si nos remontamos un siglo atrás, en el catastro de 1892 ya podemos ver otra variante del nombre, Urtemendia, cuya primera parte nos podría llevar a pensar en ‘urte’ = año o algo relacionado con ‘ur’ = agua, pero literalmente, tampoco iríamos bien encaminados (bueno, tal vez la segunda suposición tendría algo a donde agarrarse).

Pero es en un documento notarial de 1719 donde parecen aclararse todas las dudas que podríamos tener en torno a este nombre que ahora aparece denominado Urrutimendia. Desde el euskera actual lo traduciríamos como el monte lejano, pero ya vemos que eso no se ajusta mucho a la realidad, no es un monte que se encuentre (entendemos que desde el pueblo) a mucha distancia… ¿entonces?

En estos casos, lo suyo suele ser buscar analogías, nombres parecidos en otros pueblos de nuestro entorno, y es entonces cuando encontramos que en Garde, Roncal y Urzainqui hay sendos términos denominados Urrutea, y en Uztárroz, Burrutea. ¿Y a que no sabéis qué tienen en común todos esos lugares con nuestro Urrutimendia/Urrutemendia? Pues, que son el terreno o la ladera que se encuentra al otro lado del río según lo miramos desde el pueblo, con lo que el componente ur de urruti parece que sí tendría en origen algo que ver con el agua, la del río en este caso.

Pues misterio resuelto, Ustemendia, AustimendiaUrrutemendia… Simplemente eso, El monte de al otro lado del río.

Casa Maisterra

Aunque siguiendo el orden estricto debería tocar una casa de otro barrio, de Egullorre concretamente, tal vez tampoco estemos saltándonos el orden y, en esta ocasión, nos vamos a ir a un barrio que no hemos pisado todavía: el Castillo. Bueno, históricamente digamos que no ha sido considerado como barrio, a efectos organizativos al menos, pero por su situación apartada, a caballo entre Lapitxorronga y Austemendia, convendremos en que alguna denominación singular se merece.

Casa Maisterra es la que nos ocupa en esta ocasión, una de las tres edificaciones que podemos encontrar junto con casa Larranbe y la ermita de San Miguel. De hecho, este trinomio parece indisociable y aparece hasta en una conocida copla:

Cuando vengas a Vidángoz,

lo primero que has de ver:

casa Maisterra, casa Larranbe

y la ermita de San Miguel.

Desconocemos cuándo se construyó, pero parece que su historia está ligada a la de la ermita con la que comparte una de sus paredes. Probablemente en origen sería la casa del ermitaño, de quien se hacía cargo de mantener la ermita de San Miguel. Sin embargo, aunque sobre su origen solo podemos especular, veremos que, al menos en los últimos siglos, ha sido ocupada por diversas generaciones de un linaje, de manera similar al resto de casas de Vidángoz.

Así, todos/as hemos conocido a la Fermina y Eusebio, últimos de su estirpe en residir en la casa nativa, y casi los últimos en fallecer si no fuera por su hermana Rosa, que fue realmente ‘la última Maisterra’ y que murió recientemente en Ecuador. Los nombrados eran tres de los seis hermanos Artuch Urzainqui, hijos de Marta Urzainqui Salvoch [Maisterra] y Pedro Artuch Monzón [Monxon/Largotena/Maisterra], junto con Veremundo, Victoriano y Dionisio. De los seis, solo Dionisio falleció de pequeño, pero ninguno de los otros cinco se casó, y la transmisión familiar no pudo continuar.

Era natural de la casa Marta, quien pasaba por ser la única hija del matrimonio formado por Rosa Salboch Hualde [Maisterra] y Manuel Urzainqui Gárate [Ferniando/Maisterra]. El matrimonio no conseguía tener descendencia y, cuando ya todo parecía indicar que tendrían que buscar a alguien que viniera de heredero, nació Marta. Rosa Salboch puede que se os haga conocida pues su nombre está tallado en el dintel de la puerta junto al año 1901, cuando presumiblemente se habría hecho la última gran reforma de la casa, poco después de haber fallecido su marido Manuel. Curiosamente, en esta generación había un hijo varón como primogénito, Tomás, pero seguramente al tener ocasión de casar a su segunda hija con una casa bien como era casa Ferniando, prefirieron apostar por ese matrimonio para perpetuar el linaje y Tomás terminó casándose casi 10 años más tarde que Rosa a casa Anarna. El otro hijo de esta generación que llegó a adulto se casó a Roncal con Felicia Gárate Daspa.

Los padres de Rosa eran Casimiro Salboch Glaría [Maisterra] y Mª Cruz Hualde Anaut [Pelaire / Maisterra]. Mª Cruz falleció y Casimiro se casó en segundas nupcias con Petra Mª Legaz Auria, de Oronz y viuda, a su vez, de un hermano de la difunta Mª Cruz, que también trajo dos hijos de dicho matrimonio, una de las cuales, Estefanía, se acabaría casando a casa Lengorna. La nueva pareja aún tuvo un hijo en común Pedro, que parece ser que se casó con Martina Salvoch Necochea, de Urzainqui. Casimiro era el oriundo de la casa, y sus padres eran Ángela Glaría Aldave [Maisterra] y Ramón Salvoch Urzainqui [Rakax / Maisterra].

La generación de Ángela, la prole de Lorenzo Glaría Sanz [Maisterra] y Mª Juachina Aldave Urzainqui [Llabari], fue productiva y los cuatro hermanos que llegaron a adulto se casaron en Vidángoz: Gregorio, a casa Llabari (parece que fue de heredero); Fermina se quedó en su casa Maisterra natal; Antonio, a casa Aristu; y Mª Josefa, a casa Pattako (La Herrera).

Una generación más atrás tendríamos que Lorenzo fue el único hijo de Martina Sanz Hualde [Maisterra] y Lorenzo Glaría Palacios [Pelaire / Maisterra], ya que murió el padre y Martina volvió a casarse con Joseph Fermín Urrutia Torrea, de Igal, con quien tuvo otros cinco hijos, dos de los cuales se casaron en Vidángoz: Juan Joseph a casa Iriarte y Ángela a casa Kurllo antigua (actual Txikiborda) o a la Vicaría, hay dudas.

Si damos otro paso atrás en la historia familiar, tendremos a Martina y sus hermanos, hijos de Juana Hualde Urzainqui [Maisterra] y Martín Sanz Larrigueta, de Uscarrés o Iciz dependiendo de la fuente, que también fueron una generación exitosa: De ocho hijos que nacieron, siete llegaron a viejos y seis se casaron, cinco de ellos en Vidángoz (y el que no se casó, algún problema de salud tendría): Pedro Román, a la actual casa Juanko; Martina se quedó en la casa nativa, en casa Maisterra; Juana Teresa, a casa Ferniando; Mª Juana, se casó a Roncal (aunque su marido era viudo y natural de Iciz); Juana Josefa, a casa Llabari; y Antonio, a casa Molena.

En la generación anterior, Juana Hualde Urzainqui era hija de Pedro Hualde y Magdalena Urzainqui, quienes ya no sabemos de qué casa provenían cada uno, y que tuvieron tres hijos de los que dos llegaron a adultos: Feliciano, a casa Pelaire; y Juana, que se quedó en su casa Maisterra natal.

Hasta aquí la genealogía, donde, como podéis haber comprobado, se desmiente una vez más aquello de que heredaba el primogénito o el primer varón en la descendencia: solo en dos de las seis generaciones heredó la casa un varón (en una de ellas, por ser el único hijo), pese a haber varones mayores en edad a las mujeres que heredaron en tres de las otras cuatro ocasiones. También habréis podido ver las dinámicas matrimoniales, cuánto se casaba en el mismo pueblo y cómo hay algunas casas que se repiten en la genealogía (Ferniando, Llabari, Pelaire).

Por último, nos quedaría indagar en el origen del nombre de la casa. El nombre Maisterra podría llevarnos al vocablo vasco maizter, que significa inquilino, lo que se venía a denominar en castellano ‘casero’ (de ahí el nombre de casa Casero), pero lo más seguro es que el significado con el que debamos unir el nombre de esta casa sea con el maister o maizter roncalés o salacenco, que significa mayoral, pastor principal. Por otra parte, puede que tomara el nombre de alguien con ese oficio, sí, pero me parece más probable que el nombre esté tomado del apellido Maisterra, del que no tenemos mucho rastro en Vidángoz en los últimos tres siglos y medio (suponemos que el nombre sería anterior), pero que en Roncal, Salazar y Aezkoa fue relativamente frecuente. En nuestro pueblo, concretamente, solo hay constancia de Miguel Mazterra como propietario de una casa en 1612, que es mencionado como Miguel Masterra en 1634 o Miguel Maxterra en 1645, y, probablemente, la casa deba su nombre a este Miguel, pues no aparece nadie más con ese apellido en la documentación posterior.

Pues, hasta aquí casa Maisterra.

Apellidos bidankoztarras: Salvoch

En esta ocasión trataremos el apellido Salvoch, y con él completaremos el grupo de los cinco apellidos más frecuentes en nuestro pueblo en los últimos tres siglos, siendo éste el cuarto más habitual como primer apellido y el tercero más habitual como segundo apellido, quedándose en una cuarta posición global sumando la frecuencia de los apellidos en ambas posiciones. Ha habido incluso dos familias que han llevado el apellido Salvoch por duplicado, la prole de Juan Salboch y Gracia Salboch de comienzos del siglo XVIII, de casa Bortasena (actual Aizagar) y, más recientemente, en la segunda mitad del siglo XIX, la descendencia de Froilán Salvoch y Marcelina Salvoch, de casa Salbotx.

Tal vez el apellido Salvoch esté detrás de los Salvador que aparecen en el Libro de fuegos de 1428 y en el Recuento de casas de 1515, pero la primera mención segura a un Salvoch en nuestro pueblo nos remonta al año 1573, cuando se juzgaba a los componentes del Ayuntamiento entre los años 1569 y 1571 por un juicio de residencia y entre los citados encontramos a Juan Salvoch, que había sido alcalde en ese periodo. Tenemos, pues, este primer registro documental del apellido datados hace más de 450 años.

Desde entonces, el apellido se mantiene en Vidángoz en todos los documentos en los que se detallan los nombres de toda la vecindad: En las Evaluaciones de rentas de 1612 y 1613 (Cathalina, Joan, Pedro y María Salboch); Listado de propiedad de casas (por barrios): en Yriartea, Joan y Madalena Salboch, y en Hyriburua, Pedro Salboch; Apeo de población de 1645-1646 (Lorenz, Gabriel y Juan Salboch); Apeo de población de 1676 (Pedro, Gabriel y Juanco Salboch); Apeo de población de 1726 (Juan, Gabriel, Juan (alcalde), Blas y Juan Miguel Salboch).

Mención a Cathalina Salboch en una evaluación de rentas de 1612

A partir de 1810 ya podemos asegurar incluso por qué casas pasó el apellido Salboch (cuya grafía cambiaría a Salvoch en ese siglo XIX): Bortasena (actual Aizagar), Laskorna, Mailusa (actual Casa Consistorial), Lengorna, Axairna (actual Paskel), Juanko, Pexenena, Lixalte, Aristu vieja (actual Iturriondo), Molena, Aristu, Jimeno, Antxon, Iriarte, Pattako (actual huerto de La Herrera), Matías (actual Remendia), Algarra, Navarro, Xereno, Anarna, Casero, Ferniando, Santxena, Maisterra, Larranbe, Rakax, Salbotx, Arlla, Pelaire, Murri (la desaparecida casa Montes), Santos, Anxelarna, Anxelmo (actual Calderero), casa Kurllo antigua (actual Txikiborda), Bernabel (actual Harretxe), Kurllo, Matxin, Zinpintarna, Txestas y Llabari. Un total de 40 casas, esto es, más de la mitad de las que ha habido históricamente en Vidángoz.

Por lo que respecta al significado del apellido Salvoch, éste es un típico apellido patronímico (que hace referencia al nombre del padre) roncalés de esos terminados en –ch (Salvoch, Artuch, Petroch, Galech…), digamos que sería la variante roncalesa de la terminación en –ez o –iz de los apellidos más comunes de nuestra geografía. Así, Salvoch sería el “hij@ de Salvo”; Artuch, “hij@ de ¿Artu[ro]?”; Petroch, “hij@ de Petri”; Galech, “hij@ de Galé”; etc…

Pues hasta aquí el apellido Salvoch.

Repatriados desde Cuba (1898)

Hace 125 años por estas fechas terminaba una guerra que, si bien fue breve, dejó huella en quienes vivieron aquella época, y así tenemos referencias a la misma como el desastre del 98, la Generación del 98 en literatura y cultura o dichos que aún hoy perduran en el habla popular como el más se perdió en Cuba, y volvieron cantando.

Bueno, en aquel tiempo, en concreto desde 1895, se estaba librando una de las varias guerras que enfrentaron a los mambises cubanos, independentistas, con la metrópoli española. No era la primera guerra de este tipo, pero lo que cambió en 1898 fue que Estados Unidos (que todavía estaba lejos de llegar a ser el país en que se convertiría a lo largo del siglo XX) declaró la guerra a España (un país muy venido a menos) y aquello duró apenas unos meses, ya que la superioridad de los norteamericanos no dejó lugar a mucho más.

Una guerra a la que enviaron a muchos quintos, a muchos soldados jóvenes, mal formados y equipados, muchos de los cuales causaron baja en algún momento e incluso fallecieron, pero en mucha mayor medida que los combates, fueron las enfermedades las que se cebaron con los reclutas.

Así, y como no podía ser de otra forma, hubo unos cuantos mozos bidankoztarras que tuvieron que participar en aquel conflicto, y de ellos tenemos noticias por las menciones en prensa a las atenciones que recibían por parte de la Cruz Roja cuando eran repatriados:

  • Modesto Mainz Aroza [Montxonena], en noviembre de 1897);
  • Gracián Sena Salvoch [Anxelarna], en noviembre de 1898;
  • Miguel Urzainqui Arguedas [Arguedas / Artutx], en noviembre de 1898;
  • Bernardo Salvoch Pérez [antigua Mailusa), en diciembre de 1898;
  • Ramón Salvoch Salvoch [Salbotx / Argentina], en diciembre de 1898;
  • Lino Fuertes Larrambe [Lixalte / Larranbe], en diciembre de 1898;

Cantando o contentos no sé si llegaron, pero al menos volvieron. Solo dos de ellos, Miguel y Lino, se casaron y se quedaron en Vidángoz. Modesto se casó a Roncal, Ramón emigró a Argentina, Bernardo estuvo un par de años y dejó el pueblo y Gracián volvió, pero parece que algo perjudicado y ya no vivió en Vidángoz.

Difícil papeleta, en cualquier caso, la que les tocó a estos mozos, nacidos todos ellos al final de la última Guerra Carlista o recién acabada ésta, esto es, malos tiempos, y les tocó marchar lejos a perder su juventud peleando en una guerra en la que no se les había perdido nada y de la que poco se podía esperar.

Desventuras de otros tiempos

Esta historia ocurrió a finales de agosto de 1810, cuando Antonio Urzainqui Sanz [Ferniando], bidankoztar de 30 años, se ahogó en el río Ebro. Por lo que se ve, iba junto con otros dos bidankoztarras, Joaquín José Urzainqui Martín [Kostiol / Txestas], de 30 años, y Juan Basilio Larrambe Monzón [Larranbe / Landarna], de 36 años, a buscar azúcar, con a cada dos machos.

Se dirigían en dirección sur, ‘hacia Alfaro, Corella o Cervera’, y en un punto del recorrido tuvieron que cruzar el río Ebro en término de Cadreita, concretamente iban a vadearlo (atravesarlo por un sitio donde se hace pie) en el paraje de El Soto. Al parecer, al pasar el río dos de los que pasaron tuvieron problemas al dejar de hacer pie los machos en los que iban montados y empezar a ser arrastrados por el agua. Basilio Larrambe, agarrado a una de sus caballerías, consiguió alcanzar la ribera del río, a donde los animales llegaron tan exhaustos que se echaron largos en la orilla. Antonio Urzainqui no tuvo esa suerte y fue llevado por el río, no pudiendo ser rescatado por no haber nadie en las cercanías que fuera capaz de salvarle.

Sucedido esto, decidieron retroceder en su camino para dirigirse a Valtierra, donde Joaquín José Urzainqui conocía a Miguel Artuch Echandi, serguramente roncalés o descendiente, en cuya casa, además, se encontraba el alcalde de Cadreita, en cuyo término había tenido lugar el ahogamiento.

Al no haber testigos y ante las posibles dudas, el alcalde siguió el protocolo y detuvo a los dos bidankoztarras hasta hacer las diligencias pertinentes para aclarar el asunto, pues no habiendo cadáver no podían dar fe de lo ocurrido.

Entre tanto, alguien dio parte al párroco de Valtierra bajo secreto de confesión que había encontrado un cadáver, que resultó ser el de Antonio Urzainqui. El cirujano que examinó el cadáver no encontró signos de violencia y, por lo hinchado del cuerpo, señaló que no le quedaba ninguna duda de que había muerto por ahogamiento.

Joaquín José y Basilio fueron finalmente liberados sin cargos, eso sí, después del disgusto añadido de ser puestos en duda tras sufrir la angustia de ver a un compañero ser arrastrado por el agua hacia una muerte casi segura y pasar varios días en el calabozo…

Y por si esto fuera poco, Basilio, que cuando ocurrió este asunto apenas llevaba mes y medio casado, falleció repentinamente apenas un mes después del suceso, haciendo que este episodio fuera doblemente truculento.

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