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Apellidos bidankoztarras: Salvoch

En esta ocasión trataremos el apellido Salvoch, y con él completaremos el grupo de los cinco apellidos más frecuentes en nuestro pueblo en los últimos tres siglos, siendo éste el cuarto más habitual como primer apellido y el tercero más habitual como segundo apellido, quedándose en una cuarta posición global sumando la frecuencia de los apellidos en ambas posiciones. Ha habido incluso dos familias que han llevado el apellido Salvoch por duplicado, la prole de Juan Salboch y Gracia Salboch de comienzos del siglo XVIII, de casa Bortasena (actual Aizagar) y, más recientemente, en la segunda mitad del siglo XIX, la descendencia de Froilán Salvoch y Marcelina Salvoch, de casa Salbotx.

Tal vez el apellido Salvoch esté detrás de los Salvador que aparecen en el Libro de fuegos de 1428 y en el Recuento de casas de 1515, pero la primera mención segura a un Salvoch en nuestro pueblo nos remonta al año 1573, cuando se juzgaba a los componentes del Ayuntamiento entre los años 1569 y 1571 por un juicio de residencia y entre los citados encontramos a Juan Salvoch, que había sido alcalde en ese periodo. Tenemos, pues, este primer registro documental del apellido datados hace más de 450 años.

Desde entonces, el apellido se mantiene en Vidángoz en todos los documentos en los que se detallan los nombres de toda la vecindad: En las Evaluaciones de rentas de 1612 y 1613 (Cathalina, Joan, Pedro y María Salboch); Listado de propiedad de casas (por barrios): en Yriartea, Joan y Madalena Salboch, y en Hyriburua, Pedro Salboch; Apeo de población de 1645-1646 (Lorenz, Gabriel y Juan Salboch); Apeo de población de 1676 (Pedro, Gabriel y Juanco Salboch); Apeo de población de 1726 (Juan, Gabriel, Juan (alcalde), Blas y Juan Miguel Salboch).

Mención a Cathalina Salboch en una evaluación de rentas de 1612

A partir de 1810 ya podemos asegurar incluso por qué casas pasó el apellido Salboch (cuya grafía cambiaría a Salvoch en ese siglo XIX): Bortasena (actual Aizagar), Laskorna, Mailusa (actual Casa Consistorial), Lengorna, Axairna (actual Paskel), Juanko, Pexenena, Lixalte, Aristu vieja (actual Iturriondo), Molena, Aristu, Jimeno, Antxon, Iriarte, Pattako (actual huerto de La Herrera), Matías (actual Remendia), Algarra, Navarro, Xereno, Anarna, Casero, Ferniando, Santxena, Maisterra, Larranbe, Rakax, Salbotx, Arlla, Pelaire, Murri (la desaparecida casa Montes), Santos, Anxelarna, Anxelmo (actual Calderero), casa Kurllo antigua (actual Txikiborda), Bernabel (actual Harretxe), Kurllo, Matxin, Zinpintarna, Txestas y Llabari. Un total de 40 casas, esto es, más de la mitad de las que ha habido históricamente en Vidángoz.

Por lo que respecta al significado del apellido Salvoch, éste es un típico apellido patronímico (que hace referencia al nombre del padre) roncalés de esos terminados en –ch (Salvoch, Artuch, Petroch, Galech…), digamos que sería la variante roncalesa de la terminación en –ez o –iz de los apellidos más comunes de nuestra geografía. Así, Salvoch sería el “hij@ de Salvo”; Artuch, “hij@ de ¿Artu[ro]?”; Petroch, “hij@ de Petri”; Galech, “hij@ de Galé”; etc…

Pues hasta aquí el apellido Salvoch.

Repatriados desde Cuba (1898)

Hace 125 años por estas fechas terminaba una guerra que, si bien fue breve, dejó huella en quienes vivieron aquella época, y así tenemos referencias a la misma como el desastre del 98, la Generación del 98 en literatura y cultura o dichos que aún hoy perduran en el habla popular como el más se perdió en Cuba, y volvieron cantando.

Bueno, en aquel tiempo, en concreto desde 1895, se estaba librando una de las varias guerras que enfrentaron a los mambises cubanos, independentistas, con la metrópoli española. No era la primera guerra de este tipo, pero lo que cambió en 1898 fue que Estados Unidos (que todavía estaba lejos de llegar a ser el país en que se convertiría a lo largo del siglo XX) declaró la guerra a España (un país muy venido a menos) y aquello duró apenas unos meses, ya que la superioridad de los norteamericanos no dejó lugar a mucho más.

Una guerra a la que enviaron a muchos quintos, a muchos soldados jóvenes, mal formados y equipados, muchos de los cuales causaron baja en algún momento e incluso fallecieron, pero en mucha mayor medida que los combates, fueron las enfermedades las que se cebaron con los reclutas.

Así, y como no podía ser de otra forma, hubo unos cuantos mozos bidankoztarras que tuvieron que participar en aquel conflicto, y de ellos tenemos noticias por las menciones en prensa a las atenciones que recibían por parte de la Cruz Roja cuando eran repatriados:

  • Modesto Mainz Aroza [Montxonena], en noviembre de 1897);
  • Gracián Sena Salvoch [Anxelarna], en noviembre de 1898;
  • Miguel Urzainqui Arguedas [Arguedas / Artutx], en noviembre de 1898;
  • Bernardo Salvoch Pérez [antigua Mailusa), en diciembre de 1898;
  • Ramón Salvoch Salvoch [Salbotx / Argentina], en diciembre de 1898;
  • Lino Fuertes Larrambe [Lixalte / Larranbe], en diciembre de 1898;

Cantando o contentos no sé si llegaron, pero al menos volvieron. Solo dos de ellos, Miguel y Lino, se casaron y se quedaron en Vidángoz. Modesto se casó a Roncal, Ramón emigró a Argentina, Bernardo estuvo un par de años y dejó el pueblo y Gracián volvió, pero parece que algo perjudicado y ya no vivió en Vidángoz.

Difícil papeleta, en cualquier caso, la que les tocó a estos mozos, nacidos todos ellos al final de la última Guerra Carlista o recién acabada ésta, esto es, malos tiempos, y les tocó marchar lejos a perder su juventud peleando en una guerra en la que no se les había perdido nada y de la que poco se podía esperar.

Casa Aristu

Toca nuevamente una casa del barrio de Iriartea, situada concretamente en la actual calle de la Fuente, calle que durante algún tiempo también se denominó Txuskarrika o Txoskarrika.

En esta ocasión nos ocuparemos de casa Aristu, que comparte con sus casas vecinas, tanto en la misma manzana (casas Lixalte, Pelairea, Lengorna) como en el otro lado de la calle de la Fuente (Antxon, Molena), una característica peculiar que apenas se ve en las demás calles de Vidángoz: marcos de puertas y ventanas hechos de ladrillo en lugar de con piedra. Mucha casualidad sería que todas se hubieran reformado a la vez sin un motivo aparente, y esto me lleva a pensar que todas estas casas se vieron afectadas por alguna desgracia, tal vez un incendio, en una misma ocasión o al menos en una misma época, y para la reconstrucción se emplearon materiales de la tejería de Vidángoz que ya existiría en aquella época (¿siglo XIX?) y cuyo coste sería seguramente inferior al de la piedra trabajada.

Bueno, hecha esta reflexión, nos sumergiremos de lleno en la historia de casa Aristu (o casa Aistu, según quién lo pronuncie). Habitada en la actualidad por la familia Hualde Larumbe, llega a esta generación por la rama materna de Potele, que engloba a los hermanos Mainz Pérez, una generación con pastores, maestras y una religiosa, entre otros.De los padres de éstos, Pedro Mainz Salvoch [Aristu] y Felixa Pérez Jimeno [Landarna / Aristu], él era natural de la casa.

En la anterior generación, tras la muerte de la primogénita con apenas un año de edad, vinieron siete chicos, de los cuales parece que cuatro emigraron a Argentina (Epifanio, Eleuterio, Eusebio y Urbano) y los otros tres se casaron en Vidángoz (Pedro en casa Aristu, Juan a casa Jimeno y Ambrosio a casa Arriola). Todos ellos eran hijos de Antonio María Mainz Glaría [Aristu] y Petra Ramona Salvoch Urzainqui [Zinpintarna / Aristu], siendo el padre el que era nacido en la casa.

En la siguiente escalón de la historia familiar es donde empiezan las curvas. Los cabezas de familia son dos hermanas Glaría Villanueva y Pantaleón Mainz Pérez (de Burgui, aunque hijo del bidankoztar Pedro Antonio Mainz Hualde, de casa Anarna). Pantaleón subió a Vidángoz y se casó con Mª Lucía Fernanda (Fernanda para los amigos), con quien tuvo tres hijos: Antonio María, primogénito y heredero; Francisca Rufina, que vivió 37 años y murió soltera; y Manuel Valero, que apenas vivió un año. Fernanda falleció poco después que su tercer hijo con solo 30 años. Como solía ocurrir en esos casos, al quedar el viudo con dos hijos pequeños, se volvió a casar con una hermana de su difunta esposa, en este caso con Manuela Mamerta, Manuela para el común de los mortales, con quien tuvo otros tres hijos: Crisanto, que se casaría a casa Landa, un segundo hijo que nació muerto y Domingo, que se casó a casa Mux.

De la generación anterior no hay mucho más que añadir, pues aunque Ygnacio Antonio Glaría Aldave [Maisterra] y Celedonia Francisca Villanueva Salboch [Aristu] tuvieron cuatro hijos, solo las dos que mencionábamos en el párrafo anterior, Fernanda y Manuela, llegaron a adultas.

De los padres de Celedonia poco más podemos decir: Pedro Antonio Villanueva Mainz [Aristu] y María Eulalia Salboch Glaría [Salbotx / Aristu] casados en 1802 y de cuya descendencia solo quedó en Vidángoz la mencionada Celedonia. Los padres de Pedro Antonio eran Thomás Antonio Villanueva Labiano [Aristu] y María Joaquina Mainz Urzainqui [¿Anarna? / Aristu].

Y un paso más atrás en este linaje, y último que trataremos, llegamos al por qué esta casa se llama Aristu. La madre de Thomás Antonio, Eulalia Antonia Labiano Urzainqui [Aristu], era la natural de la casa, y su padre, Juan Joseph Villanueva Hualde, era natural del pueblo de Aristu (Urraúl Alto). Diría yo que es la única casa que ha tomado el nombre del pueblo del que venía uno de sus propietarios, aunque yo me inclino más por pensar que a Juan Joseph en Vidángoz se le denominaba Aristu o Aistu, como mote, en referencia a su lugar de origen y se le quedó a la casa.

Pues hasta aquí hemos llegado con casa Aristu, y seguro que, como en otras ocasiones, habréis descubierto de dónde salen algunos parentescos.

Dos hombres y un destino

Bajo este título tan cinematográfico recojo en este artículo la historia de dos bidankoztarras que empezaron a despuntar de algún modo en esta Guerra Realista y que, como iremos viendo, siguieron caminos paralelos hasta cierto punto y tuvieron prácticamente idéntico final. Se trata de Manuel Mendigacha Martín [Mendigatxa] y Mariano Salboch Larrambe [Salbotx].

Manuel Julián Mendigacha Martín, que ese era su nombre completo, había nacido en 1790 y cuando no tenía ni 5 años había perdido a su padre, que se encontraba combatiendo en Tudela en la Guerra de la Convención (1793-1795). Cuando estalló la Guerra de Independencia, en 1808, conflicto que también afectó de manera muy directa a nuestro valle, Manuel era quinto, y no sabemos si por eso, porque se presentó voluntario o por lo que sea, consta en la documentación como soldado de Vidángoz que tomó parte en la contienda.

En 1821, ni una década después de terminar la guerra contra Napoleón, estalló la contienda a la que se dedica este boletín, la Guerra Realista. Aquí es donde Manuel Mendigacha empezó a ganar galones, literalmente. Además del episodio de contrabando relatado en este mismo Bidankozarte y del que podéis conocer más detalles en la historia Por un puñado de lana recogida en el cuadernillo Vidángoz negro: muerte y delincuencia en nuestras calles, donde se da buena cuenta del carácter expeditivo de Mendigacha, conocemos su hoja de servicios de oficial retirado, realizada en 1829.

En ella se recoge su historial militar desde el 11 de diciembre de 1821 (luego Mendigacha es uno de los bidankoztarras que se sumó al primer levantamiento realista) hasta 1827, año en que se retiró del servicio. Comenzó como soldado raso y antes de que acabara la Guerra Realista ya fue ascendido a teniente por las acciones que realizó: Participó en el alzamiento de 11 de diciembre de 1821, tomó parte en la Acción de Larrainzar del 25 de diciembre de ese mismo año; trabajó en la recomposición, fortificación y defensa del Real Fuerte del Irati; en junio de 1822 fue uno de los que asaltó Tudela y con 17 soldados y un sargento a su mando, consiguió hacer frente a 260 milicianos del bando contrario; también participó en la gloriosa Acción de Larrasoaña en febrero de 1823, previa al Sitio de Pamplona, en el que también tuvo un papel activo. Estuvo presente en diversas acciones a lo largo y ancho de la geografía española y cuando se le concedió el retiro en 1827 andaba combatiendo en Alhucemas, uno de esos puntos estratégicos en el norte de África situado, grosso modo, entre Ceuta y Melilla.

Pedro Mariano Salboch Larrambe, por su parte, era nacido en 1796, algo más joven que Mendigacha, y no participaría en la Guerra de Independencia porque estaría camino del sacerdocio en el seminario. Cuando estalló la Guerra Realista Salboch era todavía diácono, pero ya deja entrever su adhesión a la causa el hecho de que en diciembre de 1821 fuera padrino en el bautizo de la hija del cabecilla realista Armengol.

Mariano se sumó a los facciosos en el segundo levantamiento, concretamente el 27 de junio de 1822, justo después de la Acción de Vidángoz. Su participación fue bastante más modesta que la de Mendigacha, pero en apenas cinco meses (medio año antes que su paisano) llegó a la categoría de teniente, y como tal participó en algunas de las principales acciones del conflicto, como la Acción de Larrasoaña o el Bloqueo de Pamplona, participando también en otros enfrentamientos en diversos lugares de la geografía peninsular. Como curiosidad, señalar que estuvo bajo el mando del famoso Tomás de Zumalacárregui.

En 1829, Mendigacha se casó (y tres años después nacería su hijo, el famoso Mariano Mendigacha) y Salboch, que ejercía de párroco de Ezcároz, solicitaba una pensión o un puesto en catedrales o colegiatas en premio por sus servicios, y le fue concedido lo primero en espera de lo segundo.

En éstas estaban cuando en 1833 estalló la I Guerra Carlista y ambos tomaron parte, erigiéndose como dos de los tres cabecillas carlistas de Roncal y Salazar junto al salacenco Mancho. El devenir de la guerra hizo que en el verano de 1835 las tropas de Dª Cristina apresaran a Salboch en Ezcároz y lo fusilaran en Garde y, posteriormente, a finales de ese mismo año, fueran a por Mendigacha (en el famoso episodio de “¡Mendigacha, ríndete!) y lo mataran en el mismo Vidángoz.

Mendigacha y Salboch, pues, dos hombres y un (triste) destino.

El padrino

El nacimiento relatado a la derecha de estas líneas podía quedar en una mera anécdota, e incluso el hecho de que el padrino fuera natural del propio Vidángoz también podría haber sido casual, pero todo tenía su razón de ser.

Y es que el padrino de la criatura, de Mª Fulgencia Armengol, fue el diácono bidankoztar Pedro Mariano Salboch Larrambe [Salbotx], y podríamos considerarlo algo casual, algún clérigo que se ofrecía a ser el padrino de una criatura que había nacido fuera del entorno familiar, pero parece que no van por ahí los tiros. Más bien da la impresión de ser uno de esos casos en los que alguien con cierto estatus apadrina a la bautizada (como cuando el padrino de alguien era el médico o el maestro del pueblo, pese a no ser familia del retoño), aunque en este caso todavía no pasara de la categoría de diácono.

Este conflicto, la Guerra Realista, marcaría un punto de inflexión en la trayectoria de Mariano Salboch y de algunos otros bidankoztarras, como explicaré en el nº 44 de Bidankozarte, erigiéndose poco a poco en uno de los cabecillas locales de la facción realista en esta contienda y, una década después, en la I Guerra Carlista.

Así, y teniendo en cuenta Mariano Salboch pertenecía a una familia pudiente de Vidángoz, y que no era la única de la que tenemos noticia en ese aspecto, podríamos aventurarnos a decir que nuestro pueblo era un lugar donde los realistas se sentirían particularmente cómodos, que gozarían de cierto apoyo popular.

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