Posts Tagged ‘Casa Diego’

Coplas bidankoztarras

En esta ocasión, dos coplas: una relacionada con el baile, primer contenido de este boletín, y otro con las fugas que relato en la última página.

La primera, refería Fermina Artuch Urzainqui [Maisterra] que le cantaba su padre, Pedro Artuch Monzón [MonxonLargotena/Maisterra], a algún cura de Vidángoz:

El señor cura no baila

porque tene la sotana.

Señor cura, baile usted,

que Dios todo lo perdona.

La segunda, la recordaba Santiago Pérez Juanco [Diego] de haber oído que fue una de las muchas que dijo su abuelo, Severo Pérez Arriola  [Diego], en una de aquellas sesiones en las que unos echaban coplas y otros les contestaban, todos improvisando. Dice así:

Si te sigue la justicia,

enséñale los talones,

que más vale salto de matas

que buenas composiciones.

Ya veis que hay coplas para todo (y aún he dejado dos más en el tintero).

BidankozARTE: cucharas de boj

Comienza con este artículo una nueva sección que tendrá como objetivo dar a conocer diversas formas de arte relacionadas con nuestro pueblo, que, aunque nos parezca raro, las hay.

Cumpliéndose este año la efeméride de una de nuestras curiosas piezas artísticas, me ha parecido ocasión inmejorable para traerla a colación, pero el caso es que a dicha pieza ya se le dedicó un artículo en el Bidankozarte 23.

Me refiero a la cuchara de boj que talló en 1924 Justino Navarro Aizagar [Aizagar / Matías] por encargo de Dámaso Pérez Arriola [Diego / Santxena]. Sobre dicha pieza, que representaba el caballo de oros de una baraja española antigua, ya hablé bastante en aquella ocasión, por lo que esta vez no ahondaré en todo lo que comenté sobre dicha cuchara.

Recordar que el autor, cuyas iniciales plasmó debajo del dibujo del caballo (todavía no usaba como firma de sus obras el símbolo que adoptaría en su vida como artista y que aunaba sus iniciales JNA), tal vez fuera todavía pastor en 1924, pero se ya apuntaría maneras, una habilidad para la escultura que le llevaría a realizar estudios en Madrid, donde viviría la mayor parte del resto de su azarosa vida, de la que en parte ya hemos hablado en esta publicación.

Una pieza de artesanía pastoril que, a la vez, es una pequeña obra de arte de esas que se podían ver en el día a día de antaño.
El caso es que, buscando contenidos relacionados con Vidángoz en internet hace ya algún tiempo, me encontré con un contenido que, aunque no es realmente de Vidángoz, sí que tiene relación con nuestro pueblo y también con la pieza que ha motivado este artículo.

Y es que, entre los fondos que tiene catalogados en su Museo Vasco de Bilbao, encontré la pieza que podéis ver bajo estas líneas y en cuya descripción se indicaba que procedía del valle de Roncal. Más concretamente, se indicaba que la pieza era una cuchara que boj que había fabricado el izabar José Manuel Marco.

Bueno, pues bien, pero ¿qué tiene esto que ver con nuestro pueblo? Pues que se indica expresamente que la cuchara está realizada “imitando las que se hacían en Vidángoz”.

Se ve que nuestras cucharas de boj tenían solera…

Nacimientos, bodas y defunciones en 1924

Como corresponde al número correspondiente al invierno, cuando se produce el cambio de año, vamos a hacer un repaso de lo que dio de sí el año 1924 en cuanto a nacimientos, bodas y defunciones. Un año que, atendiendo a las cifras que nos ofrece, fue bastante promedio con la salvedad del número de bodas, que duplicó los dos enlaces anuales de media.

En el capítulo de nacimientos, diez bidankoztarras vinieron al mundo: Bernardina Ornat Sanz [La Santa], Venancio Montes Fuertes [Montes/Garro], María Julia Navarro Carrica [Pexenena], José Morlans Porta [Molino], Mª Dolores Mainz Landa [Mux], Mª Jesús Elizalde Sanz [Elizalde], Cándida Sanz Sanz [Danielna], Heliodora Artuch Jimeno [Largotena/Burgui], Anastasio Sanz De Miguel [Arlla] y Crescencio Mainz Mainz [Mendigatxa].

Entre estos diez, como suele ser habitual, hubo un poco de todo. Tres de ellos, Bernardina, Cándida y Anastasio, fallecieron en sus primeros meses o años de vida. Otros tres eran hijos de padres foráneos y con oficios menos habituales: Venancio era hijo del herrero, que era natural de Roncal; José era hijo del molinero, oriundo de Arboniés; y Mª Jesús era hija del carpintero, que había nacido en Isaba. Solo uno de ellos, Venancio, se casó en Vidángoz, y otros tres, Dolores, Heliodora y Crescencio, se casaron pero a otros pueblos. Finalmente, y como no podía ser menos en nuestro Pequeño Vaticano, también hubo una religiosa: Julia.

En el apartado de bodas, como ya señalaba, hubo el doble de enlaces de lo habitual, un total de cuatro. Las dos primeras fueron lo que se denominaba boda ‘a la trueca’, un enlace en el que se casaban dos hijos de una familia con otros dos de otra: Juan Urzainqui Hualde [Lengorna] y Mª Santos Hualde Mainz [Navarro/Lengorna], Francisco Hualde Mainz [Navarro] y Gregoria Urzainqui Hualde [Lengorna/Navarro]. Además de esta doble boda, también se unieron en matrimonio en 1924 Gabino Sanz Salvoch [Mailusa] e Inocencia Gayarre Guinda [Gaiarre/Mailusa] y Marcelino Sanz Salvoch [Kurllo] y Cruz Jimeno Salvoch [Zinpintarna]. Todas las parejas pasaron a ser cabezas de familia de sus respectivas casas (Lengorna, Navarro y Mailusa) salvo esta última pareja, Marcelino y Cruz, que terminaron fijando su residencia en Tauste.

En lo que respecta a los fallecimientos, en Vidángoz murieron cuatro adultos y dos niños: El primero de ellos, Eusebio Pérez Urzainqui [Diego], de 83 años de edad, debido a una infección intestinal de carácter tífico, fue a morirse el año en que la construcción o la reforma de su casa nativa cumplía su bicentenario; Sinesio Mainz Pérez [Aristu], de 1 mes de edad, por atrepsia; José Rufino Sanz Glaría [Llabari / Danielna], de 69 años, a causa de una nefritis crónica; Eustaquio Navarro Aizagar [Matías-Aizagar], de 22 años, que había subido al árbol en busca de pasto (seguramente bizco), y le debió de dar un ataque epiléptico, se cayó, y terminó falleciendo a consecuencia del golpe; Anastasio Sanz De Miguel [Arlla], de 2 meses de edad, no constando la causa de su muerte; Felipa Recari Glaría [Burgui / Ferniando], de 78 años, a causa de una lesión orgánica del corazón. Además de éstos, hubo al menos un bidankoztar más muerto, solo que como falleció en la Bardena, no constaba en los registros parroquiales de Vidángoz, pero la prensa dio noticia de ello. Se trata de Severiano Navarro Pérez [Laskorna/Matías-Aizagar], de 52 años, que apareció muerto en una corraliza de Caparroso, y que habría fallecido a causa de una dolencia cardiaca.

Para terminar, señalar que las únicas dos muertes que no corresponden a gente muy mayor o de muy corta edad, las de Eustaquio y Severiano, afectaron a una misma familia, a la familia Navarro Aizagar. De hecho, es de reseñar que los difuntos eran respectivamente hermano y padre de Justino Navarro, el escultor bidankoztar del que hemos hablado en esta publicación en alguna ocasión, dos pérdidas en un espacio muy breve de tiempo que seguro que tuvieron impacto directo en la vida de nuestro artista.

Y hasta aquí ha llegado el repaso al registro civil de Vidángoz de 1924.

Casa Ornat

Llegamos nuevamente al barrio de Iribarnea en este recorrido por las casas de Vidángoz, en esta ocasión a casa Ornat. Partiendo de la generación actual, nos encontramos que sus padres eran Flora Sanz Ornat y Cándido Artuch Jimeno, siendo ella la natural de la casa, de casa Ornat, y él nacido en casa Largotena. Lo mismo había ocurrido en la generación anterior, donde también había heredado la casa una mujer, en esa ocasión Martina Ornat Jimeno, casada con Jerónimo Sanz Calvo, natural de la actual casa Kurllo y que posteriormente también había vivido durante unos años en casa Txantxolit. Martina y Jerónimo tenían también sendos oficios singulares, por lo que eran más conocidos en el pueblo: ella por ser la comadrona, la última que ejerció en Vidángoz, y él por ser el alguacil durante muchos años. En esta generación se da la circunstancia de que fue la última en la que uno de los dos cabezas de familia llevó el apellido Ornat, que da a la casa su nombre actual, si bien hay que señalar que tres hermanos de Martina también se casaron a otras casas de Vidángoz y llevaron con ellos el apellido Ornat: Marcelino se casó a casa La Santa, Pío a casa Zinpintarna y Anastasia a casa Makurra.

Casa Ornat

Los padres de Martina eran Alejo Ornat Pérez y Vicenta Jimeno Navarro, él de casa Ornat y ella de casa Danielna, casados en un doble enlace de dos parejas de hermanos donde esta pareja quedó en casa Ornat y la otra, formada por José María Jimeno Navarro y Paula Ornat Pérez, pasó a casa Garro, puesto que en casa Danielna ya se había quedado otra hermana de Vicenta y José María, casada en otra doble boda entre dos parejas de hermanos donde una pareja quedó en casa Danielna y la otra en casa Llabari. Alejo era hijo, a su vez, de Francisco Pasqual Ornat Pérez, natural de la casa, y María Ygnacia Pérez Artica, natural de Burgui y hermana de Teresa Jesús Pérez Artica, que se casó a casa Pantxo un año antes de que María Ygnacia llegara a Vidángoz.

De aquí hacia atrás la sucesión en casa Ornat se empieza a complicar un poco ya que hubo varios enviudamientos y segundas nupcias en los cabezas de familia de la casa, aunque lo resumiré para no extenderme demasiado. Francisco Pasqual quedó huérfano de padre (Mariano Miguel Ornat Hualde, hermano de la madre de Mariano Mendigacha y padrino de éste) con 4 años y de madre (Nicolasa Pérez Garde, de casa Diego y hermana del Diego que da nombre a dicha casa) con 9. Su madre, al fallecer su padre, se había vuelto a casar y, de hecho, falleció como consecuencia de un parto. Así que Francisco Pasqual fue criado en gran parte por sus padrastros y otros parientes.

En la generación anterior el natural de la casa era Mariano Ornat, que murió joven (36 años). De esta generación ya he mencionado que era también Melchora, la madre de Mariano Mendigacha, y además un hermanastro suyo, Fermín Francisco Ornat Onco, cuyo hijo, Matías Ornat Urzainqui acabaría yendo de heredero a casa Algarra, extendiendo con él el apellido Ornat a otra casa.

Y una generación más atrás, nos encontramos con una pareja en la que ninguno eran de la casa: Pasqual Ygnacio Ornat Mendi, natural de Roncal, y Mª Francisca Hualde Urzainqui, de casa Malkorna. ¿Cómo puede ser? Pues la explicación es la siguiente: en casa Ornat había quedado una pareja mayor, formada por Cathalina Mendi Esparz, de la casa, e Ygnacio Aierra Pérez, de Burgui. La pareja no tuvo descendencia y, como se solía hacer en esos casos, habían recurrido a alguien con relación familiar para que fuera a la casa de heredero, en este caso a un hijo de una hermana de Cathalina que se había casado a Roncal. Y así, desde Roncal, llegó el primer Ornat a Vidángoz, y la casa tomó su nombre. ¿Cómo se llamaría antes? A saber. ¿Casa Mendirna? ¿Mendi? ¿Otro nombre que nada tiene que ver? ¡Adivina!

Pues hasta aquí esta pequeña historia de casa Ornat.

Topónimos perdidos

Ya hace algún tiempo que vengo consultando diversa documentación antigua con el objeto de poder ir hilvanando la historia de las diversas familias de Vidángoz, labor en la que son especialmente útiles los protocolos notariales. En ellos se pueden consultar escrituras desde hace cien años hacia atrás, para las que, en este estudio que realizo, resultan especialmente útiles los contratos matrimoniales, los testamentos, las donaciones y otros documentos que explican cómo las casas y otros bienes han ido pasando de unas manos a otras, de generacion en generación.

Por desgracia, en el caso de los nombres de las casas no suele haber suerte, pues parece ser que en nuestro valle o no le tenían tanto apego al nombre de la casa o bien nuestros notarios, al contrario que los de otros valles de la montaña, símplemente no veían necesario reflejar el nombre de la misma y preferían reflejar el del propietario. Aún así, es curioso que en Vidángoz, por ejemplo, haya casas que sigan manteniendo un nombre cuyo origen se remonta más de tres siglos atrás, pues su pervivencia se ha debido a la transmisión oral.

Pero, en el otro lado de la balanza, tenemos la toponimia, con la que no cabía otra forma de identificación: una huerta, un campo, un linar o una heredad había de ser identificada por el nombre del término en el que se encontraba, su superficie, y los linderos que tenía. Y aquí, a veces, nos encontramos con algunas sorpresas agradables, con topónimos que no conocíamos, algunos de los cuales no aparecen en los tratados oficiales sobre la toponimia del Valle de Roncal (Toponimia y Cartografía de Navarra: Valle de Roncal (1994)), aunque sí en Erronkari eta Ansoko toponimiaz (2008) en la mayoría de los casos.

Así pues, recuperamos del olvido algunos topónimos, pero en ocasiones no podremos ubicarlos en el mapa, pues cuando se reflejaron por escrito todo el mundo sabía a qué se referían, dónde estaban… y ahora nadie (o, quién sabe, igual en esto también alguien me da la sorpresa de conocerlo y poderlo ubicar).

Aquí van algunos ejemplos de los que he encontrado en los últimos meses:

En 1752, en un censo (préstamo) contraído por Pedro Garcés y Magdalena Salboch, uno de los bienes que se pone como fianza es un linar situado en el término de Pikaltea. En otro documento del mismo año se menciona como Pilaltea y se indica que esa finca linda con el río Biniés.

En ese mismo año, en una donación de bienes de Domingo Portaz y Pasquala Erlanz a Joseph Urzainqui y Elena Bertol (que fueron de herederos a casa de los primeros), se menciona una huerta en Kartxerea, término que también mencionaba Mendigacha en sus cartas y que parece corresponderse con lo que hoy en día llamamos Landeta.

En 1758, en un censo de la villa, vecinos y Concejo de Vidángoz, se cita entre diversos bienes sitos en nuestro territorio municipal una heredad en el término de Donestebe (al lado de la Hermita llamada la Virgen de la Concepción).

En 1769 se remataron varios bienes (por impago de un censo) de Juan Bertol y Mónica García, su mujer, entre los cuales se mencionan términos como La Frontera o Urkabiraneta (¿Urkabezarreta?).

Y para terminar, tres años después, en 1772, Pedro Agustín Hualde y Francisca Garde [casa Don Mikelna, actual casa Diego] donan varios bienes a un hijo clérigo, y uno de ellos se sitúa en el Alto de Argaraia, que, por la descripción que hace del mismo está en Azaltegia pero más arriba.

En apenas dos décadas investigadas someramente me han salido todos estos topónimos que hoy en día están desaparecidos, y los que quedarán… Tal vez algún día podamos incluso llegar a ubicarlos en base a las lindes de algunas de las fincas que se describen. Sería una buena manera de conocer mejor nuestro entorno y nuestro pasado a la vez.

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