Archive for the ‘Uskara’ Category

Procesos en Burgui (1535 y 1569)

El proceso de brujería más conocido de Burgui es el que tuvo lugar desde 1569 hasta 1571, pero otro proceso había tenido lugar tres décadas antes, en 1535. De hecho, algunas de las implicadas fueron acusadas en ambos juicios. En aquella ocasión, al menos nueve mujeres burguiarres fueron acusadas, algunas incluso condenadas a pena de destierro y, aunque no hubo ejecuciones, la convivencia quedó enrarecida por las difamaciones e injurias que parte del vecindario dirigía a las acusadas.

En 1569, un nuevo proceso tuvo como acusado principal al vicario de Burgui, Don Pedro de Lecumberri. Por ese motivo, este litigio tuvo un desarrollo diferente, y se encargaron de su seguimiento diversas instancias religiosas. Junto a él fueron acusadas más personas, entre ellas María Gracieta, su hija María Garate y su nieta Gracieta. Se les atribuían reniegos de la fe cristiana, reuniones nocturnas con el demonio, profanaciones de cruces, supuestos ayuntamientos (akelarres) y la enseñanza de estas prácticas a los niños. También aparecían referencias a sapos, ungüentos y amenazas, típicas del imaginario brujeril del momento.

Portada del libro «Las brujas de Burgui» (Evidencia Médica, 2013), en el que Félix Sanz Zabalza analizó en profundidad este proceso por brujería.

Además del interés intrínseco del proceso en sí, éste de Burgui tiene la particularidad de que, en las declaraciones de tres de las testigos, niñas que solo conocían el uskara roncalés, se recoge el reniego de Dios en dicha lengua, y con ello nos deja el testimonio escrito más antiguo de nuestro dialecto. Transcribo a continuación el de Ana Portaz, de 9 años, siendo los otros dos reniegos similares: ‘Arnega eçaçuey Janguoycoaz, eta Andredonamariaz, eta aren semeaz, eta Sancta Anna eta aytaz eta azcaci guçuez’ [que se traduce como ‘Renegad de Dios y de Nª señora Santa María y de su hijo y de Santa Anna y de vuestros padres y todos los parientes’].

El juicio principal se celebró en el Tribunal Eclesiástico de Pamplona en el otoño de 1569. La defensa presentó numerosos testigos que destacaron la buena conducta del clérigo y de las mujeres acusadas, y pusieron en duda la fiabilidad de las declaraciones infantiles, influidas por miedos, rumores y rivalidades familiares, pero también hubo diversos testimonios en contra de los procesados. La primera sentencia les absolvió, aunque les impuso restricciones y el pago de las costas, lo que provocó recursos por ambas partes.

El proceso pasó después a la Curia Metropolitana de Zaragoza, que condenó a Lecumberri al destierro temporal. Sin embargo, el clérigo apeló a la Santa Sede, y el nuncio papal ordenó la suspensión de las sentencias y la repetición del juicio con mayores garantías. El fallo final, dictado en Pamplona entre finales de 1570 y comienzos de 1571, absolvió a todos los acusados y permitió a Lecumberri recuperar su cargo.

Aunque el proceso no terminó con ejecuciones, dejó una profunda huella en Burgui. El pueblo quedó dividido en bandos, deteriorándose la convivencia durante años, dejando entrever cómo detrás de algunas de esas acusaciones de brujería subyacían realmente las envidias y las rivalidades personales… que, como veréis en otro artículo, aún darían lugar a nuevos procesos, repitiéndose varias de las acusadas.

Erronkariera – Hiztegia

Portada del diccionario

La pasada primavera el lingüista Aitor Arana publicó un nuevo diccionario de su serie sobre los diferentes euskalkiak o dialectos del euskera en Navarra, y, en esta ocasión, está dedicado a nuestro uskara roncalés.

Un volumen que permite buscar palabras en dialecto roncalés y su equivalente en euskara batua y viceversa, y para el que ha empleado la práctica totalidad de fuentes que pueden ofrecer léxico, entre las que no pueden faltar los escritos de los bidankoztarras Prudencio Hualde y Mariano Mendigacha, pero también muchas otras, como Bonaparte y Azkue, mencionados en bastantes ocasiones ya en Bidankozarte, y otros cuyos trabajos son también imprescindibles para el estudio de nuestra variedad dialectal, como Bernardo Estornés, Koldo Mitxelena o Koldo Artola entre otros.

Una obra de referencia para todo aquel que quiera conocer nuestro uskara a fondo, editada por Erroteta y que ha contado con la colaboración de la Junta del Valle y el Gobierno de Navarra.

Ai, ene onetsia!

El pasado mes de noviembre se presentó en Ardanaz de Izagaondoa el libro Ai, ene onetsia! El euskera en el entorno del prepirineo navarro (ss. XVI-XX), escrito por Gorka Lekaroz y publicado por la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa. Se trata de un volumen bilingüe que tenía por objetivo inicial indagar en la historia del euskera en el prepirineo, pero, para poder complementar algunos datos se han incluido también referencias a zonas colindantes, entre ellas nuestro valle, al cual se dedica un capítulo del libro.

El libro está dividido en dos partes. En la primera hace referencia a la Edad Moderna, siglos XVI-XVIII, en los que el euskera era la lengua mayoritaria y en ocasiones la única que se hablaba en los valles objeto del estudio. Al ser la lengua de la administración romance, los el euskera aparece como notas sueltas en diversos procesos judiciales o documentos notariales, en los que se hace mención a expresiones en euskera que se transcriben literalmente, y a las que se acompaña de su correspondiente traducción. En cantidad de juicios, como sucedía, por ejemplo, con el de la bidankoztar Graciana Belza por brujería (en 1560-1561), parecería leyendo la documentación del proceso que los acusados eran perfectamente castellanoparlantes, hasta que en una nota casi residual, al final del mismo proceso, se indica que ‘se les dio a entender la sentencia en lengua vascongada‘, porque no entendían otro idioma, obviamente. Finaliza esta primera parte con mención a diversos escritos en euskera, cartas, doctrinas cristianas y evangelios, escritas o traducidas a las diferentes variedades del euskera de los diversos valles, la mayoría de ellas correspondientes al siglo XIX, cuando la lengua vasca sufrió un brusco declive que hizo que el habla tradicional desapareciera en pueblos en los que apenas dos generaciones antes casi no se conocía otra. Entre los testimonios de este tramo final de la primera parte, varios roncaleses en general y bidankoztarras en particular: Julián Gayarre, Prudencio Hualde, Benita Hualde, Mariano Mendigacha o Miguel Ros.

La segunda parte del libro analiza en diferentes capítulos, cómo se produjo el mencionado retroceso del euskera valle por valle, y se intenta dar cuenta de las últimas personas de las que se tiene noción que hablaron la lengua vasca en cada comarca. Entre ellos, hay un capítulo dedicado al valle de Roncal, titulado ‘Juan Melchor Elizalde y Benito Recari: el uskara roncalés, río Eska abajo’. Se analiza la situación en los pueblos en los que menos se ha estudiado esta situación: Roncal, Garde, Vidángoz y Burgui. En el caso concreto de Vidángoz, lo recogido es un pequeño resumen de lo investigado y publicado por el propio Gorka Lekaroz en 2014 en la revista Uztaro, en un artículo titulado ‘Bidankozeko gerraosteko euskaldunak’ (los vascohablantes del Vidángoz de la posguerra), pero el capítulo hace un análisis de la situación en cada uno de los cuatro pueblos del valle en el que se puede ver similitudes en las épocas y en las formas y motivos por los que se produjo la detención de la transmisión de la lengua.

Un libro muy recomendable para quien tenga interés en la historia del euskera en nuestra tierra.

¿El diccionario perdido de Mendigacha?

Las cartas de Mendigacha también han ocupado un espacio relevante en esta publicación y merecen un artículo en este nº 50. Pese a que ya las hemos trabajado bastante, con el centenario de la muerte de Mariano también hablamos sobre las cartas con más profundidad y en 2020 publicamos la recopilación completa de la correspondencia entre Mendigacha y Azkue, aún queda algún tema que podemos tratar.

Uno de los temas en los que Azkue quería profundizar por medio de Mendigacha era el vocabulario del uskara roncalés. Léxico que fue obteniendo de los pocos textos que ya existían en nuestro dialecto (fundamentalmente los escritos de Prudencio Hualde y el propio Mendigacha para Bonaparte) y, sobre todo, de los encuentros que tuvo y de las cartas que intercambió con Mariano.

Con lo recopilado de Mendigacha y del resto de colaboradores que tuvo por todo Euskal Herria Azkue publicó una de sus grandes obras, el Diccionario Vasco-Español-Francés, de 1905, en el que, además de palabras señaladas con la R que indica que se usaba en el dialecto Roncalés del euskera, se pueden encontrar cantidad de vocablos con la marca R-bid que indica que concretamente esa palabra la tomó de Vidángoz.

El caso es que, en algún momento, Azkue sugirió a Mendigacha la realización de un vocabulario roncalés, tarea que Mariano pensó que le superaba y que rechazó en primera instancia. Algo después, no obstante, Mendigacha retomó la idea y se puso con ella y, así, en una carta fechada en enero de 1909 indicaba a Azkue que ya llevaba avanzado el diccionario e iba por la letra S, y que pensaba acabarlo ese mismo invierno. No se ha encontrado en los fondos documentales Azkue nada similar a este trabajo de Mendigacha, pero seguramente lo habría recibido Don Resurrección y usado posteriormente para su Particularidades del Dialecto Roncalés, publicado en 1932, año escogido nada casualmente por ser el centenario del nacimiento de Mariano.

¿Estará oculto entre otros papeles este diccionario? ¿Aparecerá algún día? ¡Quién sabe…!

¿Y si Prudencio no hubiera muerto tan joven?

Después de haber realizado este recorrido por la vida y obra de Prudencio Hualde, y teniendo en cuenta que, tal y como concluía Gorka Lekaroz en su estudio sobre los últimos euskaldunes de Vidángoz, la transmisión del euskera se detuvo en Vidángoz en la década de 1870, a mí al menos me surge la siguiente pregunta: ¿qué habría pasado con el uskara en Vidángoz de no haber fallecido Don Prudencio prematuramente? ¿Tal vez el dialecto roncalés habría aguantado en nuestro pueblo una generación más, en la línea de lo que sucedió en Uztárroz o Isaba?

Habrá quien piense que esta conjetura es algo exagerada, ¿cómo iba a tener tanta importancia el párroco del pueblo en la pervivencia del idioma? Pero es que realmente la tenía en esa época y la tuvieron muchos párrocos hasta época no tan lejana. Conozco concretamente el ejemplo de Arbizu (Sakana), donde el hecho de que hubiera cura euskaldun entre 1933 y 1973 permitió que el euskera se mantuviera en dicho pueblo con mucho mayor vigor que en los pueblos circundantes.

La continuidad de Hualde en la parroquia de Vidángoz habría contribuido al mantenimiento del prestigio social de la lengua, la confesión en euskera o la enseñanza del catecismo a los menores en dicho idioma (Azkue llegó a preguntar a Mendigacha si el párroco que había en 1903 podría haber usado el catecismo traducido por Hualde), prolongando el uso efectivo del uskara

Pero, por desgracia, Don Prudencio se nos fue con tan solo 56 años y nos quedará para siempre la incógnita de qué habría pasado si hubiera seguido como párroco, pongamos, otros 30 años.

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