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Barrios de Vidángoz

A cualquiera que haya ido leyendo Bidankozarte se le habrán ido haciendo conocidos los antiguos barrios en que se dividía Vidángoz, un reparto que tenía implicaciones de diversos tipos, como que en diversos ámbitos cada barrio tuviera un representante. Sea como fuere, parece ser que en Vidángoz el uso de los nombres de los barrios empezó a caer en desuso en la segunda mitad del siglo XIX, llegando hasta tiempos recientes la sola noción de dos barrios: Egullorre y el barrio de abajo.

Pues bien, como he ido explicando en esta publicación, ese barrio de abajo antiguamente no era uno sino tres, Iriburua, Iriartea e Iribarnea, cuyos nombres significa, literal y respectivamente, “la parte alta de la villa”, “el medio de la villa” y “la parte baja de la villa”. La etimología de Egullorre no es tan clara, pero señalábamos en su día que podría estar relacionada con el término homónimo que se encuentra a no mucha distancia al norte del actual casco urbano de Vidángoz y cerca del cual se habría ubicado antiguamente el otro Vidángoz que existió y cuya iglesia era la actual ermita de San Sebastián.

Los antiguos barrios de Vidángoz.

Los barrios estaban delimitados por las actuales calles o elementos que se exponen a continuación:
Iriburua, entre el río Biniés, la calle mayor y la calle el molino;
Iriartea, entre el río Biniés, la calle mayor, la calle el molino y la calle tejería;
Iribarnea, entre el río Biniés, la calle mayor y la calle tejería;
Egullorre, desde la calle mayor hacia arriba, hasta la iglesia;

Aparte de estos cuatro barrios oficiales, citaba en el Bidankozarte nº 50 en plan anecdótico que casa Maisterra pertenecía al barrio del Castillo, si bien éste no lo había visto citado nunca como tal… Pues bien, como suele pasar, basta que se mencione algo que parece que siempre ha sido así, para tener que desmentirlo poco después, y es que, investigando documentos notariales de Vidángoz de los siglos XVII y XVIII, encontré primero una mención al “camino que va para el barrio del Castillo” (1800), posteriormente a “un güerto para ortalizas en el Castillo” (1796), y también otra a “una casa sita en el barrio del Castillo” (1777), quedando confirmada, pues, la denominación “oficial” de ese barrio… pero todavía me esperaba una sorpresa aún mayor, y es que, en un censo (préstamo) firmado en 1689, entre los bienes hipotecados se mencionaba “una casa sita en el barrio de Garatea o Castillo”, con lo cual, también tenemos la denominación antigua a dicho barrio, Garatea, que literalmente significa “el portillo”.

Por último, otra mención inédita a un barrio que he encontrado cuando casi ya había cerrado este número. Realmente son dos menciones en el mismo año, 1836, pero en dos documentos notariales completamente independientes. Estas nuevas citas hacen referencia al barrio de Itxuskarrika (Ychuscarrica), nombre que ya había escuchado alguna vez, pero en referencia a una calle, no a un barrio, que sería la actual calle de la fuente, lo que viene a coincidir con lo que indican las escrituras encontradas, pues hacen referencia la una a casa Jimeno y la otra a casa Molena. En cualquier caso, no incluyo este barrio en la imagen por venir a ser una subdivisión del barrio de Iriartea que no tendría mayor significación administrativa.

Bueno, pues ahora que ya sabemos cuáles eran y cómo se distribuían los barrios en Vidángoz, lo mismo tenemos que empezar a hacer comidas de barrios…

Casa Maisterra

Aunque siguiendo el orden estricto debería tocar una casa de otro barrio, de Egullorre concretamente, tal vez tampoco estemos saltándonos el orden y, en esta ocasión, nos vamos a ir a un barrio que no hemos pisado todavía: el Castillo. Bueno, históricamente digamos que no ha sido considerado como barrio, a efectos organizativos al menos, pero por su situación apartada, a caballo entre Lapitxorronga y Austemendia, convendremos en que alguna denominación singular se merece.

Casa Maisterra es la que nos ocupa en esta ocasión, una de las tres edificaciones que podemos encontrar junto con casa Larranbe y la ermita de San Miguel. De hecho, este trinomio parece indisociable y aparece hasta en una conocida copla:

Cuando vengas a Vidángoz,

lo primero que has de ver:

casa Maisterra, casa Larranbe

y la ermita de San Miguel.

Desconocemos cuándo se construyó, pero parece que su historia está ligada a la de la ermita con la que comparte una de sus paredes. Probablemente en origen sería la casa del ermitaño, de quien se hacía cargo de mantener la ermita de San Miguel. Sin embargo, aunque sobre su origen solo podemos especular, veremos que, al menos en los últimos siglos, ha sido ocupada por diversas generaciones de un linaje, de manera similar al resto de casas de Vidángoz.

Así, todos/as hemos conocido a la Fermina y Eusebio, últimos de su estirpe en residir en la casa nativa, y casi los últimos en fallecer si no fuera por su hermana Rosa, que fue realmente ‘la última Maisterra’ y que murió recientemente en Ecuador. Los nombrados eran tres de los seis hermanos Artuch Urzainqui, hijos de Marta Urzainqui Salvoch [Maisterra] y Pedro Artuch Monzón [Monxon/Largotena/Maisterra], junto con Veremundo, Victoriano y Dionisio. De los seis, solo Dionisio falleció de pequeño, pero ninguno de los otros cinco se casó, y la transmisión familiar no pudo continuar.

Era natural de la casa Marta, quien pasaba por ser la única hija del matrimonio formado por Rosa Salboch Hualde [Maisterra] y Manuel Urzainqui Gárate [Ferniando/Maisterra]. El matrimonio no conseguía tener descendencia y, cuando ya todo parecía indicar que tendrían que buscar a alguien que viniera de heredero, nació Marta. Rosa Salboch puede que se os haga conocida pues su nombre está tallado en el dintel de la puerta junto al año 1901, cuando presumiblemente se habría hecho la última gran reforma de la casa, poco después de haber fallecido su marido Manuel. Curiosamente, en esta generación había un hijo varón como primogénito, Tomás, pero seguramente al tener ocasión de casar a su segunda hija con una casa bien como era casa Ferniando, prefirieron apostar por ese matrimonio para perpetuar el linaje y Tomás terminó casándose casi 10 años más tarde que Rosa a casa Anarna. El otro hijo de esta generación que llegó a adulto se casó a Roncal con Felicia Gárate Daspa.

Los padres de Rosa eran Casimiro Salboch Glaría [Maisterra] y Mª Cruz Hualde Anaut [Pelaire / Maisterra]. Mª Cruz falleció y Casimiro se casó en segundas nupcias con Petra Mª Legaz Auria, de Oronz y viuda, a su vez, de un hermano de la difunta Mª Cruz, que también trajo dos hijos de dicho matrimonio, una de las cuales, Estefanía, se acabaría casando a casa Lengorna. La nueva pareja aún tuvo un hijo en común Pedro, que parece ser que se casó con Martina Salvoch Necochea, de Urzainqui. Casimiro era el oriundo de la casa, y sus padres eran Ángela Glaría Aldave [Maisterra] y Ramón Salvoch Urzainqui [Rakax / Maisterra].

La generación de Ángela, la prole de Lorenzo Glaría Sanz [Maisterra] y Mª Juachina Aldave Urzainqui [Llabari], fue productiva y los cuatro hermanos que llegaron a adulto se casaron en Vidángoz: Gregorio, a casa Llabari (parece que fue de heredero); Fermina se quedó en su casa Maisterra natal; Antonio, a casa Aristu; y Mª Josefa, a casa Pattako (La Herrera).

Una generación más atrás tendríamos que Lorenzo fue el único hijo de Martina Sanz Hualde [Maisterra] y Lorenzo Glaría Palacios [Pelaire / Maisterra], ya que murió el padre y Martina volvió a casarse con Joseph Fermín Urrutia Torrea, de Igal, con quien tuvo otros cinco hijos, dos de los cuales se casaron en Vidángoz: Juan Joseph a casa Iriarte y Ángela a casa Kurllo antigua (actual Txikiborda) o a la Vicaría, hay dudas.

Si damos otro paso atrás en la historia familiar, tendremos a Martina y sus hermanos, hijos de Juana Hualde Urzainqui [Maisterra] y Martín Sanz Larrigueta, de Uscarrés o Iciz dependiendo de la fuente, que también fueron una generación exitosa: De ocho hijos que nacieron, siete llegaron a viejos y seis se casaron, cinco de ellos en Vidángoz (y el que no se casó, algún problema de salud tendría): Pedro Román, a la actual casa Juanko; Martina se quedó en la casa nativa, en casa Maisterra; Juana Teresa, a casa Ferniando; Mª Juana, se casó a Roncal (aunque su marido era viudo y natural de Iciz); Juana Josefa, a casa Llabari; y Antonio, a casa Molena.

En la generación anterior, Juana Hualde Urzainqui era hija de Pedro Hualde y Magdalena Urzainqui, quienes ya no sabemos de qué casa provenían cada uno, y que tuvieron tres hijos de los que dos llegaron a adultos: Feliciano, a casa Pelaire; y Juana, que se quedó en su casa Maisterra natal.

Hasta aquí la genealogía, donde, como podéis haber comprobado, se desmiente una vez más aquello de que heredaba el primogénito o el primer varón en la descendencia: solo en dos de las seis generaciones heredó la casa un varón (en una de ellas, por ser el único hijo), pese a haber varones mayores en edad a las mujeres que heredaron en tres de las otras cuatro ocasiones. También habréis podido ver las dinámicas matrimoniales, cuánto se casaba en el mismo pueblo y cómo hay algunas casas que se repiten en la genealogía (Ferniando, Llabari, Pelaire).

Por último, nos quedaría indagar en el origen del nombre de la casa. El nombre Maisterra podría llevarnos al vocablo vasco maizter, que significa inquilino, lo que se venía a denominar en castellano ‘casero’ (de ahí el nombre de casa Casero), pero lo más seguro es que el significado con el que debamos unir el nombre de esta casa sea con el maister o maizter roncalés o salacenco, que significa mayoral, pastor principal. Por otra parte, puede que tomara el nombre de alguien con ese oficio, sí, pero me parece más probable que el nombre esté tomado del apellido Maisterra, del que no tenemos mucho rastro en Vidángoz en los últimos tres siglos y medio (suponemos que el nombre sería anterior), pero que en Roncal, Salazar y Aezkoa fue relativamente frecuente. En nuestro pueblo, concretamente, solo hay constancia de Miguel Mazterra como propietario de una casa en 1612, que es mencionado como Miguel Masterra en 1634 o Miguel Maxterra en 1645, y, probablemente, la casa deba su nombre a este Miguel, pues no aparece nadie más con ese apellido en la documentación posterior.

Pues, hasta aquí casa Maisterra.

Más de 1.000 años del Vidángoz que conocemos

Finalmente llegamos en este recorrido en torno al origen de Vidángoz al pueblo que se encuentra en la ubicación actual, tal y como lo conocemos, donde podemos dar por seguro que lleva al menos 1.000 años.

Veíamos en la página anterior esa primera mención datada en el año 1.085, pero era un simple traspaso de poder sobre la iglesia de la villa y los tributos que a ésta correspondían. La iglesia, una iglesia (no la que conocemos hoy en día, que data en su mayor parte de una gran reforma realizada en el siglo XVI), ya llevaría tiempo hecha, claro está, y la estructura creada en torno a ella, con las primicias, diezmos y demás tributos que había que pagar, no habría surgido de la noche a la mañana.

La mención del año 1.085 tenía que ver con la vinculación de Vidángoz con el monasterio que había en Igal. Pues bien, tenemos noticia de que por dicho monasterio pasó en el año 848 San Eulogio de Córdoba en el viaje que realizó a tierras pirenaicas. Teniendo en cuenta que el monasterio era un elemento vertebrador del territorio y que su ámbito de influencia era de unos pocos pueblos, cabe pensar que para dicho 848 ya existiría Vidángoz.

De esta misma época son las batallas contra los musulmanes (Olast en el siglo VIII y Ocharren en el siglo IX) en las que los roncaleses ganaron su hidalguía y su derecho al uso de las Bardenas a perpetuidad. Es de suponer que esos derechos los adquirieron quienes participaron en las batallas, por lo que cabe pensar que Vidángoz ya era parte de esa primitiva comunidad llamada valle de Roncal.

Por otra parte, viendo lo que hablábamos sobre el origen del nombre de Vidángoz, parece que podríamos llegar hasta época romana, pero bueno, también se ha indicado que no sabríamos si se ubicaría donde el actual nucleo urbano o en otro lugar.

Bueno, pero una vez dicho todo lo anterior la pregunta que habría que hacerse (y que ya me realizaron varios bidankoztarras y eso ha dado pie a este boletín) es ¿Cómo comenzó todo esto? ¿Cuál fue la primera casa? Pues la verdad es que no tenemos ni idea. Bueno, idea no, pero lo que sí que podemos hacer es alguna suposición.

A ver, si Vidángoz eran los dominios de Vindacius, éste era un señor, un terrateniente, y como tal viviría, como se ha hecho en todas las épocas. Quiero decir con esto que, teniendo en cuenta las limitaciones de su tiempo, Vindacius tendría siervos que trabajaran sus tierras, tendría seguramente una casa mejor que las de aquellos y es probable que guardaran cierta distancia. La casa del señor sería lo que se viene a llamar un palacio (una casa más grande que lo habitual de la época, vaya, o de mejor fábrica)… no sé, pongamos que en lugar de palacio, por tener ciertas defensas, lo denominamos castillo…

Bueno, creo que no hace falta mucha imaginación para ver a dónde quiero llegar. Lo que hoy denominamos El Castillo tiene toda la pinta de haber sido el origen de nuestro pueblo por varias razones: 1.- Controlaba dos entradas al pueblo,  a quienes venían desde Igal y desde Burgui, y es visible desde todos los accesos a Vidángoz, de ahí el dicho:

Cuando vengas a Vidángoz
lo primero que has de ver
casa Maisterra, casa Larranbe>
y la ermita de San Miguel’.

2.- Probablemente tendría contacto visual con Gazteluzarra desde algún punto, lo mismo que desde una ventanica que hay en la ermita de San Miguel se puede observar en los días claros la ermita de la Virgen de la Peña, donde seguramente también habría algún puesto defensivo; 3.- El propio hecho de estar encima de la peña parece señal de estatus, ‘ahí arriba vive el señor’, y abajo, más cercanos al río y a la tierra, los siervos, dando origen con el tiempo a los tres barrios originales del pueblo, Iribarnea, Iriartea e Iriburua (Egullorre, como comentábamos, vendría posteriormente); 4.- Podríamos aventurar también, sin demasiado temor a equivocarnos, que la actual ermita de San Miguel pudiera haber sido originalmente la capilla del castillo; 5.- E incluso, puestos a imaginar, y esto tal vez ya sea demasiado fantasioso, podríamos pensar en la punta de Lapitxorronga como un lugar donde hacer justicia, o donde el Señor de Vidángoz de turno discutía con un rival y lo despeñaba al grito de ‘¡Esto… es… VIDÁNGOZ!’ (en referencia a la película ‘300’).

Pues hasta aquí esta teoría sobre desde dónde se habría generado nuestro actual Vidángoz, con argumentos medianamente razonables. Pero como se suele decir, que cada cual saque sus propias conclusiones.

¿Reubicado en el Barrio de Egullorre?

No sabemos cuándo se abandonó aquel otro Vidángoz, aunque todo parece apuntar a que sucedió en la primera mitad del siglo XIII, porque en 1198 todavía se mencionaban las iglesias de Vidángoz y Vidángoz y en el Libro de rediezmos de 1266 (donde aparecen todos los pueblos que había en Navarra entonces) ya solo se menciona Vidángoz.

Pero más intrigante incluso que el cuándo nos debería resultar el por qué. ¿Qué hizo que aquellos otros bidankoztarras dejasen su pueblo? ¿Alguna catástrofe natural? ¿Una riada extraordinaria? ¿Un gran incendio? A saber… Tal vez una mera reorganización territorial que se habría dado a nivel de valle de Roncal, ya que también desaparecieron otros pueblos en el valle en la misma época.

En cualquier caso, ¿qué fue de quienes vivían en aquel poblado? Yo me inclino a pensar que habrían pasado al barrio de Egullorre del Vidángoz actual (entre la calle Mayor y la iglesia), recibiendo el nombre del barranco que desemboca donde vivían… Además, ese barrio es el único cuyo nombre no encaja en la estructura de pueblo que seguían los otros (Iriburua, Iriartea e Iribarnea, esto es, parte alta, media y baja de la villa respectivamente). Y es que para los del actual Vidángoz, aquellos que se asentaron entre lo que era el pueblo y la iglesia eran ‘los de Egullorre’.

Casa Ornat

Llegamos nuevamente al barrio de Iribarnea en este recorrido por las casas de Vidángoz, en esta ocasión a casa Ornat. Partiendo de la generación actual, nos encontramos que sus padres eran Flora Sanz Ornat y Cándido Artuch Jimeno, siendo ella la natural de la casa, de casa Ornat, y él nacido en casa Largotena. Lo mismo había ocurrido en la generación anterior, donde también había heredado la casa una mujer, en esa ocasión Martina Ornat Jimeno, casada con Jerónimo Sanz Calvo, natural de la actual casa Kurllo y que posteriormente también había vivido durante unos años en casa Txantxolit. Martina y Jerónimo tenían también sendos oficios singulares, por lo que eran más conocidos en el pueblo: ella por ser la comadrona, la última que ejerció en Vidángoz, y él por ser el alguacil durante muchos años. En esta generación se da la circunstancia de que fue la última en la que uno de los dos cabezas de familia llevó el apellido Ornat, que da a la casa su nombre actual, si bien hay que señalar que tres hermanos de Martina también se casaron a otras casas de Vidángoz y llevaron con ellos el apellido Ornat: Marcelino se casó a casa La Santa, Pío a casa Zinpintarna y Anastasia a casa Makurra.

Casa Ornat

Los padres de Martina eran Alejo Ornat Pérez y Vicenta Jimeno Navarro, él de casa Ornat y ella de casa Danielna, casados en un doble enlace de dos parejas de hermanos donde esta pareja quedó en casa Ornat y la otra, formada por José María Jimeno Navarro y Paula Ornat Pérez, pasó a casa Garro, puesto que en casa Danielna ya se había quedado otra hermana de Vicenta y José María, casada en otra doble boda entre dos parejas de hermanos donde una pareja quedó en casa Danielna y la otra en casa Llabari. Alejo era hijo, a su vez, de Francisco Pasqual Ornat Pérez, natural de la casa, y María Ygnacia Pérez Artica, natural de Burgui y hermana de Teresa Jesús Pérez Artica, que se casó a casa Pantxo un año antes de que María Ygnacia llegara a Vidángoz.

De aquí hacia atrás la sucesión en casa Ornat se empieza a complicar un poco ya que hubo varios enviudamientos y segundas nupcias en los cabezas de familia de la casa, aunque lo resumiré para no extenderme demasiado. Francisco Pasqual quedó huérfano de padre (Mariano Miguel Ornat Hualde, hermano de la madre de Mariano Mendigacha y padrino de éste) con 4 años y de madre (Nicolasa Pérez Garde, de casa Diego y hermana del Diego que da nombre a dicha casa) con 9. Su madre, al fallecer su padre, se había vuelto a casar y, de hecho, falleció como consecuencia de un parto. Así que Francisco Pasqual fue criado en gran parte por sus padrastros y otros parientes.

En la generación anterior el natural de la casa era Mariano Ornat, que murió joven (36 años). De esta generación ya he mencionado que era también Melchora, la madre de Mariano Mendigacha, y además un hermanastro suyo, Fermín Francisco Ornat Onco, cuyo hijo, Matías Ornat Urzainqui acabaría yendo de heredero a casa Algarra, extendiendo con él el apellido Ornat a otra casa.

Y una generación más atrás, nos encontramos con una pareja en la que ninguno eran de la casa: Pasqual Ygnacio Ornat Mendi, natural de Roncal, y Mª Francisca Hualde Urzainqui, de casa Malkorna. ¿Cómo puede ser? Pues la explicación es la siguiente: en casa Ornat había quedado una pareja mayor, formada por Cathalina Mendi Esparz, de la casa, e Ygnacio Aierra Pérez, de Burgui. La pareja no tuvo descendencia y, como se solía hacer en esos casos, habían recurrido a alguien con relación familiar para que fuera a la casa de heredero, en este caso a un hijo de una hermana de Cathalina que se había casado a Roncal. Y así, desde Roncal, llegó el primer Ornat a Vidángoz, y la casa tomó su nombre. ¿Cómo se llamaría antes? A saber. ¿Casa Mendirna? ¿Mendi? ¿Otro nombre que nada tiene que ver? ¡Adivina!

Pues hasta aquí esta pequeña historia de casa Ornat.

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