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El Anuario del Comercio y la Industria de 1915

Cuando nos ponemos a investigar en el pasado de Vidángoz es relativamente fácil encontrar que tal o cual persona realizaba un oficio o cargo determinado. Incluso para los últimos 100 años podríamos saber la mayoría de los oficios no habituales, entendiendo con esto los que no eran ganaderos, agricultores o almadieros.

Pero hay veces que necesitamos saber en un momento preciso de la historia quiénes ostentaban determinados cargos, quiénes se encargaban de unos trabajos concretos, etc… y eso no siempre es posible.

El caso que nos ocupa en esta ocasión es el Anuario del Comercio y la Industria de 1915, donde, además de los que desempeñaban las distintas actividades económicas de nuestro pueblo, aparecen también varios cargos públicos.

Las 17 personas que se mencionan en el documento son las siguientes:

  • Fernando Aizagar Arnalda (Longás [Aragón] / Aizagar) tenía el oficio de carpintero, pero en aquel momento, además, desempeñaba el cargo de juez municipal;
  • Víctor Elizalde Ederra (Isaba / Elizalde) compaginaba los trabajos de carpintero con el trabajo de molinero;
  • Sebastián Fuertes Sanz (Xapatero) figura como maestro albañil y cantero;
  • Bernardo Goyena Aznárez (Oronz / La Herrera) era el herrero;
  • Ausencio Jiménez (¿¿¿??? / Vicaría), el párroco;
  • Luis Mainz Villanueva (Navarro) consta como uno de los propietarios principales;
  • Pedro Antonio Mayo Landa (Uztárroz / Rakax) es otro de los propietarios principales;
  • Marcelino Ornat Jimeno (Ornat / La Santa) figura como maestro de albañil;
  • Eusebio Pérez Urzainqui (Diego) era otro de los propietarios principales;
  • Fermín Pérez Artieda (Paxapan / Txestas) aparece como cantero [albañil];
  • Modesto Pérez Sanz (Laskorna / Landarna) ejercía de cartero (de correo);
  • Cecilio Sanz Hualde (Landarna / Santxena), además de propietario principal, figura como dueño de una posada y de una abacería (tienda donde se venden al por menor aceite, vinagre, legumbres secas, bacalao, etc…);
  • Evaristo Urzainqui Salvoch (Lengorna) ejercía de fiscal municipal;
  • Martín Urzainqui Gárate (Ferniando) completaba el grupo de los propietarios principales;
  • Miguel Urzainqui Arguedas (Arguedas / Artutx) portaba la vara de alcalde en aquel año 1915;
  • Francisco Zubiri Izal (Ezcároz / tal vez La Herrera, o parte de casa Iriarte) ejercía de secretario del ayuntamiento y también del juzgado municipal;
  • Mamesa Zurita Carrión (Estepiñán [Huesca] / Secretario) era la maestra para ambos sexos de la escuela nacional;
Portada del Anuario de 1915 de La Rioja

Portada del Anuario de 1915 de La Rioja

De todo lo que acabamos de leer se pueden realizar varias apreciaciones: Salvo en el caso de los albañiles/canteros, parece todos los “profesionales liberales” venían de fuera: los carpinteros no eran naturales de Vidángoz, el herrero tampoco, ni el molinero, ni el secretario, ni la maestra… es algo que, hasta hace 100 años era relativamente habitual, y que en ese momento estaba empezando a cambiar (posteriormente hubo carpinteros, molineros, maestras, etc… de Vidángoz).

Por otro lado, resulta cuanto menos curiosa la mención que se hace a los propietarios principales, señalando, al parecer, a los que más tierras y ganado tenían. No obstante, las 4 de las 5 casas mencionadas (Navarro, Rakax, Santxena y Ferniando) ya eran 4 de las 5 casas más pudientes en Vidángoz 32 años antes, en 1883, y parece que mantenían poderío, que les venía principalmente de la posesión de grandes ganados. El caso de casa Diego no está claro que fuera así, ya que aunque en 1883 estaba bien colocada en la clasificación económica de casas de Vidángoz (8ª), era la primera de las casas que no tenían ganado en aquel momento. En 1915 parece que la casa no vivía del ganado (Severo Pérez Arriola, hijo del mencionado Eusebio que heredó la casa, ejerció principalmente de almadiero durante su vida), si bien en otros momentos de la historia también se había quitado el ganado en la casa y luego se había vuelto a poner.

En casa Santxena ya en aquel entonces se podía hacer la compra y dormir y, aunque no se menciona, seguramente también sería el estanco y funcionaría como taberna, siendo un centro social importante.

Por último, y como curiosidad, señalar que en la actualmente conocida como casa del Secretario no vivía el que ejercía ese cargo, sino la maestra con su familia. El secretario municipal residía, seguramente compartiendo casa, en casa Iriarte, casa Elizalde o casa de La Herrera.

Bueno, pues aquí queda esta curiosa radiografía del Vidángoz de hace un siglo.

Casa Kostiol

La casa que nos ocupa en esta ocasión es casa Kostiol, sita en el barrio de Iribarnea. Una casa reformada hace pocos años que no nos deja ver cómo era anteriormente, si bien esto tampoco podía  verse antes de la última reforma.

Poco podemos decir, pues, del pasado de esta casa por su actual aspecto exterior. Actualmente su puerta principal da a la calle Ecuador, pero la puerta antigua (que, como en la mayoría de las casas, daba acceso a la cuadra) estaba situada en el callejón que separa casa Kostiol de casa Txantxolit. La puerta, al igual que la mayoría de las puertas originales de las casas, no daba a la calle principal salvo en contados casos. Así, en la propia calle Ecuador prácticamente todas las casas cumplen este patrón: casa Pantxo, casa Ornat, casa Maizena, casa Secretario, casa Santxena… Solo faltan a la regla casa Arbizu y casa Ferniando, y en el caso de esta última puede ser que la casa tuviera su acceso original en el callejón que la separa de casa Ornat, y tal vez con la reforma de 1841 (que se indica en su fachada actual) cambiara y se reubicara la puerta principal de la misma.

Fachada actual de casa Kostiol

Fachada actual de casa Kostiol

Por otra parte, la parte Oeste de la casa, la que da al río, debió de ser en su día un añadido a la casa, que con el tiempo terminó formando parte de la misma. Esta parte de casa Kostiol que hace de embudo en la travesía de Vidángoz fue motivo de controversia cuando se construyó esa carretera, ya que algunos pedían que se eliminase esa parte de la casa en beneficio del bien común, tal y como se había realizado con un casal de casa Santxena o con la desaparecida casa Cosme (casa Pelairea antigua), pero en esta ocasión el dueño de la casa (y alcalde de la villa en aquel momento) y el pueblo no llegaron a un acuerdo en cuanto a la contraprestación por prescindir de ese trozo de casa y ésta se quedó como estaba.

Por lo que al nombre de la casa respecta, casa Kostiol, poco podemos decir al respecto. Por lo que comentaban en la propia casa, la casa debía de tener un nombre euskériko cuyo significado haría referencia a su situación próxima al río, pero no se pudo precisar si tenía algo que ver con Kostiol o era una palabra del todo diferente. Sea como fuere, lo cierto es que desconocemos el origen del nombre Kostiol y, al contrario que en algún otro caso, tampoco tenemos pistas acerca de su significado. Seguramente se deba al apodo que daban a alguno de la casa. Una posibilidad sería que Kostiol estuviera relacionado con el antiguo oficio de costiero, que no era otra cosa que un guarda de montes, si bien no tenemos ninguna base para afirmar que esto tenga sentido. Aparte de esta posibilidad, tal vez Kostiol tenga su origen en una palabra euskérika, pero buscando palabras con grafía similar no aparece ninguna que se empleara cerca de nuestras tierras ni cuyo significado tenga sentido relacionarlo con el nombre que nos ocupa.

En cuanto a la historia de casa Kostiol, fue una casa ganadera al menos desde la segunda mitad de siglo XIX, siendo la sexta casa en número de cabezas de ganado en el catastro de 1883, ranking que encabezaban en aquel momento casa Santxena, casa Rakax y casa Ferniando. Pese a ese poderío ganadero, paradójicamente, a mediados del siglo XX pusieron en marcha junto con los de Hualderna la primera serrería de Vidángoz (la primera si no tenemos en cuenta el aserradero con el que contaba el molino).

El Sagrado Corazón de Jesús, en la fachada de casa Kostiol

El Sagrado Corazón de Jesús, en la fachada de casa Kostiol

Ese potencial, tanto económico como social, que suponía el tener ganado tuvo su influencia en la política familiar de casa Kostiol durante varias generaciones en las que los naturales de la casa eran emparejados con los hijos de casas pudientes en su día: Larrambe, Txestas, Diego, Santxena… Tal vez este potencial también tuviera cierta influencia en el hecho de que casa Kostiol haya sido una de las pocas casas que ha tenido 2 alcaldes en Vidángoz a durante el siglo XX, Ángel Urzainqui Urzainqui y su hijo Robustiano Urzainqui Pérez, si bien en la época en que gobernó el primero el cargo de alcalde rotaba prácticamente cada año.

Es de reseñar también el hecho de que, al menos en las 5 generaciones anteriores a Mª Asun Urzainqui la transmisión se realizó a través de hijos varones de la casa, manteniéndose el apellido Urzainqui al menos desde 1798. Con anterioridad a esa fecha, todavía no lo he podido confirmar, pero en no mucho tiempo terminaré de completar la transmisión de la mayor parte de las casas de Vidángoz hasta el año 1726, con lo cual en muchos casos podremos remontarnos en la historia de cada familia hasta 10 generaciones.

El hecho de heredar la casa el hijo varón o el primogénito es una creencia que tenemos fuertemente arraigada, pero que, al menos en Vidángoz (aunque es de suponer que en el resto de pueblos de nuestro entorno sucediera de forma similar) está tan plagada de excepciones que hace dudar de que fuera una regla en sí. En muchos de los casos que hemos tratado hasta ahora en este apartado se ha podido constatar que tal o cual casa fue heredada en una o en varias generaciones por una hija, en muchos casos habiendo un hijo varón (a veces incluso mayor en edad a la hija) en disposición de heredar. Y también falla bastante la regla de que había de heredar el primogénito, y es que en muchas ocasiones un hijo o hija menor pero a ojos de sus padres más capacitado para hacer perdurar la casa (ése era el objetivo final: que la casa y su hacienda se mantuviera) era el elegido. Eso, o que al hermano mayor se le había conseguido un buen partido y pasaba a otra casa, que a los hijos había que irlos colocando en la medida de lo posible…

Para terminar, y a modo de curiosidad, señalar que casa Kostiol fue la primera casa de Vidángoz en disponer de televisión.

Casa Montxonena

Volvemos al barrio de Iriburua para adentrarnos en una calle que parece maldita, ya que, por diversos motivos, sus casas se fueron cerrando y fue la primera de Vidángoz en quedar vacía en torno al año 1950. Su propio nombre tampoco invita a pensar nada bueno (calle Salsipuedes), aunque realmente solo hace referencia a la propia disposición que tenía antiguamente la calle, a la que se entraba desde la calle Mayor pero que no tenía salida porque en el otro extremo estaba el río Biniés.

Pero centrémonos en la casa que nos ocupa en esta ocasión: casa Montxonena. La casa se “cerró” en 1950. Bueno, para ser exactos, dejó de usarse como vivienda, pero, tras pasar por varias manos, fue adquirida por su actual propietaria, la familia Lengorna, que en un tiempo la usó como establo de vacas y como almacén de materiales y, recientemente, rehabilitó.

Aspecto actual de casa Montxonena.

Aspecto actual de casa Montxonena.

¿Y por qué quedó vacía en 1950? Pues porque la familia que en ella vivía, el matrimonio formado por Valentín Mainz (Montxonena) y Margarita Sanz (Ornat), con sus tres hijos y el abuelo Ángel, decidió emigrar a Argentina, donde tenían parientes de la propia casa Montxonena.

Realmente, la historia reciente de casa Montxonena está fuertemente marcada por la emigración a Argentina. Hemos visto que el último de la casa en emigrar había sido Valentín Mainz Fuertes, pero prácticamente todos sus hermanos mayores (Valentín era el menor) le habían precedido en el camino a Argentina: Ángela hacia 1941, Basilisa hacia 1925, Donato hacia 1924 y Mauricio hacia 1920.

No podemos asegurar si en la generación anterior había emigrado alguno, pero dos tíos de Valentín Mainz Fuertes, Domingo Venancio y Modesto Fernando Mainz Aroza, bien pudieron haber emigrado, porque dejan de aparecer en las matrículas parroquiales el primero en 1894, cuando contaba 29 años de edad, y el segundo en 1903, con 27 años. No consta que ninguno de los dos se casara ni muriera en Vidángoz, y teniendo en cuenta la época en la que abandonaron el pueblo, su edad y que varios bidangoztarras ya habían probado fortuna en Argentina, bien podría ser que ellos también emigraran y fueran el germen para la salida de Vidángoz de la siguiente generación de “Montxonenas”.

Hasta aquí lo que respecta a la historia reciente de la casa. En cuanto a su nombre, ¿qué podemos decir? Montxonena en su día sería Montzonena y anteriormente, tal vez, Monxonena y Monzonena. En resumen, Monzón + -ena, esto es, “la [casa] de Monzón”. Pero las últimas generaciones de la casa han llevado por apellido Mainz y antes de eso, a saber, por lo que, ¿cuándo hubo algún Monzón en esta casa?

Como hemos dicho el último heredero directo de la casa llevaba los apellidos Mainz Fuertes, siendo de casa Montxonena su padre, Ángel Mainz Aroza. En la anterior generación cambia la cosa, puesto que la natural de la casa era la madre de Ángel, Juana Teresa Aroza Mendigacha. El padre de ésta era el nativo de la casa, Pedro Miguel Aroza Gárate, nacido en 1808. Llevamos 200 años atrás y, de momento, ni rastro del Monzón. Volvemos a coger aliento y seguimos.

La cabeza del rey moro, en la piedra principal del arco de casa Montxonena.

La cabeza del rey moro, en la piedra principal del arco de casa Montxonena.

Entramos ahora en un periodo en el que la casa se heredó 3 veces por una hija, luego cambió el apellido principal de la casa en esas 3 ocasiones. La madre de Pedro Miguel Aroza Gárate era Juana Pascuala Gárate Baynes, hija a su vez de Clara Lorenza Baynes Monzón y nieta de María Josefa Monzón Urzainqui. Ya ha aparecido el dichoso Monzón, pero, seguramente el nombre no se debería a María Josefa sino a su padre, Miguel Monzón, que no sabemos (porque de 1701 hacia atrás ya no tenemos registros) si era el primer Monzón de Vidángoz o era alguna generación anterior la que había llegado a nuestro pueblo.

Un apunte interesante sobre casa Montxonena: La piedra que remata el arco de la puerta (en la imagen que acompaña al artículo) tiene grabada la cabeza del rey moro, emblema del valle de Roncal, pero que en el caso de Vidángoz pasa por ser la única (además de casa Ferniando) en la que este símbolo aparece representado.

Un último apunte: uno de los últimos nativos de esta casa, Mauricio Mainz Sanz, es actualmente Vicecónsul Honorario de España en Argentina, y una gran imagen de su Vidángoz natal preside su despacho en San Nicolás de los Arroyos.

El Proyecto Amabitxi en Vidángoz

En lo que respecta a nuestro pueblo, a Vidángoz, he sido yo, Ángel Mari Pérez Artuch (de Peñeta, de Ornat o de Diego, cada cual tiene su forma de verme), el primero en entrar a formar parte de este proyecto, por un lado, por el interés que siempre he tenido por este tipo de temas y, por otro lado, por la relación que tengo con quienes en este valle nuestro realizan labores similares.

Abuelos de casa Diego

Abuelos de casa Diego

Hace cuatro años empecé haciendo una serie de entrevistas a la gente mayor de Vidángoz, con objeto de estudiar la oiconimia, esto es, los nombres de las casas, en el marco de una labor que se realizó por medio de voluntarios a nivel de los valles pirenaicos. Por desgracia, la crisis dejó en punto muerto la publicación de aquel estudio (algún día verá la luz). En aquella ocasión, además de lo relativo a los nombres de las casas, tuve ocasión de recoger toda una serie de testimonios sobre labores de antaño, fiestas que ya no se celebran, jotas, coplas, anécdotas y un sinfín de historias.

Pero si una cosa fue de destacar, fue la excelente acogida que tuve allá donde fui a preguntar, a entrevistar a alguien: sea porque todo el mundo me conocía, porque fuéramos parientes más o menos cercanos, porque el tema parecía interesante o simplemente por lo que apreciamos todo lo relativo a Vidángoz (no os penséis que en todos los pueblos es igual), en todas las casas fui bien recibido. De hecho, cuando la conversación derivaba por diversos derroteros, en muchas casas íbamos al sabaiao a ver algo relativo a lo que estábamos hablando (o se bajaban de él): hierros de marcar las ovejas, trucos, aperos de labranza, zorzes y útiles para hacer el queso, braseros, arcas, cubo de hacer la colada, tupines…

Es por ello que en esta ocasión espero tener la misma (o mejor) acogida. Como se ha indicado en las páginas anteriores, todo lo antiguo (porque, como dicen en mi casa, viejos son los trapos) interesa y es susceptible de ser catalogado. Esos sabaiaos todavía guardan muchos pequeños tesoros, tal vez de poco valor monetario, pero de gran valor patrimonial para nosotros, y que nos ayudan en gran medida a entender nuestra historia, la forma de vida de nuestros antepasados y cómo hemos llegado a ser lo que somos.

Del mismo modo, sería de gran ayuda que cada cual colaborara en la medida que pudiera. No es nada difícil, y con un poco de voluntad, entre todos podemos conseguir que este trabajo dé un resultado que, a priori, tal vez ni podemos imaginar.

Lavanderas en el río Biniés

Lavanderas en el río Biniés

Son varias las formas de contribuir con nuestra causa para la salvaguarda del patrimonio, por ejemplo:

• Facilitando el acceso a las casas para catalogar las piezas existentes más significativas;

• Catalogando las piezas propias de cada familia;

• Ayudando a catalogar piezas de terceros;

• Informando de piezas u objetos excepcionales;

• Cumplimentando encuestas etnográficas;

• Aportando fotografías y documentos antiguos para su digitalización, identificación y transcripción (como se ha señalado anteriormente, en ningún caso se sacarán de la casa);

• Anotando coplas, refranes, canciones, oraciones, cuentos, relación de inventarios (fuentes, bordas);

En definitiva, que cualquier ayuda, por pequeña que parezca, es valiosa para sacar adelante este Proyecto Amabitxi, así que espero vuestra colaboración. El que se anime, puede contactar conmigo en el teléfono 646683192 o en el correo electrónico bidankozarte@yahoo.es.

De cualquier manera, poco a poco iré yo mismo llamando a la puerta de las casas e iré catalogando el material antiguo que en cada casa pueda encontrarse.

Azaltegia

El topónimo que nos ocupa esta vez es bien conocido por encontrarse en él las bordas de unas cuantas casas de Vidángoz: Hualderna, Ornat, Kostiol, Landa, Diego, Aristu… Seguramente no será casual este hecho, ya que, como señalaba Crisanto Pasquel Ornat (Paskel) al ser preguntado por el término de Azaltegia (“Erronkari eta Antsoko Toponimiaz”, Juan Karlos López-Mugartza; Euskaltzaindia, 2006), este monte “hay unas cuantas bordas, antes se hacía bastante la vida ahí; era bueno para patata y cereal; era el mejor monte que había en Vidángoz”.

Azaltegia se encuentra en la margen derecha del Biniés (si seguimos el sentido del río), o al Oeste del mismo si lo vemos en el mapa. Para el que no conozca mucho el terreno y para hacerse una idea aproximada, es lo que queda comprendido entre la exclusa (la presa) de Zokoandia, la Pulpitera y Astipunta (que es la siguiente loma que hay si seguimos de la Pulpitera hacia el Norte), todo ese trozo de monte.

Según la definición de Crisanto Pasquel, “al Norte de Azaltegia quedan la Ordanola (Urdainola), por Sur con Lakuna, por Este con el río Biniés y por Oeste con Olaberria y Astipunta”.

Azaltegia en un mapa topográfico

Azaltegia en un mapa topográfico

De este topónimo podemos encontrar referencia bastante antiguas, la primera de las cuales se remonta a 1586 y que, casualidades de la vida, nos da noticias de otro Pasquiel, que seguramente no tenga relación con los actuales, pero quién sabe… El caso es que en 1586, Petri Pasquiel realizó una escritura para formalizar la venta de una finca al vicario de Vidángoz, Juanco Alcat (Juanco entonces era nombre), finca situada “en la pendiente llamada Ceteguiondoa termino del dicho lugar [Vidángoz]. Afronta de la una partte con linar de Domingo Arburu y de la otra con camino que ba Açalteguia y de la otra con linar de Jayme barrena y dela otra con el Rio…”. Como se puede ver en la definición, los nombres de los lugares, a veces, también cambian con el tiempo, a saber a qué le llamaban Cetegiondoa en 1586…

En cuanto al significado, cualquiera que sepa algo de Euskera podría pensar que la etimología de este término tiene que ver con “azal / azala”, que significa la piel, pero también la superficie, y “tegia”, que significa lugar, sitio, y que podríamos unir como “sitio que está pelado”, en el sentido de que se le la piel, la superficie… Pero parece que la cosa no va por ahí, y a continuación va otra explicación, que probablemente se acercará más a su posible significado original.

Y es que la descomposición del nombre para ver de dónde viene es prácticamente la misma, no así su significado. Y es que, en este caso, “azal” vendría a ser una evolución fonética de “azari”, “zorro” en Uskara roncalés). Otros nombres cercanos que siguen esa evolución fonética serían Erronkari >> Roncal, Igari >> Igal o Biotzari >> Bigüezal.

La segunda parte del nombre, “-tegia” tiene dos posibles explicaciones: (t)egia, de ”hegia”, que significa “ladera” o “pendiente” (como en Akerregia), siendo la “t” un elemento que se usa para facilitar la pronunciación, o bien “tegia”, que significa “lugar” o “sitio”. Esta partícula “egi” también tiene que ver con la partícula “eki” de Ekiederra o Ekiminea, que tal vez es más propia del Uskara roncalés y que, tal vez, tenga otros matices en lo relativo a su significado, pero lo explicaremos llegado su día.

Así, probablemente Azaltegia era “la ladera del zorro” o de los zorros. En el monte de Aezkoa podemos encontrar prácticamente el mismo topónimo, como señala Mikel Belasko en su libro “Diccionario etimológico de los nombres de los montes y ríos de Navarra” (Pamiela, 1996), donde se menciona Azalegia, cuyo significado sería el mismo que el de nuestro caso.

Y es que, al fin y al cabo, para dar nombre a los lugares, los primitivos bidangoztarras ¿qué iban a hacer? Pues identificarlos por sus características. Por ejemplo, los árboles que crecen en ese término: Ariztoia (el robledal), el Abetar; Por el tipo de piedra que hay: Txorrotxarria (piedra de afilar), Lejarra (grava); Algún elemento inconfundible que se encuentra en el entorno: San Juan (porque estaba en torno a la ermita), Elizarena (porque es el monte donde está la iglesia); Lo que se cultiva en ese sitio, Tipulerria (el cebollar), etc… etc…

Pero también los animales que abundaban en un lugar podían valer para identificarlo, como es el caso que nos ocupa. Azaltegia era “lo de los zorros”, pero en Vidángoz también tenemos Arzarena (lo del oso), Otsobieta (las loberas), o Eperralorra (el campo de las perdices), por poner unos ejemplos.

Y con esto termina por esta vez la sección de toponimia, que esta vez se ha alargado algo más de lo normal, pero con la que espero haber dado algunas pequeñas pautas acerca de la forma de nombrar los lugares, sus nombres originales y cómo evolucionan e incluso en muchas ocasiones, desaparecen.

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