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En Vidángoz, Graciana Belza (1560)

Aunque actualmente se nos conoce a los bidankoztarras como brujos, esta denominación tiene, como mucho, siglo y medio de antigüedad. Pero, al igual que en los pueblos vecinos, también en Vidángoz se dejó notar la caza de brujas, siendo el episodio más conocido el de 1560, que traté en profundidad en mi primera charla, allá por 2011, pero del que apenas he hablado en los boletines de Bidankozarte, por lo que ésta es una ocasión propicia para compensarlo.

En 1560 se inició un proceso judicial contra Graciana Belza y María Lópiz, acusadas de hurtos y, en el caso de Graciana, también de brujería. En este caso, como en 1525, quien se encargó de la causa fue el Consejo Real de Navarra, tribunal civil, pues no había en esta ocasión indicios de herejía o apostasía, y, curiosamente, quien se encargó del caso también fue Pedro de Balanza, pero el de esta ocasión era hijo de quien dirigió aquella primera causa.

Este proceso comenzó en el propio Vidángoz, desde donde la justicia local decidió remitir el caso a Pamplona para que fuera juzgado por el Consejo Real. Desde el inicio, la acusación recayó principalmente sobre Graciana Belza, mujer viuda y de edad avanzada (60 o 68 años, las referencias son confusas), a quien se imputaban diversos robos y el uso de hechizos, hierbas y venenos, además de amenazas verbales que, según algunos vecinos, confirmaban su condición de hechicera.

Grabado de unas hechiceras, acusación que recayó sobre Graciana Belza [Imagen: Ulrich Molitor, aprox. 1500]

María Lópiz, mucho más joven, separada e hija del alcalde de Vidángoz, confesó los hurtos, pero declaró que los había cometido obligada por Graciana, señalándola como instigadora. Graciana, por su parte, admitió algunos robos concretos, pero negó de forma reiterada cualquier práctica de brujería y sostuvo que muchas de las acusaciones respondían a enemistades previas. Las declaraciones de ambas marcaron el desarrollo del juicio y sirvieron de base para la actuación del fiscal.

Durante la instrucción comparecieron numerosos testigos, en su mayoría favorables a la acusación. Muchos de ellos eran familiares cercanos de María Lópiz, circunstancia que la defensa intentó utilizar para restar credibilidad a sus testimonios. Frente a esta abundancia de declaraciones acusatorias, la defensa presentó algunos testigos, aunque en menor cantidad, casi todos de edad avanzada, que coincidían en describir a Graciana como una mujer trabajadora, de buena fama y conducta cristiana, que había ejercido oficios públicos como tabernera y panadera, reservados a personas consideradas honradas.

Ante la falta de pruebas directas de brujería, el procurador de la defensa solicitó que Graciana fuera juzgada únicamente por los hurtos, intentando así reducir la condena. Sin embargo, los jueces aceptaron la petición del fiscal de someterla a tormento. Graciana fue torturada en el potro y, pese a la dureza del castigo, no se inculpó ni confesó en ningún momento.

Aun así, la sentencia fue contundente: ambas acusadas serían sacadas de las cárceles y paseadas públicamente ‘por las calles acostumbradas’ de Pamplona, a lomos de un caballo y acompañadas de un pregonero que recitaba las acusaciones que recaían sobre ellas, para recibir cien azotes cada una. Además, Graciana fue condenada a cinco años de destierro del Reino de Navarra y María Lópiz a un año de destierro del valle de Roncal. Además, los gastos del juicio se pagaron embargando y ejecutando los bienes de las acusadas. La defensa protestó por la dureza de la pena y por el hecho de que se dieran por probados delitos de brujería que nunca habían sido demostrados, pero sus alegaciones fueron desestimadas.

El proceso no terminó con esta sentencia inicial. Graciana, inválida por las torturas, pobre y cuya fama de hechicera se había extendido por el entorno, no podía sobrevivir en Ansó, donde intentó cumplir su exilio, y decidió volver a casa de un hijo suyo, casado en Uztárroz, donde volvieron a prenderla, lo que conllevó el duplicado de su pena, 200 azotes y 10 años de destierro, ante lo que Graciana prefirió cumplir la pena en las cárceles reales de Pamplona, donde parece que falleció cuando estaba cerca de completar su condena. El estudio del caso deja claro que Graciana Belza, lejos de ser una hechicera (que no era lo mismo que ser bruja), realmente fue víctima de rencillas vecinales que aprovecharon la brujería como pretexto para quitarla del medio una vez que su marido había fallecido.

Ai, ene onetsia!

El pasado mes de noviembre se presentó en Ardanaz de Izagaondoa el libro Ai, ene onetsia! El euskera en el entorno del prepirineo navarro (ss. XVI-XX), escrito por Gorka Lekaroz y publicado por la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa. Se trata de un volumen bilingüe que tenía por objetivo inicial indagar en la historia del euskera en el prepirineo, pero, para poder complementar algunos datos se han incluido también referencias a zonas colindantes, entre ellas nuestro valle, al cual se dedica un capítulo del libro.

El libro está dividido en dos partes. En la primera hace referencia a la Edad Moderna, siglos XVI-XVIII, en los que el euskera era la lengua mayoritaria y en ocasiones la única que se hablaba en los valles objeto del estudio. Al ser la lengua de la administración romance, los el euskera aparece como notas sueltas en diversos procesos judiciales o documentos notariales, en los que se hace mención a expresiones en euskera que se transcriben literalmente, y a las que se acompaña de su correspondiente traducción. En cantidad de juicios, como sucedía, por ejemplo, con el de la bidankoztar Graciana Belza por brujería (en 1560-1561), parecería leyendo la documentación del proceso que los acusados eran perfectamente castellanoparlantes, hasta que en una nota casi residual, al final del mismo proceso, se indica que ‘se les dio a entender la sentencia en lengua vascongada‘, porque no entendían otro idioma, obviamente. Finaliza esta primera parte con mención a diversos escritos en euskera, cartas, doctrinas cristianas y evangelios, escritas o traducidas a las diferentes variedades del euskera de los diversos valles, la mayoría de ellas correspondientes al siglo XIX, cuando la lengua vasca sufrió un brusco declive que hizo que el habla tradicional desapareciera en pueblos en los que apenas dos generaciones antes casi no se conocía otra. Entre los testimonios de este tramo final de la primera parte, varios roncaleses en general y bidankoztarras en particular: Julián Gayarre, Prudencio Hualde, Benita Hualde, Mariano Mendigacha o Miguel Ros.

La segunda parte del libro analiza en diferentes capítulos, cómo se produjo el mencionado retroceso del euskera valle por valle, y se intenta dar cuenta de las últimas personas de las que se tiene noción que hablaron la lengua vasca en cada comarca. Entre ellos, hay un capítulo dedicado al valle de Roncal, titulado ‘Juan Melchor Elizalde y Benito Recari: el uskara roncalés, río Eska abajo’. Se analiza la situación en los pueblos en los que menos se ha estudiado esta situación: Roncal, Garde, Vidángoz y Burgui. En el caso concreto de Vidángoz, lo recogido es un pequeño resumen de lo investigado y publicado por el propio Gorka Lekaroz en 2014 en la revista Uztaro, en un artículo titulado ‘Bidankozeko gerraosteko euskaldunak’ (los vascohablantes del Vidángoz de la posguerra), pero el capítulo hace un análisis de la situación en cada uno de los cuatro pueblos del valle en el que se puede ver similitudes en las épocas y en las formas y motivos por los que se produjo la detención de la transmisión de la lengua.

Un libro muy recomendable para quien tenga interés en la historia del euskera en nuestra tierra.

Charlas y libricos temáticos

En 2012, además de seguir con los boletines y de presentar la segunda recopilación de hemeroteca, fui un paso más allá, presentando en dos charlas un tema de investigación que había trabajado más en profundidad, la primera con motivo del Uskararen eguna que se celebró en Vidángoz aquel año y la otra en fiestas. Como no podía ser de otra manera en Vidángoz, el pueblo de los “brujos”, el tema de aquel año fue el proceso por brujería contra Graciana Belza (1560-1561), única causa en la que sabíamos que había sido encausada una persona de Vidángoz.

En 2013 dediqué la investigación y la charla de ese año a la epidemia de cólera que azotó Vidángoz en 1855, cuando en apenas 15 días fallecieron más de 60 de los 400 habitantes que tenía Vidángoz entonces. Además de informar sobre cómo era el pueblo a mediados del siglo XIX y cómo se desarrolló aquella epidemia, asocié a cada fallecid@ con la casa en la que vivía y las circunstancias en las que quedó su entorno. Aquel año fue el primero en que edité un librico relativo al tema investigado (1855: La cólera de Dios en Vidángoz).

En 2014 se trató de una charla-paseo (con dos pases, en carnavales y en fiestas) sobre sucesos turbios (muertes, robos, delincuencia…) sucedidos en nuestra villa. El cuadernico correspondiente se tituló Vidángoz negro: muerte y delincuencia en nuestras calles.

La charla de 2015 versó sobre varios pequeños mitos o leyendas sobre el pueblo, esos temas que damos por seguros o por ciertos de alguna manera, pero que, mirándolos un poco a fondo, tal vez no sean verdades tan inamovibles. El librico relativo a aquella charla se tituló Mitos sobre Vidángoz.

En 2016 dediqué la charla a exponer algunas de las notas que pude encontrar investigando en los libros sacramentales de la parroquia de Vidángoz y que nos acercaban a diversos capítulos de la historia de nuestro pueblo. El volumen editado en aquella ocasión llevó por nombre Historia e historias de Vidángoz según sus libros sacramentales (I). Como se puede ver, quedó abierta la puerta a haber segunda parte.

Charla sobre Mariano Mendigacha, en 2018

La charla de 2017 fue compartida con la presentación del libro Guía etnobotánica del valle de Roncal (Orduna & Pascual), y por ello estuvo dedicada a la Flora y paisaje de Vidángoz según su toponimia. En aquella ocasión no edité librico al respecto.

El año 2018 estuve metido de lleno con el centenario de la muerte de Mariano Mendigacha, y el tema de aquel año no podía ser otro que la vida y obra del euskaltzale bidankoztar. El día 1 de septiembre se realizó un homenaje a Mendigacha en el que di la charla, la Coral Julián Gayarre cantó varias canciones  recopiladas por Mariano y se descubrió una placa en su casa nativa. Las circunstancias personales no me permitieron editar entonces un librico, pero algún día llegará.

En la primavera de 2019, con motivo de una nueva edición del Uskararen Eguna en Vidángoz, hablé sobre documentos históricos en uskara roncalés en una charla que titulé Uskararen aztarna agiri historikoetan.

Y por último, antes de fiestas de aquel año, y por cumplirse ese otoño 75 años del paso de los maquis por Vidángoz, hablé sobre aquel tema, que al igual que el año anterior con la figura de Mendigacha, atrajo también a gente de los pueblos circundantes, no solo de Vidángoz. Tampoco pude elaborar librico en su momento y aunque desde entonces lo he retomado en dos ocasiones, todavía está a medias. A ver si a la tercera…

Y con el tema del coronavirus dichoso, no he realizado charlas ni en 2020 ni en 2021, pero bueno, esperemos que de 2022 no pase la siguiente.

En cuanto a los libricos que tengo pendientes de escribir, lo dicho, a ver si a medio plazo los consigo materializar.

El uskara y las brujas

Por muchos será conocido el hecho de que el documento escrito más antiguo que se conoce en el que haya redactado algo en uskara roncalés sea el reniego recogido en el proceso de brujería que tuvo lugar en Burgui en 1569.

Portada del libro «Las brujas de Burgui»

En la extensa documentación de la que consta dicho proceso judicial, y que el burguiar Félix Sanz Zabalza se encargó de analizar en su libro ‘Las brujas de Burgui’ (Evidencia Médica, 2013), pueden leerse cuatro pequeñas frases en uskara, todas ellas referentes a lo que decían las niñas que las brujas les obligaban a decir para renunciar de su fe cristiana y poder tomar parte, así, en la asamblea brujeril.

El primer reniego, recogido en el testimonio de Ana Portaz, de 9 años, dice así: ‘Arnega eçaçuey Janguoycoaz, eta andre donamariaz eta aren semeaz, eta sancta anna, eta aytaz eta azcaçi guçuez’, y según continúa el mismo documento, ‘que quieren decir en romance Renegad de dios y de santa maría y de su hijo y de santa anna y de vuestros padres y parientes’.

El segundo de los reniegos, éste obtenido de la boca de Catalina Bront, de 8 años, consta recogido como sigue: ‘Aurrac, arnega eçaçuey Jangueycoaz eta andredonamariaz eta sayntu eta saynta guçuez eta andredonamariac eta Santa Annac ez tuey aurric’, que en romance equivaldría a ‘Renegad de dios y de nuestra señora santamaria y de todos los santos y santas y nuestra señora ni santa ana no tienen hijos’.

«Reniego» hecho por Catalina Bront

El tercer reniego, pronunciado por María Garat, de 9 años, dice así: ‘Arnega eçaçuey Janguecuaz eta andredonamariaz eta saintu eta saintaez, ama eta aytaez eta ascaçi guçuez’, esto es, ‘Renegad de dios y de nuestra señora santa maria y de todos los santos y santas y de vuestros padres y parientes’.

El último de los reniegos, salido de los labios de María de Ezcániz, de 10 años,  es el siguiente: ‘Aurrac arnegaeçaçuey Jangueycoaz eta andredonamariaz eta saintu eta sainta guçuez eta aytaz eta amaz eta ascaçi guçuez’, traducido como ‘Renegad de dios y de santa maria y de todos los santos y santas y de los padres y parientes’.

De estos testimonios y del resto de los que hubo, todos o prácticamente todos en uskara aunque no tengamos el texto original de los mismos, podemos figurarnos, por un lado, la realidad lingüística del valle en aquel tiempo y, por otro, la importancia del intérprete en estos juicios de brujería, ya que podía inclinar, en cierto modo, la balanza de la justicia en función de sus traducciones.

De hecho, en el proceso por brujería que se siguió apenas nueve años antes, en 1560-1561, contra Graciana Belza, de Vidángoz, no aparece ningún testimonio en uskara en toda la documentación, nada que haga pensar que ni la acusada ni los testigos conocían el castellano… hasta que al final del proceso se señala que ‘se le dió a entender la sentencia en basquençe‘, con lo que queda claro que Graciana solo hablaba y entendía aquella lengua.

Sentencia final a Graciana Belza (1561)

Por algo se dirá aquello de ‘traduttore, traditore‘ (‘traductor, traidor‘).

Graziana Belza en un cómic

Mari Ttipia Zugarramurdiko akelarrean (Sua Edizioak, 2010)

Hace ya algún tiempo que tomé prestados en una biblioteca varios libros de una colección cuya protagonista es la joven Mari Ttipia, que en sus aventuras recorre diversos lugares de Euskal Herria. El primer libro que cogimos fue el que tiene lugar en el puente colgante de Holtzarte (Mari Ttipia Holtzarteko zubian), por aquello de que algún día habíamos de acercarnos desde Vidángoz a aquel curioso paraje al otro lado de los Pirineos.

Sea como fuere, a mis hijos les gustó el libro y en nuestra siguiente visita a la biblioteca eligieron el que transcurre en la cueva de Zugarramurdi (Mari Ttipia Zugarramurdiko akelarrean). Y en este libro es donde con sorpresa, encontré que, entre las brujas famosas que acudían al akelarre (Graziana Barrenetxea de Zugarramurdi, Endregoto de Viana…), aparece Graziana Beltza, nuestra Graziana, aquella que fue acusada de brujería en Vidángoz en 1560 y cuyo proceso analicé más a detalle y di a conocer en una charla en el año 2012.

La bruja Graziana Belza, según aparece en el libro.

Pues bien, ahora, por medio de este libro dirigido al público infantil, nuestra bruja (aquella de la que hay referencias históricas, se entiende) será un poco más conocida. Junto a estas líneas, la imagen que de Graziana Belza nos da la mencionada publicación, que, si bien es fantasiosa y no guarda relación con lo sucedido con nuestra bruja, sí que merece ser reseñado por el pequeño homenaje que hace a aquella sorgina o belagile bidankoztar que fue injustamente juzgada, torturada y condenada en su tiempo pese a no confesar ni demostrarse su culpa.

El libro, escrito por Mikel Tellagorri e ilustrado por J. Ignacio Treku, está publicado en euskara por Sua Edizioak. Aunque en su página web ya no está disponible, si os interesa podéis adquirirlo en la página web de Elkar.

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