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Landeta

El topónimo que nos ocupa en esta ocasión es otro de los de uso común, por aquello de que unas cuantas casas del pueblo disponen de alguna huerta en este término. Se trata del término de Landeta.

Hace referencia al terreno delimitado por el río Biniés por el este y la acequia molinar por el oeste, siendo un terreno dedicado prácticamente en su totalidad a huertas y muy cercano al pueblo.

En cuanto a su etimología, parece clara en este caso: “landa” (en Euskera, “campo, terreno que es bueno para cultivar”) + “eta” (sufijo locativo en algunos casos, abundancial en otros), con lo que Landeta vendría a significar “los campos” o “muchos campos”. El «Vocabulario Navarro» dice que “en el valle de Roncal se denomina Landa a los campos y prados cercanos al pueblo”. En otras zonas, se relaciona el topónimo landa con el castellano “vega”, haciendo referencia a tierras ricas y fértiles en los márgenes de un río.

Huertas en Landeta

Huertas en Landeta

En la documentación, en lo que he podido cotejar hasta el momento, la referencia más antigua a Landeta es de un documento notarial de 1713.

Curiosamente, por otras menciones encontradas en la documentación, algunas incluso más antiguas (1643), parece que a este terreno (el ubicado entre la acequia molinar y el río Biniés) se le habría denominado también Kartxerea o Kartxiria. El propio Mariano Mendigacha (Mendigatxa) en una de sus cartas hace mención a esta denominación, señalando que hace referencia a “huerta de regadío”, en contraposición al término baratzea, que sería usado para las “huertas de secano”.

Como puede verse, tanto la denominación Landeta como Kartxiria vienen a definir una realidad del terreno que ha llegado hasta nuestros días inalterada, cosa que no sucede con otros términos, cuyo nombre originario describe una realidad diferente a la actual, como veremos en posteriores ocasiones.

El molino, y su consiguiente acequia, son dos de los elementos más antiguos de Vidángoz, seguramente lo más antiguo que podemos encontrar en la documentación aparte de las menciones a las iglesias, con lo que cabe pensar que el uso de Landeta como huertas, ligado al trazado de la acequia molinar, tendría varios siglos de antigüedad.

Igariarena

Si en el número anterior tratábamos el topónimo Elizarena, esta vez cruzamos el río Biniés aunque no nos vamos muy lejos. En esta ocasión el topónimo elegido es Igariarena, que, al igual que en el caso de Elizarena, tiene una etimología bastante inequívoca.

Al igual que en el caso de Elizarena, la partícula final hace referencia al posesivo –(r)ena, quedándonos en este caso la partícula inicial Igari, nombre en Euskera del vecino pueblo de Igal. Con lo cual el nombre de este término viene a significar “el de Igal” o “lo de Igal”, que es el lugar hacia el que se va si partimos de Vidángoz cara a Igariarena.

Igariarena en un mapa topográfico antiguo (indica serrería en vez de quesería)

Igariarena en un mapa topográfico antiguo (indica serrería en vez de quesería)

Igariarena es, al igual que Elizarena, una enorme plancha de piedra formada en a saber qué plegamiento geológico y que, como comentábamos en el caso de Elizarena, algún día habría formado una única plancha de piedra que aunaría los actuales Elizarena, la Pitxorronga e Igariarena, separados posteriormente por la erosión del Biniés por un lado y del Barranco de Elizarena y la Txurrusta por otro.

Igariarena ha contemplado cómo por sus pies han pasado gran parte de las industrias de Vidángoz, habiendo albergado prácticamente una industria de cada tipo de las que ha habido en Vidángoz: una tejería, una serrería, una quesería y un corral, o, lo que es lo mismo, una industria de transformación, una del sector maderero, otra de alimentación y otra del sector ganadero.

Por último, también fue testigo obligado de las miserias que pasaron todos aquellos prisioneros que tallaron a pico y pala la “caja” de la carretera Vidángoz-Igal y que el pasado día 23 recibieron un año más un merecido homenaje.

Casa La Santa

El hecho de haber escogido casa La Santa y no casa Landarna como correspondería al orden lógico no es casual. Y responde a la siguiente razón: Vidángoz hasta mediados del siglo XIX estaba dividido en cuatro barrios, de manera que cada uno de ellos tenía entre 15 y 25 casas.

Así, casa Gaiarre, que veíamos en el número anterior, estaba enclavada en el barrio de Iriburua (“la cabeza/parte de arriba de la villa”), barrio delimitado por el río Biniés, la actual calle del Molino y el antiguo camino a Roncal.

Casa La Santa, por su parte, se situaría en el barrio de Iriartea (“en medio de la villa”), que estaría delimitado por las actuales calle del Molino, calle Mayor, calle Tejería y río Biniés. El Molino y la actual casa Zeriorena no eran viviendas.

De este modo, en lugar de ir viendo las casas una a una en el orden habitual, la idea es ir viendo una casa de cada barrio, alternando, como una forma de recuperar ese sentido original del barrio como agrupación de casas, que era el antecedente de lo que hoy denominamos calles, pero que, además, respondía a una forma de administración, teniendo cada barrio su boyero, guarda y más peculiaridades que todavía están por estudiarse.

Casa La Santa

Casa La Santa

Además de los dos barrios ya mencionados, faltarían de mencionar Iribarnea (literalmente “dentro de la villa” aunque en este caso viene a significar “la parte baja de la villa”) y Egullorre (cuyo nombre aún perdura para denominar al barrio situado hacia arriba de la calle mayor y cuyo significado es más dudoso que el del resto de barrios, traduciéndolo algunos como “choza” o “cortijo cubierto” y otros como “ladera de espino”).

Una vez hecha esta aproximación a los antiguos barrios de Vidángoz, pasamos a centrarnos en la casa que corresponde a este número, casa La Santa. Visto desde hoy en día, el nombre nos podría crear la duda de si era debido a un nombre en sí o a una mujer que era muy buena y, por ello, tal vez, apodada “la Santa” y de ahí el nombre.

En este caso no es muy difícil llegar al origen del nombre de la misma porque, como se encarga de recordarnos su propia fachada, la casa fue construida en 1907, hace poco más de un siglo.

Y, antes de esa fecha, ¿había otra casa? Por lo que nos indicaba Severino, oriundo de esta casa, lo que debía haber anteriormente era una herrería o una especie de corralico, una construcción de porte bajo en cualquier caso, pero posteriormente he encontrado datos que hacen pensar que realmente había una casa, si bien, tal vez su tamaño no sería el mismo que el de la casa actual. Lo cierto es que en la matrícula parroquial de 1861-1862 (la primera del libro de matrículas) consta que allí había una casa en la residían Vicenta Larequi Urzainqui (viuda de Fermín Vidart) y su hijo Severo Vidart Larequi. Vicenta vivió allí hasta 1875. Por algún motivo dejó la casa en ese año y pasó a la antigua casa La Santa (actual casa Elizalde), cuyo dueño, el ya fallecido Manuel Larequi Urzainqui, había sido el hermano de la citada Vicenta. Cabe pensar, a la luz de estos datos, que Mª Santos Larequi o su hija Severina Fuertes Larequi habrían heredado la casa o lo que quedaba de ella y la reconstruyeron, dando lugar a la casa que hoy conocemos, como se expone a continuación.

Detalle de la fachada de casa La Santa, que deja constancia de su año de construcción.

Detalle de la fachada de casa La Santa, que deja constancia de su año de construcción.

¿Y quién la construyó y de dónde provenía? Pues la respuesta es la pareja formada por Fidel Santiago Sanz Urzainqui (nacido en casa Calderero en 1859) y Severina Fuertes Larequi (nacida en la actual casa Elizalde en 1865, que, en aquel tiempo, desconocemos qué nombre tendría), que se casaron en 1890. ¿Y dónde vivieron hasta 1907, año en que se construyó la actual casa la Santa? Pues el matrimonio debía vivir en la actual casa Elizalde, que por entonces algunos ya llamarían casa La Santa, ya que su dueña era Santa (Mª Santos) Larequi Salvoch, y de ahí “casa de la Santa”.

Hacia 1897, el marido, Santiago Sanz, partió a Argentina a probar suerte en “las Américas” dejando en Vidángoz a su mujer Severina y a sus dos primeras hijas, Mª Santos y Avelina. Y parece que le fue bien y regresó hacia 1905 y al poco de llegar ya habría empezado la construcción de la actual casa La Santa.

Así pues, casa La Santa en Vidángoz vendría a ser el único ejemplo (que yo sepa) de las denominadas casas de indiano, de aquellos que iban a las “indias” (a América), hacían fortuna y, al volver, construían una casa nueva.

Por último, ¿por qué se llama casa de La Santa si no se llamaba así ninguno de los que la construyeron? Puede que el nombre se deba a la arriba mencionada Mª Santos Sanz Fuertes, aunque algunos señalaban que no podía ser, que de deberse a ella, anteriormente debería haber tenido algún otro nombre. La posible explicación reside en que cuando el matrimonio y sus hijos pasaron a vivir a la nueva casa La Santa, llevaron consigo a “la abuela”, esto es, a la madre de Severina Fuertes: Santa (o Mª Santos) Larequi Salvoch. El único pero que se le encuentra a esta explicación es que la citada Santa sólo vivió 5 años desde que pasaron a vivir a esta nueva casa.

Ziberria

El topónimo que hoy nos ocupa es uno que prácticamente cualquiera podría ubicar en el mapa, por pocos días que haya pasado en Vidángoz. Es Ziberria.

Ziberria durante una riada.

Ziberria durante una riada.

Ziberría hace referencia al paraje situado en torno al río Biniés cuando éste pasa por debajo de la ermita de San Sebastián o de la Asunción, y donde encontramos un puente, una presa, el comienzo de la acequia del molino y pozo para el baño en verano.

Sin embargo, es un topónimo que difícilmente encontraremos en un mapa, al igual que sucede con la Pitxorronga o Peñeta. ¿Por qué? Porque hacen referencia a lugares de tamaño reducido y los mapas suelen recoger nombres más generales que designan a lugares más amplios.

Bueno, pero, ¿qué quiere decir Ziberria, de dónde viene ese nombre? Pues siguiendo la huella de la documentación, encontramos que, antiguamente, el paraje se denominaba Zibiberria (se mencionan los linares de Zibiberria). Y entonces es fácil deducir su origen: “Zibi” (variante de “zubi”, puente) + “berria” (nuevo), en resumen “el puente nuevo”.

Seguramente en su día haría referencia a un puente de nueva construcción que estaría más o menos donde el puente actual. Pero además nos da a entender que, en el pueblo o donde fuera, habría otros puentes (que serían los “puentes viejos”).

Al no ser Vidángoz sitio de mucho tránsito, seguramente todos estos puentes serían de madera u otro material perecedero y, con el tiempo se irían deteriorando y siendo reemplazados.

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