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La quinta de 1915

La quinta de los nacidos hace ahora un siglo fue algo menos que su predecesora, que la de 1914. Tal vez esto se debiera al influjo indirecto del inicio de la I Guerra Mundial, que, aunque no tuvo efectos directos en nuestra tierra, de manera indirecta seguramente se notaría el hecho de que 15 kilómetros al norte se encontraran en la, hasta entonces, guerra más sangrienta jamás conocida.

De este modo, en 1915 nacieron en Vidángoz 10 niños/as, cuyos nombres pasamos a listar a continuación, asociándolos con su casa natal y, si es caso, la casa a la que pasaron posteriormente:

Ángel Sanz Urzainqui (Arguedas);

Felipe Artuch Jimeno (Largotena);

Ciriaco Landa Urzainqui (Arriola);

Nicolasa Landa Arguedas (Arotx);

Pascual Urzainqui Hualde (Lengorna);

Elena Pérez Goyeneche (Diego);

Miguel Pérez Goyeneche (Diego);

Esperanza Salvoch Artuch (Anarna);

Sabina Iriarte Sanz (Iriarte/Kurllo);

Dominica Mainz Mainz (Refelna / Dominica);

Una quinta en la que hubo un par de primogénitos (Ángel Sanz y Felipe Artuch), dos “últimas hermanas” (Nicolasa Landa y Esperanza Salvoch) y una pareja de mellizos (Elena y Miguel Pérez) en casa Diego, cosa que tampoco era tan habitual en aquellos tiempos. Tampoco era fácil que una pareja de mellizos saliera adelante y, en este caso, Miguel se quedó por el camino con 4 meses y, aunque Elena salió adelante, murió con apenas 6 años. Ciriaco Landa justamente pasó de los 2 años y también falleció de niño.

De estos quintos, tampoco tuvo demasiada suerte Pascual Urzainqui Hualde, que murió en combate en la guerra civil con tan solo 21 años.

Casa Txantxolit / Casero

Llegamos por tercera vez en este recorrido por los nombres de las casas de Vidángoz al barrio de Iribarnea. Y en este caso toca una casa curiosa por cuanto es conocida indistintamente por sus dos nombres, Txantxolit y Casero, y además da nombre al puente sobre el río Biniés que está al lado de la casa, el puente de Casero (pero al que, curiosamente, no se denomina ni puente Txantxolit ni puente Hualderna, aunque tendría el mismo derecho).

Al igual que en la casa que tratábamos en el número anterior, casa Monxon, tiene diversas idas y venidas en lo que a transmisión se refiere, siendo algo difícil seguir el rastro de la propiedad de la casa. Y es que no es una casa que se haya transmitido de padres a hijos en todas las últimas generaciones, sino que ha habido diversas alteraciones en ese sentido.

Foto antigua de la Calle Tejería, donde se encuentra casa Txantxolit.

Foto antigua de la Calle Tejería, donde se encuentra casa Txantxolit.

En ese sentido, el nombre de casa Casero ya nos da una idea de lo que en algún momento fue la casa, ya que, seguramente hará referencia a que en algún momento, en ella, vivía alguien “por casero”, esto es, alquilado (tal vez toda la casa, o tal vez parte de ella). Luego veremos a quién puede hacer referencia.

En cuanto al otro nombre de la casa, Txantxolit, se antoja prácticamente imposible averiguar a cuál de sus habitantes hacía referencia lo que parece ser un apodo. Alguna persona mayor de Vidángoz señalaba que podía tener relación con la palabra “chancho”, que significa cerdo, pero esta palabra y tiene origen argentino, con lo cual no parece que sea compatible con el nombre más o menos antiguo de una casa de Vidángoz.

Pero una vez consultado el «Diccionario Vasco-Español-Francés» (Azkue, 1905), se despejan las dudas acerca del significado de este nombre de casa. Para la elaboración de aquel diccionario Resurrección Mª Azkue colaboró activamente nuestro paisano Mariano Mendigacha [Mendigatxa] aportando las palabras correspondientes al dialecto roncalés tal y como se hablaba en Vidángoz, en nuestro pueblo se denomina «txantxulit» al «hombrecillo de cascos ligeros«. O sea que viene a ser lo que en Ochagavía (“Vocabulario Navarro”, J. M. Iribarren) o en Burgui llaman “txantxulín”, que se usa para designar despectivamente a “una persona simple, de poco fundamento”.

Sea como fuere, haré un repaso sobre el devenir de la casa que, como ya he señalado, ha cambiado mucho de manos. Empezando por los dueños actuales, los hermanos Sanz Iriarte, el que era natural de la casa era su padre Perfecto Sanz Fuertes, algo por todos conocido.

Perfecto era el primogénito del matrimonio formado por Guillermo Tomás Sanz Calvo (Kurllo) y Vicenta Fuertes Maisterra (vivió en varias casas), que se estableció en casa Txantxolit al casarse en 1909. Entonces, ¿no era ninguno de casa Txantxolit? Pues estrictamente, no. ¿Cómo llegaron entonces a la casa? Pues porque la madrastra de Guillermo (la esposa en terceras nupcias de su padre, de Antonio Sanz Gárate (Kurllo)), Petra Fuertes Hualde (Txantxolit), para quien el padre de Guillermo era su segundo marido, era natural y dueña de casa Txantxolit.

El caso es que Guillermo, su padre y sus hermanos, eran naturales de casa Kurllo, y allí vivieron con la excepción del año 1897, en que, recién casados Antonio Sanz Gárate y Petra Fuertes Hualde bajaron a casa Txantxolit a vivir, pero al año siguiente volvieron a casa Kurllo.

Aspecto actual de Casa Txantxolit / Casero

Aspecto actual de Casa Txantxolit / Casero

Y entre 1898 y 1909, ¿qué fue de la casa? Pues entre 1898 y 1902 la casa estuvo vacía, y entre 1903 y 1909 vivió en ella una pareja, tal vez “de caseros” (y aquí podría tener origen el nombre de casa Casero), formada por Román Hualde Salvoch (Pelaire) y Sotera Fuertes Maisterra (Fuertes), y que no tuvieron descendencia. Cabe señalar que la mujer de esta pareja tiene los mismos apellidos que la esposa de Guillermo Sanz Calvo, pero es su tía y no su hermana.

Volvemos ahora al hilo de Petra Fuertes Hualde. Petra fue la hermana que heredó la casa, y se casó en 1869 con Ángel Antonio Sanz Navarro (Mailusa), pareja que no tuvo descendencia y durante cuya estancia en la casa fueron pasando primero parientes de casa Mailusa y posteriormente de casa Fuertes a modo de herederos. De hecho llegó a vivir en la casa un matrimonio que tuvo hijos en ella conviviendo con Petra y su marido, pero que finalmente salieron de la casa. Así, volvieron a quedar Petra y su marido solos, hasta que éste murió en 1895 y Petra volvió a casarse en 1897.

En cuanto a Petra, era la pequeña de 4 hermanos, hijos de Pedro Francisco Fuertes Eseverri (Fuertes) y Sevastiana Hualde Barrena (Landarna). Ni Petra, ni ninguno de sus 3 hermanos, ni sus padres nacieron en casa Txantxolit. Otra vez nadie de la casa. ¿Y estos cómo llegaron? Pues los anteriores propietarios de la casa eran una pareja casada en 1853, formada por Francisco Mª Larrañeta Bertol y Dolorosa (o Dolores) Mainz Urzainqui (Txantxolit), que tuvieron la desgracia de fallecer ambos en la epidemia de cólera de 1855, sin dejar descendencia y no quedando nadie de la familia en casa, ya que los padres de ella ya habían muerto y el resto de hermanos ya estaban casados a otras casas o muertos.

Sebastiana Hualde Barrena era prima carnal del padre de Dolorosa Mainz Urzainqui, de Ángel Mainz Hualde y, seguramente, no habiendo otro pariente más cercano que reclamara la casa, pues allí habrían ido Sebastiana, su marido y sus hijos.

De ahí hacia atrás, parece que la transmisión de la casa fue más “normal”, de padres a hijos.

En cualquier caso, seguimos sin conocer a quién se refiere el apodo “Txantxolit”, pero, por lo menos, ya hemos conocido con cierta profundidad las no pocas manos por las que ha pasado casa Txantxolit o casa Casero.

75 años del final de la última guerra civil (1939)

Parte que indica el final de la última guerra civil (01/04/1939)

Parte que indica el final de la última guerra civil (01/04/1939)

Los periódicos del día 1 de abril de 1939, hace 75 años, traían en portada, de manera unánime, el último parte de guerra de Franco: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”.

Y es que, casi 3 años después del fallido golpe de estado (fallido porque no consiguió su objetivo, que era tomar el poder en el mismo julio de 1936) que desembocó en guerra, los franquistas habían conseguido vencer y hacerse con el poder.

Por lo que respecta a nuestro pueblo, la posición del mismo en la guerra dejó consecuencias diversas. En el plano humano, se registraron, que yo sepa, 12 “bajas”, 12 muertos, 10 por el bando franquista y 2 por el bando republicano, todas ellas menos una como consecuencia de heridas recibidas en diversos frentes.

Dentro de los muertos del bando franquista, además, encontramos que algunos de los fallecidos pertenecían a unidades del Ejército “Nacional” y otros a Tercios de Requetés.

Portada del libro "Caidos por dios y por España: Navarra", donde se recogen los nombres de los muertos en la guerra civil del bando franquista

Portada del libro "Caidos por dios y por España: Navarra", donde se recogen los nombres de los muertos en la guerra civil del bando franquista

La lista de muertos ordenada cronológicamente (a falta de dos fechas por determinar) sería la siguiente:

  • 30/04/1937 – Ignacio Sanz Fuertes (Txantxolit – Ejército);
  • 17/05/1937 – Daniel Juanco Pérez (Paxapan – Ejército);
  • 11/06/1937 – Antonio Larrea Miquéliz (Xapatero – Requeté);
  • 11/06/1937 – Juan Urzainqui Pérez (Kostiol – Requeté);
  • 11/06/1937 – Pascual Urzainqui Hualde (Lengorna – Requeté);
  • 18/12/1937 – Bernardino Ornat Landa (Bomba – Ejército);
  • 17/05/1938 – Veremundo Artuch Urzainqui (Maisterra – Ejército);
  • 10/06/1938 – Vicente Mainz Landa (Landa – Republicano);
  • 25/02/1939 – Manuel Artuch Jimeno (Largotena – Ejército);
  • 15/07/1939 – Casildo Sanz Salvoch (Kurllo – Ejército);
  • [Sin fecha] – Gregorio Sanz De Miguel (Arlla – Ejército);
  • [Sin fecha] – Enrique Mainz Landa (Landa – Republicano);
Banderín del Tercio de Montejurra, al que pertenecían los requetés bidangoztarras

Banderín del Tercio de Montejurra, al que pertenecían los requetés bidangoztarras

Los requetés bidangoztarras estaban integrados en el Tercio de Montejurra y los 3 fallecidos lo fueron en el mismo día, en el asalto a las fortificaciones del Gallo (frente de Bizkaia, ¿cerca de Durango?) y fueron condecorados con la Medalla Militar.

 

Los fallecidos del Ejército pertenecían a diversas unidades del mismo. Apenas tenemos detalles de sus muertes, salvo en el caso de Ignacio Sanz (Txantxolit), que murió en Durango. Cabe reseñar la fecha de la muerte de Casildo Sanz (Kurllo), 3 meses y medio después de terminada la guerra, por lo que es probable que se debiera a heridas sufridas en la misma.

Interior del Penal de San Cristóbal, donde estuvo preso Vicente Mainz Landa

Interior del Penal de San Cristóbal, donde estuvo preso Vicente Mainz Landa

En cuanto a los muertos por el bando republicano, dos y de la misma familia. El primero, Vicente Mainz (Landa), fue detenido en los días posteriores al golpe de estado y encarcelado en el Penal de San Cristóbal, de donde huyó en la fuga del 22 de mayo de 1938 (ver Bidankozarte nº 8). Tras permanecer fugado durante casi 20 días, fue abatido por la “Fuerza Pública” en el valle de Esteríbar. Su hermano Enrique, tras haber sido detenido y puesto en libertad, pasó primero a Francia y de ahí volvió para combatir en el bando republicano, donde debió de encontrar la muerte, aunque las fuentes no supieron precisar el lugar ni la fecha.

Exiliados de Vidángoz parece ser que no hubo.

Pero dejando de lado la huella dejada por la Guerra Civil en lo humano, en los años que siguieron a la guerra Vidángoz también tuvo que soportar toda una serie de cambios más o menos traumáticos: la obligación de disponer de salvoconducto para salir del pueblo (debido al riesgo de fuga por estar cerca de la muga francesa); la clausura del molino (para moler), con lo que había que trasladarse a moler a los pueblos en los que todavía se permitía; la llegada del ejército y de los prisioneros de guerra para la construcción de la carretera Igal-Vidángoz-Roncal, con el impacto que aquello tendría en la población; la incursión de los maquis que registró un enfrentamiento con más de 10 muertos en las inmediaciones del pueblo…

En fin, solo he citado algunas de las consecuencias más reseñables para el pueblo, pero está claro que la última guerra civil (no nos creamos que fue la única o la única reciente: ahí tenemos las guerras carlistas), como cualquier guerra en general, dejó un balance nada positivo a los bidangoztarras.

Casa Gaiarre

El nombre de las casas desde antiguo ha venido indicando algún identificativo del propietario (nombre, apellido, apodo, oficio…) o alguna referencia a su ubicación en el pueblo. Es por ello que el nombre ha podido ir cambiando con el tiempo, en la medida en que ha cambiado de propietarios.

En muchos casos, nos resulta relativamente fácil determinar de dónde viene el nombre de una casa, en otros casos será algo más difícil y en otros, sencillamente no se podrá y habrá que hacer conjeturas sobre el mismo. Empezamos hoy con casa Gaiarre, por ser tradicionalmente la primera del pueblo en los listados.

Casa Gaiarre

Casa Gaiarre

Si bien hoy en día ya no lo es, durante mucho tiempo y a la hora de enumerar las casas del pueblo (generalmente por motivos tributarios), casa Gaiarre solía ser la primera. Tal vez por ser la que estaba más al Norte o a saber por qué motivo. El caso es que, desde los primeros listados de propietarios se viene haciendo así, siguiendo un recorrido que, para que todos nos entendamos, era como el de la Llega.

Y aclarado el porqué de la elección de esta casa como primera, ¿de dónde viene el nombre Gaiarre (o Gayarre)? Pues, los mayores por descontado y entre los jóvenes algunos tal vez sí y otros tal vez no, recuerdan que el propietario anterior al actual (digamos que el último propietario que la recibió por línea hereditaria) fue Gerardo Gayarre Necochea.

Parece claro entonces que el nombre se lo debe a su apellido. El hecho de que, por un lado, el nombre de la casa coincida con el apellido del último propietario y de que, por otro lado, el nombre de la casa no tenga la terminación –ENA o –RNA, nos da una idea de que el nombre de la casa es relativamente reciente.

Por lo general, los nombres de casa que tienen un origen anterior a 1800 suelen tener terminaciones –ENA o –RNA, sufijo que en uskara denota posesión, en este caso, de la casa. Así, LANDARNA vendría a significar “la (casa) de Landa”, siendo también Landa apellido.

A lo largo del siglo XIX, sobre todo durante su segunda mitad, el uskara fue perdiendo fuerza en Vidángoz y ello conllevó un cambio en la forma de llamar a las casas, ya que el nombre en sí no era nada oficial sino la forma que los vecinos empleaban para designar cada casa. De hecho, y como iremos viendo, los nombres de muchas casas han ido cambiando con el tiempo.

Sabiendo pues, que el nombre es relativamente reciente, ¿quién fue el primer Gaiarre que hubo en esta casa y por el que tomó el nombre? Pues indagando un poco vemos que el primer Gayarre que hubo en esta casa llegó a ella hacia 1879, hace relativamente poco tiempo, y fue Patricio Gayarre Mainz, abuelo del antes mencionado Gerardo Gayarre Necochea.

En realidad, se trataba de un matrimonio, el formado por Patricio Gayarre Mainz (de casa Molena) y Francisca Guinda Gárate (de la actual casa Kurllo), que, probablemente, habrían ido a casa Gaiarre “de herederos”, práctica ésta bastante habitual hasta tiempos no tan lejanos. Durante los primeros años habrían quedado a cargo del último de los anteriores habitantes de la casa, Agustín Aroza Gárate (Montxonena), que contaba entonces 60 años y murió 7 años después, si bien la que era de la casa era la mujer del dicho Agustín, Marta Irigaray Sanz. De hecho, hasta 1895 la casa debió estar dividida en 2 partes, viviendo en cada una de ellas una hermana Irigaray Sanz  (Francisca Celedonia y Marta) con sus respectivas familias.

Llegados a este punto parece resuelto el por qué del nombre actual de la casa, pero ¿y cuál era su anterior nombre? La mayoría de los mayores con los que hablé no acertaban a decirme un nombre anterior de casa Gaiarre, pero finalmente, Severino Ornat Sanz (La Santa) me indicó que antiguamente se le llamaba casa Esparzena.

Así pues, con la pista dada por Severino, y mirando en los apeos de población de 1645, 1646 y 1677 el dueño de la primera casa de Vidángoz era Pedro Esparz. Parece que el nombre Esparzena ya se usaría, al menos, desde aquella época. En 1726 el propietario era Pedro Sanz y en 1810 Francisca Villanueva (viuda de Pedro Romualdo Sanz), con lo que el apellido no se mantenía pero el nombre de la casa sí. Heredó la casa su hija Joaquina Micaela Sanz y, de ésta, sus hijas Francisca Celedonia y María Marta, nombradas anteriormente.

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