Posts Tagged ‘Matatxerri’

Cullicadera

Si en el boletín anterior dábamos cuenta de una parte del cerdo que se entregaba como presente a allegados y amigos tras el matatxerri, en esta ocasión, trataremos otra palabra que también implica comer, pero no un alimento concreto.

Nos referimos a la cullicadera, un término que se usaba en Vidángoz para designar a la comida que se hacía para celebrar el final de la construcción o reforma de cierto calado de una casa.

Una rama en el tejado, símbolo del fin de la obra.

José María Iribarren dio noticia de esta costumbre de Vidángoz en su Vocabulario Navarro, dato aportado seguramente por Don Ciriaco Asín [Pelaire], donde define cullicadera como ‘fiesta o banquete con que se celebra la terminación de una obra o edificio’, y medio siglo antes, Azkue incluyó en su Diccionario vasco-español-francés la acepción kulikadera para definir la ‘merienda o cena que se da a los operarios al terminar el tejado de un edificio’ (palabra recogida en Uztárroz).

Por lo que yo tenía entendido, este vocablo hacía referencia a una comida que hacían conjuntamente los de la casa que se había hecho/reformado y quienes habían trabajado en la obra, pero según Pablo Orduna indica en su Estudio etnológico del hogar en el Valle de Roncal, además de los mencionados, también se sumarían a la celebración los familiares de quienes habitarían la casa y también el cura, que sería el encargado de bendecir la vivienda una vez terminada, colocando para ello una rama de un árbol en el tejado.

La cullicadera, en fin, una costumbre que se repetía en otros muchos lugares de nuestra geografía, pero con otros nombres como kulebrona (Salazar), astoena (Aezkoa), urriamau (Burguete), bizkar-festa (más general)…

Txirrikiparte

Hasta tiempos bastante recientes nuestro pueblo en particular y las zonas rurales en general tenían una manera de funcionar, de hacer las cosas, muy diferente de la actual.

En un modo de vida eminentemente agrícola y ganadero, con una economía de subsistencia, las redes sociales (y no me refiero a las de internet) y las relaciones personales eran esenciales para que las familias pudieran salir adelante, especialmente si venían mal dadas.

El dinero en metálico tampoco era empleado de manera habitual y en muchos ámbitos de la vida los pagos se realizaban en especie, por ejemplo, en robos de trigo.

El txirrikiparte bien podía ser una morcilla.

En este contexto, había labores que requerían la ayuda de vecinos, familiares o de alguien del pueblo especializado en cierta tarea que no estuviese considerada como una profesión en sí (por ejemplo, la partera que había ayudado en un nacimiento, el matarife que tomaba parte en el matatxerri…), y esta labor en muchas ocasiones no se pagaba como tal, pero sí que se agradecía la ayuda prestada de una manera peculiar.

Como ya adelantaba el título de este artículo, me referiero al txirrikiparte, que venía a ser la denominación que se daba en Vidángoz a alguno de los productos que se obtenían en el matatxerri y que se entregaban a familiares, amigos y demás en señal de agradecimiento, de amistad y de buena vecindad.

Y es que txirrikiparte, en origen, seguramente, txerrikiparte, quiere decir precisamente eso: alimento obtenido del cerdo (txerriki) que se comparte (en euskera partekatu).
Costumbres de otros tiempos que afianzaban relaciones sociales.

La marapena

La marapena es una de esas historias que nadie sabe de dónde ni cómo han surgido, pero que, al menos en un tiempo, todo el mundo conocía y, con la complicidad de unos y la inocencia de otros, se convertía en un “entretenimiento” ideal.

“Entretenimiento” porque su objetivo no era otro que el de mantener entretenidos a los críos de una casa en días en los que su presencia en casa a la hora de realizar una labor extraordinaria (por ejemplo un día de matatxerri) podía suponer más una molestia que una ayuda. Es por ello que se enviaba a los pequeños de la casa a buscar la marapena a otra casa que, casualmente, siempre estaba en la otra punta del pueblo.

¿Estará dentro de esta caja la marapena?

¿Estará dentro de esta caja la marapena?

Y así, un crío podía salir de casa Ornat a buscar la marapena a casa Gaiarre (en la otra punta del pueblo, para quien no lo conozca), donde, al escuchar la petición, se le diría que la semana anterior se la habían llevado a casa Maisterra (que está en la punta opuesta del pueblo, concretamente sobre la peña Lapitxorronga). Al llegar a dicha casa, la Fermina les diría que de casa Maisterra se la habían llevado a casa Diego (al lado de casa Gaiarre) y allí, probablemente le preguntarían al crío si había estado en casa Maisterra y al contestar que sí, pues dirían que seguramente la tendrían los de Larrambe (también en El Castillo, al lado de casa Maisterra).

Y con estas idas y venidas se iba pasando el día (y con lo que siendo críos se podían entretener yendo de una casa a otra) y, mientras los mayores se afanaban con la labor, los críos andaban de aquí para allá en busca de la dichosa marapena, sin saber ni siquiera qué estaban buscando ni para qué servía. ¡Bendita inocencia!

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