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Tres procesos simultáneos (1575-1576)

El año 1575 marcó el inicio de una nueva oleada de procesos de brujería en la Montaña navarra. En nuestro valle en particular, con las brasas del proceso de Burgui de 1569-1571 todavía sin apagar, a falta de una causa judicial, se abrieron tres de manera casi simultánea. Se trata de sumarios no demasiado conocidos y de los que tampoco podemos saber muchos detalles porque la mayor parte de la documentación no se conserva en el Archivo General de Navarra, aunque sí que podemos llegar a tener un conocimiento básico de los mismos a través de las sentencias.

Como decía, el proceso de Burgui que había concluido cuatro años antes todavía estaba caliente, y prueba de ello es el hecho de que en el propio Burgui el Consejo Real de Navarra volvió a abrir una causa por brujería en 1575 contra once mujeres y un hombre del pueblo, alguna de las cuales ya había estado implicada en el proceso anterior.

Antes de darle fuego a la hoguera, las acusadas eran muertas con el garrote [Imagen: Ejecución de Mariana de Carabajal (1601)]

En la escasa documentación hay informaciones contradictorias y, la condena más dura para las cuatro principales encausadas, que en un lugar del documento se establece en diez años de destierro deste rreyno [de Navarra], en otro sitio se indica que se les condena a ser puestas a questión de tormento (ser torturadas, vaya) para que delaten cómplices o personas que han ido con ellas a los ayuntamientos (los supuestos akelarres). Pero hay una sentencia más bestial, que se dicta contra tres de las acusadas y que, por su dureza, transcribo literalmente: ‘que sean sacadas de las cárceles donde están a cavallo en sendas vestias de vasto con son de trompeta y voz de pregonero que publiquen su delicto y sean llebadas por las calles acostumbradas desta ciudad y al campo de la Taconera della donde mandamos se pongan tres maderos y en cada uno dellos les sean dados sendos garrotes hasta que sean ahogadas y mueran naturalmente y después sus cuerpos sean quemados en vivas llamas hasta que se vuelban en çeniça y más condenamos a las dichas accussadas en confiscación de todos sus bienes con costas’. Escalofriante.

Parece ser que, finalmente, al menos cinco de ellas (y entre ellas, tres de las principales acusadas) esquivaron ese destino tras recurrir ante el Santo Oficio, esto es, la Inquisición, Tribunal por el que fueron absueltas.

Del segundo proceso que hablaremos, iniciado a principios de 1576, hay menos información aún, pero éste tiene la particularidad de que, entre las diecisiete personas acusadas (catorce mujeres y tres hombres), hay vecinas de cuatro villas distintas del valle, Burgui, Uztárroz, Vidángoz, y Roncal, si bien no sabemos exactamente de qué pueblo era cada acusada (aunque algunas también se mencionaban en el proceso de 1569, por lo que ésas podría confirmarse que eran de Burgui).

De lo poco que sabemos es que a prácticamente todas se les puso a cuestión de tormento (se les torturó) para probar las acusaciones y las penas debieron de variar en función de la gravedad de los delitos imputados a cada acusada: las dos primeras fueron condenadas a exilio perpetuo del reino, otras ocho, a diez años de exilio y otra acusada, a tres años de exilio, quedando las restantes seis acusadas absueltas. Si incumplían la pena, las dos primeras sufrirían ‘muerte natural’ y el resto verían duplicado su tiempo de destierro. Y por si todo lo anterior no fuera prácticamente la muerte en vida, las costas del juicio quedaban a expensas de las condenadas, con lo que perderían todos los bienes que pudieran tener.

Hay un tercer caso, que tuvo lugar a la vez que el segundo que hemos expuesto, en la primavera de 1576, y que quizás queda eclipsado por aquel, al juzgarse a solo una persona, Juana de Larrimpe, viuda, vecina de Roncal, también acusada de brujería, y cuya sentencia desconozco en qué sentido fue.

Nos podemos imaginar que, tras estos tres procesos, en todo el valle de Roncal el miedo flotaría en el ambiente.

Comienza la caza de brujas (1525)

Hace cinco siglos, en 1525, estaba nuestro valle sufriendo todavía la conquista castellana, un proceso en el que los roncaleses se habían hecho notar, pero habían quedado en el bando perdedor. De hecho, apenas un año antes, el 15 de diciembre de 1523, y con intención de ir ganándose a los navarros, el rey Carlos I de Castilla había decretado un perdón generalizado para todo aquel que se había visto condenado por acciones vinculadas a la guerra, pero excluyó de dicho perdón por rebeldes a unas 150 personas, 16 de ellos roncaleses.

Pues bien, las represalias no quedaron ahí, y apenas un año después, en enero de 1525, el Consejo Real de Navarra envió al licenciado Pedro de Balanza, ‘contra las brujas que había en los valles de Roncal y Salazar’. La documentación completa sobre el proceso no ha llegado a nuestros días, pero diferentes investigadores han dado cifras de detenidos que oscilan entre las 200 y las 700 personas, con lo que podemos hacernos una idea del pánico que debió de generar aquello en la población.

Así, nos tenemos que basar en testimonios indirectos, como un proceso de los herederos de Balanza, donde se mencionan diversos detalles de este proceso. En dicha documentación, se indica que algunos de los detenidos, la mayoría mujeres, fueron llevados a Pamplona y ejecutados allí mismo, y otros quedaron para que la ejecución se hiciera en los pueblos en que delinquieron. El Consejo ordenó a Balanza que volviera a ir a Roncal y Salazar y a donde fuera necesario y ejecutara a todo aquel declarado culpable por el Consejo.

Por si esto fuera poco, los costes originados por el proceso se pagaban haciendo embargo y ejecución de los bienes de los detenidos, con todo lo que esto conllevaba no solo para los procesados, sino también para sus familias.

Por último, nombrar algunas de las condenadas a padecer muerte corporal que sabemos seguro que eran roncalesas (de otras muchas no se indica lugar de residencia, solo su nombre): ‘Que María de Aguerre, viuda, Joannes Roncal, hijo de Petri Roncal, y Pascoala Saluoc, mujer de Petri Martín, los tres de Garde; María Périz, de Roncal; María de Vidaya, viuda, Graxi Equialt y Cathelina Jauregui, de Uztárroz, hayan de padecer muerte corporal. Y a Magi Saluoc, mujer de Miguel de Gayarra, de Garde, hay que volverla a examinar apartada del tormento [sin torturarla] y, si ella ratificase su dicho, muera como las otras’.

Terrible… pero solo era el principio.

Algo así debió de ser la quema de varios condenados en Burguete en junio de 1525 [Fuente: desconocida]
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