En el limbo

Tiene, o tenía, el cementerio de Vidángoz un espacio particular que se venía a denominar limbo. En dicho lugar recibían sepultura aquellos niños que nacían muertos o que fallecían poco después de nacer, sin dar tiempo a ser bautizados.

Afortunadamente, ese espacio cada vez tuvo un uso más reducido, porque fue menguando la cantidad de niños que nacían muertos o fallecían sin dar tiempo a recibir ese primer sacramento cristiano, pero, al parecer, ese espacio, o el que estaba inmediatamente al lado, pero al otro lado del muro que lo separaba del resto del cementerio (ver imagen bajo estas líneas), se empleó también para enterrar a aquellas personas de quienes se ignoraba si estaban bautizadas o, directamente, se les tenía por enemigos de la fe cristiana.

El limbo, en el extremo oriental del cementerio de Vidángoz, en la foto aérea de 1929 [Fuente: IDENA].

En dicho espacio es donde recibieron tierra los al menos tres prisioneros de los batallones de trabajadores que murieron en Vidángoz entre 1939 y 1941 (José Martí Ramón, Manuel González y Benjamín Llacera Monclús) y, al menos, seis maquis que fallecieron en el enfrentamiento que tuvieron con el ejército en Egullorre el 25 de octubre de 1944.

Justo antes de la pandemia, el Gobierno de Navarra, por medio de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, hizo un intento de exhumar dichos restos en el contexto de la Ley de Memoria Histórica, pero dificultades técnicas (están bajo los escombros de la anterior casa para autopsias y la suela de hormigón y caseta actual), hicieron inviable dicha actuación. Desafortunadamente para ellos y sus familias, sus huesos seguirán descansando en nuestro cementerio.

BidankozARTE: dibujo de la iglesia

La pieza que traigo en esta ocasión es uno de los dibujos que realizó un hermano del que fuera párroco de Vidángoz Don Marcelino Murillo.

En esta ilustración, realizada en 1978, se muestra la iglesia, sí, pero también sale en primer plano el muro del cementerio al que se dedica este número.

Dibujo de la iglesia de Vidángoz (1978)
[Fuente: Fondo documental Bidankozarte]

La Cofradía de las Ánimas

En nuestro pueblo ha habido diversos colectivos creados cada uno de ellos con una finalidad diferente. Son muchos más de los que os podéis pensar, y trataré de irlos dando a conocer cuando la ocasión se presente, pero, como seguramente os estaréis imaginando, la mayoría estaban relacionados con la práctica religiosa.

Algunas de esas agrupaciones eran cofradías, y en Vidángoz he encontrado referencias a cofradías del Vía Crucis (tal vez relacionada con la posterior Hermandad de la Vera Cruz), del Santísimo Sacramento, de Minerva y del Santísimo Rosario, pero tratando este boletín sobre el cementerio, está claro que había que mencionar la Cofradía de las Ánimas o, siendo rigurosos, Cofradía de la Hermandad de las Ánimas, que, hasta donde yo sé, es la única de estas cofradías que sigue en funcionamiento.

Mención a la Cofradía de Ánimas, en uno de los libros de cuentas de la hermandad [Fuente: Archivo Parroquial de Vidángoz]

Aunque esta cofradía tiene una larga historia (he encontrado referencias a la misma desde 1703, pero seguramente será bastante anterior) y todavía no la he analizado en profundidad, quien más quien menos la conoce en la actualidad y sabe de su cometido en relación a los enterramientos de sus cofrades.

Los hermanos o cofrades se distribuían en grupos de varias familias, de modo que, cuando fallecía un miembro de alguna de ellas, el resto de familias de su grupo se encargaban de cavar el agujero, depositar el ataúd en el mismo y, finalmente, de cubrirlo de tierra.

La cofradía es, en resumen, la forma en la que la comunidad trataba de dar respuesta a una necesidad, a un trance por el que, tarde o temprano, todos tendremos que pasar.

Nuestras estelas

Durante la segunda mitad de la pasada primavera el grupo donostiarra Hilharriak se puso en contacto conmigo por el proyecto en el que están trabajando. Este colectivo se dedica desde hace muchos años a la búsqueda y catalogación de patrimonio, especialmente monumentos megalíticos, de los que tienen un extenso catálogo, pero también estelas funerarias, que es a lo que me refería como proyecto actual, y en lo que el cementerio de Vidángoz tiene algo que ofrecer.

Las estelas que se conservan en el cementerio de Vidángoz me han atraído desde antiguo, pero, por una razón o por otra, no he terminado de centrarme en ellas para hacer un estudio de mayor calado. De hecho, fotografié todas las estelas hace veinte años, allá por 2004, con la primera cámara digital que tuve, y eso permite tener una referencia de las estelas que había en aquel momento exacto y, si los hubiera, de los cambios producidos desde aquella fecha hasta el presente.

El cementerio de Vidángoz, todavía con varias estelas en uso.

Había consultado en diversas ocasiones el artículo Piedras familiares y piedras de tumbas de Navarra en el que López Selles y compañía daban cuenta, entre otras piedras, de las estelas que había en Vidángoz en algún momento entre 1965 y 1983, estando recogidas en aquel artículo veinte de ellas. Cuando yo empecé a tener cierto interés por este elemento de nuestro patrimonio también había veinte estelas, por lo que deduje que debían de ser las mismas, pero, lo dicho, no terminé de estudiar este tema a fondo…

El caso es que, en la comunicación que fui teniendo con el grupo Hilharriak pude comprobar que algunas de las estelas realmente habían cambiado. En algún caso podría haber pensado que el dibujo que apenas se percibía hace cincuenta o sesenta años se había terminado de borrar, pero es que en otras ocasiones la estela en cuestión tiene una forma característica que permite determinar que en uno de los recuentos estaba y en el otro, no.

Al final, resultó que, entre lo catalogado inicialmente (que constaba en el catálogo de patrimonio del Gobierno de Navarra) y lo que se catalogó en esta ocasión, salían un total de 29 estelas, pero una de ellas estaba repetida, por lo que finalmente quedaron 28 estelas entre las que hay y las que en algún momento se ha documentado que estuvieron.

Nuestras estelas, que todavía mantienen su función y su ubicación original, pero que, seguramente, no valoramos como se merecen…

Un cementerio especial

Al hilo de la colaboración que realicé a final de primavera con el grupo Hilharriak, me di cuenta de que apenas había tratado nuestro camposanto en este boletín.

Y es que, como me decía un miembro de dicho colectivo, el cementerio de Vidángoz es una maravilla: sigue al lado de la iglesia, está muy cuidado, tiene todavía un montón de estelas, que además están en uso en su función original de identificar la sepultura de tal o cual familia… y, pensándolo así, tiene mucha razón, pero como a nosotros se nos hace corriente, habitual, quizás no le damos el valor que tiene.

Es por ello que este boletín será prácticamente un monográfico sobre el cementerio, sobre sus estelas, su historia, sus propuestas de traslado…

Un tema diferente, pero con multitud de enfoques, así que espero que alguno de ellos, al menos, os guste.

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