En nuestro pueblo ha habido diversos colectivos creados cada uno de ellos con una finalidad diferente. Son muchos más de los que os podéis pensar, y trataré de irlos dando a conocer cuando la ocasión se presente, pero, como seguramente os estaréis imaginando, la mayoría estaban relacionados con la práctica religiosa.
Algunas de esas agrupaciones eran cofradías, y en Vidángoz he encontrado referencias a cofradías del Vía Crucis (tal vez relacionada con la posterior Hermandad de la Vera Cruz), del Santísimo Sacramento, de Minerva y del Santísimo Rosario, pero tratando este boletín sobre el cementerio, está claro que había que mencionar la Cofradía de las Ánimas o, siendo rigurosos, Cofradía de la Hermandad de las Ánimas, que, hasta donde yo sé, es la única de estas cofradías que sigue en funcionamiento.

Mención a la Cofradía de Ánimas, en uno de los libros de cuentas de la hermandad [Fuente: Archivo Parroquial de Vidángoz]
Los hermanos o cofrades se distribuían en grupos de varias familias, de modo que, cuando fallecía un miembro de alguna de ellas, el resto de familias de su grupo se encargaban de cavar el agujero, depositar el ataúd en el mismo y, finalmente, de cubrirlo de tierra.
La cofradía es, en resumen, la forma en la que la comunidad trataba de dar respuesta a una necesidad, a un trance por el que, tarde o temprano, todos tendremos que pasar.

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