Archive for the ‘Historia’ Category

¡Traen prisioneros! (1939)

Hace 75 años, hacía casi cinco meses que la última guerra civil había terminado. Bueno, para ser más precisos, y siguiendo al pie de la letra lo que señalaba el último parte de guerra, “han alcanzado las Tropas Nacionales sus últimos objetivos militares”. Pues eso, los objetivos militares, pero aún quedaban otros objetivos por conseguir.

Mapa de la carretera Igal-Vidángoz-Roncal que hicieron los prisioneros (Fuente: "Esclavos del franquismo en el Pirineo" (Txalaparta, 2006))

Mapa de la carretera Igal-Vidángoz-Roncal que hicieron los prisioneros (Fuente: "Esclavos del franquismo en el Pirineo" (Txalaparta, 2006))

Terminada la guerra el régimen decidió que los perdedores de la guerra, y por tanto “desafectos al régimen”, habían de ser los responsables de la “reconstrucción del país que ellos mismos habían destruido con la dinamita”, tal y como rezaba la propaganda franquista.

Así, aquel verano de 1939 llegaron a Roncal los primeros camiones cargados de prisioneros que integrados en los Batallones de Trabajadores, en otoño parte de aquel contingente llegó a Vidángoz y poco después, parte del mismo pasó a Igal. Todos ellos con la misión de “abrir la caja”, esto es, de excavar a pico y pala, el trazado de la carretera que había de unir los tres pueblos mencionados.

 

Monolito en homenaje a los esclavos del franquismo colocado en el Alto de Igal, entre Igal y Vidángoz (esculpido por Xabier De Zerio)Monolito en homenaje a los esclavos del franquismo colocado en el Alto de Igal, entre Igal y Vidángoz (esculpido por Xabier De Zerio)

Monolito en homenaje a los esclavos del franquismo colocado en el Alto de Igal, entre Igal y Vidángoz (esculpido por Xabier De Zerio)

El proyecto era algo largamente anhelado por los bidangoztarras, que ya lo habían solicitado anteriormente sin éxito y que, en su momento, había resultado menos prioritaria que la que llevaba a Burgui, realizada en la década de 1910. No obstante, ya en aquel momento hubo división de opiniones sobre qué carretera hacer primero, y tomada la decisión, sus detractores inventaron la siguiente copla: “Carretera de Vidángoz, carretera mal pensada: los de Txestas a Baraku y los de Burgui a Sagarraga”.

 

En cualquier caso, y viendo cercano el final de la guerra, a finales de marzo de 1939 el entonces alcalde de Vidángoz, Pedro Salvoch Salvoch (Salbotx /Calderero), aprovechó para insistir al gobierno con el proyecto. Dado que este tipo de infraestructuras en zonas cercanas a la frontera habían de ser aprobadas por el Ministerio de Guerra, recalcó en su misiva la importancia que el proyecto tendría en el aspecto defensivo, al permitir unir tres valles (los de los ríos Salazar, Binies y Esca) en una línea paralela a la frontera francesa y distante apenas 20 kilómetros de ésta.

Seguramente la decisión de construir la carretera ya estaría tomada, pero, por si acaso, el alcalde hizo su petición. Y sea como fuere, aquel otoño de 1939 llegaron una pila de “trabajadores”, un montón de prisioneros que serían usados como esclavos. Ellos y un montón de militarles que habrían de vigilarlos.

Portada del libro "Esclavos del franquismo en el Pirineo" (Txalaparta, 2006), imprescindible para conocer este episodio de nuestra historia.

Portada del libro "Esclavos del franquismo en el Pirineo" (Txalaparta, 2006), imprescindible para conocer este episodio de nuestra historia.

Pero lo que ni el alcalde ni ningún bidangoztarra había calculado era la magnitud del impacto que aquella obra iba a tener en la vida del pueblo, que vio duplicada su población (de 300 a 600 o 700 habitantes según las fuentes) en aquellos años de posguerra. Al contrario que en Roncal o en Igal, donde los prisioneros se alojaban en barracones fuera del pueblo, en Vidángoz los prisioneros convivían con los habitantes, ocupando tres casas contiguas que se encontraban deshabitadas en el momento de su llegada: casa Aizagar, casa Laskorna y casa Bortiri. Curiosamente, y como si se tratara de bajar más la moral al prisionero, las tres casas se encuentran en la calle Salsipuedes, como si se les estuviera retando. Los mandos, por su parte, ocuparon otras casas que también se encontraban libres en aquel momento, entre las que podemos citar casa Iriarte o casa Matxin, si bien seguro que hubo más.

En los primeros meses la disciplina con los prisioneros era férrea, con duros escarmientos e incluso la muerte para los que intentaban escapar (hubo al menos 3 muertos por este motivo en Vidángoz), y hubo escaso contacto con la población. El hacinamiento de los prisioneros en las tres casas de la calle Salsipuedes, las extenuantes jornadas de trabajo bajo las duras condiciones climáticas de nuestro entorno, agravadas por la pésima alimentación recibida, consecuencia en gran parte de la corrupción existente entre los militares, hacían de aquello un auténtico campo de concentración.

La pareja formada por el prisionero José Antonio Martínez Beitia y la bidangoztar Natividad Ezquer Pérez (ambos en la parte superior izquierda de la imagen) es una de las huellas de aquella época  (Fuente: "Esclavos del franquismo en el Pirineo" (Txalaparta, 2006))

La pareja formada por el prisionero José Antonio Martínez Beitia y la bidangoztar Natividad Ezquer Pérez (ambos en la parte superior izquierda de la imagen) es una de las huellas de aquella época (Fuente: "Esclavos del franquismo en el Pirineo" (Txalaparta, 2006))

En 1940 cambió el Batallón de Trabajadores, la disciplina se fue relajando ligeramente y el contacto con los bidangoztarras aumentó, despertando así también la solidaridad de algunos de ellos.

En el verano de 1941 los Batallones Disciplinarios de Trabajadores dejaron Vidángoz y la “caja” de la carretera ya abierta, carretera que habría de completarse en los años siguientes con el trabajo de jóvenes que realizaban el servicio militar de esta manera.

Del paso de estos prisioneros y de los militares por Vidángoz, de aquellos casi dos años, quedaron huellas: por un lado, la boda entre el prisionero José Antonio Martínez Beitia (Bilbao, Bizkaia) y la bidangoztar Natividad Ezquer Pérez (Landarna) (imagen junto a estas líneas); por otro lado, la boda entre el soldado Francisco González Zapico (Ciaño, Asturias) con la bidangoztar Patrocinio Sanz Hualde (José María).

En recuerdo de aquellos prisioneros, la asociación Memoriaren Bideak realiza desde 2004 un homenaje anual en el mes de junio en el alto de Igal (junto al monolito que aparece en la foto, obra del bidangoztar Xabier De Zerio).

Para conocer a fondo este tema, imprescindible el libro “Esclavos del franquismo en el Pirineo: La carretera Igal-Vidángoz-Roncal”, de Fernando Mendiola y Edurne Beaumont (Txalaparta, 2006) y los documentales “Desafectos: Esclavos de Franco en el Pirineo”, de la asociación Memoriaren Bideak (Eguzki bideoak, 2007), y Al enemigo, ni agua” (EITB, 2011).

Las cartas de Mariano Mendigacha (XI) – Arturo Campión

Esta vez trataremos un detalle señalado por Mariano Mendigacha en su carta de marzo de 1904 relativo a la política.

Mariano menciona las entonces recientes elecciones a diputado foral (enero de 1904). Se lamenta de que, pese a sus esfuerzos, no hubiera salido elegido Don Arturo Campión, como puede entreverse que también sería del gusto de su interlocutor Resurrección Mª Azkue. Incluso señala que el propio Arturo Campión le había escrito, pero que no le había contestado porque le suponía disgustado por no alcanzar su objetivo. Y es que, probablemente la relación entre Mendigacha y Campión venía de antes, ya que en 1878 Mariano tradujo al uskara de Vidángoz la balada “Orreaga” escrita por el primero en dialecto guipuzcoano.

En aquellas elecciones había tres candidatos encuadrados, más o menos, en tres corrientes políticas: Arturo Campión (Integrista), Juan Vázquez de Mella (Carlista) y Pedro García Garamendi (Conservador).

Arturo Campión.

Arturo Campión.

Arturo Campión realmente no estaba afiliado a ningún partido político y, aunque era encasillado como Integrista, que era una de las escisiones del Carlismo, defendía un ideario foral (fue una figura clave en la protesta contra el ministro de hacienda español Gamazo, que en 1893 intentó suprimir los fueros navarros, provocando un levantamiento en Navarra), católico y cercano al nacionalismo vasco, siendo su lema (que presidía todas sus obras literarias) “Euskalerriaren alde”, esto es, “a favor de Euskal Herria”.

Juan Vázquez de Mella era el candidato del Carlismo, una ideología que había resultado que había perdido muchos apoyos tras la última guerra carlista (1872-1876), pero que para 1904 ya había recuperado mucho terreno. El ideario del Carlismo, se podía resumir de la siguiente manera: “Dios, patria, fueros y rey”.

Pedro García Garramendi era el candidato Conservador, que en aquellas fechas podía prácticamente vincularse con el Liberalismo aunque incluía también la defensa del catolicismo. Entre los conservadores navarros abundaban los miembros de la aristocracia, los profesionales liberales y los comerciantes.

El resultado de la elección, al contrario de lo que pasaría en las decadas siguientes, el voto en Vidángoz estaba repartido. Y podría pensarse que era cosa habitual, pero mirando al resto de pueblos del valle, bien podría creerse que Mariano sí que hizo lo posible para que Arturo Campión saliera elegido. De hecho, en Vidángoz Campión consiguió 27 votos (42,86%), Garamendi 19 (30,16%) y Vázquez de Mella 17 (26,98%). En Uztárroz, Isaba, Urzainqui y Roncal arrasó Garamendi. En Burgui Vázquez de Mella y Garamendi anduvieron parejos pero ganó el primero. Y en Garde, parecido que en Vidángoz: ganó Campión con el voto repartido.

Mariano lo intentó con el candidato vasquista, por afinidad, pero no pudo ser, ya que Vázquez de Mella, el candidato carlista, ganó en Navarra fácilmente. Quizás por eso lleva su nombre un colegio de Pamplona y no un euskaltegi, como sucede con Arturo Campión. Pero, al menos, en aquel Vidángoz de 1904, Campión sí que resultó vencedor.

El aprovisionamiento de los castillos roncaleses en 1364

Visto desde el presente se nos suele antojar un orgullo el hecho de haber tenido en el pasado relativamente reciente castillos en nuestros alrededores. Sabemos que hace seis siglos y medio todavía había en nuestro valle tres castillos que defendían la frontera del Reino de Navarra: el de Pintano (en el actual término de Burgui), el de Burgui y el de Isaba.

Pero más allá de lo “atractiva” que nos pueda resultar la idea, y mirando por los bidangoztarras de entonces, el hecho de tener tantos castillos cerca tenía otras implicaciones no tan positivas.

Los castillos, infrastructuras que antaño había que mantener y proveer.

Los castillos, infrastructuras que antaño había que mantener y proveer.

Por un lado, la inseguridad que implicaba su situación en la muga del Reino (tanto con los Condados de Sola (Soule) y Bearn como con Aragón) tanto en el aspecto defensivo como en el sanitario (tan solo 15 años antes de esta fecha, entre 1348 y 1350, se produjo el primer gran brote de peste negra en Navarra, que redujo a menos de la mitad la población en nuestros pueblos (muchos de ellos desaparecieron) y que, además, venía precedido de algunos años de escasez de alimentos).

Por otro lado, el hecho de que los castillos tenían una guarnición (una dotación de soldados) permanente, que había que sustentar. Y este sustento, este mantenimiento de las tropas y los castillos, eran una más de las cargas que tenían que soportar los roncaleses de antaño, sin olvidar el resto de tributos que realizaban a la hacienda del Reino y a la Colegiata de Roncesvalles.

El caso es que en aquel verano de 1364, Carlos II, rey de Navarra, ordena a García Miguel de Elcarte, tesorero del reino, y éste, a su vez, a Pedro de Cassaver, recibidor de la Merindad de Sangüesa, que devuelva a los concejos de Burgui, Roncal, Vidángoz y Garde los cahices de trigo que habían adelantado para la provisión de los castillos de Burgui y Pintano.

Esto es, esos cuatro pueblos del valle habían cubierto (probablemente realizando un esfuerzo y no sabemos con qué margen de voluntariedad) unas necesidades del Reino que en aquel momento aquel no podía y, posteriormente, se les reponía lo aportado. Como era normal en aquel tiempo, la moneda de cambio no era dinero físico, sino el trigo, y con él se realizaban tanto préstamos como tributos.

Grabado sobre la batalla de Cocherel (1364), en la que los reinos de Navarra e Inglaterra se enfrentaron al de Francia.

Grabado sobre la batalla de Cocherel (1364), en la que los reinos de Navarra e Inglaterra se enfrentaron al de Francia, en un episodio de la Guerra de los 100 años.

Pero, ¿cómo un reino no tenía ni para aportar la provisión de un castillo? Eso es como no tener dinero ni para pagar la nómina a sus funcionarios (el tema suena actual, ¿eh?). La explicación es que Carlos II además de rey de Navarra era conde de Evreux (actual Francia) y, por cuestiones familiares pretendía además el trono de Francia. Esto le hizo meterse en la Guerra de los 100 años (1337-1453), en la que los principales contendientes fueron Inglaterra y Francia, pero donde tomaron parte otros diversos reinos.

En ese contexto bélico, en la primavera de 1364 Navarra e Inglaterra se enfrentaron a Francia en la Batalla de Cocherel (Evreux, actual Francia, a menos de 100 km de París). Parecía que la batalla estaba ganada, los franceses se escapaban, los navarros se crecieron y los persiguieron en su retirada. Pero, como decía Zabalza cuando fue entrenador de Osasuna, “si nos confiamos somos muy malos” y los refuerzos terminaron con los arqueros de la retaguardia y aquello terminó en masacre. Una derrota que hizo al rey replantearse su política exterior. En resumen, y siguiendo con símiles futbolísticos, que Navarra quería “jugar en Europa” pero con el presupuesto que tenían, no andarían muy sobrados. Y tocaba pagar a los de siempre: después de aquella derrota primaveral, ese verano no había ni trigo para las guarniciones de los castillos.

En resumen, que antes no hacían Trenes de Alta Velocidad, ni Circuitos de Navarra, ni Navarra Arenas, pero, al final, antes como ahora, el dinero no se dedicaba a mejorar la vida de los navarros.

Tres cartas desde Pamplona

Portada de "Hiru gutun Iruñetik"

Portada de "Hiru gutun Iruñetik"

Recomendaba hace unos meses, allá por junio de 2013, un libro de Patxi Zubizarreta, «Hiru gutun Iruñetik», parte de cuya trama tenía lugar en Vidángoz, recién terminada la guerra civil de 1936. El libro, en aquel momento solo estaba disponible en Euskara, pero tras consultar al autor, éste comentaba que para el presente año 2014 era probable que se publicara en castellano, concretamente por parte del Diario de Noticias. Pues bien, finalmente el libro va a ver la luz el próximo 24 de mayo, dentro de la colección «Escritores de Nuestra Tierra».

El libro trata sobre la relación de amistad entre dos amigos guipuzcoanos a quienes la guerra civil divide en ambos bandos de la contienda. Al final de la misma, uno de ellos, el del bando republicano, es llevado a Vidángoz, a realizar trabajos forzados como parte de uno de los batallones de trabajadores que «abrieron la caja» de la carretera Igal-Vidángoz-Roncal.

Con ese trasfondo real, que nos muestra parte de la historia reciente de nuestro pueblo y que relata cantidad de pequeñas anécdotas reales que sumergen de lleno al lector en el ambiente que se vivía en aquel Vidángoz de finales de 1939 y principios de 1940, se relata una historia ficticia (pero que bien podría haber sucedido) cargada de intriga y con un final inesperado.

Un libro que se lee rápido y fácil y que espero que os animéis a ojear. Espero que os guste.

Las cartas de Mariano Mendigacha (X) – La lana y el queso

Siguiendo con la carta de febrero de 1904, e hilando con el contenido de la sección de vocabulario, vamos con lo que comentaba Mariano Mendigacha con respecto al queso y la lana, donde, de paso, deja ver que ése no era su “gremio”, ya que él se dedicaba a la madera.

Esquilando a la antigua usanza

Esquilando a la antigua usanza

Con respecto a la lana, señala que las ovejas se esquilaban por aquel entonces 4 veces al año, lo que nos da una idea de la importancia que tenía la lana como producto, pese a estar ya en declive. Las fechas para esquilar: 1º en marzo; 2º entre el 20 de mayo y San Pedro (29 de junio) en general y, si las ovejas están en el puerto, después de San Pedro; 3º en la Sanmiguelada (29 de septiembre); y 4º por San Andrés (30 de noviembre).

“El queso (ganzta) se hace en las bordas. A la borda se le llama “onla” y es para hacer el queso y para retiro de los pastores; y a la muidera se le llama “xasgu”, la que hacen todos los años, y es lugar de reunión de las ovejas, para ordeñar. Después de ordeñar, reúnen la leche al “olaberra” (depósito), allí echan el cuajo que se necesita. Después de cuajada,  deshacen todo, lo ponen en un caldo espeso y posteriormente con las dos manos se va reuniendo y lo ponen en un montón; a eso le dicen “matoina” (matón); el matón lo sacan a una “xura” (coladera) y allí exprimen bien todo el caldo. Luego lo ponen en un aro o corteza y apretando, con el calor del fuego, hacen el queso. El caldo que queda, lo cuecen en un caldero, después de cocido se queda convertido en grumos, después recogen los grumos con la “agorxalia” (espumadera) y con ellos hacen el “errekesuna” (requesón); al caldo que queda del requesón lo llaman “txirikot” (suero); con suero se engordan los cerdos; y también lo dan como remedio a muchos enfermos; a cada oveja le sacan tres o cuatro libras (1,1 – 1,45 kg) de queso y ocho o diez onzas (0,25 – 0,32 kg) de requesón. Venden el queso, en fresco, a veintisiete pesetas la arroba (2,02 ptas/kg); y ahora (en febrero, ya curado), a una peseta cada libra (2,69 ptas/kg); el requesón lo venden a dos reales la libra (1,34 ptas/kg); el requesón se gasta para guiso de las comidas en cuaresma y en los días de vigilia; la gente común prefiere el requesón que el aceite para las sopas”.

Como detalle curioso, resaltar que, aunque por ley se adoptó el metro como unidad fundamental de longitud y las equivalencias del resto de unidades con respecto al sistema métrico decimal se publicaron en 1852 y que su uso se volvió obligatorio por ley en 1879, vemos que unas cuantas décadas después se seguían usando. Así que, visto lo que cuesta asumir estos cambios, parece que aún seguiremos pensando los precios en pesetas durante años.

Powered by WordPress | Buy best wordpress themes and Save. | Thanks to Free WordPress Themes, Top WordPress Themes and Free WordPress Themes