Archive for the ‘Etnografia’ Category

Txirrikiparte

Hasta tiempos bastante recientes nuestro pueblo en particular y las zonas rurales en general tenían una manera de funcionar, de hacer las cosas, muy diferente de la actual.

En un modo de vida eminentemente agrícola y ganadero, con una economía de subsistencia, las redes sociales (y no me refiero a las de internet) y las relaciones personales eran esenciales para que las familias pudieran salir adelante, especialmente si venían mal dadas.

El dinero en metálico tampoco era empleado de manera habitual y en muchos ámbitos de la vida los pagos se realizaban en especie, por ejemplo, en robos de trigo.

El txirrikiparte bien podía ser una morcilla.

En este contexto, había labores que requerían la ayuda de vecinos, familiares o de alguien del pueblo especializado en cierta tarea que no estuviese considerada como una profesión en sí (por ejemplo, la partera que había ayudado en un nacimiento, el matarife que tomaba parte en el matatxerri…), y esta labor en muchas ocasiones no se pagaba como tal, pero sí que se agradecía la ayuda prestada de una manera peculiar.

Como ya adelantaba el título de este artículo, me referiero al txirrikiparte, que venía a ser la denominación que se daba en Vidángoz a alguno de los productos que se obtenían en el matatxerri y que se entregaban a familiares, amigos y demás en señal de agradecimiento, de amistad y de buena vecindad.

Y es que txirrikiparte, en origen, seguramente, txerrikiparte, quiere decir precisamente eso: alimento obtenido del cerdo (txerriki) que se comparte (en euskera partekatu).
Costumbres de otros tiempos que afianzaban relaciones sociales.

El fin de una raza

El título de este artículo resultará algo chocante para quienes somos relativamente jóvenes, pero quienes ya han pasado de cierta edad habrán entendido por dónde van los tiros. Y es que en el habla tradicional de Vidángoz, y supongo que de su entorno en general, cuando hablaban de raza no lo hacían en un sentido étnico (o no exclusivamente), sino que con dicha palabra también se denominaba a una estirpe, a un linaje familiar.

En el tiempo que llevo estudiando la genealogía de las casas de Vidángoz, me ha tocado ver en algunas ocasiones cómo, por diversas razones, una familia se extinguía al morir el último miembro de ese linaje que quedaba vivo. Casos que quedaban más o menos lejanos en el tiempo. El tema volvió a mi mente al tener noticia durante el pasado otoño del fallecimiento de Rosa Artuch Urzainqui, último miembro de la familia Maisterra. Seguro que si hace 100 o 200 años les dicen a los antiguos de esta casa que la estirpe se iba a extinguir y nada menos que en Quito (Ecuador), les habría parecido que quien les decía tal cosa no estaba muy bien de la cabeza.

Bueno, en la propia casa Maisterra estuvo cerca de detenerse la transmisión familiar hace algo más de cien años, cuando Rosa Salboch y Manuel Urzainqui no conseguían tener descendencia, aunque finalmente nació Marta Urzainqui Salboch y se resolvió el asunto, por esa vez. Es de suponer que, de no haber conseguido sucesión, habrían optado por traer a la casa de heredero a algún sobrino/a, hijo/a de alguno de los hermanos de Rosa. En la casa Maisterra actual, si hubiera seguido funcionando el modelo de transmisión tradicional, el problema habría sido algo mayor, porque ni en la última generación ni en la anterior hubo ramas laterales de la familia originaria de la casa que hubieran tenido descendencia.

Que la transmisión familiar se detuviera en algún momento, al menos en Vidángoz, era relativamente frecuente, y es por eso que en nuestro pueblo hay muchas casas en las que en algún momento ha tenido que ir de heredero una persona o una pareja que tendría cierto parentesco con los últimos dueños de la casa (si era familiar cercano, se podría considerar de la misma raza). Las causas para que se diera esta circunstancia eran diversas: que una pareja no consiguiera tener descendencia (seguramente por problemas de alguno de sus dos miembros), que consiguieran tenerlos pero que fallecieran al nacer (por incompatibilidades con el grupo sanguíneo o el Rh), que nacieran, pero no llegaran a la edad adulta por circunstancias de su tiempo (enfermedades, malnutrición…) o incluso que llegaran a dicha edad, pero fallecieran antes de haberse emparejado.

No sabemos exactamente qué es lo que pasaría por la cabeza de aquellos que se supieran los últimos de su estirpe, pero, teniendo en cuenta la mentalidad de la época, donde la casa, la familia, era una institución a perpetuar y ése era el objetivo de los cabezas de familia, probablemente el supuesto de no poder transmitir la casa a la descendencia tendría su punto de desasosiego, de pena, incluso de fracaso, de no haber llegado a dar lo que se esperaba del cabeza de familia. En ese punto, había que plantearse el futuro de la casa fuera del linaje propio: ¿a quiénes llevar de herederos? Aquí entrarían en juego los parentescos más o menos intensos con ramas de la familia que habían salido de la casa en generaciones anteriores y que habían tenido más éxito en lo que a descendencia se refiere y, además del primogénito, tenían más prole a la que colocar, y el ir de herederos era una salida muy buena en cuanto a que ya no es que no hubiera que dar una dote para aportar al matrimonio, sino que se adquiría todo el patrimonio de una casa, aunque el precio a pagar en especie, el hacerse cargo de esos últimos representantes de una familia, ya con una edad y con quienes la convivencia podía no ser fácil, a veces fuera elevado.

El fin de una raza, el cambio de saga familiar en una casa, algo que tal vez no os habíais planteado, pero que, aprovechando la ocasión, me ha parecido interesante traer a colación.

Santiago Salvoch Jimeno

Había mucho Salvoch de Vidángoz para elegir, pero había que quedarse con uno que hubiera destacado en algo y, para Bidankozarte en particular y para la memoria colectiva de Vidángoz en general, creo que Santiago Salvoch, Santiago Calderero, es la persona idónea.

Si por algo podemos recordar a Santiago, es por la impagable labor de recolección de fotografías antiguas de Vidángoz que realizó, contactando con gente de muchas de las casas del pueblo para que le enseñaran las fotos de antaño que conservaban y hacer copias de las mismas.

Así, cuando ya empezó a tener cierto volumen de imágenes, se animó a compartirlas con el pueblo mediante las exposiciones que realizó durante nueve años (2002-2010), clausurándose la última de ellas pocos días antes de su fallecimiento. Estas muestras fueron muy apreciadas por el pueblo y se esperaba con ganas la siguiente edición para ver qué nuevos tesoros en forma de foto había encontrado Santiago. Durante todo el tiempo que estaban abiertas al público las exposiciones, Santiago trataba de identificar a la gente de dichas fotos y lo anotaba en un cuaderno. Una labor que, a día de hoy, ya no se podría realizar por haber fallecido la mayoría de quienes podían identificar a la gente retratada en las instantáneas.

En total, más de 1.300 imágenes con sus correspondientes descripciones que constituyen un importante legado para la memoria colectiva del Vidángoz del siglo XX, un particular tesoro gráfico para nuestro pueblo que ha permitido ilustrar cantidad de artículos de esta publicación, de Bidankozarte.

Por todo ello, ¡eskerrik anitx, Santiago!

Cosecha otoñal

En este final de año ha visto la luz el libro Ugaltarriak, el lenguaje de las piedras. Suelos tradicionales en el Valle de Roncal (Lamiñarra, 2022), también editado en euskera con el título Ugaltarriak, harrien elairëa. Ohiko harzolak Erronkaribaxan (Lamiñarra, 2023). Este trabajo supone el colofón de la labor de investigación que hemos realizado entre colaboradores del valle y expertos en la materia. Así, se culminó la catalogación, recopilación, análisis y difusión de los suelos tradicionales construidos con cantos rodados, con piedricas del río, que hasta hace pocas décadas ocupaban las entradas de la mayoría de casas del valle de Roncal, pero que en los últimos tiempos han ido desapareciendo.

Un trabajo de recopilación que queda recogido así, mostrando la situación actual de este tipo de suelos que reflejan parte de lo que fuimos.

Si no lo tenéis todavía, ya estáis tardando en comprar vuestro ejemplar. No os arrepentiréis.

Ugaltarriak

Hace unas semanas presentamos en la Casa del Valle en Roncal un nuevo proyecto en el que estamos tomando parte vari@s roncales@s.

El proyecto lleva por nombre Ugaltarriak, palabra que en uskara designa a los cantos rodados, esas piedricas que se van desgastando al ser arrastradas por el río, y es que esta iniciativa que hemos puesto en marcha trata de estudiar los suelos hechos con esas piedricas que solían ocupar las entradas viejas de las casas, pero que han ido desapareciendo con el tiempo y hoy en día son una especie en extinción.

Es por ello que a lo largo del verano intentaremos localizar, fotografiar y catalogar los suelos de este tipo que quedan en casas del valle de Roncal.

En Vidángoz, más o menos, creo que tengo controladas las entradas de este tipo que quedan, pero tendré que revisar para que no se escape ninguno.

Contamos con vuestra colaboración.

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