Archive for the ‘Notas historicas’ Category

Un «rojo» bidangoztarra a la cárcel (1939)

Era noviembre de 1939 y hacía más de siete meses que la última guerra civil había terminado, pero sus consecuencias se empezaban a notar, en particular para el bando más perdedor.

En ese bando, bien por convicción o bien por circunstancias de la vida, se encontraba un bidangoztarra de quien, hasta la fecha, nadie de los mayores que he entrevistado me había sabido decir algo al respecto. Estamos hablando de Justino Navarro Aizagar, natural de la actual casa Remendia (antigua casa Matías y que, cuando él nació no sabemos cómo se llamaría), que residía en Madrid desde la segunda mitad de la década de 1920 ganándose la vida como escultor y profesor de dibujo.

Estado actual de la casa nativa de Justino Navarro Aizagar.

Estado actual de la casa nativa de Justino Navarro Aizagar.

El caso es que la guerra le “pilló” en “zona roja”, en territorio de dominio republicano, y debido a su labor en ese bando durante la guerra, el 14 de noviembre de 1939 Justino fue detenido por haber ejercido de Comisario de Batallón e interrogado.

Según su declaración, “al iniciarse el Glorioso Movimiento Nacional pertenecía al Partido Socialista, al cual se afilió unos veinte días antes por temor a que, como no estaba afiliado a ninguna sindical ni partido, pudiera ocurrirle alguna cosa y poder, de esta forma, salvar su personalidad mediante la exhibición del oportuno carnet”.

Continua señalando que “a principios de septiembre del año 1936 se presentó en el Batallón del Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza por su profesión de Maestro de Dibujo porque tenía miedo de que pudiera sucederle alguna cosa y dicho sindicato organizó un batallón de hombres para enviarlos al frente. Al tener conocimiento de ello, el que habla [Justino] se negó a ello, y entonces, por la fuerza le cogieron en unión de otros varios individuos que también se negaron a ir al frente, y los montaron en una camioneta y los trasladaron a El Escorial en donde ha estado prestando servicio en un Grupo de Información hasta el mes de abril de 1938, cuando recibió una orden de que se tenía que presentar al Comisariado de Madrid, como así lo hizo, y, una vez aquí, le hicieron saber que tenía que presentarse al Comisariado del VI Cuerpo de Ejército por haber sido designado Comisario según aparecía del oportuno momento publicado en el Boletín Oficial, y una vez hecha su presentación, le designaron al Batallón de Transmisiones del referido VI Cuerpo del Ejército, en donde una vez incorporado estaba al frente de los muchachos, no habiendo intervenido en ninguna clase de operaciones. Al disolverse el VI Cuerpo del Ejército pasó a prestar sus servicios en el Tercer Cuerpo del Ejército y en cuyo estado le sorprendió la terminación de la guerra”.

Justino había ido a Madrid a trabajar como escultor. En este recorte de prensa (24/03/1928) se habla de una exposición suya.

Justino había ido a Madrid a trabajar como escultor. En este recorte de prensa (24/03/1928) se habla de una exposición suya.

Si bien al terminar la guerra no se presentó ante las Autoridades Militares, actualmente estaba pendiente de verificarlo ante la Junta de Clasificación de Prisioneros de Guerra del Distrito del Hospital, pues se ha personado diferentes veces en el local correspondiente y no ha podido recoger los impresos para proceder a llevarlos toda vez que le han dicho que se habían agotado, por lo cual tenía que volver de nuevo”.

Ese mismo día lo enviaron a la prisión de San Antón, en Madrid (en la foto que acompaña a este artículo, aspecto actual de aquel edificio), en lo que podríamos decir “prisión cautelar”. Pedidos informes sobre su conducta social y política, el agente enviado a indagar resuelve que “desde los primeros momentos se sumó con gran entusiasmo a favor del gobierno rojo y está considerado por sus ideas como elemento izquierdista. Ingresó en el Ejército Rojo al ser llamado a remplazo, habiendo obtenido el grado de Comisario Político. No obstante lo expuesto anteriormente, en su domicilio se condujo con moderación, no habiendo perseguido a nadie, habiéndose afiliado a la U.G.T. después del Glorioso Movimiento Nacional”.

Las antiguas escuelas de San Antón, reconvertidas en prisión, fueron el lugar donde Justino cumplió condena. Hoy en día el edificio está siendo rehabilitado.

Las antiguas escuelas de San Antón, reconvertidas en prisión, fueron el lugar donde Justino cumplió condena. Hoy en día el edificio está siendo rehabilitado.

Y en otro informe señalan que “era de ideal izquierdista, tenía buena conducta en la vecindad y sin pasiones políticas. Iniciada nuestra Santa Cruzada, se mantuvo en actitud pasiva hasta octubre de 1936, en que ingresó voluntariamente en el derrotado Ejército Rojo, donde fue sargento y también desempeñó el cargo de Comisario Político de un Batallón. Por su ausencia en esta capital se ignoran sus actividades, pero está considerado elemento simpatizante a la causa roja y, por lo tanto, desafecto al nuevo régimen”.

En febrero de 1940 confirman su auto de prisión. De nada sirven los intentos que Justino hace en los meses siguientes por conseguir su libertad, aportando para ello los informes de tres sacerdotes de diversas parroquias de Madrid, que certificaban su buena conducta moral y religiosa, la Inspección de Policía Urbana, que certificaba su buena conducta, un sargento de un Tercio de Requetés que también lo tenía por “adicto al Glorioso Movimiento Nacional”, dos industriales madrileños, que también lo dan por “adicto al régimen”, o incluso un jefe de una sección madrileña de la Falange, que señalaba que Justino “es persona de arraigados sentimientos católicos y de buenos antecedentes político-sociales, considerándole, por lo tanto, afecto al Glorioso Movimiento Nacional”.

Finalmente es condenado a 20 años de prisión por un delito de Auxilio a la Rebelión (paradójicamente, los golpistas acusando a otros de rebelión), la misma pena que unos tres años antes impusieron al también bidangoztarra Vicente Mainz Landa (Landa).

Dejamos para otra ocasión lo que fue de Justino a partir de entonces, que da para un rato y no cabe físicamente aquí.

¡Traen prisioneros! (1939)

Hace 75 años, hacía casi cinco meses que la última guerra civil había terminado. Bueno, para ser más precisos, y siguiendo al pie de la letra lo que señalaba el último parte de guerra, “han alcanzado las Tropas Nacionales sus últimos objetivos militares”. Pues eso, los objetivos militares, pero aún quedaban otros objetivos por conseguir.

Mapa de la carretera Igal-Vidángoz-Roncal que hicieron los prisioneros (Fuente: "Esclavos del franquismo en el Pirineo" (Txalaparta, 2006))

Mapa de la carretera Igal-Vidángoz-Roncal que hicieron los prisioneros (Fuente: "Esclavos del franquismo en el Pirineo" (Txalaparta, 2006))

Terminada la guerra el régimen decidió que los perdedores de la guerra, y por tanto “desafectos al régimen”, habían de ser los responsables de la “reconstrucción del país que ellos mismos habían destruido con la dinamita”, tal y como rezaba la propaganda franquista.

Así, aquel verano de 1939 llegaron a Roncal los primeros camiones cargados de prisioneros que integrados en los Batallones de Trabajadores, en otoño parte de aquel contingente llegó a Vidángoz y poco después, parte del mismo pasó a Igal. Todos ellos con la misión de “abrir la caja”, esto es, de excavar a pico y pala, el trazado de la carretera que había de unir los tres pueblos mencionados.

 

Monolito en homenaje a los esclavos del franquismo colocado en el Alto de Igal, entre Igal y Vidángoz (esculpido por Xabier De Zerio)Monolito en homenaje a los esclavos del franquismo colocado en el Alto de Igal, entre Igal y Vidángoz (esculpido por Xabier De Zerio)

Monolito en homenaje a los esclavos del franquismo colocado en el Alto de Igal, entre Igal y Vidángoz (esculpido por Xabier De Zerio)

El proyecto era algo largamente anhelado por los bidangoztarras, que ya lo habían solicitado anteriormente sin éxito y que, en su momento, había resultado menos prioritaria que la que llevaba a Burgui, realizada en la década de 1910. No obstante, ya en aquel momento hubo división de opiniones sobre qué carretera hacer primero, y tomada la decisión, sus detractores inventaron la siguiente copla: “Carretera de Vidángoz, carretera mal pensada: los de Txestas a Baraku y los de Burgui a Sagarraga”.

 

En cualquier caso, y viendo cercano el final de la guerra, a finales de marzo de 1939 el entonces alcalde de Vidángoz, Pedro Salvoch Salvoch (Salbotx /Calderero), aprovechó para insistir al gobierno con el proyecto. Dado que este tipo de infraestructuras en zonas cercanas a la frontera habían de ser aprobadas por el Ministerio de Guerra, recalcó en su misiva la importancia que el proyecto tendría en el aspecto defensivo, al permitir unir tres valles (los de los ríos Salazar, Binies y Esca) en una línea paralela a la frontera francesa y distante apenas 20 kilómetros de ésta.

Seguramente la decisión de construir la carretera ya estaría tomada, pero, por si acaso, el alcalde hizo su petición. Y sea como fuere, aquel otoño de 1939 llegaron una pila de “trabajadores”, un montón de prisioneros que serían usados como esclavos. Ellos y un montón de militarles que habrían de vigilarlos.

Portada del libro "Esclavos del franquismo en el Pirineo" (Txalaparta, 2006), imprescindible para conocer este episodio de nuestra historia.

Portada del libro "Esclavos del franquismo en el Pirineo" (Txalaparta, 2006), imprescindible para conocer este episodio de nuestra historia.

Pero lo que ni el alcalde ni ningún bidangoztarra había calculado era la magnitud del impacto que aquella obra iba a tener en la vida del pueblo, que vio duplicada su población (de 300 a 600 o 700 habitantes según las fuentes) en aquellos años de posguerra. Al contrario que en Roncal o en Igal, donde los prisioneros se alojaban en barracones fuera del pueblo, en Vidángoz los prisioneros convivían con los habitantes, ocupando tres casas contiguas que se encontraban deshabitadas en el momento de su llegada: casa Aizagar, casa Laskorna y casa Bortiri. Curiosamente, y como si se tratara de bajar más la moral al prisionero, las tres casas se encuentran en la calle Salsipuedes, como si se les estuviera retando. Los mandos, por su parte, ocuparon otras casas que también se encontraban libres en aquel momento, entre las que podemos citar casa Iriarte o casa Matxin, si bien seguro que hubo más.

En los primeros meses la disciplina con los prisioneros era férrea, con duros escarmientos e incluso la muerte para los que intentaban escapar (hubo al menos 3 muertos por este motivo en Vidángoz), y hubo escaso contacto con la población. El hacinamiento de los prisioneros en las tres casas de la calle Salsipuedes, las extenuantes jornadas de trabajo bajo las duras condiciones climáticas de nuestro entorno, agravadas por la pésima alimentación recibida, consecuencia en gran parte de la corrupción existente entre los militares, hacían de aquello un auténtico campo de concentración.

La pareja formada por el prisionero José Antonio Martínez Beitia y la bidangoztar Natividad Ezquer Pérez (ambos en la parte superior izquierda de la imagen) es una de las huellas de aquella época  (Fuente: "Esclavos del franquismo en el Pirineo" (Txalaparta, 2006))

La pareja formada por el prisionero José Antonio Martínez Beitia y la bidangoztar Natividad Ezquer Pérez (ambos en la parte superior izquierda de la imagen) es una de las huellas de aquella época (Fuente: "Esclavos del franquismo en el Pirineo" (Txalaparta, 2006))

En 1940 cambió el Batallón de Trabajadores, la disciplina se fue relajando ligeramente y el contacto con los bidangoztarras aumentó, despertando así también la solidaridad de algunos de ellos.

En el verano de 1941 los Batallones Disciplinarios de Trabajadores dejaron Vidángoz y la “caja” de la carretera ya abierta, carretera que habría de completarse en los años siguientes con el trabajo de jóvenes que realizaban el servicio militar de esta manera.

Del paso de estos prisioneros y de los militares por Vidángoz, de aquellos casi dos años, quedaron huellas: por un lado, la boda entre el prisionero José Antonio Martínez Beitia (Bilbao, Bizkaia) y la bidangoztar Natividad Ezquer Pérez (Landarna) (imagen junto a estas líneas); por otro lado, la boda entre el soldado Francisco González Zapico (Ciaño, Asturias) con la bidangoztar Patrocinio Sanz Hualde (José María).

En recuerdo de aquellos prisioneros, la asociación Memoriaren Bideak realiza desde 2004 un homenaje anual en el mes de junio en el alto de Igal (junto al monolito que aparece en la foto, obra del bidangoztar Xabier De Zerio).

Para conocer a fondo este tema, imprescindible el libro “Esclavos del franquismo en el Pirineo: La carretera Igal-Vidángoz-Roncal”, de Fernando Mendiola y Edurne Beaumont (Txalaparta, 2006) y los documentales “Desafectos: Esclavos de Franco en el Pirineo”, de la asociación Memoriaren Bideak (Eguzki bideoak, 2007), y Al enemigo, ni agua” (EITB, 2011).

Las cartas de Mariano Mendigacha (XI) – Arturo Campión

Esta vez trataremos un detalle señalado por Mariano Mendigacha en su carta de marzo de 1904 relativo a la política.

Mariano menciona las entonces recientes elecciones a diputado foral (enero de 1904). Se lamenta de que, pese a sus esfuerzos, no hubiera salido elegido Don Arturo Campión, como puede entreverse que también sería del gusto de su interlocutor Resurrección Mª Azkue. Incluso señala que el propio Arturo Campión le había escrito, pero que no le había contestado porque le suponía disgustado por no alcanzar su objetivo. Y es que, probablemente la relación entre Mendigacha y Campión venía de antes, ya que en 1878 Mariano tradujo al uskara de Vidángoz la balada “Orreaga” escrita por el primero en dialecto guipuzcoano.

En aquellas elecciones había tres candidatos encuadrados, más o menos, en tres corrientes políticas: Arturo Campión (Integrista), Juan Vázquez de Mella (Carlista) y Pedro García Garamendi (Conservador).

Arturo Campión.

Arturo Campión.

Arturo Campión realmente no estaba afiliado a ningún partido político y, aunque era encasillado como Integrista, que era una de las escisiones del Carlismo, defendía un ideario foral (fue una figura clave en la protesta contra el ministro de hacienda español Gamazo, que en 1893 intentó suprimir los fueros navarros, provocando un levantamiento en Navarra), católico y cercano al nacionalismo vasco, siendo su lema (que presidía todas sus obras literarias) “Euskalerriaren alde”, esto es, “a favor de Euskal Herria”.

Juan Vázquez de Mella era el candidato del Carlismo, una ideología que había resultado que había perdido muchos apoyos tras la última guerra carlista (1872-1876), pero que para 1904 ya había recuperado mucho terreno. El ideario del Carlismo, se podía resumir de la siguiente manera: “Dios, patria, fueros y rey”.

Pedro García Garramendi era el candidato Conservador, que en aquellas fechas podía prácticamente vincularse con el Liberalismo aunque incluía también la defensa del catolicismo. Entre los conservadores navarros abundaban los miembros de la aristocracia, los profesionales liberales y los comerciantes.

El resultado de la elección, al contrario de lo que pasaría en las decadas siguientes, el voto en Vidángoz estaba repartido. Y podría pensarse que era cosa habitual, pero mirando al resto de pueblos del valle, bien podría creerse que Mariano sí que hizo lo posible para que Arturo Campión saliera elegido. De hecho, en Vidángoz Campión consiguió 27 votos (42,86%), Garamendi 19 (30,16%) y Vázquez de Mella 17 (26,98%). En Uztárroz, Isaba, Urzainqui y Roncal arrasó Garamendi. En Burgui Vázquez de Mella y Garamendi anduvieron parejos pero ganó el primero. Y en Garde, parecido que en Vidángoz: ganó Campión con el voto repartido.

Mariano lo intentó con el candidato vasquista, por afinidad, pero no pudo ser, ya que Vázquez de Mella, el candidato carlista, ganó en Navarra fácilmente. Quizás por eso lleva su nombre un colegio de Pamplona y no un euskaltegi, como sucede con Arturo Campión. Pero, al menos, en aquel Vidángoz de 1904, Campión sí que resultó vencedor.

El aprovisionamiento de los castillos roncaleses en 1364

Visto desde el presente se nos suele antojar un orgullo el hecho de haber tenido en el pasado relativamente reciente castillos en nuestros alrededores. Sabemos que hace seis siglos y medio todavía había en nuestro valle tres castillos que defendían la frontera del Reino de Navarra: el de Pintano (en el actual término de Burgui), el de Burgui y el de Isaba.

Pero más allá de lo “atractiva” que nos pueda resultar la idea, y mirando por los bidangoztarras de entonces, el hecho de tener tantos castillos cerca tenía otras implicaciones no tan positivas.

Los castillos, infrastructuras que antaño había que mantener y proveer.

Los castillos, infrastructuras que antaño había que mantener y proveer.

Por un lado, la inseguridad que implicaba su situación en la muga del Reino (tanto con los Condados de Sola (Soule) y Bearn como con Aragón) tanto en el aspecto defensivo como en el sanitario (tan solo 15 años antes de esta fecha, entre 1348 y 1350, se produjo el primer gran brote de peste negra en Navarra, que redujo a menos de la mitad la población en nuestros pueblos (muchos de ellos desaparecieron) y que, además, venía precedido de algunos años de escasez de alimentos).

Por otro lado, el hecho de que los castillos tenían una guarnición (una dotación de soldados) permanente, que había que sustentar. Y este sustento, este mantenimiento de las tropas y los castillos, eran una más de las cargas que tenían que soportar los roncaleses de antaño, sin olvidar el resto de tributos que realizaban a la hacienda del Reino y a la Colegiata de Roncesvalles.

El caso es que en aquel verano de 1364, Carlos II, rey de Navarra, ordena a García Miguel de Elcarte, tesorero del reino, y éste, a su vez, a Pedro de Cassaver, recibidor de la Merindad de Sangüesa, que devuelva a los concejos de Burgui, Roncal, Vidángoz y Garde los cahices de trigo que habían adelantado para la provisión de los castillos de Burgui y Pintano.

Esto es, esos cuatro pueblos del valle habían cubierto (probablemente realizando un esfuerzo y no sabemos con qué margen de voluntariedad) unas necesidades del Reino que en aquel momento aquel no podía y, posteriormente, se les reponía lo aportado. Como era normal en aquel tiempo, la moneda de cambio no era dinero físico, sino el trigo, y con él se realizaban tanto préstamos como tributos.

Grabado sobre la batalla de Cocherel (1364), en la que los reinos de Navarra e Inglaterra se enfrentaron al de Francia.

Grabado sobre la batalla de Cocherel (1364), en la que los reinos de Navarra e Inglaterra se enfrentaron al de Francia, en un episodio de la Guerra de los 100 años.

Pero, ¿cómo un reino no tenía ni para aportar la provisión de un castillo? Eso es como no tener dinero ni para pagar la nómina a sus funcionarios (el tema suena actual, ¿eh?). La explicación es que Carlos II además de rey de Navarra era conde de Evreux (actual Francia) y, por cuestiones familiares pretendía además el trono de Francia. Esto le hizo meterse en la Guerra de los 100 años (1337-1453), en la que los principales contendientes fueron Inglaterra y Francia, pero donde tomaron parte otros diversos reinos.

En ese contexto bélico, en la primavera de 1364 Navarra e Inglaterra se enfrentaron a Francia en la Batalla de Cocherel (Evreux, actual Francia, a menos de 100 km de París). Parecía que la batalla estaba ganada, los franceses se escapaban, los navarros se crecieron y los persiguieron en su retirada. Pero, como decía Zabalza cuando fue entrenador de Osasuna, “si nos confiamos somos muy malos” y los refuerzos terminaron con los arqueros de la retaguardia y aquello terminó en masacre. Una derrota que hizo al rey replantearse su política exterior. En resumen, y siguiendo con símiles futbolísticos, que Navarra quería “jugar en Europa” pero con el presupuesto que tenían, no andarían muy sobrados. Y tocaba pagar a los de siempre: después de aquella derrota primaveral, ese verano no había ni trigo para las guarniciones de los castillos.

En resumen, que antes no hacían Trenes de Alta Velocidad, ni Circuitos de Navarra, ni Navarra Arenas, pero, al final, antes como ahora, el dinero no se dedicaba a mejorar la vida de los navarros.

Tres cartas desde Pamplona

Portada de "Hiru gutun Iruñetik"

Portada de "Hiru gutun Iruñetik"

Recomendaba hace unos meses, allá por junio de 2013, un libro de Patxi Zubizarreta, «Hiru gutun Iruñetik», parte de cuya trama tenía lugar en Vidángoz, recién terminada la guerra civil de 1936. El libro, en aquel momento solo estaba disponible en Euskara, pero tras consultar al autor, éste comentaba que para el presente año 2014 era probable que se publicara en castellano, concretamente por parte del Diario de Noticias. Pues bien, finalmente el libro va a ver la luz el próximo 24 de mayo, dentro de la colección «Escritores de Nuestra Tierra».

El libro trata sobre la relación de amistad entre dos amigos guipuzcoanos a quienes la guerra civil divide en ambos bandos de la contienda. Al final de la misma, uno de ellos, el del bando republicano, es llevado a Vidángoz, a realizar trabajos forzados como parte de uno de los batallones de trabajadores que «abrieron la caja» de la carretera Igal-Vidángoz-Roncal.

Con ese trasfondo real, que nos muestra parte de la historia reciente de nuestro pueblo y que relata cantidad de pequeñas anécdotas reales que sumergen de lleno al lector en el ambiente que se vivía en aquel Vidángoz de finales de 1939 y principios de 1940, se relata una historia ficticia (pero que bien podría haber sucedido) cargada de intriga y con un final inesperado.

Un libro que se lee rápido y fácil y que espero que os animéis a ojear. Espero que os guste.

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