El otoño-invierno de 1561 en Vidángoz

Al igual que en el verano de aquel mismo año 1561, hace 450 años el invierno también andaba movido. Demasiados procesos judiciales en el mismo pueblo en tan poco tiempo.

Por hacer una composición de lugar del Vidángoz de 1561, hay que tener en cuenta que nuestro pueblo contaba con en torno a 500 habitantes (99 fuegos o casas o familias que se suelen cuantificar a 5 personas por fuego/casa. Un pico demográfico resultante de la cierta “bonanza” que se vivió después de las violentas sacudidas de la peste en el siglo XIV, la guerra civil que asoló Navarra durante gran parte del siglo XV (agramonteses contra beaumonteses) y para terminar, a principios del siglo XVI, la conquista de Navarra por Castilla y la posterior represión, de la que dieron buena cuenta los roncaleses por haber permanecido fieles a sus reyes legítimos.

Así pues, se llevaban unos años de relativa calma social y la vida en Vidángoz seguía adelante. En torno al año del que hablamos se hizo una reforma del molino y de la acequia que a él conduce (y que también dejó un pleito de por medio) y, por lo que dicen los entendidos, se construyó la parte principal de la iglesia, la nave (la torre del campanario la datan varios siglos antes).

Hasta aquí lo que concierne a Navarra en general y a Vidángoz en concreto. Pero en el caso que se trata a continuación entran en juego otras circunstancias, en este caso la persecución de los moriscos en el Reino de Aragón.

Los bosques de Vidángoz, lugar propicio para llegar hasta la muga sin ser descubiertos.

Los bosques de Vidángoz, lugar propicio para llegar hasta la muga sin ser descubiertos.

Se denominaba moriscos a los musulmanes que, voluntariamente o no, se habían convertido al catolicismo para no ser expulsados, en este caso, de Aragón. A pesar de esta conversión, siguieron siendo “sospechosos” en cierto modo y, por ello, perseguidos y posteriormente expulsados.

Por lo que se ve, varios vecinos de Vidángoz (entre los que se menciona principalmente a Francisco Ferrero) y Miguel Iriarte (vecino de Iciz) ayudaban a los moriscos a pasar a Francia, donde no eran perseguidos.

En Navarra tenían prohibido el dar alojamiento a los citados moriscos y, por supuesto, estaba penado el ayudarles a cruzar la muga. Y el hecho de escoger Vidángoz para pasar y no cualquier otro pueblo del valle o de Salazar, seguramente obedecería a que el paso desde Vidángoz no es una vía principal de paso de los Pirineos y, por ello, debería ser menos arriesgado atravesarlo por estar, también, menos vigilado (aunque en aquel entonces no había aduanas).

Pero, como se menciona en las primeras líneas del proceso, “eran moriscos provenientes del Reino de Aragón con muchos dineros”, y los acusados, supuestamente, “cobraban algo dellos a cambio”. Poderoso caballero es don dinero, y, conociendo estos montes como los conocerían podría decirse que era un dinero relativamente fácil llevar a unos moriscos hasta la muga de Francia.

Además, también se acusa a Domingo Punt, almirante del Valle de Roncal en aquel momento, de negligencia en el ejercicio de su cargo. Vamos, que él no había hecho nada por evitarlo.

El cómo acabó este proceso es otra historia, porque consta de 113 folios y de momento no he tenido tiempo de leerlo con detenimiento. En cualquier caso, y si a alguien le interesa, se puede consultar en el Archivo General de Navarra, donde este proceso tiene la referencia 010478. En lo sucesivo daré estas referencias en este apartado por si alguien se anima a investigar. No es nada complicado y solo hacen falta ganas y, sobre todo, tiempo.

Las cartas de Mariano Mendigacha

Mariano Mendigacha Ornat (Mendigatxa) fue colaborador de dos grandes estudiosos del Uskara: Louis-Loucien Bonaparte y Resurrección María Azkue. Facilitó traducciones, conjugaciones, vocabulario etc… relativos al Uskara de Vidángoz que ayudaron a dichos estudiosos a definir las características lingüísticas del Uskara roncalés.

Pero, además de esto, y es lo que hace particularmente interesante a Mariano Mendigacha, son las cartas que intercambió con el religioso de Lekeitio Resurrección Mª Azkue, en las que describe costumbres, cuentos, refranes, etc…

Se trata de una serie de unas 35 cartas escritas entre 1902 y 1916, que nos retrotraen al Vidángoz de hace 100 años. En cada número de Bidankozarte iremos viendo elementos relevantes de lo que escribió Mariano Mendigacha, a veces bastará con lo escrito en una carta y otras (como en este número) habrá que incluir comentarios contenidos en varias cartas.

Mariano Saturnino Mendigacha Ornat, euskaldun bidangoztar

Mariano Saturnino Mendigacha Ornat, euskaldun bidangoztar

Sin más dilación, pues, empezamos con la primera carta, que, como excepción no está dirigida a Don Resurrección Mª Azkue, sino a Dionisio Martín (de casa Kaltxes de Uztárroz), quien le había escrito comentando el interés de Azkue en entrevistarse con él y otros colaboradores en Santa Engracia. En el caso de Mariano Mendigacha, lo hace por las referencias que de él tenía por la colaboración hecha anteriormente con Bonaparte.

Mariano, que contaba en esta primera carta ya 70 años y, como se verá, era bastante sensato y precavido, avisa que, dada su avanzada edad, no le gustaría hacer viaje en balde y no ser de utilidad, por lo que pide contactar con Azkue antes de la reunión en Santa Engracia, para decidir si puede ser útil o no.

Esta primera carta no da mucha más información, solo indica cómo medían las distancias en aquel tiempo: “De Uztárroz a Santa Engracia 4 horas en cabalgadura (a caballo) y de Vidángoz a Santa Engracia, 7 horas”.

En la segunda, todavía con poco contenido, solo nos apunta que en 1903 solo había en Vidángoz 4 ancianos mayores que Mariano y, según él, “uno estaba ciego, y los otros tres están totalmente chochos lelos”.

En la tercera carta, y de ahí en adelante, las cartas ya empiezan a tener cierto contenido relevante en lo que se refiere al conocimiento del Vidángoz de la época. Empieza señalando que ha tratado de enseñar Uskara a los nietos, pero que como en la calle no lo escuchan a nadie, solo lo que él les habla, pues no hay forma, y, enfadados, han desistido de enseñarles. A este respecto señala un dicho de entonces: “No siempre está el avellano para hacer bastón”.

Sigue hablando sobre uno de sus nietos que debía de estar aprendiendo solfeo con el organista, pero lo han dejado ya porque dice éste que “para ser pastor o labrador, ya sabe suficiente”. Seguramente el nieto al que se hace referencia sea Eleuterio o Norberto Mainz Mendigacha.

Siguiendo en el ámbito educativo, menciona que “hace ya cinco meses que se fue el maestro por mayor paga y desde entonces la juventud anda por las calles sin escuela. De la muchachada de hoy por otro tiempo no faltaran hombres burros”. Y, enfadado, añade: “No puede haber en toda Navarra pueblo tan despreocupado como éste sobre la enseñanza; Aquí no hay empeño, ni en la junta de la escuela, ni en el ayuntamiento ni en los padres tampoco”.

Por último, una referencia al tiempo (teniendo en cuenta que la carta es del 15 de abril de 1903): “Tenemos el tiempo muy malo, no hemos visto en todo el invierno tanta nieve como la que hay ahora; Y también traza de hacerlo”.

Casa Gaiarre

El nombre de las casas desde antiguo ha venido indicando algún identificativo del propietario (nombre, apellido, apodo, oficio…) o alguna referencia a su ubicación en el pueblo. Es por ello que el nombre ha podido ir cambiando con el tiempo, en la medida en que ha cambiado de propietarios.

En muchos casos, nos resulta relativamente fácil determinar de dónde viene el nombre de una casa, en otros casos será algo más difícil y en otros, sencillamente no se podrá y habrá que hacer conjeturas sobre el mismo. Empezamos hoy con casa Gaiarre, por ser tradicionalmente la primera del pueblo en los listados.

Casa Gaiarre

Casa Gaiarre

Si bien hoy en día ya no lo es, durante mucho tiempo y a la hora de enumerar las casas del pueblo (generalmente por motivos tributarios), casa Gaiarre solía ser la primera. Tal vez por ser la que estaba más al Norte o a saber por qué motivo. El caso es que, desde los primeros listados de propietarios se viene haciendo así, siguiendo un recorrido que, para que todos nos entendamos, era como el de la Llega.

Y aclarado el porqué de la elección de esta casa como primera, ¿de dónde viene el nombre Gaiarre (o Gayarre)? Pues, los mayores por descontado y entre los jóvenes algunos tal vez sí y otros tal vez no, recuerdan que el propietario anterior al actual (digamos que el último propietario que la recibió por línea hereditaria) fue Gerardo Gayarre Necochea.

Parece claro entonces que el nombre se lo debe a su apellido. El hecho de que, por un lado, el nombre de la casa coincida con el apellido del último propietario y de que, por otro lado, el nombre de la casa no tenga la terminación –ENA o –RNA, nos da una idea de que el nombre de la casa es relativamente reciente.

Por lo general, los nombres de casa que tienen un origen anterior a 1800 suelen tener terminaciones –ENA o –RNA, sufijo que en uskara denota posesión, en este caso, de la casa. Así, LANDARNA vendría a significar “la (casa) de Landa”, siendo también Landa apellido.

A lo largo del siglo XIX, sobre todo durante su segunda mitad, el uskara fue perdiendo fuerza en Vidángoz y ello conllevó un cambio en la forma de llamar a las casas, ya que el nombre en sí no era nada oficial sino la forma que los vecinos empleaban para designar cada casa. De hecho, y como iremos viendo, los nombres de muchas casas han ido cambiando con el tiempo.

Sabiendo pues, que el nombre es relativamente reciente, ¿quién fue el primer Gaiarre que hubo en esta casa y por el que tomó el nombre? Pues indagando un poco vemos que el primer Gayarre que hubo en esta casa llegó a ella hacia 1879, hace relativamente poco tiempo, y fue Patricio Gayarre Mainz, abuelo del antes mencionado Gerardo Gayarre Necochea.

En realidad, se trataba de un matrimonio, el formado por Patricio Gayarre Mainz (de casa Molena) y Francisca Guinda Gárate (de la actual casa Kurllo), que, probablemente, habrían ido a casa Gaiarre “de herederos”, práctica ésta bastante habitual hasta tiempos no tan lejanos. Durante los primeros años habrían quedado a cargo del último de los anteriores habitantes de la casa, Agustín Aroza Gárate (Montxonena), que contaba entonces 60 años y murió 7 años después, si bien la que era de la casa era la mujer del dicho Agustín, Marta Irigaray Sanz. De hecho, hasta 1895 la casa debió estar dividida en 2 partes, viviendo en cada una de ellas una hermana Irigaray Sanz  (Francisca Celedonia y Marta) con sus respectivas familias.

Llegados a este punto parece resuelto el por qué del nombre actual de la casa, pero ¿y cuál era su anterior nombre? La mayoría de los mayores con los que hablé no acertaban a decirme un nombre anterior de casa Gaiarre, pero finalmente, Severino Ornat Sanz (La Santa) me indicó que antiguamente se le llamaba casa Esparzena.

Así pues, con la pista dada por Severino, y mirando en los apeos de población de 1645, 1646 y 1677 el dueño de la primera casa de Vidángoz era Pedro Esparz. Parece que el nombre Esparzena ya se usaría, al menos, desde aquella época. En 1726 el propietario era Pedro Sanz y en 1810 Francisca Villanueva (viuda de Pedro Romualdo Sanz), con lo que el apellido no se mantenía pero el nombre de la casa sí. Heredó la casa su hija Joaquina Micaela Sanz y, de ésta, sus hijas Francisca Celedonia y María Marta, nombradas anteriormente.

Bidankozarte

El hombre, desde siempre, ha sentido la necesidad de dar un nombre a los lugares por los que se movía, principalmente para comunicarse con sus compañeros. Para ello, los nombraba conforme a sus características.

En Vidángoz, debido a que hasta tiempos recientes el Uskara era el idioma de uso común, la mayoría de los topónimos son euskéricos. Hoy en día, la mayoría desconoce el Uskara y, con él, el por qué de los nombres de los lugares.

En este apartado intentaremos dar a conocer la localización y el significado de los diferentes topónimos de Vidángoz, empezando con el nombre de esta publicación, Bidankozarte.

El término Bidankozarte en un mapa topográfico

El término Bidankozarte en un mapa topográfico

Bidankozarte (o Bidangozarte), el topónimo que da nombre a esta publicación, identifica un término cercano al casco urbano de Vidángoz, más o menos el espacio que queda entre el pueblo y la actual pista forestal que lleva a Roncal.

La etimología, el origen del nombre se explicaría de la siguiente manera: “Bidankoze” (Vidángoz, en uskara) + “arte” (entre), en resumen “entre Vidángoz”.

El sufijo “arte” es el mismo que podemos encontrar en topónimos como Uharte (“entre aguas”).

El resto del nombre, el propio nombre del pueblo, Bidankoze o Vidángoz, puede resultarnos algo más confusa, aunque después de la explicación que se ofrecerá en este punto, espero aclarar.

Y es que, del mismo modo que Uharte hace referencia a un término situado entre dos aguas o ríos, Bidankozarte hace referencia a un lugar comprendido entre dos Bidankozes.

¿Dos Bidankozes? Pues eso mismo. La explicación es la siguiente. Allá por el siglo XI, concretamente en 1085, en los primeros documentos históricos en los que se nombra Vidángoz, el rey  Sancho Ramírez cede al Monasterio de Leyre las iglesias sitas en diversos lugares, citándose entre ellas las de “Bidangoç et Bidangoç”, esto es, las de Vidángoz y Vidángoz. Podría tratarse de un error del escribano, pero documentos posteriores repiten el nombre de “Bidangoç” en sus enumeraciones, por lo que esta posibilidad queda descartada.

Con todo lo citado hasta ahora y teniendo en cuenta la presencia de la ermita de San Sebastián, templo de tipo románico, es fácil pensar que el lugar hubiera albergado antaño otro nucleo poblacional que, al parecer, tendría el mismo nombre. En esa dirección apuntarían también los testimonios de los mayores que, en determinados momentos, pudieron ver restos de paredes en aquellos parajes.

Posteriormente, por razones de seguridad, o de organización o de alguna otra índole, los dos núcleos habrían conformado uno solo, que sería el germen definitivo del pueblo que actualmente conocemos.

100 años de la construcción de la escuela / casa consistorial

Diario de Navarra 23/06/1911

Diario de Navarra 23/06/1911

Corrían los primeros años del siglo XX y se ve que la antigua casa de la villa, que también hacía las funciones de escuela, había convertido en un edificio angosto y en el que resultaba difícil desarrollar las funciones para las que estaba designado, especialmente la docencia.

Es por ello que llegando el verano de 1911 el ayuntamiento de Vidángoz, encabezado por Ángel Urzainqui Urzainqui (Kostiol), decidió construir un nuevo edificio que se adaptara a las funciones para las que estaba pensado: casa consistorial y escuela. Para ello, previamente, compraron en el mismo 1911 una casa sita al lado de la plaza sobre cuyo solar se construiría el nuevo edificio.

La prensa de la época recogía en Junio de 1911 el siguiente anuncio:

Las obras se alargaron durante un año, de modo que pudo inaugurarse para las fiestas de San Pedro de 1912.

Cuando llegue su turno, se ahondará en la sección de oiconimia en las idas y venidas de la actual escuela como casa de Vidángoz.

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