El Uskara en Vidángoz

Como lo prometido es deuda y para compensar el ritmo trimestral de publicación roto por el retraso en el número anterior, aquí va una nueva entrega de Bidankozarte.

Parece que ya ha quedado atrás el invierno, algo más suave de lo normal, y tenemos un tiempo primaveral e incluso algunos días de calor más propios del verano. Las huertas (y los hortelanos) en plena faena y los montes llenos de diversos tonos de verde. En abril ha habido aguas mil y el río baja mayenco (el día de la almadía incluso “demasiado mayenco” debía bajar).

Y en Vidángoz además, por celebrarse este año el Uskararen Eguna, también hay algo más de movimiento de lo habitual. Además de lo acostumbrado en otras ocasiones, esta vez se va a grabar un lip-dub, un vídeo en el que, haciendo un recorrido por el pueblo irá apareciendo gente de todos los pueblos y diversas asociaciones del valle acompañado todo ello de una canción que, como merece la ocasión, reivindica el uso del Uskara.

En Vidángoz, aunque muchos todavía hoy lo vean como algo ajeno, lejano, seguramente influenciados por la política, el Uskara sigue vivo en nuestro vocabulario, en los nombres de los montes, de las casas, en los apellidos… Y en realidad, no hace tanto que se fue.

Cartel del Uskararen Eguna 2012 de Vidángoz

Cartel del Uskararen Eguna 2012 de Vidángoz

En la segunda mitad del siglo XIX, en 1863, el 90% (317 uskaldunes de un total de 347 habitantes) de la población y de allí en adelante, por diversas causas, el uso del Uskara cayó en picado, yendo poco a poco reduciéndose al entorno familiar y de ahí, a la tumba. En 1925 la revista “Navarra” todavía cita a Vidángoz como pueblo euskaldún en la muga sur de los territorios en los que se hablaba Uskara, habiéndose perdido ya en Burgui, Garde, Roncal y Urzainki. Incluso en 1935, a puertas de la guerra civil, aún se cifraba en un 4% el número de uskaldunes de Vidángoz, y teniendo en cuenta que la población rondaba los 400 habitantes, estaríamos hablando de 16 uskaldunes.

En efecto, para esas fechas, como ya señalaba Mariano Mendigacha (Mendigatxa) en sus cartas a Azkue a principios del siglo XX, señala que ya no se hablaba en la calle, cuando se lamenta de no poder enseñar Uskara a sus nietos. No obstante, debía quedar gente más o menos mayor que dominaban en mayor o menor medida el Uskara que habían aprendido de pequeños. Es el caso de Juliana Arriola (Arriola), que fue encuestada en 1924 por Eusebio de Etxalar en la realización de la Erizkizundi Irukoitza.

Algunos años después, con la llegada de los prisioneros que construyeron la carretera Igal-Vidángoz-Roncal, muchos de ellos vizcaínos y euskaldunes, algunas personas mayores de Vidángoz todavía conseguían hacerse entender con ellos en Uskara.

Posteriormente, aún hemos conseguido oír resquicios de aquel Uskara que se hablaba aquí por boca de algunas de nuestras abuelas o bisabuelas.

En los retazos de historia que he podido ir encontrando (y los que quedarán por aparecer), se menciona el Uskara en Vidángoz en 1560, cuando se le da a conocer a la supuesta bruja Graciana Belza su condena, “dándole a entender en bascuenç”, porque no entendía otro idioma. Siglo y medio después, en 1723, en otro proceso, esta vez eclesiástico, dos bidangoztarras se disputan la vicaría de Vidángoz, como luego comentaré en las notas históricas. Y otro siglo y medio después, el estudioso Louis Loucien Bonaparte contacta con Mariano Mendigacha y Prudencio Hualde para documentar el, por entonces, todavía sano Uskara.

En el medio siglo siguiente, como deja claro Mariano Mendigacha en sus cartas, el Uskara desapareció como la nieve cuando llega la primavera, en un visto y no visto.

Hoy en día, en la misma medida en que se fue apagando el Uskara en Vidángoz por boca de sus mayores, va rebrotando por boca de los no tan mayores, los jóvenes y sobre todo los más pequeños y cada vez es menos raro oír Uskara por nuestras  calles. Si Mariano y Prudencio levantaran la cabeza, seguro que esbozaban una sonrisa al verlo.

Por todo ello y porque es parte de nosotros, disfrutemos de este Uskararen Eguna 2012.

¡Mendigacha ríndete!

Esta vez, y sin que sirva de precedente, voy a tratar más que una parte del legado de Mariano Mendigacha, una de las circunstancias que marcaron su vida de manera muy relevante. Y es que rebuscando en una hemeroteca antigua, por casualidad, encontré un artículo que tiene mucha relación con la vida de Mariano y que, por otro lado, explica el por qué de esa expresión que muchos habremos escuchado alguna vez: ¡MENDIGACHA RÍNDETE!

Para empezar podríamos decir que Mariano Mendigacha nació en un siglo particularmente violento: desde los últimos años del siglo XVIII, en los que tuvo lugar la guerra de la Convención, el siglo XIX comenzó con la guerra de Independencia, siguió la guerra Realista y posteriormente las guerras Carlistas, dejando todas ellas una huella más o menos grande en la vida y el sentir de los bidangoztarras. Por si esto fuera poco, desde mediados del siglo, con el paso de ser Reino de Navarra a provincia, los roncaleses dejaron de tener el privilegio de no tener que realizar el servicio militar de España, y como consecuencia, a algún bidangoztarra también le tocó guerrear en la guerra de Cuba y Filipinas.

Soldados de infantería isabelinos (llamados así por Isabel II) o cristinos (en honor a la Regente Doña Cristina de Isabel II), como los que dieron muerte a Mendigacha.

Soldados de infantería isabelinos (llamados así por Isabel II) o cristinos (en honor a la Regente Doña Cristina de Isabel II), como los que dieron muerte a Mendigacha.

Por si todo esto fuera poco, Vidángoz también sufrió un violento brote de cólera que diezmó su población en 1855 y trató de evitar como pudo la desamortización civil de Madoz (la expropiación por parte de la administración española de los bienes públicos) que tuvo lugar a mediados de siglo.

Con todo esto podemos figurarnos que la mentalidad de la época sería más bien pesimista y bastante trabajo tendrían con aguantar el día a día como para andar planeando el futuro a medio y largo plazo.

Mariano Mendigacha era el segundo hijo del matrimonio formado por Manuel Mendigacha  (Mendigatxa) y Melchora Ornat (Ornat). Su hermano mayor Pascual Isidoro, falleció en torno al año de edad,  algo que dadas las circunstancias sociales del momento, no era para nada extraño.

Así pues, Mariano Saturnino Mendigacha (que así era su nombre completo) nació el segundo pero, a la postre, quedó primogénito, con todo lo que ello conllevaba. Nació en 1832, a las puertas de la primera guerra carlista y con un Vidángoz que todavía estaba recuperándose de la guerra de Independencia y del impacto que habría tenido en la población el enfrentamiento armado que se produjo en 1821 en el mismo Vidángoz entre los dos bandos contendientes en la guerra Realista.

De hecho el propio padre de Mariano Mendigacha, junto con otros bidangoztarras, fue acusado en 1822 del asesinato de Leandro Gorria, natural de Urzainqui y miliciano de Uztárroz, hecho que seguramente tendría relación con el enfrentamiento habido en Vidángoz unos meses antes.

Fusilamiento de carlistas, bando al que pertenecía Manuel Mendigacha, padre de Mariano.

Fusilamiento de carlistas, bando al que pertenecía Manuel Mendigacha, padre de Mariano.

Llegamos ya al hecho en sí. El  21/12/1835 un artículo del periódico liberal “El Eco del Comercio” decía lo siguiente: “Los bizarros hermanos Barricart seguidamente de haber contribuído con su valor a la aprehensión del cabecilla Rojo con su partida en Aóiz, alcanzaron también al rebelde Mendigacha con algunos otros en su propio lugar Vidángoz (Roncal) donde se había cobijado a repararse de la desastrosa correría por Cataluña. Cercándole en su misma casa que le dio el ser, se tiró por un balcón, y huyendo sin querer ceder a la rendición que le intimaban, herido de un balazo cayó y le cosieron a bayonetazos sus mismos patricios a causa del odio que le tenían por haberlos perseguido mucho y a sus familias. […]”.

Eran en torno a las 9 de la noche del 5 de diciembre de 1835 y una tropa de partidarios de doña Cristina rodeó casa Mendigacha y gritaron: “¡Mendigacha, ríndete!”. “Ni me he rendido ni me rendiré” dicen que contestó aquel, y seguidamente salió corriendo con lo puesto, aunque no debió llegar más que hasta las inmediaciones del barranco de Elizarena.

Aquel Mendigacha era Manuel, padre de Mariano Mendigacha, que creció huérfano junto a  su madre y tal vez algún tío y poco más. Su madre, viuda, no volvió a casarse, algo que era relativamente habitual, tal vez debido a las circunstancias de la muerte de su marido. Huérfano pues, e hijo único, cabe pensar que le habría tocado madurar mucho y rápido para hacerse cargo de su casa tan pronto como le fuera posible, casándose con 20 años.

Casa La Santa

El hecho de haber escogido casa La Santa y no casa Landarna como correspondería al orden lógico no es casual. Y responde a la siguiente razón: Vidángoz hasta mediados del siglo XIX estaba dividido en cuatro barrios, de manera que cada uno de ellos tenía entre 15 y 25 casas.

Así, casa Gaiarre, que veíamos en el número anterior, estaba enclavada en el barrio de Iriburua (“la cabeza/parte de arriba de la villa”), barrio delimitado por el río Biniés, la actual calle del Molino y el antiguo camino a Roncal.

Casa La Santa, por su parte, se situaría en el barrio de Iriartea (“en medio de la villa”), que estaría delimitado por las actuales calle del Molino, calle Mayor, calle Tejería y río Biniés. El Molino y la actual casa Zeriorena no eran viviendas.

De este modo, en lugar de ir viendo las casas una a una en el orden habitual, la idea es ir viendo una casa de cada barrio, alternando, como una forma de recuperar ese sentido original del barrio como agrupación de casas, que era el antecedente de lo que hoy denominamos calles, pero que, además, respondía a una forma de administración, teniendo cada barrio su boyero, guarda y más peculiaridades que todavía están por estudiarse.

Casa La Santa

Casa La Santa

Además de los dos barrios ya mencionados, faltarían de mencionar Iribarnea (literalmente “dentro de la villa” aunque en este caso viene a significar “la parte baja de la villa”) y Egullorre (cuyo nombre aún perdura para denominar al barrio situado hacia arriba de la calle mayor y cuyo significado es más dudoso que el del resto de barrios, traduciéndolo algunos como “choza” o “cortijo cubierto” y otros como “ladera de espino”).

Una vez hecha esta aproximación a los antiguos barrios de Vidángoz, pasamos a centrarnos en la casa que corresponde a este número, casa La Santa. Visto desde hoy en día, el nombre nos podría crear la duda de si era debido a un nombre en sí o a una mujer que era muy buena y, por ello, tal vez, apodada “la Santa” y de ahí el nombre.

En este caso no es muy difícil llegar al origen del nombre de la misma porque, como se encarga de recordarnos su propia fachada, la casa fue construida en 1907, hace poco más de un siglo.

Y, antes de esa fecha, ¿había otra casa? Por lo que nos indicaba Severino, oriundo de esta casa, lo que debía haber anteriormente era una herrería o una especie de corralico, una construcción de porte bajo en cualquier caso, pero posteriormente he encontrado datos que hacen pensar que realmente había una casa, si bien, tal vez su tamaño no sería el mismo que el de la casa actual. Lo cierto es que en la matrícula parroquial de 1861-1862 (la primera del libro de matrículas) consta que allí había una casa en la residían Vicenta Larequi Urzainqui (viuda de Fermín Vidart) y su hijo Severo Vidart Larequi. Vicenta vivió allí hasta 1875. Por algún motivo dejó la casa en ese año y pasó a la antigua casa La Santa (actual casa Elizalde), cuyo dueño, el ya fallecido Manuel Larequi Urzainqui, había sido el hermano de la citada Vicenta. Cabe pensar, a la luz de estos datos, que Mª Santos Larequi o su hija Severina Fuertes Larequi habrían heredado la casa o lo que quedaba de ella y la reconstruyeron, dando lugar a la casa que hoy conocemos, como se expone a continuación.

Detalle de la fachada de casa La Santa, que deja constancia de su año de construcción.

Detalle de la fachada de casa La Santa, que deja constancia de su año de construcción.

¿Y quién la construyó y de dónde provenía? Pues la respuesta es la pareja formada por Fidel Santiago Sanz Urzainqui (nacido en casa Calderero en 1859) y Severina Fuertes Larequi (nacida en la actual casa Elizalde en 1865, que, en aquel tiempo, desconocemos qué nombre tendría), que se casaron en 1890. ¿Y dónde vivieron hasta 1907, año en que se construyó la actual casa la Santa? Pues el matrimonio debía vivir en la actual casa Elizalde, que por entonces algunos ya llamarían casa La Santa, ya que su dueña era Santa (Mª Santos) Larequi Salvoch, y de ahí “casa de la Santa”.

Hacia 1897, el marido, Santiago Sanz, partió a Argentina a probar suerte en “las Américas” dejando en Vidángoz a su mujer Severina y a sus dos primeras hijas, Mª Santos y Avelina. Y parece que le fue bien y regresó hacia 1905 y al poco de llegar ya habría empezado la construcción de la actual casa La Santa.

Así pues, casa La Santa en Vidángoz vendría a ser el único ejemplo (que yo sepa) de las denominadas casas de indiano, de aquellos que iban a las “indias” (a América), hacían fortuna y, al volver, construían una casa nueva.

Por último, ¿por qué se llama casa de La Santa si no se llamaba así ninguno de los que la construyeron? Puede que el nombre se deba a la arriba mencionada Mª Santos Sanz Fuertes, aunque algunos señalaban que no podía ser, que de deberse a ella, anteriormente debería haber tenido algún otro nombre. La posible explicación reside en que cuando el matrimonio y sus hijos pasaron a vivir a la nueva casa La Santa, llevaron consigo a “la abuela”, esto es, a la madre de Severina Fuertes: Santa (o Mª Santos) Larequi Salvoch. El único pero que se le encuentra a esta explicación es que la citada Santa sólo vivió 5 años desde que pasaron a vivir a esta nueva casa.

Ziberria

El topónimo que hoy nos ocupa es uno que prácticamente cualquiera podría ubicar en el mapa, por pocos días que haya pasado en Vidángoz. Es Ziberria.

Ziberria durante una riada.

Ziberria durante una riada.

Ziberría hace referencia al paraje situado en torno al río Biniés cuando éste pasa por debajo de la ermita de San Sebastián o de la Asunción, y donde encontramos un puente, una presa, el comienzo de la acequia del molino y pozo para el baño en verano.

Sin embargo, es un topónimo que difícilmente encontraremos en un mapa, al igual que sucede con la Pitxorronga o Peñeta. ¿Por qué? Porque hacen referencia a lugares de tamaño reducido y los mapas suelen recoger nombres más generales que designan a lugares más amplios.

Bueno, pero, ¿qué quiere decir Ziberria, de dónde viene ese nombre? Pues siguiendo la huella de la documentación, encontramos que, antiguamente, el paraje se denominaba Zibiberria (se mencionan los linares de Zibiberria). Y entonces es fácil deducir su origen: “Zibi” (variante de “zubi”, puente) + “berria” (nuevo), en resumen “el puente nuevo”.

Seguramente en su día haría referencia a un puente de nueva construcción que estaría más o menos donde el puente actual. Pero además nos da a entender que, en el pueblo o donde fuera, habría otros puentes (que serían los “puentes viejos”).

Al no ser Vidángoz sitio de mucho tránsito, seguramente todos estos puentes serían de madera u otro material perecedero y, con el tiempo se irían deteriorando y siendo reemplazados.

75 años del comienzo de la «guerra civil»

Recorte del Diario de Navarra del 12/02/1937.

Recorte del Diario de Navarra del 12/02/1937.

Era el primer invierno de la última “Guerra Civil” (digo última porque hubo otras anteriormente que también se denominaron así). En Vidángoz la mayoría de la población era de derechas, o, al menos, eso votaban. Si a esto le unimos que en muchas familias había algún religioso y que la iglesia se había alineado con el bando franquista, parece lógico que algunos bidangoztarras se unieran al mismo.

No es raro pues, el apoyo que brinda Vidángoz al bando franquista, como señala la prensa de la época en esos primeros meses de guerra: Dominica Mainz (Refelna) hace donativo al Ejército Español (Diario de Navarra 08-08-1936); Ayto. y Sociedad El Molino, en la suscripción para el Ejército Español (Diario de Navarra 21 y 23-08-1936); Vidángoz envía diversos animales y bienes al “Ejército Salvador” (Diario de Navarra 29-09-1936).

Los voluntarios que salieron de Vidángoz eran requetés (carlistas), que, fueron aliados de Franco. En la carta que se muestra a continuación (Diario de Navarra 12/02/1937), Eusebio Pérez (Diego) da cuenta del estado de los bidangoztarras que andan en el frente de Gipuzkoa. En concreto, además de a sí mismo, menciona a Cecilio Pérez (Santxena), Juan Urzainqui (Kostiol), Pío Ornat (Ornat), Pascual Urzainqui (Lengorna), Abundio Sanz (Danielna) y Antonio Larrea (Xapatero).

A la mayoría de los que vivimos no nos ha tocado vivir (y que no nos toque) una guerra y no sabemos qué ambiente se respiraría en aquel entonces, pero, en cualquier caso, se hace extraño leer de un grupo de pastores y almadieros (que era a lo que se dedicaban la mayoría de los varones de principios del siglo XX) eso de “limpiar la Patria de indeseables y asesinos marxistas”.

En el otro lado, el de los represaliados, en Vidángoz particularmente se centró en la familia Mainz Landa (Landa). Sobre este particular, como sobre la guerra en general, hay diversas noticias que iremos tratando en entregas sucesivas de Bidankozarte.

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