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Casa Diego

Arrancamos esta tercera vuelta sobre los nombres de las casas con casa Diego, la que, en la documentación, ha sido tradicionalmente la 3ª casa del barrio de Iriburua.

Fachada original de Casa Diego

Fachada original de Casa Diego

Y es que, si bien es bastante probable que casa Diego tenga un origen anterior a esa fecha, lo cierto es que como segura sólo podemos dar la fecha de 1724, que figura sobre una de sus ventanas y que, de no ser la fecha de construcción de la casa, indicaría al menos el año en el que se realizó en la misma una reforma importante.

En aquel entonces, la casa tendría un tamaño menor que el actual, y seguramente, su fachada original, que daba a la calle Salsipuedes (hoy en día al patio de Diego) sería simétrica. Posteriormente se habrían añadido el ala que queda por detrás de casa Montxonena y el ala que cierra el patio por la parte izquierda de la fachada original.

Piedra angular de la puerta de Casa Diego

Piedra angular de la puerta de Casa Diego

Pero la fachada original de casa Diego tiene varios detalles interesantes. El primero, la piedra que corona el arco de la puerta de entrada:

En ella figuran sendos lauburus, con orientaciones opuestas, entre los cuales hay una corona sobre una cruz cuya base se apoya en el monograma IHS, presente en varias casas de Vidángoz, y cuyo significado es Iesus Hominum Salvator, esto es, “Jesús Salvador de los Hombres”. Los lauburus vienen a interpretarse como un símbolo solar, empleado para evitar que entren “las tinieblas”, en este caso a la casa.

Dintel de ventana de Casa Diego

Dintel de ventana de Casa Diego

Otro de los elementos que destacan en la fachada es la piedra en la que se indica la fecha en la que se hizo la fachada, en la parte superior de la ventana central (imagen que queda sobre estas líneas). La hexapétala (flor de seis pétalos) que queda en medio de la inscripción es un símbolo de carácter protector asociado a creencias astrológicas, empleado en multitud de culturas desde antiguo. Es un elemento ampliamente utilizado en la decoración, y es por ello que también se puede observar en las estelas funerarias de la propia casa Diego y casa Bomba o dibujada en algunas arcas, braseros (Paskel) o demás elementos del hogar del propio Vidángoz.

Elemento contra el mal de ojo en la repisa de una ventana de Casa Diego

Elemento contra el mal de ojo en la repisa de una ventana de Casa Diego

El último detalle que nos falta, se encuentra semioculto en la repisa de la misma ventana que data la casa en 1724. Se trata en este caso de una cara tallada en piedra y situada justo encima de la puerta (imagen al pie de esta página). Se dice que este tipo de elementos se disponían en aquella época en las casas como precaución para que el “mal de ojo” no entrara en las casas, como si la cara tallada en la piedra fuera una especie de vigilante.

Estos detalles podrían ser una curiosidad sin más, si no fuera por el hecho de que en aquel momento, en 1724, vivía en la casa (y por lo tanto habría sido el encargado de hacerla/reformarla) el que por entonces era párroco de Vidángoz, Don Miguel Hualde. Chocante cuanto menos el hecho de encontrar los citados elementos de origen pagano y relacionados de alguna forma con la superstición (los lauburus y la hexapétala, la cara esculpida en piedra) en la casa de un religioso.

Dejando de lado los detalles, pasamos ahora al nombre de la casa, o mejor dicho a los nombres que ha ido teniendo la casa. Y es que antes que casa Diego, tal y como me decía mi padre, originario de la misma, se llamaba casa Don Miguelna o Don Mikelna, en referencia al anteriormente mencionado Don Miguel Hualde. Yo le decía “¿Cómo va a ser Don Miguelna? ¡Será Miguelna!”, a lo que él me respondía “Pero es que era un cura, y por eso llevaba el Don delante”. Y queda claro que estaba en lo cierto.

Posteriormente pasó a llamarse casa Diego, tomando el nombre de Diego Ramón Pérez Garde, nieto de una hermana de Don Miguel Hualde, de nombre Fermina, línea por la cual parece que se heredó la casa, ya que el padre de Diego era natural de Isaba y la madre de Uztárroz (hija de la sobredicha Fermina), pero se ve que en el mismo Vidángoz no quedaba familia que pudiera heredar la casa (o no los consideraban tan idóneos, a saber).

Por último, señalar que algunos también denominaban en su día a esta casa Sotana ter-ter, en referencia a que era una casa en la que siempre había curas. De hecho, en casa Diego hay una habitación que se conoce como “el cuarto de los curas”.

Placa en homenaje a Irene Pérez Goyeneche, natural de casa Diego

Placa en homenaje a Irene Pérez Goyeneche, natural de casa Diego

Curas o religiosos/as, al menos hasta hace bien poco, ya ha habido unos cuantos. Cuatro de los cinco hermanos Pérez Goyeneche que llegaron a adultos fueron religiosos: tres monjas, Irene, Natividad y Guadalupe, y un sacerdote, Santiago. Y a la primera de ellas hace referencia la placa que hay en la fachada actual de la casa, que da a la calle Mayor:

El año que viene se cumplirán 50 años de su muerte, con lo que trataré el tema con mayor profundidad.

Dejamos aquí lo referente a casa Diego, que, como ha podido verse, tiene su historia.

Gazteluzarra

El topónimo que nos ocupa esta vez es Gazteluzarra. Se denomina así, o también Peñas de Gazteluzarra, al término situado al Sur de Elizarena, y puede ser observado fácilmente desde la carretera Igal-Vidángoz a la par del Castillo y de ahí hacia Burgui. Desde prácticamente cualquier punto que se divise, Gazteluzarra se presenta como una atalaya rocosa, que es precisamente lo que le habría conferido esa característica que originaría su nombre.

La etimología del topónimo es inequívoca en este caso: “gaztelu” (castillo) + “zarra” (viejo) = “el castillo viejo”.

Y el hecho de llamarse Gazteluzarra, el castillo viejo, en el caso de Vidángoz se puede relacionar con otro topónimo que tenemos en el mismo pueblo (y que trataremos en otra ocasión) y que no es otro que El Castillo, que, por contraposición, podríamos considerar “el castillo nuevo”.

Las "peñas" de Gazteluzarra vistas desde San Juan

Las "peñas" de Gazteluzarra vistas desde San Juan

En los valles de Roncal y Salazar se pueden encontrar diversos “Gazteluzarra” o “Gaztuluzarra”, todos ellos situados en cimas y conectados visualmente entre sí, lo que, como explica más detalladamente Iñaki Sagredo en su libro “Vascones: Poblamiento defensivo en el Pirineo” (Pamiela, 2011), implica la existencia de una organización defensiva común entre los pueblos de la zona. Por ejemplo, desde el Gazteluzarra de Vidángoz, además de controlar visualmente todo el valle del Biniés, hay contacto visual con los Gazteluzarra de Igal y Burgui, lo cual, ante una situación de peligro, permitiría dar aviso rápidamente a los Gazteluzarra cercanos, seguramente usando fuego.

Además, es probable que en algún momento convivieran “en activo” el castillo de Gazteluzarra y El Castillo del pueblo, puesto que, dependiendo de la ubicación exacta de este último, podrían haber tenido incluso contacto visual entre ellos.

En cualquier caso, por el momento todo son conjeturas ya que, por un lado, no hay documentación que mencione ni uno ni otro (lo cual no quiere decir que no existieran, sino que serían de época anterior a la de la documentación que se conserva), y por otro, hasta la fecha, no han aparecido vestigios reseñables de que en alguno de los dos emplazamientos hubiera una edificación de tipo defensivo. De hecho, a finales de 2012 un equipo comandado por el citado Iñaki Sagredo realizó una primera cata arqueológica en Gazteluzarra que no fue fructífera.

Para terminar y como muestras de lo que la memoria colectiva dice respecto a Gazteluzarra, Crisanto Pasquel Ornat (Paskel) comentaba que “en ese castillo se hicieron fuertes los nativos de aquí, cuando la invasión de los moros”, y mencionaba una leyenda que decía que “la tradicional riqueza de casa Santxena se debía a un becerro de oro que habían encontrado en Gazteluzarra”. En un aspecto similar, Evaristo Urzainqui Hualde (Lengorna), aseguraba que, siendo su madre pequeña, había encontrado en una pequeña cueva de Gazteluzarra un almirez (mortero) de piedra, que habría quedado en casa Navarro al casarse ella a casa Lengorna.

Presentación revista Bidankozarte

Nace con estas líneas Bidankozarte, una publicación dedicada a la difusión y recuperación de la historia, cultura y costumbres de Vidángoz, con la intención de dar a conocer en unos casos y de recuperar en otros, aspectos de nuestro pasado, elementos que hicieron que Vidángoz atravesara el tiempo y llegara a nuestros días como lo conocemos actualmente, habiendo desarrollado un carácter y una personalidad propios.

¿Por qué el nombre Bidankozarte? Porque, como luego se explicará, el topónimo hace referencia al espacio físico entre dos “Vidángoz”. De igual manera, esta revistica pretende ser un espacio entre dos “Vidángoz”, pero en este caso entre el Vidángoz del pasado y el del presente. El hecho de ser Bidankozarte y no Bidangozarte es una manera de recordar el cómo se denominaba al término en ese pasado al que se hace referencia, si bien los escribanos y los secretarios lo escribían como buenamente podían, generalmente “vidancozarte”.

Desde estas líneas se podrán descubrir acontecimientos históricos olvidados, personajes de renombre, antiguas costumbres, noticias de la prensa de antaño, nombres de lugares (algunos ya olvidados), nombres e historia de las casas, vocabulario, canciones, jotas, y coplas, bidangoztarras en el mundo… y un largo etcétera en el que podríamos incluir todo lo que nos venga a la cabeza.

Bidankozarte tratará de difundir, pues, información relativa a Vidángoz que se encuentra dispersa (y, a los ojos de la mayoría, prácticamente oculta) como modo de conservar ese mismo conocimiento. Información procedente de libros, revistas, archivos … etc, pero también de los testimonios de los mayores de Vidángoz, que, en cierto modo, vienen a ser otra especie de “libros”.

Logo de la revista Bidankozarte

Logo de la revista Bidankozarte

En ese sentido, en el de los testimonios, otro de los objetivos de Bidankozarte es hacer que se rememoren costumbres, sucesos o historias del pasado, haciendo así que entre unos y otros se vaya completando la memoria colectiva de Vidángoz.

Vidángoz, además, ha sido un pueblo de grandes colaboradores, y su legado merece ser dado a conocer: Mariano Mendigacha (Mendigatxa) y Prudencio Hualde (Rakax) en estudios sobre el Uskara, Ciriaco Asín (Pelaire) en el “Vocabulario Navarro” de José Mª Iribarren, Isidro Urzainqui (Kostiol / Santxena) y Constancia Pérez  (Santxena) en temas de etnografía, (Crisanto Pasquel (Paskel) en Toponimia… Y aparte de ellos, todos los que han ido colaborando en el estudio que realicé recientemente sobre la oiconimia (nombres de las casas) de Vidángoz. Pero además de ellos, Vidángoz también ha dado grandes “creadores”, que, por iniciativa propia recopilaron o estudiaron otra parte del patrimonio de Vidángoz, como fueron Nicolás Iribarren (párroco), que hizo un estudio inimaginable de los libros parroquiales de Vidángoz, y Santiago Salvoch (Calderero), que creó un magnífico fondo fotográfico. Y seguramente me estaré olvidando de alguno.

En Bidankozarte trataremos de hacer que el legado de estos bidangoztarras se conozca y se reconozca como merece.

Esperando que guste, que tenga continuidad, y animando a todo el mundo a colaborar, enviar sugerencias, comentarios y correcciones cuando corresponda (que seguro que habrá ocasión) para ir mejorando esta revistica, empezamos con los contenidos de este primer número.

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