Txirrikiparte

Hasta tiempos bastante recientes nuestro pueblo en particular y las zonas rurales en general tenían una manera de funcionar, de hacer las cosas, muy diferente de la actual.

En un modo de vida eminentemente agrícola y ganadero, con una economía de subsistencia, las redes sociales (y no me refiero a las de internet) y las relaciones personales eran esenciales para que las familias pudieran salir adelante, especialmente si venían mal dadas.

El dinero en metálico tampoco era empleado de manera habitual y en muchos ámbitos de la vida los pagos se realizaban en especie, por ejemplo, en robos de trigo.

El txirrikiparte bien podía ser una morcilla.

En este contexto, había labores que requerían la ayuda de vecinos, familiares o de alguien del pueblo especializado en cierta tarea que no estuviese considerada como una profesión en sí (por ejemplo, la partera que había ayudado en un nacimiento, el matarife que tomaba parte en el matatxerri…), y esta labor en muchas ocasiones no se pagaba como tal, pero sí que se agradecía la ayuda prestada de una manera peculiar.

Como ya adelantaba el título de este artículo, me referiero al txirrikiparte, que venía a ser la denominación que se daba en Vidángoz a alguno de los productos que se obtenían en el matatxerri y que se entregaban a familiares, amigos y demás en señal de agradecimiento, de amistad y de buena vecindad.

Y es que txirrikiparte, en origen, seguramente, txerrikiparte, quiere decir precisamente eso: alimento obtenido del cerdo (txerriki) que se comparte (en euskera partekatu).
Costumbres de otros tiempos que afianzaban relaciones sociales.

Un héroe de la Guerra de Cuba

En el último Bidankozarte mencionaba los soldados bidankoztarras repatriados en la última Guerra de Cuba, y comentábamos que poco pudieron hacer aquellos reclutas con los medios que tenían.

Pues bien, intentando profundizar un poco en el tema para ver si encontraba más paisanos nuestros en aquel conflicto, tuve la suerte de recibir respuesta de Javier Navarro, un experto en este tema. En la extensa base de datos que maneja, no aparecieron más combatientes de Vidángoz, pero sí que hubo uno de quien se pudo sacar algo más de información, y no fue poca cosa.

Resulta que uno de aquellos mozos bidankoztarras, concretamente Bernardo Salvoch Pérez (de la antigua casa Mailusa, que ocupaba el solar sobre el que actualmente se asienta la casa consistorial), fue condecorado con la ‘cruz de plata al mérito militar con distintivo rojo’, insignia que se concede a militares de baja graduación que, ‘con valor, hayan realizado acciones, hechos o servicios eficaces en el transcurso de un conflicto armado o de operaciones militares que impliquen o puedan implicar el uso de fuerza armada, y que conlleven unas dotes militares o de mando significativas’.

Con esto podríamos pensar que Bernardo se empleó a fondo en algún enfrentamiento y se lo reconocieron de esta manera… pero es que no consiguió una condecoración de este tipo, sino ¡cinco! Las acciones que le supusieron estas insignias, todas en la demarcación de Santiago de Cuba, fueron las siguientes:
• 25/07/1896 – Combate en Guajacabo (Manzanillo).
• 19/08/1896 – Combate en Cantillo.
• 16, 17 y 28/12/1896 – Comportamiento en los combates sostenidos en la conducción de un convoy de Manzanillo a Bayamo.
• 30/01/1897 – Levantamiento del sitio de Guamo, pensionada con 2,5 pesetas (no vitalicias). Herido en el combate.
• 02/03/1897 – Operaciones sobre Baire.

Bernardo el de Mailusa, uno de los muchos héroes anónimos que dejan las guerras.

Mapa de Cuba en cuya parte sur se encuentran marcados los lugares de las acciones que dieron lugar a las condecoraciones de Bernardo Salvoch.

Nacimientos, bodas y defunciones en 1924

Como corresponde al número correspondiente al invierno, cuando se produce el cambio de año, vamos a hacer un repaso de lo que dio de sí el año 1924 en cuanto a nacimientos, bodas y defunciones. Un año que, atendiendo a las cifras que nos ofrece, fue bastante promedio con la salvedad del número de bodas, que duplicó los dos enlaces anuales de media.

En el capítulo de nacimientos, diez bidankoztarras vinieron al mundo: Bernardina Ornat Sanz [La Santa], Venancio Montes Fuertes [Montes/Garro], María Julia Navarro Carrica [Pexenena], José Morlans Porta [Molino], Mª Dolores Mainz Landa [Mux], Mª Jesús Elizalde Sanz [Elizalde], Cándida Sanz Sanz [Danielna], Heliodora Artuch Jimeno [Largotena/Burgui], Anastasio Sanz De Miguel [Arlla] y Crescencio Mainz Mainz [Mendigatxa].

Entre estos diez, como suele ser habitual, hubo un poco de todo. Tres de ellos, Bernardina, Cándida y Anastasio, fallecieron en sus primeros meses o años de vida. Otros tres eran hijos de padres foráneos y con oficios menos habituales: Venancio era hijo del herrero, que era natural de Roncal; José era hijo del molinero, oriundo de Arboniés; y Mª Jesús era hija del carpintero, que había nacido en Isaba. Solo uno de ellos, Venancio, se casó en Vidángoz, y otros tres, Dolores, Heliodora y Crescencio, se casaron pero a otros pueblos. Finalmente, y como no podía ser menos en nuestro Pequeño Vaticano, también hubo una religiosa: Julia.

En el apartado de bodas, como ya señalaba, hubo el doble de enlaces de lo habitual, un total de cuatro. Las dos primeras fueron lo que se denominaba boda ‘a la trueca’, un enlace en el que se casaban dos hijos de una familia con otros dos de otra: Juan Urzainqui Hualde [Lengorna] y Mª Santos Hualde Mainz [Navarro/Lengorna], Francisco Hualde Mainz [Navarro] y Gregoria Urzainqui Hualde [Lengorna/Navarro]. Además de esta doble boda, también se unieron en matrimonio en 1924 Gabino Sanz Salvoch [Mailusa] e Inocencia Gayarre Guinda [Gaiarre/Mailusa] y Marcelino Sanz Salvoch [Kurllo] y Cruz Jimeno Salvoch [Zinpintarna]. Todas las parejas pasaron a ser cabezas de familia de sus respectivas casas (Lengorna, Navarro y Mailusa) salvo esta última pareja, Marcelino y Cruz, que terminaron fijando su residencia en Tauste.

En lo que respecta a los fallecimientos, en Vidángoz murieron cuatro adultos y dos niños: El primero de ellos, Eusebio Pérez Urzainqui [Diego], de 83 años de edad, debido a una infección intestinal de carácter tífico, fue a morirse el año en que la construcción o la reforma de su casa nativa cumplía su bicentenario; Sinesio Mainz Pérez [Aristu], de 1 mes de edad, por atrepsia; José Rufino Sanz Glaría [Llabari / Danielna], de 69 años, a causa de una nefritis crónica; Eustaquio Navarro Aizagar [Matías-Aizagar], de 22 años, que había subido al árbol en busca de pasto (seguramente bizco), y le debió de dar un ataque epiléptico, se cayó, y terminó falleciendo a consecuencia del golpe; Anastasio Sanz De Miguel [Arlla], de 2 meses de edad, no constando la causa de su muerte; Felipa Recari Glaría [Burgui / Ferniando], de 78 años, a causa de una lesión orgánica del corazón. Además de éstos, hubo al menos un bidankoztar más muerto, solo que como falleció en la Bardena, no constaba en los registros parroquiales de Vidángoz, pero la prensa dio noticia de ello. Se trata de Severiano Navarro Pérez [Laskorna/Matías-Aizagar], de 52 años, que apareció muerto en una corraliza de Caparroso, y que habría fallecido a causa de una dolencia cardiaca.

Para terminar, señalar que las únicas dos muertes que no corresponden a gente muy mayor o de muy corta edad, las de Eustaquio y Severiano, afectaron a una misma familia, a la familia Navarro Aizagar. De hecho, es de reseñar que los difuntos eran respectivamente hermano y padre de Justino Navarro, el escultor bidankoztar del que hemos hablado en esta publicación en alguna ocasión, dos pérdidas en un espacio muy breve de tiempo que seguro que tuvieron impacto directo en la vida de nuestro artista.

Y hasta aquí ha llegado el repaso al registro civil de Vidángoz de 1924.

Una mariposa muy nuestra

Este verano me dieron noticia de un animal que, al parecer, es autóctono de nuestro valle, pero del que realmente yo no tenía conocimiento. El comentario fue algo así como ‘oye, tengo un conocido que es aficionado a las mariposas y, al saber que soy de Vidángoz, me dijo que aquí, de un lugar llamado Ziberria hacia arriba, le habían dicho que se podía encontrar dicho animal, y que, de hecho, únicamente puede verse por aquí‘.

La verdad es que era la primera vez que yo oía tal historia, pero, preguntando aquí y allí y rebuscando un poco llegué a dar con el animalico, cuyo nombre científico no deja lugar a dudas de su relación con nuestro valle: Graellsia isabelae roncalensis.

Tal vez no la hayáis visto porque no es fácil de encontrarla, ya que es un animal que solo tiene una generación cada año, y en su fase de mariposa es de hábitos nocturnos y vuela entre abril y julio dependiendo de su localización y que tiene de particular las colas de sus alas. En cualquier caso, una mariposa realmente vistosa.

Por último, señalar que este año se cumplen 50 años de la descripción de la subespecie roncalensis por parte de Gómez Bustillo y Fernández Rubio.

Pues hasta aquí esta curiosidad roncalesa, en este caso desde la biología.

Vocabulario bidankoztar: útiles agrícolas

Vuelve para este número especial una sección poco habitual en los últimos tiempos, con excepción del nº 48, la relativa al vocabulario, con un tema estrechamente vinculado con nuestro pasado hasta tiempos bien recientes: los útiles, las herramientas empleadas en las labores agrícolas.

Hasta hace unos años, podríamos decir que hasta las décadas de 1960 o 1970, todas las casas de nuestro pueblo comían en gran parte de lo que cultivaban en sus propias tierras. La mecanización todavía no se había generalizado en el campo y, además, teniendo en cuenta el relieve del término municipal de Vidángoz, resulta fácil entender por qué muchas de las herramientas que se mencionarán se utilizaron hasta que se dejaron de cultivar las tierras y, también, por qué podemos encontrar todavía muchos de estos útiles en prácticamente cualquier casa de la villa.

Si pensamos en el ciclo agrícola (nos centraremos en el cereal), la primera labor que hay que realizar es el labrado de la tierra y, para ello, la herramienta fundamental es el arado. Este apero consta de varias partes (anilla, clavija, dental, espada, falca, manillera, reja, sortija, timón o torno) que no describiremos en profundidad pero que se pueden ver con claridad en la imagen que acompaña este artículo. Pero está claro que el arado no andaba solo, necesitaba de dos bueyes que tiraran de él, y éstos tenían que ir unidos por el jubo o jugo (yugo), cada uno con el cuello en una de sus cocoteras, y unas juñideras, y para que el jubo no lastimara la cabeza de los animales. Después de la primera pasada por la pieza a arar, se cruzaba el campo, esto es, se hacía una segunda pasada con el arado.

Una vez preparada la tierra, tocaba la siembra, y, para ello, tenemos el robo, una especie de cajón cuadrado de madera cuya cabida daba la medida del grano necesario para sembrar una robada de terreno (898 m2). Hecho esto, solo quedaba dejar crecer el cereal, escardando durante dicho proceso para evitar que las malas hierbas interfirieran en el crecimiento de la planta, y para ello, se usaba un axurko, un ajau (azada) pequeño.

Llegada la época de la recolección, había que proceder a la siega, generalmente con una hoz y protegiendo la mano con una zoketa, una especie de pequeña manopla de madera, aunque si el trigo se segaba tarde, demasiado crecido, se utilizaba la dalla (la guadaña). Era conveniente que ambas herramientas estuvieran siempre bien afiladas, y por eso se llevaba la piedra de afilar encima, en una suerte de estuche denominado cuezo. Lo recogido con tres falcadas (golpes de hoz) se denomina manada, y dos manadas hacen una gavilla y cinco o seis gavillas, un fajo. Estos fajos se ataban con vencejo o ligarza.

El siguiente paso era la separación de la paja del grano, y para ello se transportaba a lomos de algún animal el cereal hasta las eras, terrenos circulares, llanos y expuestos al viento donde se realizaba la trilla y el aventado. Allí, se extendía el cereal segado, denominado ahora parva, por el suelo de toda la era y se pasaba el trillo. Una vez trillado, quedaba amontonar el cereal y esperar a que hubiera viento para aventarlo, donde entraban en juego otras herramientas como el xarde u horca y la pala de aventar. Al volteado de la paja se le denominaba contornar. Una vez hecho esto, se recogía el grano y se pasaba por el porgador, ceazo o clave (cribas o cedazos) para separar el grano del resto de material y se guardaba el grano en sacos para su transporte y almacenamiento.

Por último, el grano se almacenaba en el granero de cada casa, sí, pero, en una época no tan lejana, también la villa tenía su propio granero y la iglesia tenía otro, denominado granero de la primicia y, más antiguamente, hórreo de la primicia, edificio que desapareció por un episodio rocambolesco que probablemente os cuente en otro Bidankozarte.

Pues hasta aquí el vocabulario relacionado con herramientas agrícolas.

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