Ai, ene onetsia!

El pasado mes de noviembre se presentó en Ardanaz de Izagaondoa el libro Ai, ene onetsia! El euskera en el entorno del prepirineo navarro (ss. XVI-XX), escrito por Gorka Lekaroz y publicado por la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa. Se trata de un volumen bilingüe que tenía por objetivo inicial indagar en la historia del euskera en el prepirineo, pero, para poder complementar algunos datos se han incluido también referencias a zonas colindantes, entre ellas nuestro valle, al cual se dedica un capítulo del libro.

El libro está dividido en dos partes. En la primera hace referencia a la Edad Moderna, siglos XVI-XVIII, en los que el euskera era la lengua mayoritaria y en ocasiones la única que se hablaba en los valles objeto del estudio. Al ser la lengua de la administración romance, los el euskera aparece como notas sueltas en diversos procesos judiciales o documentos notariales, en los que se hace mención a expresiones en euskera que se transcriben literalmente, y a las que se acompaña de su correspondiente traducción. En cantidad de juicios, como sucedía, por ejemplo, con el de la bidankoztar Graciana Belza por brujería (en 1560-1561), parecería leyendo la documentación del proceso que los acusados eran perfectamente castellanoparlantes, hasta que en una nota casi residual, al final del mismo proceso, se indica que ‘se les dio a entender la sentencia en lengua vascongada‘, porque no entendían otro idioma, obviamente. Finaliza esta primera parte con mención a diversos escritos en euskera, cartas, doctrinas cristianas y evangelios, escritas o traducidas a las diferentes variedades del euskera de los diversos valles, la mayoría de ellas correspondientes al siglo XIX, cuando la lengua vasca sufrió un brusco declive que hizo que el habla tradicional desapareciera en pueblos en los que apenas dos generaciones antes casi no se conocía otra. Entre los testimonios de este tramo final de la primera parte, varios roncaleses en general y bidankoztarras en particular: Julián Gayarre, Prudencio Hualde, Benita Hualde, Mariano Mendigacha o Miguel Ros.

La segunda parte del libro analiza en diferentes capítulos, cómo se produjo el mencionado retroceso del euskera valle por valle, y se intenta dar cuenta de las últimas personas de las que se tiene noción que hablaron la lengua vasca en cada comarca. Entre ellos, hay un capítulo dedicado al valle de Roncal, titulado ‘Juan Melchor Elizalde y Benito Recari: el uskara roncalés, río Eska abajo’. Se analiza la situación en los pueblos en los que menos se ha estudiado esta situación: Roncal, Garde, Vidángoz y Burgui. En el caso concreto de Vidángoz, lo recogido es un pequeño resumen de lo investigado y publicado por el propio Gorka Lekaroz en 2014 en la revista Uztaro, en un artículo titulado ‘Bidankozeko gerraosteko euskaldunak’ (los vascohablantes del Vidángoz de la posguerra), pero el capítulo hace un análisis de la situación en cada uno de los cuatro pueblos del valle en el que se puede ver similitudes en las épocas y en las formas y motivos por los que se produjo la detención de la transmisión de la lengua.

Un libro muy recomendable para quien tenga interés en la historia del euskera en nuestra tierra.

¿El diccionario perdido de Mendigacha?

Las cartas de Mendigacha también han ocupado un espacio relevante en esta publicación y merecen un artículo en este nº 50. Pese a que ya las hemos trabajado bastante, con el centenario de la muerte de Mariano también hablamos sobre las cartas con más profundidad y en 2020 publicamos la recopilación completa de la correspondencia entre Mendigacha y Azkue, aún queda algún tema que podemos tratar.

Uno de los temas en los que Azkue quería profundizar por medio de Mendigacha era el vocabulario del uskara roncalés. Léxico que fue obteniendo de los pocos textos que ya existían en nuestro dialecto (fundamentalmente los escritos de Prudencio Hualde y el propio Mendigacha para Bonaparte) y, sobre todo, de los encuentros que tuvo y de las cartas que intercambió con Mariano.

Con lo recopilado de Mendigacha y del resto de colaboradores que tuvo por todo Euskal Herria Azkue publicó una de sus grandes obras, el Diccionario Vasco-Español-Francés, de 1905, en el que, además de palabras señaladas con la R que indica que se usaba en el dialecto Roncalés del euskera, se pueden encontrar cantidad de vocablos con la marca R-bid que indica que concretamente esa palabra la tomó de Vidángoz.

El caso es que, en algún momento, Azkue sugirió a Mendigacha la realización de un vocabulario roncalés, tarea que Mariano pensó que le superaba y que rechazó en primera instancia. Algo después, no obstante, Mendigacha retomó la idea y se puso con ella y, así, en una carta fechada en enero de 1909 indicaba a Azkue que ya llevaba avanzado el diccionario e iba por la letra S, y que pensaba acabarlo ese mismo invierno. No se ha encontrado en los fondos documentales Azkue nada similar a este trabajo de Mendigacha, pero seguramente lo habría recibido Don Resurrección y usado posteriormente para su Particularidades del Dialecto Roncalés, publicado en 1932, año escogido nada casualmente por ser el centenario del nacimiento de Mariano.

¿Estará oculto entre otros papeles este diccionario? ¿Aparecerá algún día? ¡Quién sabe…!

Un francotirador en El Txaparro

Si hay una historia conocida sobre el monte Austemendia, ésa es, sin lugar a dudas, la relacionada con la incursión de los maquis de octubre de 1944.
Ese capítulo de nuestra historia lo investigué en 2019, con motivo del 75º aniversario de los hechos, y lo analicé en el Bidankozarte 33 y en la charla de aquel año. Aquel mes resultó de lo más movido con las idas y venidas de los guerrilleros: los enfrentamientos de primeros de mes en la Sierra de Ferniando, las diversas visitas al pueblo de los maquis para aprovisionarse, repartir propaganda y demás, el sangriento enfrentamiento del día 25 que dejó al menos once muertos, cuyos entierros se realizaron en primera instancia en nuestro cementerio o la retirada de aquella partida de maquis que cogió a Juan Xapatero como guía a punta de fusil.
Uno de los capítulos más recordados hacía referencia a una de aquellas visitas de los maquis al pueblo que se produjo a mediados de mes. Según referían quienes vivieron aquellos días, tras los encontronazos con los maquis de principios de mes, habían enviado soldados a Vidángoz para vigilar posibles entradas de guerrilleros. Un día bajaba una partida de ocho maquis por Landeta y cuando estaban ya cerca del pueblo, señalan que a la par de la huerta de Diego de Landeta, un tiro certero le acertó a un guerrillero que cayó muerto en el Pozo de Diego.
Pues bien, se dice que el tirador disparó desde El Txaparro… aunque, teniendo en cuenta que hay algo más de 400 metros de distancia entre el árbol y el Pozo de Diego, y que el alcance y la precisión de las armas en aquel entonces no sería tampoco para echar cohetes, cabría poner en duda esta versión.

Toponimia: Austimendia

Teniendo en cuenta que este número es especial, el topónimo a tratar en esta ocasión tenía que ser acorde con esta circunstancia. Es por ello que vamos a hablar de Austimendia, nombre con el que consta en la toponimia oficial de Navarra, aunque veremos que el nombre ha sufrido diversas variaciones desde su origen hasta presentar la forma con la que lo conocemos en nuestros días.

En principio, la localización de este topónimo debería ser conocida por todo el mundo, pero, tal vez, y estoy pensando en la gente de menor edad, habrá quien no haya tenido ocasión de oír el nombre de este monte pese a tenerlo delante todo el tiempo. Y es que Austimendia no es otro que el monte que queda en frente si lo miramos desde la ladera en la que se asienta la mayor parte de casas de Vidángoz, aquel donde están casa Larranbe, el Txaparro o el repetidor de televisión y las antenas de telefonía, o aquel por cuyas faldas se sube hasta el Castillo desde el Puente de Casero. Con todas estas indicaciones, ya se habrá despejado cualquier atisbo de duda sobre el lugar al que nos referimos.

Bien, y ahora entraremos en el nombre en sí, porque ha tenido su evolución en el tiempo, su transformación, y es retrocediendo en el tiempo, acercándonos, lógicamente, a su denominación original, cuando descubriremos su sentido.

En la actualidad, según a quien preguntemos, nos dirá que se llama Ustemendia, Austemendia o el Austimendia recogido en la toponimia oficial. Puestos a interpretar la etimología del nombre, la segunda parte está clara, mendia = monte, pero, ¿qué hay de la primera? Podríamos hacer muchas cábalas, partiendo de Uste, Auste o Austi, pero no me meteré con ellas porque finalmente se demostrarían erróneas.

Si nos remontamos un siglo atrás, en el catastro de 1892 ya podemos ver otra variante del nombre, Urtemendia, cuya primera parte nos podría llevar a pensar en ‘urte’ = año o algo relacionado con ‘ur’ = agua, pero literalmente, tampoco iríamos bien encaminados (bueno, tal vez la segunda suposición tendría algo a donde agarrarse).

Pero es en un documento notarial de 1719 donde parecen aclararse todas las dudas que podríamos tener en torno a este nombre que ahora aparece denominado Urrutimendia. Desde el euskera actual lo traduciríamos como el monte lejano, pero ya vemos que eso no se ajusta mucho a la realidad, no es un monte que se encuentre (entendemos que desde el pueblo) a mucha distancia… ¿entonces?

En estos casos, lo suyo suele ser buscar analogías, nombres parecidos en otros pueblos de nuestro entorno, y es entonces cuando encontramos que en Garde, Roncal y Urzainqui hay sendos términos denominados Urrutea, y en Uztárroz, Burrutea. ¿Y a que no sabéis qué tienen en común todos esos lugares con nuestro Urrutimendia/Urrutemendia? Pues, que son el terreno o la ladera que se encuentra al otro lado del río según lo miramos desde el pueblo, con lo que el componente ur de urruti parece que sí tendría en origen algo que ver con el agua, la del río en este caso.

Pues misterio resuelto, Ustemendia, AustimendiaUrrutemendia… Simplemente eso, El monte de al otro lado del río.

50 años del incendio de casa Landa

A principios de diciembre, concretamente la madrugada del día 4, se cumplió medio siglo de uno de los pocos incendios de casas que se conocen en Vidángoz. El fuego se originó en casa Landa, que ya no pertenecía a la familia oriunda de la misma y en la que el día anterior habían estado pasando la jornada varias personas relacionadas con los nuevos dueños, que la usaban de manera ocasional.

El fuego comenzó o se detectó a las 5:30 h de la mañana y enseguida pasó a la vecina casa Xereno, donde vivía la familia Sanz Artuch, y de la que Salvador, Paula y tres de sus hijas tuvieron que salir prácticamente con lo puesto, no pudiendo salvar apenas nada. El vecindario, junto con los bomberos, se volcó en las tareas de extinción y se consiguió que el fuego no pasara a casa Anarna.

Para las 10:00 h el fuego ya estaba completamente dominado, pero para entonces ya había acabado con las casas mencionadas.

Después de este incendio solo ha habido otro fuego que haya acabado con una casa, el que tuvo lugar en 2005 y terminó con casa Xoko, y con anterioridad al mismo, no tengo noción de ningún otro fuego que haya causado la ruina total de ninguna casa, solo daños parciales, aunque es seguro que en algún momento habría sucedido.

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