Archive for the ‘Historia’ Category

Cartas a su pareja

Paralelamente a las cartas de Josep a su familia, tenemos la correspondencia que mantuvo con María Escofet, su novia de entonces y futura esposa. Una relación de pareja que parece llevar ya cierto recorrido y que se refleja en la fluida comunicación que tiene María con la familia de Josep y viceversa.

Se dedican mutuamente mensajes de paciencia y de cautela por el tiempo de espera incierta que les toca pasar separados, con frases como “Como tú, tampoco me amilano por las contrariedades por lo que sabré esperar el día que podré abrazarte”.

En medio del invierno, en un momento de desánimo de Josep, la carta de María tarda algo en llegar y él le escribe unas palabras duras, “pero ya no volverán aquellas noches en que nuestros corazones latían al unísono, los mundanales ruidos han envenenado mi ser y no le permitirán vivir como antes hacía siempre a tu lado”, si bien en esa misma carta, que debe de estar escrita en varios momentos diferentes, vuelve a recuperar el tono habitual.

Después de ese mal momento, parece recobrar el ánimo y, a una con la primavera, los rumores sobre su liberación van poco a poco sonando cada vez más fuerte y eso tiene reflejo en las ganas contenidas de volverse a encontrar, lo que terminará sucediendo a mediados de junio.

La historia, en fin, de un amor sincero y paciente con el que no pudo la guerra ni la reclusión.

En contacto con la familia

El tema principal que podemos tomar en consideración al analizar el contenido de las cartas es la relación familiar de Josep.
En julio de 1939, cuando empieza la correspondencia, se encuentran tanto él como su hermano Pere privados de libertad, Josep en Roncal, como ya hemos indicado, y Pere en Cartagena, quedando en casa tan solo sus padres y su hermano Fedriquet, de 16 años.
Josep se erige en una especie de guía para la familia, pese a sus 25 años, tiene muy claro cómo deben de orientar este trance que han de pasar, y trata en todo momento de que la familia permanezca unida, que mantenga la esperanza (pues cree que ambos hermanos serán liberados en poco tiempo por no tener delitos graves) y ponga sus miras en la planificación de la vida y la economía familiar desde el momento presente y de cara a cuando la situación vuelva a la normalidad. En este sentido, tiene claro que las cosas que funcionaban antes de la guerra tal vez ahora no lo hagan de la misma manera y que conviene diversificar el negocio, que hay que vivir del campo pero visitar la ciudad con cierta frecuencia y que hay que cuidar la educación y la cultura. En lo relativo a reactivar el modo de vida familiar anterior a la guerra, Josep también da indicaciones a la familia de los pasos a dar para intentar recuperar el camión y la moto ‘requisados por los rojos’.
En noviembre de 1939 su hermano es liberado y con ello mejora la situación familiar, aunque andan pendientes de que sea llamado a la caja de recluta por la quinta a la que pertenece.
Los de casa centran en ese momento sus fuerzas en ayudar a Josep, mejorar su estancia en Roncal y tratar de que ésta termine lo antes posible. Así, tratan de enviar a su hijo mayor todo lo que pueden (ropa, comida, dinero…), pero éste insiste en que no necesita prácticamente de nada, que guarden para lo que pueda venir, usando unas expresiones que, con lo que sabemos de las condiciones en que se encontraron esos batallones de trabajadores, resultan difíciles de creer, pero el objetivo de Josep era mantener a la familia relativamente tranquila y animada.
Los padres, como indicaba, también tratan de acelerar en lo posible la liberación de Josep solicitando informes favorables sobre su conducta al alcalde, al cura, al jefe de falange… y hablando y agasajando a quien creen que puede ayudar en estos trámites, y Josep les dice que no anden con regalos ni cosas de esas que, una vez conseguidos los informes, estos procesos tienen que llevar su tiempo.
La madre, por su parte, insiste en querer ir a visitarle, pero Josep se niega rotundamente diciendo que está bien, que no se preocupen. Aún así, parece que finalmente el padre fue a visitarlo y comprobó que estaba ‘tan gordo que parecía un pastor’.
No falta también alguna regañina a la familia porque no le hacen caso cuando dice que no le envíen comida ni ropa, o cuando no envían el dinero por la vía más efectiva para que lo pueda cobrar, pero no pasan de ser pequeños detalles en la relación de una familia que se ve unida pese a la distancia.

Donación de una correspondencia

El pasado otoño la prensa daba la noticia de que el Fondo Documental de la Memoria Histórica de Navarra (FDMHN) había recibido una donación de documentación relativa a una persona que había sufrido represión por su filiación política, concretamente, había estado ‘prisionero en Roncal’.
Viendo que el asunto podía tener relación con los batallones de trabajadores que abrieron a pico y pala la caja de la carretera Igal-Vidángoz-Roncal, leí el artículo en cuestión y vi que se trataba de Josep Guilera Escofet, natural de Avinyonet del Penedès (Barcelona), que había sido enviado a nuestro valle a realizar trabajos forzados.
Contacté con el FDMHN y la verdad es que me dieron facilidades para acceder a la documentación indicada, aunque tardé un poco en poder consultarla. Se da la circunstancia de que, además, uno de los responsables de dicho fondo es Fernan Mendiola, quien junto a Edurne Beaumont realizó la investigación sobre el trabajo esclavo en la carretera de Igal-Vidángoz-Roncal, que dio lugar al libro ‘Esclavos del franquismo en el Pirineo’ (Txalaparta, 2006) y también al homenaje a los esclavos del franquismo que desde hace dos décadas se realiza cada mes de junio en el Alto de Igal. Es por todo esto que para él esta correspondencia recibida por el FDMHN era también especial por estar vinculada de lleno con ese proyecto primigenio suyo.
Así pues, cuando tuve ocasión, ya en junio de este año, realicé una visita al FDMHN para consultar la documentación relativa a Josep Guilera. Se trata de una serie de correspondencia casi completa que nos relata once meses realmente crudos en la vida del mencionado Josep, los que van de julio de 1939 a junio de 1940, el tiempo que duró su estancia en el Batallón de Trabajadores nº 127.
Ese periodo se repartió fundamentalmente entre Roncal (de julio a inicios de octubre) y Vidángoz (desde entonces hasta el 10 de junio, cuando se le concedió la libertad), si bien también tuvo un par de estancias más cortas en Uztárroz y Pamplona.
Una documentación, en fin, que ilumina un capítulo oscuro de nuestra historia, que nos permite conocerlo de manos de uno de sus protagonistas y de la que podemos realizar una lectura en diferentes ámbitos que iremos desarrollando en las siguientes secciones y que espero que sirva para conocer este tema desde otros puntos de vista.

El puente sobre el río Biniés

Una cosa que desde siempre me ha llamado la atención han sido los puentes de Vidángoz. Tradicionalmente diríamos que ha habido tres: el puente Juanko, el puente Casero y el puente Rakax.

Desconozco el momento desde el que esto es así, y lo que me extraña es que ninguno de ellos sea de piedra o que no mantengan su aspecto antiguo.  Supongo que, vista su estructura, con vigas metálicas en su parte inferior, se habrían construído con su configuración actual en el momento en que se construyó la travesía, la carretera que va cruza el pueblo siguiendo el curso del río Biniés, en la década de 1950. El puente Juanko, indispensable por llevar al molino, existiría desde antiguo, lo mismo que el puente Casero, por llevar al Castillo, a la tejería y ser camino a Igal  y Salazar en general. Con el que tengo mis dudas es con el puente Rakax, si ya existiría desde antiguo o fue una nueva construcción asociada a la carretera que unió Vidángoz con Burgui en torno a 1920. Ahora explico mis dudas.

Leyendo un proceso judicial de 1675 se relataba cómo las avenidas del río de junio de 1674 ‘llevaron todas las puentes y pontarrones del pueblo’. Se habla en dicho documento de tres puentes de piedra que podríamos pensar que eran los tres mencionados anteriormente… Pero tenemos un puente que aparece en la toponimia, Zibiberria (actualmente Ziberria), y que significa ‘el puente nuevo’. Nuevo cuando lo hicieron, claro, pero ya existía en 1652 y sería uno de los tres que se llevó esta riada.

Al hablar de reconstruir aquellos tres puentes, proponen construir uno nuevo en otro punto. Si no fuera porque sabíamos que ya existía en ese momento, podríamos haber pensado en Zibiberria… Pero no, el cuarto puente en discordia resulta que pensaban construirlo en el término de ‘Baraco’, por lo que estaríamos hablando de que el origen del puente Baraku se sitúa hace 350 años.

Puente Baraku que, obviamente, no es el que conocemos actualmente, y que tal vez sería como ese puente de piedra que se conserva yendo a Belagua… pero será difícil que lleguemos a saberlo.

Desventuras de otros tiempos

Esta historia ocurrió a finales de agosto de 1810, cuando Antonio Urzainqui Sanz [Ferniando], bidankoztar de 30 años, se ahogó en el río Ebro. Por lo que se ve, iba junto con otros dos bidankoztarras, Joaquín José Urzainqui Martín [Kostiol / Txestas], de 30 años, y Juan Basilio Larrambe Monzón [Larranbe / Landarna], de 36 años, a buscar azúcar, con a cada dos machos.

Se dirigían en dirección sur, ‘hacia Alfaro, Corella o Cervera’, y en un punto del recorrido tuvieron que cruzar el río Ebro en término de Cadreita, concretamente iban a vadearlo (atravesarlo por un sitio donde se hace pie) en el paraje de El Soto. Al parecer, al pasar el río dos de los que pasaron tuvieron problemas al dejar de hacer pie los machos en los que iban montados y empezar a ser arrastrados por el agua. Basilio Larrambe, agarrado a una de sus caballerías, consiguió alcanzar la ribera del río, a donde los animales llegaron tan exhaustos que se echaron largos en la orilla. Antonio Urzainqui no tuvo esa suerte y fue llevado por el río, no pudiendo ser rescatado por no haber nadie en las cercanías que fuera capaz de salvarle.

Sucedido esto, decidieron retroceder en su camino para dirigirse a Valtierra, donde Joaquín José Urzainqui conocía a Miguel Artuch Echandi, serguramente roncalés o descendiente, en cuya casa, además, se encontraba el alcalde de Cadreita, en cuyo término había tenido lugar el ahogamiento.

Al no haber testigos y ante las posibles dudas, el alcalde siguió el protocolo y detuvo a los dos bidankoztarras hasta hacer las diligencias pertinentes para aclarar el asunto, pues no habiendo cadáver no podían dar fe de lo ocurrido.

Entre tanto, alguien dio parte al párroco de Valtierra bajo secreto de confesión que había encontrado un cadáver, que resultó ser el de Antonio Urzainqui. El cirujano que examinó el cadáver no encontró signos de violencia y, por lo hinchado del cuerpo, señaló que no le quedaba ninguna duda de que había muerto por ahogamiento.

Joaquín José y Basilio fueron finalmente liberados sin cargos, eso sí, después del disgusto añadido de ser puestos en duda tras sufrir la angustia de ver a un compañero ser arrastrado por el agua hacia una muerte casi segura y pasar varios días en el calabozo…

Y por si esto fuera poco, Basilio, que cuando ocurrió este asunto apenas llevaba mes y medio casado, falleció repentinamente apenas un mes después del suceso, haciendo que este episodio fuera doblemente truculento.

Powered by WordPress | Buy best wordpress themes and Save. | Thanks to Free WordPress Themes, Top WordPress Themes and Free WordPress Themes