Baraku

El topónimo de esta ocasión es bastante conocido también, ya que hace referencia a una zona situada dos o tres kilómetros al Sur del pueblo, al lado del río Biniés, en la que unas cuantas casas de Vidángoz (Jimeno, Ornat, Diego…) tienen o han tenido huertas.

Y es que el significado de Baraku probablemente esté ligado a ese uso, al de huerta, que en Euskera se dice “baratze”. Así, Baraku no significaría otra cosa que bara(tze) (“huerta”) + –ku (sufijo), “(zona) de huerta”.

Otra de las posibilidades que apuntan los entendidos es que Baraku sea una evolución lingüística de Ibarraku, Ibarra– (“valle” o “vega”) ”) + –ku (sufijo), “(lo) del valle” o “(lo) de la vega” del Biniés en esta segunda acepción. Este significado también tendría su sentido.

Una tercera posibilidad, que explica el uso de la partícula “bara” o “baratze” en sitios donde no parece factible una huerta (por ejemplo el monte Barazea o Pico de los Buitres [y también conocido como Barakoa], cerca de Lakartxela), haría referencia al verbo vasco baratu, que nominado sería baratze, y con el significado de “detenerse, descansar”, en referencia a sitios usados antiguamente como enterramientos, si bien parece que en nuestro caso, Baraku encaja mejor con las dos primeras propuestas.

Dejando de lado el significado, y además de las huertas, Baraku es conocido por su puente, que ya aparece citado en un documento notarial de 1675, luego es, o al menos había puente, bastante anterior a la carretera que ahora pasa por encima de él.

Para terminar, una pequeña copla en la que se hace referencia a este topónimo, que se cantaba cuando se eligió hacer la carretera a Burgui antes que la de Igal: “Carretera de Vidángoz, carretera mal pensada: los de Txestas a Baraku y los de Burgui a Sagarraga”.

Baraku, sus huertas y su puente, otro paraje con historia.

16º Centenario de la Paz de Constantino

En el otoño de hace 100 años, en el Diario de Navarra del 6 de noviembre de 2013 se daba noticia de unas celebraciones religiosas en Vidángoz, con motivo del 16º centenario de la Paz de Constantino.

Artículo del Diario de Navarra del 6 de noviembre de 1913

Artículo del Diario de Navarra del 6 de noviembre de 1913

El emperador Constantino adoptó el cristianismo como religión oficial

El emperador Constantino adoptó el cristianismo como religión oficial

Pero, ¿Qué era, pues, la paz de Constantino, para que se siguiera celebrando 1.600 años después? Pues simplemente el momento en el que los cristianos dejaron de ser perseguidos por su religión y, poco después del cual, pasó a ser la religión oficial del imperio romano.

En cuanto a la noticia en sí, varios detalles a destacar. Uno, el hecho de la participación de todas las autoridades, lo que resalta el calado de la religión en la sociedad de aquel tiempo.

Otro detalle, el hecho de que la “soberbia cruz” que se colocó en la plaza fuera iluminada con luz eléctrica, que era por aquellos años la novedad en Vidángoz.

Y por último, el hecho de que el religioso encargado de la celebración predicara desde el balcón del “hermoso edificio de don Santiago Lanz [debería decir Sanz]”, esto es casa La Santa, construida 6 años antes, y lugar inmejorable para el fin del que se trataba, hablar para toda la plaza.

Vocabulario bidangoztar: La cocina

Esta vez, y sólo por cuestión de espacio, la sección de Vocabulario será algo más breve. El tema, ahora que viene la temporada de empezar a encender el fuego, utensilios de cocina/fuego:

 

Burro: Asador;

Chofeta: Salvamanteles metálico (de hojalata), de unos ocho dedos de altura, con dos asas, que se empleaba para poner sobre él en la mesa los pucheros, cazuelas o soperas;

Cuchatero: Cucharetero, depósito para colgar o poner en él las cucharas;

Antigua cocina

Antigua cocina

Cujar: Cazo para la comida;

Elar: Gancho para sostener los calderos colgando sobre el fuego;

Gayato: Hierro con asidero en forma de cayado y con la punta doblada en ángulo recto que utilizan para remover las brasas en las cocinillas;

Guerrén: Espeto, asador grande;

Rasera: Espumadera;

Trebedé: Trípode para poner los pucheros sobre las brasas;

Tupín: Puchero metálico, de forma variable y provisto de tres patas, que se utiliza para guisar;

Txutxa: Nombre que dan a la pieza que cierra el pitorro de la bota de vino;

Zundo: Tajo o tronco con patas para picar carne. También lo llaman picador;

Riqueza agraria de Vidángoz en 1613

Por estas fechas pero hace 4 siglos, el 16 de septiembre de 1613, llegaba a Vidángoz un escribano real (un notario de la época) enviado por el Reyno con objeto de conocer y tomar nota de las tierras y ganados que poseía cada vecino y el valor de las mismas. Todo ello a efectos de posteriores impuestos, que era lo único que interesaba (para variar) a los mandatarios del momento. Otro emisario había pasado el año anterior, en 1612, dando cuenta del valor de las casas que tenía cada vecino del pueblo. Y en esta ocasión, tocaba sacar cuentas de la riqueza agraria (tierras y ganados) de Vidángoz, con lo que podemos hacernos una idea de cómo y de qué vivían los bidangoztarras 400 años atrás.

Rebaño de ovejas en Vidángoz (Arguedas)

Rebaño de ovejas en Vidángoz (Arguedas)

Y es que, hace cuatro siglos Vidángoz ya contaba con 72 casas y, casa arriba casa abajo, el número ha permanecido prácticamente inalterado hasta hace un par de décadas. Por ello, los que han conocido Vidángoz con casi todas sus casas llenas podrán comparar si desde 1613 el modo de vida había cambiado mucho.

Si bien hay unas diferencias abismales entre la casa más pudiente y la menos, intentaré dar unos datos generales sobre aquello. Quien más quien menos, hace 4 siglos todas las casas de Vidángoz tenían sus tierras para trabajar, siendo la superficie media de 21 robadas, algo menos de dos hectáreas. Casi 3 de cada 4 casas tenían un animal de tiro o de carga (un rocín, que es un caballo de trabajo, o un macho (mulo) o un jumento (que es como denominan en aquel documento a los burros)) y una vaca. Casi en el 50 % de ellas había un buey y también la mitad de las casas tenía ganado lanar, esto es, ovejas, con una media de 84 ovejas y 43 corderos por rebaño. Además, casi en todas las casas había algún marranchón, puerco o lechón, esto es, un cerdo. En cuanto a las cabras, solo las había en una de cada 6 casas y solo había una casa que tenía un rebaño grande de este tipo, de 72 cabras.

En total en Vidángoz había 1.540 robadas de tierra, 30 rocines, 17 yeguas, 7 potrillos, 15 machos, 3 mulas, 14 jumentos, 47 bueyes, 83 vacas, 41 becerras y 12 novillos, 3.115 ovejas, 1.509 corderos, 110 cabras, 13 cabritos, 100 cerdos y 25 lechones.

270 años después, en el catastro de 1883, las cifras no eran muy diferentes: 13 machos (caballos en este caso), 21 mulos,  34 jumentos, 55 bueyes, 127 vacas, 70 cerreros, 61 terneros, 2.854 ovejas, 1.476 corderos, 15 cabras, 2 cabritos y 51 cerdos.

Parece que con el tiempo hubo menos caballos pero más burros, más vacas pero menos cabras, casi las mismas ovejas y la mitad de cerdos. Los datos de 1883 pueden ser engañosos, porque el pueblo todavía no se habría recuperado de la 2ª Guerra Carlista, que terminó en 1876, pero nos podemos hacer una idea de lo poco que cambió el modo de vida en esos casi 3 siglos. Uno de los pocos cambios, aunque debió de ser notorio, fue el aumento de la actividad del sector de la madera, con el auge de las almadías a partir del siglo XVIII.

Arando con un buey

Arando con un buey

Para acabar con el documento de 1613, un par de apuntes: Como ya se ha señalado, había grandes diferencias entre los distintos propietarios. Así, el mayor rebaño era de 450 ovejas y 300 corderos. “Casualmente” el dueño del mismo era el alcalde y va entrecomillado porque no era casual, ya que, como se indica en el documento, la corporación respondía con sus bienes de lo que pudiera pasar con las propiedades comunes, luego cualquiera no reunía esa condición.

Por otro lado, se pone de relieve que la situación de las mujeres solas (bien viudas, bien solteras) era muy precaria en aquella sociedad. Así, de 13 mujeres que figuran como viudas, doncellas (mozas solteras) o de quienes no se indica que sean esposas de alguien (luego es bastante probable que fueran solteras), sólo una posee una riqueza por encima de la media y otra anda en el entorno de la misma. De las otras 11, una algo por debajo de dicha riqueza media y las otras diez no disponían ni de ¼ parte de la riqueza media, por lo que eran prácticamente las 10 vecinas más pobres del pueblo.

Por último, una mención a algunos de los apellidos que aparecen en el documento de 1613. Algunos se mantienen en Vidángoz 400 años después (Pérez, Salboch, Sanz, Urzainqui, Mainz, o Hugalde/Hualde), otros no aunque han dejado huella como nombre de casa (Yñiguez/Iniguizena, Luengo/Lengorna, Aroça/Arotx, Racax, Algarra o Mazterra/Maisterra), otros desaparecieron entre 1613 y el presente, pero tuvieron su relevancia entre medio (Alcate/Alcat, Portaz, Unaia o Bertol) y otros simplemente, que existieron en Vidángoz y desaparecieron sin dejar rastro (Adamiz, Ripalda, Ayssa, Gárate, Garcech, Mendi, Guillén, Çamarguilea, Esparça/Esparz, Torrea o Arregui).

Parece, pues, que hasta unas décadas el panorama no cambió mucho. ¡Si es que 3 siglos y medio no son nada!

Las cartas de Mariano Mendigacha (VII) – La madera (y II)

Seguimos donde se quedó el relato de la carta del 29 de Noviembre, que hablaba de los árboles y arbustos que crecen en Vidángoz y los usos que se les da. Habíamos visto en parte ya lo que se decía de pinos, abetos y hayas. Seguimos, pues, desde ese punto.

No hay mucho roble en Vidángoz

No hay mucho roble en Vidángoz

Sobre el roble, señalaba Mariano Mendigacha (Mendigatxa) que “no crece mucho” (que no hay mucho en Vidángoz), que su madera es buena para hacer mesas, puertas y cubas de vino y que “tiene mejor fuego que el haya”.

Por lo que respecta al encino, señala mariano que “tiene madera muy fuerte, que la buscan los carpinteros para hacer herramientas”. En cuanto a su valor como leña, dice que “tiene el mejor fuego de todos los árboles”. Y señala también, al mencionar el uso de sus cenizas para lavar, que “si las mujeres no mezclan las cenizas del encino con otras cenizas se les agrietan las manos al hacer la colada”.

Habla después del fruto de haya, roble y encino, que denomina respectivamente magalla, zin y artazi (y a todas en conjunto, ezkur). Dice que el año que hay bellotas se llevan los cerdos “a la bellota”. Y que la bellota del encino es la mejor, y que la gente la come como las castañas.

En cuanto a los lugares donde crece cada árbol, señala Mariano que “abeto y pino crecen también en los pacos, el haya en las sierras, el roble en los carasoles y el encino en lugares rocosos”.

Matas de boj en Esarena, al pie de la ermita de San Sebastián

Matas de boj en Esarena, al pie de la ermita de San Sebastián

Por lo que respecta a arbustos, señala que “los que más nacen son el boj, el espino, el acebo y la argoma. El boj es el más fuerte de todos y con él se hacen cucharas, peines y los carpinteros lo usan para poner adornos en otros materiales, y tiene tan buen fuego como el encino. El espino, que también tiene buen fuego, lo usan los carpinteros para hacer ejes. Vienen de Aragón y compran todo el monte para quitarle la corteza. De la corteza hacen goma para coger pájaros vivos”.

Ya en la carta de 18 de diciembre del 1903, termina el repaso a los arbustos con el saúco y el avellano. Dice que “la hoja de saúco se recoge en primavera para todo el año; cuando hay catarro se cuece de estas flores y con azúcar o yema de huevo (o si hay de las dos, mejor) bien batido, si se bebe mezclado con el agua de la flor cada vez la cantidad de una taza, se aflojan los pechos. También, después de pasada la sazón, muchos la recogen para hacer tinte negro. Su madera es buena para mangos de hacha. Tiene mal fuego”.

Ensamblaje de los troncos en una almadía

Ensamblaje de los troncos en una almadía

En cuanto al avellano, señala que “con él se hacen los collares para colocar el cencerro en el cuello de los animales. También se hacen cestas, aros y muchas otras cosas. Con avellano se atan los maderos (en las almadías) para llevarlos a vender. Muchos sacan la vida de estos palos, cortándolos y vendiéndolos”.

Para terminar, solo cita como frutales ciruelos y nogales. Dice que hay otros muchos árboles, pero que como no son de provecho, no los nombra. Ante todo, parece que Mariano Mendigacha era un hombre práctico.

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