La quinta de 1914

Ahora que está a punto de empezar un nuevo año parece una ocasión propicia para repasar quiénes nacieron en Vidángoz hace 100 años.

Así, en 1914 nacieron 15 niños/as en Vidángoz y, en aquel tiempo, no era una cifra estratosférica ni mucho menos, estaba más o menos en la media. Veamos quiénes y en qué casa nacieron:

Juan Jesús Navarro Aizagar (Aizagar); Felisa Juanco Jimeno (Antxon / Navarro);
Engracia Urzainqui Pérez (Kostiol / Urzainqui); Mª Concepción Juanco Pérez (Paxapan);
Teodoro Urzainqui Urzainqui (Pantxo); Marina Mainz Landa (Landa);
Cándida Fuertes Salvoch (Lixalte / Urzainqui); Francisco Mainz Mendigacha (Bernabé);
Máxima Mainz Landa (Mux); Teófilo Ornat Landa (Bomba);
Felisa Elizalde Sanz (Laskorna / Elizalde); Gregorio Sanz De Miguel (Arlla);
Serafina Zubiri De Andrés (Secretario); Benita Sanz Fuertes (Kurllo);
Patricio Gayarre Necochea (Gaiarre);

Vocabulario bidangoztar: Comida

Si en el número anterior recopilábamos vocabulario relativo a la cocina, en esta ocasión, el tema de esta sección va a ser la comida, pero no solo alimentos, sino también partes de ellos, o elementos relacionados con su elaboración.

 

Baineta: Alubia verde;

Burbullos: Burbujas del agua hirviente;

Burumo: Repollo, especie de col cuyas hojas forman una bola;

Carraza: Ristra u horca. Ej.: “Una carraza de cebollas”;

Cerreña: Parásito del jamón viejo;

Esbafarse: Perder una bebida gaseosa el gas. “El champán se ha esbafado”;

Cesta llena de hortalizas

Cesta llena de hortalizas

Llorra: Brote de las berzas;

Parrutxo: Hongo de otoño;

Patxatxingo: Patata pequeña;

Polpa: Pulpa. Se aplica a la carne sin huesos;

Rebuchuelo: Hongo royo;

Rebullo: Grumo o coágulo;

Sabernal: Cuero para el vino;

Sobar: Amasar el pan;

Sorico/a: Fruto o fruta bien sazonados. ¡Qué sorica está esta manzana!;

Txingorra: Manteca de cerdo;

Txintxila: Lenteja;

Txistor: Txistorra;

Txotopil: Torta hecha con ¿maiz?;

Txula: Rodaja (de jamón, de lomo…);

Txungur: Hueso del jamón con carne que se usa para cocer legumbres o verduras;

Txuntxuna: Pan sin sal y sin levadura;

Txurir: Desgranar alubias;

Usones: Setas de primavera;

Xagarko: Manzana silvestre;

Zurrapa: Restos que deja el pan;

 

Son sólo las que están documentadas, pero seguro que en cualquier casa os habrán venido a la cabeza un montón más. Por esta vez, es todo.

Casa Monxon

Toca otra vez el barrio de Iriartea. En este caso, una casa que actualmente ya no existe como tal, como casa independiente con ese nombre, si bien sí que está físicamente. Y es que si el invierno pasado hablábamos de casa Pelairea, que antes había sido casa Artutx, esta vez le toca el turno a su vecina casa Monxon, que hoy es parte de casa Pelairea, pegante a casa Pexenena.

Al hilo de casa Artutx, cuando tocó hablar de ella olvidé mencionar un pequeño detalle. Algunos llamaban a la casa Kartutxo, haciendo un juego de palabras con el apellido que le daba nombre. Y en referencia a ese nombre con el que denominaban a la casa y a sus habitantes, señalaba Evaristo Urzainqui Hualde (Lengorna) que cuando se juntaban Kurtxo (el que da nombre al cerro Kurtxo, que sube desde Zeleia a la Pulpitera) y un Kartutxo (uno de casa Artutx) se decían el uno al otro:

–         “¿A dónde va Kurtxo?”.

–         Y le contestaba Kurtxo “A por codas. ¿Y Kartutxo?”.

–         “Al cañón”.

Sirva esto para traer a colación el uso frecuente que antes se hacía de los apodos. La explicación a este diálogo viene a que Kurtxo (o Kurto o Kurtto o, ¿tal vez incluso Kurllo?), como define “curto” el “Vocabulario Navarro” de José María Iribarren, y como señalaban algunos de los mayores que entrevisté, hace mención al que no tiene rabo / cola. De ahí lo de “¿A dónde va Kurtxo? A por codas (colas)”.

Casa Monxon

Casa Monxon

Y hecho este apunte, vamos a los que nos toca en este número. Casa Monxón como tal, como casa independiente y habitada, fue usada hasta finales del siglo XIX, pero su origen no está muy claro, como veremos más adelante.

Y es que, por lo que dicen los libros de matrícula de la parroquia, la casa no se usa como vivienda de una familia desde 1893, año en que murió su último morador, Fermín Pasqual Monzón Pelayrea. Por lo que me decían los más mayores de Vidángoz, y en mi caso también por lo que había oído en casa, en casa Monxon habrían nacido mi bisabuelo Juan Miguel Artuch Monzón, que posteriormente viviría en casa Largotena, y también su hermano Pedro, que se casó a casa Maisterra. Y rebuscando, resultó que sí y que no, que había algo de razón, pero no toda: Juan Miguel no nació en casa Monxon sino en casa Anarna, y Pedro sí que nació en esta casa.

Y es que cuando sus padres, Manuel Narciso Artuch Urzainqui (Anarna) y Francisca Balbina Monzón Barrena (Monxon), se casaron en 1883 vivieron inicialmente en casa Anarna. Luego, por algún motivo que desconocemos, pasaron a casa Monxon en 1886, donde todavía residía el padre de Balbina, el antes mencionado Fermín Pasqual Monzón Pelayrea. Y en 1891 pasaron el matrimonio y los 3 hijos del mismo a casa Largotena, a donde fueron “de herederos”, esto es, a hacerse cargo del anciano que vivía en ella, Santiago Gárate Yrigaray, que acababa de enviudar de María Antonia Sanz Calvo, a cambio de quedarse con la casa cuando éste falleciera, que fue en 1903.

Después de que salió de casa Monxon esta familia, se quedó en ella solo “el abuelo”, Fermín Pasqual Monzón Pelayrea, que falleció tan solo un par de años después, en 1893, y así se acabó casa Monxon como tal. Después se habría usado como pajar o como lo que fuera, pero ya no como vivienda.

Ya hemos visto cómo terminó casa Monxon pero, ¿cómo y cuándo apareció? Pues esta vez la respuesta no está tan clara. Desde 1861/1862, año en que se empezaron a realizar las matrículas parroquiales, una especie de “censo de almas” que habitaban una parroquia, en este caso la de Vidángoz, en casa Monxon ya vivía Fermín Pasqual Monzón Pelayrea, viudo y con 2 hijas, una de cada uno de sus matrimonios. La mayor de las hijas se casó con uno de casa Artutx, actual casa Pelairea, y tal vez por eso, a la postre, casa Monxon pasó a ser propiedad de casa Artutx. La pequeña de las hijas es Balbina, la que, junto con su pareja vivió durante un poco de tiempo en esta casa, pero finalmente pasó a casa Largotena.

Y antes de estas fechas, pues hay una laguna de casi 45 años, hasta 1816, en la que no hay forma de saber qué pasó, cómo o quién llegó a casa Monxon.

Y como no podemos saberlo seguro, pues toca hacer hipótesis, y la que se me ocurre es la siguiente: Fermín Pasqual Monzón Pelayrea se casó con Juaquina Juanco Sanz (Juanko) y como no tenían casa donde vivir, se hicieron una en un casalico o en un trozo de huerta que sería de Juanko.

En cuanto al nombre, no hay que romperse mucho la cabeza: Al tal Fermín Pasqual le llamarían “Monxon” porque era su apellido pero lo pronunciaba con esa “x” característica de la pronunciación bidangoztarra, como en Mux o Paxapan o Xapatero.

Casica pequeña, pero la historia que ha dado para contar, algo más grande.

Azaltegia

El topónimo que nos ocupa esta vez es bien conocido por encontrarse en él las bordas de unas cuantas casas de Vidángoz: Hualderna, Ornat, Kostiol, Landa, Diego, Aristu… Seguramente no será casual este hecho, ya que, como señalaba Crisanto Pasquel Ornat (Paskel) al ser preguntado por el término de Azaltegia (“Erronkari eta Antsoko Toponimiaz”, Juan Karlos López-Mugartza; Euskaltzaindia, 2006), este monte “hay unas cuantas bordas, antes se hacía bastante la vida ahí; era bueno para patata y cereal; era el mejor monte que había en Vidángoz”.

Azaltegia se encuentra en la margen derecha del Biniés (si seguimos el sentido del río), o al Oeste del mismo si lo vemos en el mapa. Para el que no conozca mucho el terreno y para hacerse una idea aproximada, es lo que queda comprendido entre la exclusa (la presa) de Zokoandia, la Pulpitera y Astipunta (que es la siguiente loma que hay si seguimos de la Pulpitera hacia el Norte), todo ese trozo de monte.

Según la definición de Crisanto Pasquel, “al Norte de Azaltegia quedan la Ordanola (Urdainola), por Sur con Lakuna, por Este con el río Biniés y por Oeste con Olaberria y Astipunta”.

Azaltegia en un mapa topográfico

Azaltegia en un mapa topográfico

De este topónimo podemos encontrar referencia bastante antiguas, la primera de las cuales se remonta a 1586 y que, casualidades de la vida, nos da noticias de otro Pasquiel, que seguramente no tenga relación con los actuales, pero quién sabe… El caso es que en 1586, Petri Pasquiel realizó una escritura para formalizar la venta de una finca al vicario de Vidángoz, Juanco Alcat (Juanco entonces era nombre), finca situada “en la pendiente llamada Ceteguiondoa termino del dicho lugar [Vidángoz]. Afronta de la una partte con linar de Domingo Arburu y de la otra con camino que ba Açalteguia y de la otra con linar de Jayme barrena y dela otra con el Rio…”. Como se puede ver en la definición, los nombres de los lugares, a veces, también cambian con el tiempo, a saber a qué le llamaban Cetegiondoa en 1586…

En cuanto al significado, cualquiera que sepa algo de Euskera podría pensar que la etimología de este término tiene que ver con “azal / azala”, que significa la piel, pero también la superficie, y “tegia”, que significa lugar, sitio, y que podríamos unir como “sitio que está pelado”, en el sentido de que se le la piel, la superficie… Pero parece que la cosa no va por ahí, y a continuación va otra explicación, que probablemente se acercará más a su posible significado original.

Y es que la descomposición del nombre para ver de dónde viene es prácticamente la misma, no así su significado. Y es que, en este caso, “azal” vendría a ser una evolución fonética de “azari”, “zorro” en Uskara roncalés). Otros nombres cercanos que siguen esa evolución fonética serían Erronkari >> Roncal, Igari >> Igal o Biotzari >> Bigüezal.

La segunda parte del nombre, “-tegia” tiene dos posibles explicaciones: (t)egia, de ”hegia”, que significa “ladera” o “pendiente” (como en Akerregia), siendo la “t” un elemento que se usa para facilitar la pronunciación, o bien “tegia”, que significa “lugar” o “sitio”. Esta partícula “egi” también tiene que ver con la partícula “eki” de Ekiederra o Ekiminea, que tal vez es más propia del Uskara roncalés y que, tal vez, tenga otros matices en lo relativo a su significado, pero lo explicaremos llegado su día.

Así, probablemente Azaltegia era “la ladera del zorro” o de los zorros. En el monte de Aezkoa podemos encontrar prácticamente el mismo topónimo, como señala Mikel Belasko en su libro “Diccionario etimológico de los nombres de los montes y ríos de Navarra” (Pamiela, 1996), donde se menciona Azalegia, cuyo significado sería el mismo que el de nuestro caso.

Y es que, al fin y al cabo, para dar nombre a los lugares, los primitivos bidangoztarras ¿qué iban a hacer? Pues identificarlos por sus características. Por ejemplo, los árboles que crecen en ese término: Ariztoia (el robledal), el Abetar; Por el tipo de piedra que hay: Txorrotxarria (piedra de afilar), Lejarra (grava); Algún elemento inconfundible que se encuentra en el entorno: San Juan (porque estaba en torno a la ermita), Elizarena (porque es el monte donde está la iglesia); Lo que se cultiva en ese sitio, Tipulerria (el cebollar), etc… etc…

Pero también los animales que abundaban en un lugar podían valer para identificarlo, como es el caso que nos ocupa. Azaltegia era “lo de los zorros”, pero en Vidángoz también tenemos Arzarena (lo del oso), Otsobieta (las loberas), o Eperralorra (el campo de las perdices), por poner unos ejemplos.

Y con esto termina por esta vez la sección de toponimia, que esta vez se ha alargado algo más de lo normal, pero con la que espero haber dado algunas pequeñas pautas acerca de la forma de nombrar los lugares, sus nombres originales y cómo evolucionan e incluso en muchas ocasiones, desaparecen.

Invierno de antaño (1914)

El invierno de hace 100 años, con el que empezó el año 1914, debió de ser un invierno “de los de antes”, que, con unas comunicaciones “como las de antes” (o sea, caminos de herradura, ya que no estaba hecha ni siquiera la carretera de Burgui) y en un pueblo “como los de antes”, pues dio lugar a que una nevada “de las de antes” dejara el pueblo incomunicado durante 8 días.

Manada de jabalíes en el monte de Vidángoz, entre la nieve

Manada de jabalíes en el monte de Vidángoz, entre la nieve

Así que, a falta de otro que hacer, lo mejorico del vecindario (“varios vecinos de gran resistencia y valor”) salió a la caza del jabalí como Astérix y Obélix, teniendo similar premio al de éstos.

Más cómico se hace el imaginar la sorpresa del pastor que fue al corral y se encontró 5 jabalíes. ¡Mecagüen! Y no se le ocurrió otra que emprenderla a hachazos con los jabalíes.

Mención especial al corresponsal (que, por cierto, debía ejercer como tal para más de un rotativo, ya que esta noticia aparecía tanto en el “Diario de Navarra” como en “El Pueblo Navarro”, donde se publicó el 16/01/1914 y el 17/01/1914 respectivamente), que hace el esfuerzo, más o menos acertado (lo digo por el último de los apelativos), de referirse a los jabalíes cuatro veces sin repetirse, en un ejemplo avanzado de buena redacción: jabalíes, ejemplares, cerdosos y paquidermos. Debía de tener buena escuela.

No sabemos qué nos deparará el invierno de 2014, aunque, al menos parece que incomunicados no quedaremos… Pero visto el otoño de 2012, cualquier cosa puede pasar.

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