Coplas bidankoztarras

En esta ocasión, dos coplas: una relacionada con el baile, primer contenido de este boletín, y otro con las fugas que relato en la última página.

La primera, refería Fermina Artuch Urzainqui [Maisterra] que le cantaba su padre, Pedro Artuch Monzón [MonxonLargotena/Maisterra], a algún cura de Vidángoz:

El señor cura no baila

porque tene la sotana.

Señor cura, baile usted,

que Dios todo lo perdona.

La segunda, la recordaba Santiago Pérez Juanco [Diego] de haber oído que fue una de las muchas que dijo su abuelo, Severo Pérez Arriola  [Diego], en una de aquellas sesiones en las que unos echaban coplas y otros les contestaban, todos improvisando. Dice así:

Si te sigue la justicia,

enséñale los talones,

que más vale salto de matas

que buenas composiciones.

Ya veis que hay coplas para todo (y aún he dejado dos más en el tintero).

Casa Bortiri

Iniciamos con esta casa la octava vuelta por los barrios de Vidángoz, nuevamente en el de Iriburua, y en esta ocasión dedicaremos el artículo a una de ésas que ya no existe: casa Bortiri.

Una casa que desapareció allá por la década de 1950, que actualmente es la parte trasera de casa Danielna y cuyo solar tiene funciones de aparcamiento y de asadores. Sus últimos moradores fueron parte de los prisioneros que trabajaron en la construcción de la carretera Igal-Vidángoz-Roncal, que en nuestro pueblo se alojaron en tres casas contiguas, que, cuando llegaron, estaban deshabitadas: Bortiri, Laskorna y Aizagar.

Probablemente sea casa Bortiri una de las que menos he hablado en esta publicación, y es que aquella raza, como dirían los mayores de Vidángoz, se extinguió, no quedo ninguna rama con descendencia que pudiera continuar con la transmisión de la casa.

Probablemente, la única foto que se conserva
de casa Bortiri, hoy desaparecida
[Fuente: Fondo fotográfico Santiago Calderero]

Haciendo un poco de historia, los últimos de su estirpe en habitar la casa fueron Luis Recalde Clemente [Arotx / Bortiri] y María Luisa Bortiri Aroza [Bortiri], cónyuges que no tuvieron hijos y que fallecieron, ya ancianos, en 1936 y 1932 respectivamente. Al menos ella, María Luisa, a quien llamaban Bortirisa, debía de tener carácter difícil y se ve que, cuando los críos le ciriquiaban, ésta les respondía pegándoles e incluso tirándoles piedras. Pues bien, cuando ésta falleció, en 1932, y estando su casa al lado de la escuela, los niños tuvieron noticia del deceso y, en una de las entrevistas que realicé hace quince años, me contaban que algunos de los críos de entonces se despedían de ella con un ‘Adiós, Bortirisa, ya no nos tirarás más piedras’.

Poco tiempo después, parece que Luis se quedó solo y algo impedido y, se ve que no podría apañarse él solo, y se hizo cargo de él María Landa Arriola [ArriolaMux], de hecho, en su partida de defunción se indica que murió en casa de ésta, en casa Mux.

María Luisa Bortiri era la oriunda de la casa, y única de los cuatro hermanos que fueron en llegar a mayor, ya que el otro hermano que superó la infancia falleció en el hospital de Pamplona con 27 años. Sus padres eran José Bortiri Iglesia [Bortiri] y Ángela Aroza Garat [Montxonena / Bortiri], siendo José quien había nacido en la casa.

Los padres de José eran Juan Francisco Bortiri Sanz [Bortiri] y Miguela Antonia Yglesia (de Garde), siendo el padre de la casa. Francisco heredó la casa, pero algunas de sus hermanas también se casaron en Vidángoz: con María Ygnacia, el apellido pasó a casa Arlla en primera instancia y, tras enviudar y volver a casarse, a casa Kostiol, y con Catalina, pasó a casa Bomba, aunque ésta se casó ya mayor con un viudo y no tuvo descendencia.

Una generación más atrás, los padres de los hermanos Bortiri Sanz fueron Pedro Juan Bortiri Mendi (de Roncal) y María Engracia Sanz Barrena [Bortiri], y parece que es en este momento cuando la casa tomó el nombre Bortiri, que mantuvo hasta su desaparición. Se da la circunstancia de que la madre de Pedro Juan, Gertrudis Mendi Esparz, era natural de Vidángoz, probablemente de la actual casa Ornat, y casada a Roncal con Juan Bortiri Eyerabarren, natural de Santa Engracia.

Si seguimos atrás en el tiempo, ya no sabemos cómo se denominaría esta casa, pero la habitaban los padres de María Engracia Sanz Barrena, Joseph Ramón Sanz Argonz [Bortiri] y Josepha Barrena Villoch (de Roncal), y antes que éstos, los padres de Joseph Ramón, Pedro Joseph Sanz Martín y María Nunila Argonz Esparz, ambos naturales de Vidángoz. Parece que quien era de la casa era el padre, Pedro Joseph, y de los padres de éste, Miguel Sanz y María Theresa Martín, que es lo más lejos que podemos llegar, ya no sabemos quién era natural de la casa y quién casado a ella.

Casa Bortiri, una de esas casas que ya no hemos conocido la mayoría de bidankoztarras de hoy en día, pero que, como habéis podido ver, también ha tenido su historia.

Un monigote culto

Hace unos años, en una entrevista que realicé en casa Antxón, se mencionó un librico antiguo que conservaban en la casa, cuyo origen desconocían.

Se trataba de un manuscrito en latín sobre lógica, retórica, etc., que, seguramente, habría pertenecido a algún bidankoztar que se había inclinado por la carrera eclesiástica, aunque no he encontrado ningún Antxón con ese perfil.

El caso es que, en el margen de una de las páginas, se ve el curioso dibujo que veis abajo, un monigote con sus atributos al aire, y que habría sido fruto del aburrimiento de su creador.

La simpática imagen va acompañada de otros dibujos y una inscripción cuya gracia (si es que tiene esa intención) no encuentro: ‘Animal, homo, petrus’ (animal, hombre, piedra).

Como veis, también hay espacio para el humor en esos libros viejos, libros que todavía se conservan en algunas casas y que tienen su interés, por lo que, si tenéis alguno, estaría encantado de echarle una ojeada o unas fotos.

Curioso dibujo encontrado en un libro antiguo de casa Antxón.

BidankozARTE: Eloy Erentxun

‘Bidangotze’, cuadro pintado por Eloy Erentxun y perteneciente a los fondos del Museo de Bellas Artes de Álava.

¿Y si os dijera que hay un cuadro de Vidángoz en un Museo de Bellas Artes? Pues, concretamente, en el de Álava hay un cuadro del pintor Eloy Erentxun Onzalo titulado ‘Bidangotze’ que retrata una estampa típica de la entrada a nuestro pueblo por el sur.

La ficha descriptiva del cuadro indica que es de hacia 1933, pero debe de ser un error, ya que uno de los edificios más cercanos parece ser el matadero cuando tuvo ese uso, por lo que, más bien, sería de finales de la década de 1960.

Un bonito cuadro, en cualquier caso.

Cullicadera

Si en el boletín anterior dábamos cuenta de una parte del cerdo que se entregaba como presente a allegados y amigos tras el matatxerri, en esta ocasión, trataremos otra palabra que también implica comer, pero no un alimento concreto.

Nos referimos a la cullicadera, un término que se usaba en Vidángoz para designar a la comida que se hacía para celebrar el final de la construcción o reforma de cierto calado de una casa.

Una rama en el tejado, símbolo del fin de la obra.

José María Iribarren dio noticia de esta costumbre de Vidángoz en su Vocabulario Navarro, dato aportado seguramente por Don Ciriaco Asín [Pelaire], donde define cullicadera como ‘fiesta o banquete con que se celebra la terminación de una obra o edificio’, y medio siglo antes, Azkue incluyó en su Diccionario vasco-español-francés la acepción kulikadera para definir la ‘merienda o cena que se da a los operarios al terminar el tejado de un edificio’ (palabra recogida en Uztárroz).

Por lo que yo tenía entendido, este vocablo hacía referencia a una comida que hacían conjuntamente los de la casa que se había hecho/reformado y quienes habían trabajado en la obra, pero según Pablo Orduna indica en su Estudio etnológico del hogar en el Valle de Roncal, además de los mencionados, también se sumarían a la celebración los familiares de quienes habitarían la casa y también el cura, que sería el encargado de bendecir la vivienda una vez terminada, colocando para ello una rama de un árbol en el tejado.

La cullicadera, en fin, una costumbre que se repetía en otros muchos lugares de nuestra geografía, pero con otros nombres como kulebrona (Salazar), astoena (Aezkoa), urriamau (Burguete), bizkar-festa (más general)…

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