Por estas fechas pero hace un siglo comenzaba el año para muchos pastores lejos de Vidángoz. Nos podríamos aventurar a decir que estarían en la Bardena, pero hay que señalar que ni todos los rebaños ni todo el tiempo estaban todos en la Bardena.
El asunto que traigo en esta ocasión ocupó unas pocas líneas en el Diario de Navarra del 15 de enero de 1924, pero lo sucedido seguro que trajo cola, porque no fue un asunto menor.
El caso es que andaba con sus ovejas en una corraliza arrendada de Gallipienzo un joven Antonio Hualde [Navarro / Txestas] al que le faltaban apenas cinco meses para casarse.
Antonio habría encerrado a sus ovejas en un corral de las afueras del citado Gallipienzo como cualquier noche anterior, pero lo que no se podía esperar era la desagradable sorpresa con la que se encontraría la mañana siguiente: nada más y nada menos que cuarenta y seis corderos muertos a mordiscos.
Como culpables de tal fechoría se señaló a los perros de unos gitanos que acampaban cerca de la corraliza en aquellos momentos.
Si nos ponemos en el lugar de Antonio, habría tenido un disgusto importante, y puede que aquello le quitara las ganas de seguir teniendo ganado en la nueva vida que empezaría ese mismo mes de junio de 1924, cuando cambió las ovejas por el horno de casa Txestas, por el taxi posteriormente…
En fin, desventuras de hace cien años.



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