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Las cartas de Mariano Mendigacha

Mariano Mendigacha Ornat (Mendigatxa) fue colaborador de dos grandes estudiosos del Uskara: Louis-Loucien Bonaparte y Resurrección María Azkue. Facilitó traducciones, conjugaciones, vocabulario etc… relativos al Uskara de Vidángoz que ayudaron a dichos estudiosos a definir las características lingüísticas del Uskara roncalés.

Pero, además de esto, y es lo que hace particularmente interesante a Mariano Mendigacha, son las cartas que intercambió con el religioso de Lekeitio Resurrección Mª Azkue, en las que describe costumbres, cuentos, refranes, etc…

Se trata de una serie de unas 35 cartas escritas entre 1902 y 1916, que nos retrotraen al Vidángoz de hace 100 años. En cada número de Bidankozarte iremos viendo elementos relevantes de lo que escribió Mariano Mendigacha, a veces bastará con lo escrito en una carta y otras (como en este número) habrá que incluir comentarios contenidos en varias cartas.

Mariano Saturnino Mendigacha Ornat, euskaldun bidangoztar

Mariano Saturnino Mendigacha Ornat, euskaldun bidangoztar

Sin más dilación, pues, empezamos con la primera carta, que, como excepción no está dirigida a Don Resurrección Mª Azkue, sino a Dionisio Martín (de casa Kaltxes de Uztárroz), quien le había escrito comentando el interés de Azkue en entrevistarse con él y otros colaboradores en Santa Engracia. En el caso de Mariano Mendigacha, lo hace por las referencias que de él tenía por la colaboración hecha anteriormente con Bonaparte.

Mariano, que contaba en esta primera carta ya 70 años y, como se verá, era bastante sensato y precavido, avisa que, dada su avanzada edad, no le gustaría hacer viaje en balde y no ser de utilidad, por lo que pide contactar con Azkue antes de la reunión en Santa Engracia, para decidir si puede ser útil o no.

Esta primera carta no da mucha más información, solo indica cómo medían las distancias en aquel tiempo: “De Uztárroz a Santa Engracia 4 horas en cabalgadura (a caballo) y de Vidángoz a Santa Engracia, 7 horas”.

En la segunda, todavía con poco contenido, solo nos apunta que en 1903 solo había en Vidángoz 4 ancianos mayores que Mariano y, según él, “uno estaba ciego, y los otros tres están totalmente chochos lelos”.

En la tercera carta, y de ahí en adelante, las cartas ya empiezan a tener cierto contenido relevante en lo que se refiere al conocimiento del Vidángoz de la época. Empieza señalando que ha tratado de enseñar Uskara a los nietos, pero que como en la calle no lo escuchan a nadie, solo lo que él les habla, pues no hay forma, y, enfadados, han desistido de enseñarles. A este respecto señala un dicho de entonces: “No siempre está el avellano para hacer bastón”.

Sigue hablando sobre uno de sus nietos que debía de estar aprendiendo solfeo con el organista, pero lo han dejado ya porque dice éste que “para ser pastor o labrador, ya sabe suficiente”. Seguramente el nieto al que se hace referencia sea Eleuterio o Norberto Mainz Mendigacha.

Siguiendo en el ámbito educativo, menciona que “hace ya cinco meses que se fue el maestro por mayor paga y desde entonces la juventud anda por las calles sin escuela. De la muchachada de hoy por otro tiempo no faltaran hombres burros”. Y, enfadado, añade: “No puede haber en toda Navarra pueblo tan despreocupado como éste sobre la enseñanza; Aquí no hay empeño, ni en la junta de la escuela, ni en el ayuntamiento ni en los padres tampoco”.

Por último, una referencia al tiempo (teniendo en cuenta que la carta es del 15 de abril de 1903): “Tenemos el tiempo muy malo, no hemos visto en todo el invierno tanta nieve como la que hay ahora; Y también traza de hacerlo”.

El verano de 1561 en Vidángoz

Hace 450 años el verano andaba movido, con varios procesos fuera de lo común. Por un lado, se iniciaba un proceso en el que se enfrentaban la Colegiata de Roncesvalles y Carlos Bornas, vecino de Ochagavía, sobre  ejecución de 3 bueyes por 29 ducados del arriendo de los frutos decimales de la iglesia parroquial de Vidángoz con el molino de Burgui, y 7 reales, una tarja y 12 cornados de costas.

Por lo visto, el arrendatario de el diezmo de la iglesia no había satisfecho el arriendo y tenía que responder con 3 bueyes que habrían sido puestos como fianza.

Graciana Belza debía de conocer bien el uso de hierbas.

Graciana Belza debía de conocer bien el uso de hierbas.

Pero aquel verano, todavía coleaba otro proceso contra dos vecinas acusadas de varios hurtos, Graciana Belza y María Lópiz, en el que, además, se acusaba también a la primera de “hechicera e ponzoñera”.

El proceso se inició en abril de 1560, se alargó durante varios meses de la primavera y el verano de 1560 y, se cerró en primera instancia con la condena a azotes y destierro de las condenadas, si bien las condiciones fueron diferentes para cada una de ellas. Después, se reabrió para cerrarse definitivamente en el verano de 1561.

Es un proceso ciertamente extenso pero en el que podemos encontrar diversas referencias al Vidángoz de entonces y a la mentalidad de la época y, hasta donde sé, el único en el que se acusa a una bidangoztarra de brujería.

Por ello, y para un desarrollo adecuado del tema, se tratará el proceso con mayor profundidad en una charla-proyección que, a bien ser, tendrá lugar en las fiestas de 2012.

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