El final del verano del año pasado ‘la de la dalla’ se cebó agusto con Vidángoz y nos tocó ver marchar a unos cuantos bidankoztarras.
A uno de ellos, a mi padre, le brindé un pequeño homenaje en el número 30 de esta publicación. Y entre los demás, aunque cada uno/a se merecería un recuerdo, hay alguien que por su labor pública tenía una repercusión especial, y no es otro que Paco el de Txestas, que durante más de medio siglo puso música a tantas celebraciones religiosas tocando el órgano de la iglesia, ese instrumento ya anciano cuyos defectos conocía Paco como la palma de su mano y sorteaba elegantemente.
Aprovecharemos, pues, las entradas que se publicarán a continuación de ésta para conocer más a fondo el órgano de la iglesia de Vidángoz, los devenires del apellido Hualde en nuestro pueblo y muchas más historias que seguro que a Paco le habrían sonado a música celestial.
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Otro homenaje
De cuando mi padre y mi abuelo aparecían en un libro de texto
No recuerdo exactamente el momento en que aquel libro llegó a nuestra casa porque yo era pequeño, y siempre lo he conocido en alguna estantería, como una pequeña reliquia, como una curiosidad.

Eusebio y Javier Pérez [Diego] ordeñando sus ovejas
El libro en cuestión era el correspondiente a lo que hoy se denominaría ‘Conocimiento del medio’ o algo así y era material que se utilizaba en 2º de E.G.B., 2º de Primaria que se diría a día de hoy, y, aunque no estoy seguro del todo, creo que era de la editorial Anaya.
El tema donde aparecía la foto que encabeza estas líneas explicaba el origen de algunos alimentos, el proceso que llevaban posteriormente y cómo llegaban finalmente al consumidor. En este caso, mi padre y mi abuelo aparecían ordeñando sus ovejas.
Curiosa manera de quedar para la posteridad en un libro y haciendo una de las cosas que más le gustaban: estar con sus ovejas.
Mariano y su mentalidad familiar
Sea por la educación que recibió, sea por las circunstancias que le tocó vivir, Mariano Mendigacha dejó en las cartas que envió a Azkue multitud de apuntes, de detalles, que bien podrían darnos una aproximación al carácter que tenía.
No entraremos a analizar todos esos detalles en profundidad, pero sí que trataremos algunos de ellos por reflejar, por un lado, la mentalidad de la época y, por otro, la actitud de Mariano ante ciertos temas.
Así, trataremos en primer lugar la concepción de la familia. Una familia, una casa, era como una empresa cuyos jefes, los cabeza de familia, habían de hacer lo posible para que fuera bien. Aquí entraría, por ejemplo, el tema de la sucesión, de la herencia.

La mentalidad de Mendigacha
Se tiende a pensar que aquí siempre heredaba el primogénito si era varón o el hijo varón de mayor edad en su defecto, pero esto no era así en muchísimos casos. El proceso de elección del heredero/a lo describía Mendigacha en su carta del 18 de diciembre de 1903. En ella indica que un padre observó durante toda la crianza a los hijos y tras elegir el que juzgó más adecuado, cuando llegó la hora, se lo hizo saber y le indicó con quién se casaría. Y al no aceptar el hijo su pareja, lo despachó de la casa.
Así, en la propia casa Mendigatxa tenemos el vivo ejemplo de las dos afirmaciones anteriores. Por un lado, Mariano tenía un primogénito varón, Francisco, que, sin embargo, no fue quien heredó la casa. Por considerar más apta a su hija Inés o por preferir para el gobierno de la casa al marido que para ésta habían elegido, el caso es que en casa Mendigatxa no heredó ni el primogénito ni un varón. Por otra parte, lo de las bodas apalabradas tiene en los hijos de Mariano un ejemplo claro, ya que casó a sus dos hijos mayores con sendos hijos de casa Santxena, la casa con mayor potencial de Vidángoz en aquel entonces, quedando una pareja en casa Mendigatxa y la otra en casa Bernabel (que también era propiedad de Mariano), llevando Mendigacha su empresa por muy buen camino.
Por otra parte, hay otra carta en la que se mencionan arreglos de bodas, concretamente la del 29 de octubre de 1904. Allí relata cómo se ha dado un caso insólito en Vidángoz cuando dos casas del pueblo, después de anunciar una boda, se habían echado para atrás por algún motivo que solo ellos sabían.
Siguiendo en el ámbito familiar, Mariano también nos da muestras de las tensiones que vivían algunos mayores con sus herederos en las casas en las que convivían, tema del que ya he hablado en alguna ocasión anterior (casa Anarna, 1900) y que debía ser algo relativamente habitual en aquel entonces.
En su carta del 20 de febrero de 1911 Mendigacha señala que ha discutido con el yerno por algo en lo que los dos creían tener razón, y Mariano señala que optó por hacerse a un lado, ceder el gobierno de la casa y limitarse a obedecer.
A finales de 1914 Mariano debió de quedar inútil para el trabajo del campo y, entre eso y las tensiones que tenía en casa, se le metió en la cabeza que había de irse a un asilo para ancianos desamparados. La familia señalaba que la situación no era así para nada y que incluso le daban sus gustos, y que ‘si dejaban que el anciano saliera de casa sería una ofensa a Dios’. Piden a Azkue que medie para quitarle esa idea de la cabeza a Mariano. Así lo hizo y, por medio del párroco de Vidángoz, convencieron a Mendigacha quien, sin embargo, no quedó demasiado conforme. Él quería que el vicario hablara a la vez con su hija y con él mismo y así arreglaran sus diferencias ‘como había hecho con tantas familias’ (luego era algo habitual).
Así pues, y por respeto a la opinión de Azkue, Mariano decide desistir de la idea de marcharse de casa y quedar sumiso y obediente a lo que le manden en casa pero sin cambiar de actitud, ‘pues no conoce su falta’. Prevé que lo que le queda de vida será un martirio.
Como último dato curioso, resaltar el que Mendigacha considera la causa de su ruina en aquel momento: ‘la demasiada urbanidad y prudencia que he observado [tenido] con ellos [su hija y su yerno]’, algo que, por lo que deja ver, tampoco sería lo habitual.
Mariano Mendigacha y la etnografía de Vidángoz
Mariano Mendigacha [Mendigatxa] es conocido por su inestimable colaboración en el estudio del uskara roncalés con Louis Lucien Bonaparte a mediados del siglo XIX (junto con el también bidankoztar Prudencio Hualde [Malkorna / Vicaría]) y con Resurrección María de Azkue a principios del siglo XX. Lo que trabajó con ambos investigadores es un tesoro para los lingüistas en general y para los filólogos vascos en particular.
Pero para l@s bidankoztarras del siglo XXI el legado de Mariano es, además, un tesoro a otros niveles del que pocos pueblos dispondrán: En las cartas que intercambió con Azkue Mendigacha daba cuenta del Vidángoz de su día a día, dando cuenta de los modos de vida, de los usos y costumbres de aquel entonces, de celebraciones que desconocíamos, de canciones y refranes olvidados… En resumidas cuentas, un regalo para los que tenemos interés por la etnografía de nuestro pueblo.
Si bien a lo largo de los doce meses que seguirán a la efeméride del centenario de su muerte iré dando a conocer todos los documentos que legó Mendigacha, me ha parecido interesante presentar aquí una serie de celebraciones que Mariano nos menciona en sus cartas y de las que, de otra manera, difícilmente habríamos tenido conocimiento.

‘Urruchkidiak’, escrito por el propio Mariano Mendigacha.
Así, se menciona que el día de la Candelaria (2 de febrero) primero y en Santa Águeda (5 de febrero) después, tenía lugar el encuentro de los Urrutxkidiak, donde las familias se emparejaban para comer y cenar y resolvían sus diferencias en caso de haberlas.
Del Carnaval, aunque no llega a hacer descripción por tocar aquel año muy mal tiempo y no salir nadie a la calle, sí que podemos resaltar que seguramente la de Mariano será la primera mención escrita a los zipoteros bidankoztarras.
En la carta del 31 de mayo de 1903 señala que tienen ‘día grande’ y, consultado el calendario de festividades católicas con fecha variable de aquel año, resulta que la celebración a la que hace referencia es Pentecostés.
Entre el 28 de septiembre y el 1 de octubre se celebraban en Vidángoz ‘fiestas en honor a los difuntos mediantes estipendio, los dos primeros días con grandes funciones en la iglesia por las almas de los muertos y los dos días siguientes hacían gasto grande y venía mucha gente de fuera’, con lo que parece que era una celebración exclusiva de Vidángoz.
Por último, al día 24 de diciembre se le denominaba Sekularo eguna, porque originariamente era el último día del año del calendario cristiano (sekula azken eguna).
Así que, como podéis ver, hay unas cuantas celebraciones que han desaparecido en el último siglo…

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