Neskanegun (larunbat) kontan, maiatzaren 18an ospatuko den Erronkaribarko #UskararenEguna-ren inguruan antolatutako ekitaldien artean, «Uskararen aztarna agiri historikoetan» izeneko hitzaldia, Angel Mari (Gotzon) Perez Artutx-en (Bidankozarte-ren) esku.
Maiatzaren 11ko 17:30ean
Bidankozeko aiza bulguan (udaletxean).
…eta hitzaldiaren ondoren, #Kebenko euskara elkarteak antolatutako Karriketan Kantuzeko saio berri bat Bidankozen.
Anima zaitezte!
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Este sábado, y dentro de las actividades del #UskararenEguna del Valle de Roncal que se celebrará el 18 de mayo, charla titulada «Uskararen aztarna agiri historikoetan», a cargo de #Bidankozarte.
11 de mayo, 17:30 h
En el ayuntamiento de Vidángoz.
…y después de la charla, una nueva edición de Karriketan Kantuz organizada por el asociación #Kebenko en Vidángoz.
¡Animaos!
Archive for the ‘Lengua’ Category
Uskararen aztarna agiri historikoetan
El Síndrome de Mendigatxa
Por si lo dicho en la entrada del miércoles fuera poco, Mariano Mendigacha sirve para denominar a un síndrome, el Síndrome de Mendigatxa, denominación que apareció por primera vez en el verso de Bidador pero que ha tenido más recorrido.

Artículo de Aingeru Epaltza sobre el Síndrome de Mendigatxa, en la última página del Diario de Noticias de 10/06/2015.
El Síndrome de Mendigatxa, tal y como lo definía certeramente Aingeru Epaltza en su columna del Diario de Noticias (06/10/2015), viene a ser la melancolía de ser una suerte de último mohicano de tu lengua, siendo consciente de ello.
Seguramente Mendigacha bastante tendría con su día a día como para andar pensando en que su nombre se iba a asociar a la desazón que le producía el querer enseñar todo su uskara y que no muriera y no ser capaz de salvarlo, pero el caso es que su figura ha servido para representar esa sensación.
En este sentido, y como dice uno de el poema de Díez de Ulzurrun, ‘amamos a Mendigacha, pero no ser Mendigacha‘.
Mariano, nuestro particular último mohicano, sonreiría satisfecho si pudiera ver que sus esfuerzos no fueron en vano, como tanto temía. Eskarrik anitx!
Mariano Mendigacha, Vidángoz y el uskara
Por las fechas en las que le tocó nacer y morir a Mariano, podría decirse que su vida resume a grandes rasgos las últimas décadas del uskara roncalés.
Así, nuestro Mendigacha nació en 1832, cuando Navarra todavía era un reino (con muchas limitaciones, pero un reino) y en un tiempo en el que el uskara, aunque ya proscrito en diversos ámbitos, todavía gozaba de buena salud.
Al año de nacer Mariano se desencadenó la I Guerra Carlista, una guerra que perdieron los carlistas, quienes en principio apostaban por lo tradicional, situándose en este ámbito la lengua vernácula. Como consecuencia de esta guerra, Navarra pasó de ser reino a ser provincia española, vio recortados sus fueros y empezó a sufrir en mayor medida las políticas centralizadoras del gobierno liberal, presión que iba reduciendo el uso del uskara a menos ámbitos, para pasar en pocos años a limitarse su uso al ámbito del hogar.

El uskara roncalés, en el mapa realizado por Bonaparte en 1866.
No obstante, el proceso variaría de una casa a otra pero, en cualquier caso, parece claro que el declive del uskara habría comenzado en este punto, sin obviar que hasta entonces también había tenido trabas. Así, aunque en el análisis sobre la distribución y salud de los diferentes dialectos del euskera que realizó el lingüista Louis-Lucien Bonaparte en 1866 (en la imagen que acompaña a este artículo, la parte del mapa que concierne al Valle de Roncal, separando los tres subdialectos de Vidángoz, Urzainqui y Uztárroz, y donde ya se señala que en Burgui estaba en peor situación de uso que en el resto de villas del valle) se señala que en Vidángoz más del 90% de la población era vascoparlante, parece que el retroceso ya estaría en marcha y nos encontraríamos en ese punto en que tanto mujeres como hombres jóvenes y de mediana edad serían bilingües y entre los más mayores la mayoría de las mujeres y algunos hombres serían mayormente euskaldunes aunque conocerían algunos rudimentos de castellano. Es de reseñar que Bonaparte escogió Vidángoz para el estudio del uskara por ser el pueblo que mejor se prestaba a ello (por menos influenciado por el castellano o por gentes venidas de fuera, suponemos, favorecido esto por su situación aislada), y de ahí su colaboracion con Mendigacha y con Prudencio Hualde.
En la década siguiente, donde seguramente habría tenido particular relevancia la III Guerra Carlista (1872-1876), se aceleró el proceso hasta el punto de que, por lo que pudo concluir el investigador Gorka Lekaroz en 2014 en su análisis de la desaparición del uskara en Vidángoz (en la que contó con mi colaboración), la guerra habría tenido tal efecto que incluso en hijos de una misma familia, los nacidos antes del conflicto dominarían el uskara y los nacidos después de él ya no habrían llegado a tener el mismo nivel con el idioma.
En casa Mendigatxa, supongo que hasta 1883, año en que se casó Inés, la hija que quedó en casa, se habría hablado uskara. Al entrar en la casa Juan Mainz Villanueva [Santxena], se habría iniciado una convivencia entre el castellano y el uskara en la que variaría el idioma de comunicación en funcion de quién hablaría y a quién se dirigiera, pero seguramente Mariano seguiría dirigiéndose a su mujer y a su hija en su idioma nativo.
El siguiente escalón que bajaría el uskara en casa Mendigatxa llegaría con la muerte de su esposa, Josefa Pérez Marco (Uztárroz) en 1886, con lo que parece que el castellano se habría convertido en el idioma principal relegando al uskara a situaciones más o menos puntuales.
Dos décadas después, en 1904, cuando Mariano ya había iniciado su correspondencia con Azkue, el Obispado de Pamplona analizó su diócesis y en el Valle de Roncal solo se hablaba uskara en Vidángoz, Isaba y Uztárroz y, por lo que decía Mendigacha, sólo unos pocos ancianos ya lo dominarían. En Mariano, animado por su creciente relación con Resurrección Mª de Azkue, revivió el fuego del uskara y éste incluso trató de que uno de sus nietos (seguramente Diego Mainz Mendigacha), que todavía no había aprendido a hablar, interiorizara el uskara y salvarlo así en cierta manera, pero al solo tener al abuelo para la conversación, fue en vano y el anciano Mendigacha desistió de su intento.
14 años después, en 1918, falleció Mariano, y entonces quedarían menos euskaldunes aún, pero todavía en 1935 se mencionaba a Vidángoz como muga sur del euskera, si bien en nuestro pueblo ya estaba en su último estadío antes de desaparecer (‘solo lo conocen los ancianos, pero no lo usan en público’). situación solo un poco mejor en Isaba (donde ya solo lo conocían los mayores de 50) y en Uztárroz (mayores de 30).
Por lo que podemos deducir de sus cartas, Mariano Mendigacha vivió el declive del uskara como un querer y no poder, pero fue la figura clave para que hoy conozcamos mucho de lo que sabemos de nuestro desaparecido dialecto, por lo que solo podemos expresarle nuestro agradecimiento. Así que, ¡Eskarrik anitx, Mariano!
Los libros sacramentales anteriores a 1701
A decir verdad, éste es un tema que me intrigaba desde hace tiempo: ¿por qué los libros sacramentales de Vidángoz solo se conservan desde 1701-1702? En la mayoría de pueblos del valle se conservan prácticamente desde su comienzo (en torno a 1580) salvo en Isaba, donde se perdieron con el incendio de 1813. Entonces, ¿qué pasó en Vidángoz para que los libros desaparecieran?
Lo primero que se me ocurría pensar era que aquello pudiera tener que ver con algún conflicto bélico como la Guerra de Sucesión (1701-1713), aunque fuera improbable, ya que aquella contienda no se acercó mucho a nuestro pueblo.
Por otra parte, recuerdo haber oído a algún mayor que en tiempos antiguos la iglesia se debía de haber quemado, aunque no sabían concretar cuándo. Podía ser, pero en ese caso seguramente tendríamos información al respecto en el Archivo Diocesano de Pamplona, y no es así.
La última opción que barajaba era que los libros no se conservaran en la iglesia sino en la casa vicarial y que allí no hubieran sufrido un incendio, sino algo más leve (goteras, ratones…) que con el tiempo habría ido arruinando los libros y en algún momento se habrían desechado por inservibles.
Pues bien, cuando ya pensaba que esta sería una de esas preguntas para la que jamás encontraría respuesta, una casualidad hizo que llegara a resolver ese enigma, al menos en parte.
![Caballero de la Orden de Santiago [www.blasoneshispanos.com]](https://www.vidangoz.com/bidankozarte/aleen_irudiak/27/caballero_santiago.png)
Caballero de la Orden de Santiago [www.blasoneshispanos.com]
Y el caso es que con aquella referencia vaga consulté su expediente y encontré varias sorpresas:
1.- La primera y principal es que en 1757, cuando se investigó la genealogía de Raimundo para estudiar su ‘limpieza de sangre’, los libros sacramentales anteriores a 1701 todavía se conservaban en casa del párroco (Pedro Marco Hualde), en un arca grande de pino ‘por no aber archivo en la yglesia’. Allí se expresa que el párroco mostró un libro envuelto en pergamino que contenía cinco volúmenes donde se registraban todos los sacramentos y que comenzaba en 1638 con la partida de bautismo de Bartholomé de Blas Pérez Martín, hijo de Bartholomé y Chathalina (04/02/1638), y terminaba con la partida de entierro de Susana Mainz (29/03/1701).
2.- El ayuntamiento se encontraba entonces en la plaza (no sabemos si la misma que actualmente o llamaban plaza al espacio delante de Casa de la Villa vieja), las dos ventanas de su sala de plenos daban a la plaza y en su archivo solo constaban libros de actas y de cuentas.
3.- El apellido Sanz de esta rama (ya había en el pueblo otros cinco Sanzes) no era natural del pueblo, ya que el abuelo de Raimundo, era natural de Villarreal de la Canal (Huesca, a unos 20 km de aquí) y se casó a Vidángoz. Además, en principio, este linaje no llegaría a la actualidad en nuestro pueblo, ya que quien heredó era el padre de Raimundo, y dejó el pueblo para casarse a Hecho (aunque lo mismo vendió su condición de heredero a su hermano, a saber…).
4.- Los diez hombres ancianos (¡siete de ellos pasaban de los 60 años!) con los que trataron para indagar sobre la ascendencia de Raimundo Sanz entendían castellano además de euskera y no necesitaban intérprete.
Bueno, en resumen, que aparte de todas estas curiosidades que he puesto de relieve, resulta que los libros anteriores a 1701 ni se habían quemado ni habían desaparecido en una guerra. Eso sí, en 1757 estaban deteriorados, por lo que o bien siguieron ese camino y quedaron inservibles… o quién sabe, quizás están perdidos en algún sabaiao o en algún arca vieja esperando ser rescatados…

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