Archive for the ‘Notas historicas’ Category

Un bicentenario desconocido

A finales de junio, la noche del 25 al 26 concretamente, se cumplieron 200 años de unos sucesos prácticamente desconocidos en nuestro pueblo. Unos acontecimientos en los que Vidángoz fue, tristemente y por un día, el lugar donde se enfrentaron los dos bandos contendientes de una guerra civil, la llamada Guerra Realista (1821-1823), en la que nuestro valle fue un importante teatro de operaciones.

Según las crónicas realistas, a aquel enfrentamiento iniciado por ellos y relatado como una victoria propia, se le denominó La Acción de Vidángoz. Ese nombre daba título a un capítulo de un libro que encontré hace años sobre esta guerra. ¿Cómo era posible que no tuviéramos ni idea de nada de esto? Y por otra parte, ¿por qué apenas sabíamos nada de aquella guerra y de cómo influyó en nuestro pueblo y valle?

En este número, trataremos de arrojar un poco de luz sobre este asunto.

Bidankoztarras en Amaiur (1522)

A mediados de julio de este año se cumplirá un aniversario redondo de un episodio épico en el contexto de la conquista castellana del Reino de Navarra: el asedio y toma del castillo de Amaiur en el año 1522.

En el nº 40 de Bidankozarte dábamos cuenta de lo sucedido en la Batalla de Noáin el 30 de junio de 1521, cuando buena parte de las esperanzas de los legitimistas navarros de recuperar el reino se habían ido al traste. Pero realmente ahí no había terminado todo.

A finales del verano se había reorganizado todo un ejército formado por legitimistas navarros, gascones, bearneses, franceses y mercenarios alemanes que sumaba la nada desdeñable cifra de 27.000 soldados dispuestos a tomarse cumplida venganza de la derrota sufrida en Noáin y de las plazas perdidas.

Partiendo de la Baja Navarra y del Bearn, esas tropas se hicieron con el control de la Navarra atlántica y de varias fortalezas, como el castillo de Amaiur, el de Irún Irantzu y la ciudad de Fuenterrabía/Hondarribia en pocos días.

Los castellanos acantonados en Pamplona ya habían empezado a temer por su situación y se habían preparado para lo peor reforzando las defensas y abasteciéndose para poder aguantar largo tiempo…

…y entonces fue cuando el tiempo se alió con los castellanos: se debió de poner a llover como si no hubiera un mañana, lo que hacía en la práctica imposible el movimiento de tropas y, por tanto la actividad bélica, y visto ese panorama y la inminente llegada del invierno, se paralizó la contraofensiva dejando esos planes para la primavera siguiente, la de 1522. El caso es que pasados los meses no se volvió a reunir el ejército de a finales de verano y no se tuvo el empuje necesario, y esto fue aprovechado por los castellanos para ir reconquistando poco a poco el terreno que el contingente franco-navarro había conseguido recuperar.

Viendo el retroceso de sus posiciones, los legitimistas navarros decidieron enrocarse en el castillo de Amaiur, y para ello repararon y reforzaron sus defensas y se abastecieron previendo lo que iba a venir.

Y así llegó el 13 de julio, para cuando la armada castellana ya había completado el cerco al castillo. Los que se atrincheraban entre sus muros eran conscientes de que no iban a llegar refuerzos que les salvaran, pero estaban determinados a vender cara su piel, a morir por lealtad a sus reyes legítimos, a su Reino de Navarra, al fin y al cabo.

Los ciento y pico soldados de Amaiur aguantaron durante nueve días el asalto a su castillo, ataque realizado por una fuerza infinitamente mayor en número y en armamento, pero llegado el momento en que a través de una mina los castellanos habían volado parte de la muralla, el 19 de julio se decidió rendir el castillo a cambio de respetar la vida de los que quedaban adentro.

Una vez cayó Amaiur, no hubo intentos fructíferos de recuperación de la Alta Navarra, de ahí la importancia de la resistencia del castillo de Amaiur como símbolo.

Para terminar, y como ya señalé en su día, un año después Carlos I intentó apaciguar el tema ofreciendo un perdón general a quienes hubieran actuado en su contra durante la conquista señalando varias excepciones, unas 150 personas a las que se excluía de dicho perdón expresamente por su participación en la Batalla de Noáin, en la resistencia en Amaiur o en la toma de Fuenterrabía. De entre esos imperdonables, 17 son roncaleses, de los cuales al menos dos o tres bidankoztarras (Petri Andrés, Remón Pérez y Remón Pérez). Esto, por una parte, nos da una idea de la participación de nuestros antepasados en aquellos episodios históricos clave en particular y, por otra, en qué bando estaba alineado mayormente nuestro valle.

Sirvan estas líneas como recuerdo a aquellos valientes roncaleses que lucharon hasta el último momento pese a saber cuál sería su fatal destino…

Hija de unos «empleados del rey»

Como podréis conocer dentro de dos boletines, el año que estaba por comenzar hace 200 años no iba a ser un año cualquiera. Y es que en aquel año se reactivó la que sería primera guerra civil del siglo XIX (que habría empezado en 1821, como consecuencia del Pronunciamiento de Riego de 1820 y la respuesta armada al mismo) y Vidángoz viviría algún episodio de aquella guerra en sus propias carnes. Pero dejemos ese capítulo para el número 44 de Bidankozarte (verano de 2022) y centrémonos en este curioso episodio.

Hace años, cuando andaba transcribiendo los libros de bautizados de la parroquia de Vidángoz me encontré con un caso curioso. Generalmente, los padres de las criaturas eran labradores y por eso no se mencionaba su oficio, pero cuando se trataba de alguien cuya profesión no era la de esa mayoría apegada a la tierra, entonces sí que se mencionaba: maestros, herreros, molineros… Hasta aquí, más o menos perfecto. Pero hete aquí que el 16 de enero de 1822 nació en Vidángoz una niña cuyos padres eran nada más y nada menos que “empleados del Rey”, siendo el padre natural de Ayelo (actual Aielo de Malferit), Reyno de Balencia, y la madre natural de Etxalar. ¿Qué clase de oficio era aquel? ¿Y qué pintaban con esa profesión en Vidángoz? Bueno, en aquel momento quedó transcrito el dato y seguí con mi labor sin concretar a qué se refería, pero se me quedó un apunte en la cabeza a nodo de “nota mental”.

Algún tiempo después, e indagando en otras historias, empecé a entender el contexto de este asunto: después del Pronunciamiento del general Riego el 1 de enero de 1820, dio comienzo el denominado Trienio Liberal, del que en la escuela nos decían básicamente que en ese periodo el rey Fernando VII estuvo apartado del poder y que ese capítulo histórico terminó con la llegada de los Cien mil hijos de San Luis en 1823, que reestablecieron al monarca absolutista al mando del estado.

Lo que no nos contaron es que en ese periodo se desató una guerra civil denominada Guerra Realista, una suerte de precursora de la I Guerra Carlista que se iniciaría apenas una década después. Pues bien, en aquel contexto andaba por Vidángoz Francisco Armengol Barbería. Armengol, al parecer, se encontraba al mando de alguna partida de realistas, esto es, partidarios del monarca (de ahí el oficio de empleado del Rey), en Navarra, y se ve que por aquí andaría también su mujer, y así nació su hija María Fulgencia Armengol Sanciñana en nuestro pueblo.

En nuestro valle, como os informaré en la revista veraniega de Bidankozarte, parece que surgió un importante núcleo realista, la denominada División Real de Navarra, uno de cuyos artífices fue el párroco de Uztárroz Don Andrés Martín, quien terminada (y ganada por su bando) la contienda, escribiría en 1825 una crónica del conflicto titulada Historia de la Guerra de la División Real de Navarra contra el intruso sistema llamado constitucional y su gobierno revolucionario. Y a ese bando es al que pertenecía Armengol.

Gregorio Cruchaga, hermano de Juan José, predecesor suyo como líder guerrillero roncalés y que también murió en guerra, en su caso en la de Independencia.

Pero hay algo que hace de Armengol un personaje especial en esta guerra, y es que hizo diversos méritos por los que al finalizar el conflicto sería condecorado por el rey, y uno de los cuales está directamente relacionado con nuestro valle.

Los realistas navarros se habían alzado contra el gobierno liberal en diciembre de 1821, pero la insurrección fue sofocada rápidamente, y los partidarios del rey cruzaron la muga con Francia esperando a mejor ocasión. Oportunidad que se presentaría en la primavera siguiente, cuando volvieron a activarse en suelo navarro. Y en una de esas acciones, Armengol asesinó en Nardués-Andurra (Urraúl Bajo) al coronel Juan José Cruchaga, natural de Urzainqui y héroe de la Guerra de Independencia, que en este conflicto había tomado parte con el bando liberal.

Así, Armengol pasa de ser un combatiente más de una guerra civil poco conocida a ser el asesino de un héroe roncalés… ¡y cuya hija nació en Vidángoz!

El padrino

El nacimiento relatado a la derecha de estas líneas podía quedar en una mera anécdota, e incluso el hecho de que el padrino fuera natural del propio Vidángoz también podría haber sido casual, pero todo tenía su razón de ser.

Y es que el padrino de la criatura, de Mª Fulgencia Armengol, fue el diácono bidankoztar Pedro Mariano Salboch Larrambe [Salbotx], y podríamos considerarlo algo casual, algún clérigo que se ofrecía a ser el padrino de una criatura que había nacido fuera del entorno familiar, pero parece que no van por ahí los tiros. Más bien da la impresión de ser uno de esos casos en los que alguien con cierto estatus apadrina a la bautizada (como cuando el padrino de alguien era el médico o el maestro del pueblo, pese a no ser familia del retoño), aunque en este caso todavía no pasara de la categoría de diácono.

Este conflicto, la Guerra Realista, marcaría un punto de inflexión en la trayectoria de Mariano Salboch y de algunos otros bidankoztarras, como explicaré en el nº 44 de Bidankozarte, erigiéndose poco a poco en uno de los cabecillas locales de la facción realista en esta contienda y, una década después, en la I Guerra Carlista.

Así, y teniendo en cuenta Mariano Salboch pertenecía a una familia pudiente de Vidángoz, y que no era la única de la que tenemos noticia en ese aspecto, podríamos aventurarnos a decir que nuestro pueblo era un lugar donde los realistas se sentirían particularmente cómodos, que gozarían de cierto apoyo popular.

125 años de la muerte de Juan De Remón

Y os estaréis preguntando, ¿quién era, pues, ese Juan De Remón? Pues vamos a ver que es un personaje que tiene su miga.

Recorte de El Eco de Navarra, 08/01/1897

Lo primero que llama la atención es que se dio noticia de su muerte en la prensa (El Eco de Navarra, 08/01/1897). Si ya el hecho de que saliera en el periódico es algo que se sale de lo habitual, tenemos otros cuantos datos que encienden nuestra curiosidad.

El primero es que el finado es citado como comerciante, un oficio poco habitual en el Vidángoz de aquella época, pero que no significa otra cosa que él era quien regentaba la única tienda del pueblo a finales del siglo XIX, negocio del que daremos más datos después.

Por otra parte, no resulta menos curioso la mención a su pasado en la Marina Francesa. ¿Y esto? Pues bien, resulta que Juan De Remón, como era conocido en Vidángoz (su nombre real era Juan Bautista Erramundeybery, como consta en su partida de defunción), era natural de Baiona, y es por ello que habría tenido que realizar el servicio militar francés, y, por lo que se ve, hizo carrera en la Marina, con la que probablemente habría participado en alguno de las múltiples expediciones de colonización y conflictos protagonizados por Francia en las décadas de 1860 y 1870.

Bueno, y con ese origen, ¿cómo había llegado a Vidángoz? Pues, como también indica su partida de defunción, anduvo muchos años de marinero y estaba casado con la bidankoztar Silveria Clemente Hualde [Makurra], con la que, tras retirarse de la vida militar, había residido en Montevideo y Buenos Aires hasta que, hacia 1890, se habían establecido en este pueblo nuestro.

Silveria había dejado su Vidángoz natal hacia 1868, con unos 25 años, no sabemos si con destino a Francia o a América, y en alguno de los dos sitios habría conocido a Juan. Parece que la pareja no tuvo descendencia, pero Juan sí que tuvo al menos una hija de un matrimonio anterior, llamada Eugenia.

Y para terminar, ¿dónde estaba la tienda que regentaban? Pues, ¡sorpresa!, en casa Angelena, la que posteriormente durante medio siglo XX sería tienda de José María Sanz, que, al parecer, estaba disponible para alquilar cuando el matrimonio llegó a Vidángoz. Regentaron la tienda desde 1890 hasta que Juan falleció, y Silveria siguió hasta su muerte en 1906, aunque tuvo algún problema con acreedores de la tienda que no querían pagar, si bien no pudo demostrarlo… pero eso es otra historia.

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