Nacimientos, bodas y defunciones en 1922

El año que iba a empezar por estas fechas pero hace un siglo fue un año prolífico en cuanto a nacimientos se refiere, y es que si en aquellos años nacían una media de 11,6 criaturas en Vidángoz, aquel año de 1922 vio venir al mundo a 17 nuev@s bidankoztarras, bastantes de los cuales se me hacen conocid@s incluso a mí, lo cual da señal de que much@s mantuvieron un vínculo  mayor o menor con el pueblo, por un lado, y, por otro, que ya voy cumpliendo años y a esta generación ya la habría conocido yo si llegaron a los 60. En orden de nacimiento, son quienes siguen: Telesforo Elizalde Sanz [Elizalde], Ricarda Landa Sanz [Algarra / Pelaire], Francisco Sanz Sanz [Danielna], Rafaela Juanco Pérez [Paxapan], Felipa Urzainqui Urzainqui [Pantxo], Dionisia Urzainqui Urzainqui [Pantxo], Consuelo Sanz Urzainqui [Arguedas], José Jimeno Urzainqui [Hualderna], Cándido Artuch Jimeno [Largotena / Ornat], Antonina Sanz De Miguel [Arlla], N. Iriarte Rodrigo [Maizena], Félix Montes Fuertes [Montes], N. Asín Gayarre [Pelaire], Estefanía Juanco Jimeno [Antxon], Hilario Mainz Pérez [Aristu], Flora Sanz Ornat [Ornat] y Donata Pasquel Ornat [Paskel]. Como veis, hubo aquel año dos niñ@s que nacieron muert@s, en casa Maizena y en casa Pelaire, pero los demás, en general, tuvieron vidas relativamente longevas, e incluso todavía queda una representante de esta quinta que se postula para centenaria: Estefanía. De ell@s, un@s cuant@s fueron cabezas de familia en el pueblo: Telesforo (en casa Elizalde, aunque ya se casó en Pamplona), Ricarda (Pelaire), José (Hualderna), Cándido y Flora (Ornat) y Estefanía (Antxon), y aunque no se casaron, también podríamos considerar a Rafaela e Hilario como cabezas de sus respectivas familias, al menos en parte, de casa Paxapan/Lixalte la primera y de casa Aristu el segundo. Esta generación es un reflejo claro de la emigración que sufrió el pueblo en los años 60-70 y buena prueba de ello es que muchas de esas casas se cerraron en aquella época, cuando marcharon a Pamplona en busca de un futuro que parecían no ver en Vidángoz.

Foto de finales de la década de 1940 con varios quintos de 1922: Atrás: Emilia Ornat, Hilario Mainz, Flora Sanz // Medio: Estefanía Juanco, Micaela Landa // Delante: Cándido Artuch, Carlos Asín

En lo que respecta a las bodas, 1922 fue algo más atípico: solo hubo dos enlaces, y ninguna de las parejas se quedó en el pueblo. Por un lado, Ángela Sanz Navarro [Laskorna] se casó con el pamplonés Justo Gamasa Osinaga, y la pareja pasó a vivir en Pamplona, donde ejercieron de porteros de la catedral de la capital navarra. Por otro lado, Fidela Salvoch Artuch [Anarna], que se casó con el donostiarra Silverio Laburu Del Puerto, y pasaron a vivir en Gipuzkoa.

En el capítulo de defunciones, 1922 fue un año promedio en cuanto a muertes, con 9 fallecid@s, pero si quitáramos de la lista a los dos nonat@s, tenemos un dato curioso:  la edad promedio de l@s otr@s 7 difunt@s fue de 77 años, que es una cifra muy  elevada para la época, y tres de ell@s pasaron de los 80.  Los fallecidos en aquel año, por orden cronológico, fueron Avelino Landa Orduna [Landa, 75 años], N. Iriarte Rodrigo [Maizena, nonat@], Ciriaco Landa Orduna [Landa / Arriola, 72 años], Petra Gayarre Mainz [Molena / diversas casas, 76 años], N. Asín Gayarre [Pelaire, nonat@], Marcelo De Miguel Mayo [de Uztárroz, 70 años], Braulio Urzainqui Sanz [Txestas, 83 años], Getrulio Mainz Clemente [Refelna, 83 años] y Galo Andrés Garcés Machín [Matxin, 80 años]. Como podéis comprobar, en lo que a fallecimientos se refiere también fue un año importante, pues fallecieron los cabezas de familia de seis casas de Vidángoz (el séptimo en discordia era de Uztárroz pero había venido a Vidángoz a casa Arlla, donde se acababa de casar su hija Teodosia), cinco de l@s cuales (todos menos Ciriaco), además, ya eran viud@s, por lo que se extinguió con ellos su generación en dichas casas.

Pues hasta aquí el repaso al registro civil de 1922, donde supongo que vosotr@s también habréis encontrado a much@s conocid@s.

Sobre el nombre Paxapán

La casa que tratamos en esta ocasión tiene un nombre digamos que curioso, cuanto menos: Paxapán. Tiene esa pronunciación con “x” (sonido /sh/) tan característica del habla tradicional de Vidángoz y que también se puede oír en otros nombres de casa como Mux, Lixalte, Pexenena, Monxón… Pero, ¿de dónde viene el nombre Paxapán?

Seguramente se trate de un apodo, pero el intríngulis del asunto debe de estar en su origen: ¿Vendrá de alguien que decía mucho “Pasa pan”, como aventuraba algún mayor del pueblo? Puede ser, pero parece una explicación demasiado simple.

Juankar López-Mugartza en su artículo “Erronkaribarko oikonimia, mitoak eta elezaharra” ofrecía otra explicación curiosa: Paxapán, con otra pronunciación Paxabán, podría estar relacionado con la frase con la que se sella el Tributo de las Tres Vacas: Pax Avant.

Por último, plantearé mi propuesta, y es que el nombre esté relacionado con un tal Celestino Pasamán, natural de Olorón y que residió en Vidángoz hacia 1863 no sé exactamente con qué empleo, tal vez herrero, boyero, u otro oficio por el estilo. El caso es que en las pocas ocasiones en que se le menciona unas veces consta como Pasamán, otras como Masapán. Pasamán, Masapán… ¡Pasapán! En cualquier caso, tampoco queda claro que ocupara la actual casa Paxapán o la antigua (hoy Elizarena) y, como suele pasar, creo que nos quedaremos con las ganas de saberlo.

Casa Paxapán

Llegamos nuevamente al barrio de Egullorre, a casa Paxapán concretamente. Sucede con esta casa algo curioso: la antigua casa Paxapán o casa vieja de Paxapán sería la actual casa Elizarena y la actual casa Paxapán… pues todavía no he conseguido aclarar si anteriormente era una vivienda o, por contra, era un edificio destinado a otras funciones. La estructura exterior de la casa, las ventanas y puerta principal parecen indicar que la casa tiene cierta antigüedad, pero al seguir la genealogía de la familia Paxapán y al estudiar la ocupación de diversas casas de Vidángoz en tiempos pasados no queda claro que hubiera dos casas habitadas en aquel entorno…

Así pues, nos centraremos en la familia que denominamos Paxapán, en cómo se transmitió la casa durante la últimas generaciones. Comenzaremos por los hermanos Juanco Pérez, sus últimos habitantes hasta pasar en la década de 1970 a casa Lixalte, con la que tenían vínculos familiares y que en aquel momento estaba vacía y en mejor estado que su casa nativa.

Casa Paxapán

Natural de casa Paxapán era la madre de los hermanos Juanco Pérez, Gabriela Pérez Artieda, casada en 1909 con Nicolás Juanco Salvoch, natural de casa Juanko. No era la primogénita, pero junto con su hermano mayor Fermín, que se casó a casa Txestas, eran los dos únicos hermanos que llegaron a adultos de los ocho hermanos que eran, dándose la curiosa circunstancia de que cuatro de ellos murieron en torno a la edad de 20 años y otros dos, y esto ya era más habitual, con 2 y 3 años de edad.

Gabriela, a su vez, había recibido la casa de mano de sus padres, que eran Faustino Jovita Pérez Larrambe, de casa Paxapán (algunos tal vez conozcáis un lugar en el monte que se denomina Lo de Jovita, pues bien, hace referencia a este Faustino Jovita, puesto que se refiere a una finca de esta familia), y María Petra Artieda Mayo, natural de Uztárroz, quienes habían contraído matrimonio en 1868. Faustino era el 3º de seis hermanos de los que tres fallecieron a corta edad, otra a los 28 años (poco antes de la boda de Faustino) y del benjamín de esta generación no sabemos qué fue, tal vez se casó a otro pueblo o tal vez emigró.

Éstos habían sucedido a los padres de Faustino, que eran Francisco Fermín Pérez Eder [Paxapán] y María Juana Larrambe Mainz [Axairna, actual Paskel], que se casaron en 1838. Francisco Fermín era el primogénito, y los otros dos hermanos fallecieron con casi 2 años y 13 respectivamente, por lo que la pervivencia de la casa pendió durante tres años de un hilo que era el propio Francisco Fermín.

Francisco Fermín había heredado la casa de mano de sus padres, Francisco Ygnacio Pérez Urzainqui [Paxapán] y Juana María Eder Esandi [de Roncal], pareja que había contraído nupcias hacia 1815 (seguramente en Roncal, por ser el pueblo de origen de la novia) y de quienes era el primogénito. Francisco Ygnacio era el benjamín de tres hermanos, pero parece que el mayor falleció a temprana edad y la segunda, que era una hermana, no sabemos si estaría destinada a heredar, pero tuvo un hijo de soltera (aunque terminó casándose apenas dos meses después) y en aquel momento salió de la casa, quedando como heredero Francisco Ygnacio, quien se casaría apenas un año después, en 1815.

A Francisco Ygnacio le legaron la casa sus padres, casados en 1779, Joseph Gabriel Pérez Hualde y Mª Cecilia Urzainqui Mainz, siendo ella la natural de casa Paxapán, quien a su vez la había recibido de sus padres, Pedro Francisco Urzainqui Dansa y Mª Ysabel Mainz Pérez, pareja enlazada en 1751 y en la que ella era natural de la casa que tratamos. Y con los padres de Mª Ysabel, Domingo Mainz Gambra y Lucía Pérez Echeverri, él de Paxapan y ella de Garde, llegamos todo lo lejos que puedo llegar en la genealogía, pues Domingo Mainz era el dueño de la casa en 1726, que es el último punto de control histórico que puedo enlazar y antes que eso ya no sé por cuál de los progenitores de Domingo seguiría.

La transmisión de casa Paxapán, como la de todas las casas, veis que ha tenido sus peculiaridades. Se nos escaparán muchas historias, pero algunas nos son inalcanzables…

Hija de unos «empleados del rey»

Como podréis conocer dentro de dos boletines, el año que estaba por comenzar hace 200 años no iba a ser un año cualquiera. Y es que en aquel año se reactivó la que sería primera guerra civil del siglo XIX (que habría empezado en 1821, como consecuencia del Pronunciamiento de Riego de 1820 y la respuesta armada al mismo) y Vidángoz viviría algún episodio de aquella guerra en sus propias carnes. Pero dejemos ese capítulo para el número 44 de Bidankozarte (verano de 2022) y centrémonos en este curioso episodio.

Hace años, cuando andaba transcribiendo los libros de bautizados de la parroquia de Vidángoz me encontré con un caso curioso. Generalmente, los padres de las criaturas eran labradores y por eso no se mencionaba su oficio, pero cuando se trataba de alguien cuya profesión no era la de esa mayoría apegada a la tierra, entonces sí que se mencionaba: maestros, herreros, molineros… Hasta aquí, más o menos perfecto. Pero hete aquí que el 16 de enero de 1822 nació en Vidángoz una niña cuyos padres eran nada más y nada menos que “empleados del Rey”, siendo el padre natural de Ayelo (actual Aielo de Malferit), Reyno de Balencia, y la madre natural de Etxalar. ¿Qué clase de oficio era aquel? ¿Y qué pintaban con esa profesión en Vidángoz? Bueno, en aquel momento quedó transcrito el dato y seguí con mi labor sin concretar a qué se refería, pero se me quedó un apunte en la cabeza a nodo de “nota mental”.

Algún tiempo después, e indagando en otras historias, empecé a entender el contexto de este asunto: después del Pronunciamiento del general Riego el 1 de enero de 1820, dio comienzo el denominado Trienio Liberal, del que en la escuela nos decían básicamente que en ese periodo el rey Fernando VII estuvo apartado del poder y que ese capítulo histórico terminó con la llegada de los Cien mil hijos de San Luis en 1823, que reestablecieron al monarca absolutista al mando del estado.

Lo que no nos contaron es que en ese periodo se desató una guerra civil denominada Guerra Realista, una suerte de precursora de la I Guerra Carlista que se iniciaría apenas una década después. Pues bien, en aquel contexto andaba por Vidángoz Francisco Armengol Barbería. Armengol, al parecer, se encontraba al mando de alguna partida de realistas, esto es, partidarios del monarca (de ahí el oficio de empleado del Rey), en Navarra, y se ve que por aquí andaría también su mujer, y así nació su hija María Fulgencia Armengol Sanciñana en nuestro pueblo.

En nuestro valle, como os informaré en la revista veraniega de Bidankozarte, parece que surgió un importante núcleo realista, la denominada División Real de Navarra, uno de cuyos artífices fue el párroco de Uztárroz Don Andrés Martín, quien terminada (y ganada por su bando) la contienda, escribiría en 1825 una crónica del conflicto titulada Historia de la Guerra de la División Real de Navarra contra el intruso sistema llamado constitucional y su gobierno revolucionario. Y a ese bando es al que pertenecía Armengol.

Gregorio Cruchaga, hermano de Juan José, predecesor suyo como líder guerrillero roncalés y que también murió en guerra, en su caso en la de Independencia.

Pero hay algo que hace de Armengol un personaje especial en esta guerra, y es que hizo diversos méritos por los que al finalizar el conflicto sería condecorado por el rey, y uno de los cuales está directamente relacionado con nuestro valle.

Los realistas navarros se habían alzado contra el gobierno liberal en diciembre de 1821, pero la insurrección fue sofocada rápidamente, y los partidarios del rey cruzaron la muga con Francia esperando a mejor ocasión. Oportunidad que se presentaría en la primavera siguiente, cuando volvieron a activarse en suelo navarro. Y en una de esas acciones, Armengol asesinó en Nardués-Andurra (Urraúl Bajo) al coronel Juan José Cruchaga, natural de Urzainqui y héroe de la Guerra de Independencia, que en este conflicto había tomado parte con el bando liberal.

Así, Armengol pasa de ser un combatiente más de una guerra civil poco conocida a ser el asesino de un héroe roncalés… ¡y cuya hija nació en Vidángoz!

El padrino

El nacimiento relatado a la derecha de estas líneas podía quedar en una mera anécdota, e incluso el hecho de que el padrino fuera natural del propio Vidángoz también podría haber sido casual, pero todo tenía su razón de ser.

Y es que el padrino de la criatura, de Mª Fulgencia Armengol, fue el diácono bidankoztar Pedro Mariano Salboch Larrambe [Salbotx], y podríamos considerarlo algo casual, algún clérigo que se ofrecía a ser el padrino de una criatura que había nacido fuera del entorno familiar, pero parece que no van por ahí los tiros. Más bien da la impresión de ser uno de esos casos en los que alguien con cierto estatus apadrina a la bautizada (como cuando el padrino de alguien era el médico o el maestro del pueblo, pese a no ser familia del retoño), aunque en este caso todavía no pasara de la categoría de diácono.

Este conflicto, la Guerra Realista, marcaría un punto de inflexión en la trayectoria de Mariano Salboch y de algunos otros bidankoztarras, como explicaré en el nº 44 de Bidankozarte, erigiéndose poco a poco en uno de los cabecillas locales de la facción realista en esta contienda y, una década después, en la I Guerra Carlista.

Así, y teniendo en cuenta Mariano Salboch pertenecía a una familia pudiente de Vidángoz, y que no era la única de la que tenemos noticia en ese aspecto, podríamos aventurarnos a decir que nuestro pueblo era un lugar donde los realistas se sentirían particularmente cómodos, que gozarían de cierto apoyo popular.

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