Las cartas de Mariano Mendigacha (X) – La lana y el queso

Siguiendo con la carta de febrero de 1904, e hilando con el contenido de la sección de vocabulario, vamos con lo que comentaba Mariano Mendigacha con respecto al queso y la lana, donde, de paso, deja ver que ése no era su “gremio”, ya que él se dedicaba a la madera.

Esquilando a la antigua usanza

Esquilando a la antigua usanza

Con respecto a la lana, señala que las ovejas se esquilaban por aquel entonces 4 veces al año, lo que nos da una idea de la importancia que tenía la lana como producto, pese a estar ya en declive. Las fechas para esquilar: 1º en marzo; 2º entre el 20 de mayo y San Pedro (29 de junio) en general y, si las ovejas están en el puerto, después de San Pedro; 3º en la Sanmiguelada (29 de septiembre); y 4º por San Andrés (30 de noviembre).

“El queso (ganzta) se hace en las bordas. A la borda se le llama “onla” y es para hacer el queso y para retiro de los pastores; y a la muidera se le llama “xasgu”, la que hacen todos los años, y es lugar de reunión de las ovejas, para ordeñar. Después de ordeñar, reúnen la leche al “olaberra” (depósito), allí echan el cuajo que se necesita. Después de cuajada,  deshacen todo, lo ponen en un caldo espeso y posteriormente con las dos manos se va reuniendo y lo ponen en un montón; a eso le dicen “matoina” (matón); el matón lo sacan a una “xura” (coladera) y allí exprimen bien todo el caldo. Luego lo ponen en un aro o corteza y apretando, con el calor del fuego, hacen el queso. El caldo que queda, lo cuecen en un caldero, después de cocido se queda convertido en grumos, después recogen los grumos con la “agorxalia” (espumadera) y con ellos hacen el “errekesuna” (requesón); al caldo que queda del requesón lo llaman “txirikot” (suero); con suero se engordan los cerdos; y también lo dan como remedio a muchos enfermos; a cada oveja le sacan tres o cuatro libras (1,1 – 1,45 kg) de queso y ocho o diez onzas (0,25 – 0,32 kg) de requesón. Venden el queso, en fresco, a veintisiete pesetas la arroba (2,02 ptas/kg); y ahora (en febrero, ya curado), a una peseta cada libra (2,69 ptas/kg); el requesón lo venden a dos reales la libra (1,34 ptas/kg); el requesón se gasta para guiso de las comidas en cuaresma y en los días de vigilia; la gente común prefiere el requesón que el aceite para las sopas”.

Como detalle curioso, resaltar que, aunque por ley se adoptó el metro como unidad fundamental de longitud y las equivalencias del resto de unidades con respecto al sistema métrico decimal se publicaron en 1852 y que su uso se volvió obligatorio por ley en 1879, vemos que unas cuantas décadas después se seguían usando. Así que, visto lo que cuesta asumir estos cambios, parece que aún seguiremos pensando los precios en pesetas durante años.

Atablanda

Vamos en esta ocasión con otro topónimo que denomina un lugar cercano a Vidángoz: Atablanda.

Como Atablanda se designa a los campos que se encuentran a la izquierda de la carretera (si vamos de Vidángoz a Burgui) desde debajo de la peña (Pitxorronga) hasta el barranco de Bilasko, término por el que discurría el último tramo del Camino Real antes de llegar a Vidángoz procedente de Burgui. De hecho, la zona de debajo de la Peña se denomina Atabea, topónimo que, como veremos está relacionado de lleno con Atablanda.

Y es que el nombre Atablanda procede de la unión de 3 partículas euskéricas: Ata– (ate = “puerta, portillo, paso estrecho”) + –be– (“debajo de”) + –landa (“campo, tierra de labor”). Así, Atablanda vendría a denominar a “las landas, los campos de la Atabea”, esto es, “los campos de debajo del portillo/paso estrecho”, y a la vista está que, aún hoy en día, eso es. En cuanto al portillo o al paso estrecho al que hace referencia, tal vez sea el propio paso entre la Pechera y la Pitxorronga, por donde el Camino Real entraba a Vidángoz.

En cuanto a la documentación, la primera noticia escrita que recoge el término Atablanda está datada en 1652, en un documento notarial donde se hipotecan diversos bienes, entre ellos “otra eredad llamada en Atablanda de sembradura de quatro robadas, afrontada con huertas de Don Pedro Aysa y por la otra parte con rio Viñes, y camino que pasa a Bilasco”.

Casa Txantxolit / Casero

Llegamos por tercera vez en este recorrido por los nombres de las casas de Vidángoz al barrio de Iribarnea. Y en este caso toca una casa curiosa por cuanto es conocida indistintamente por sus dos nombres, Txantxolit y Casero, y además da nombre al puente sobre el río Biniés que está al lado de la casa, el puente de Casero (pero al que, curiosamente, no se denomina ni puente Txantxolit ni puente Hualderna, aunque tendría el mismo derecho).

Al igual que en la casa que tratábamos en el número anterior, casa Monxon, tiene diversas idas y venidas en lo que a transmisión se refiere, siendo algo difícil seguir el rastro de la propiedad de la casa. Y es que no es una casa que se haya transmitido de padres a hijos en todas las últimas generaciones, sino que ha habido diversas alteraciones en ese sentido.

Foto antigua de la Calle Tejería, donde se encuentra casa Txantxolit.

Foto antigua de la Calle Tejería, donde se encuentra casa Txantxolit.

En ese sentido, el nombre de casa Casero ya nos da una idea de lo que en algún momento fue la casa, ya que, seguramente hará referencia a que en algún momento, en ella, vivía alguien “por casero”, esto es, alquilado (tal vez toda la casa, o tal vez parte de ella). Luego veremos a quién puede hacer referencia.

En cuanto al otro nombre de la casa, Txantxolit, se antoja prácticamente imposible averiguar a cuál de sus habitantes hacía referencia lo que parece ser un apodo. Alguna persona mayor de Vidángoz señalaba que podía tener relación con la palabra “chancho”, que significa cerdo, pero esta palabra y tiene origen argentino, con lo cual no parece que sea compatible con el nombre más o menos antiguo de una casa de Vidángoz.

Pero una vez consultado el «Diccionario Vasco-Español-Francés» (Azkue, 1905), se despejan las dudas acerca del significado de este nombre de casa. Para la elaboración de aquel diccionario Resurrección Mª Azkue colaboró activamente nuestro paisano Mariano Mendigacha [Mendigatxa] aportando las palabras correspondientes al dialecto roncalés tal y como se hablaba en Vidángoz, en nuestro pueblo se denomina «txantxulit» al «hombrecillo de cascos ligeros«. O sea que viene a ser lo que en Ochagavía (“Vocabulario Navarro”, J. M. Iribarren) o en Burgui llaman “txantxulín”, que se usa para designar despectivamente a “una persona simple, de poco fundamento”.

Sea como fuere, haré un repaso sobre el devenir de la casa que, como ya he señalado, ha cambiado mucho de manos. Empezando por los dueños actuales, los hermanos Sanz Iriarte, el que era natural de la casa era su padre Perfecto Sanz Fuertes, algo por todos conocido.

Perfecto era el primogénito del matrimonio formado por Guillermo Tomás Sanz Calvo (Kurllo) y Vicenta Fuertes Maisterra (vivió en varias casas), que se estableció en casa Txantxolit al casarse en 1909. Entonces, ¿no era ninguno de casa Txantxolit? Pues estrictamente, no. ¿Cómo llegaron entonces a la casa? Pues porque la madrastra de Guillermo (la esposa en terceras nupcias de su padre, de Antonio Sanz Gárate (Kurllo)), Petra Fuertes Hualde (Txantxolit), para quien el padre de Guillermo era su segundo marido, era natural y dueña de casa Txantxolit.

El caso es que Guillermo, su padre y sus hermanos, eran naturales de casa Kurllo, y allí vivieron con la excepción del año 1897, en que, recién casados Antonio Sanz Gárate y Petra Fuertes Hualde bajaron a casa Txantxolit a vivir, pero al año siguiente volvieron a casa Kurllo.

Aspecto actual de Casa Txantxolit / Casero

Aspecto actual de Casa Txantxolit / Casero

Y entre 1898 y 1909, ¿qué fue de la casa? Pues entre 1898 y 1902 la casa estuvo vacía, y entre 1903 y 1909 vivió en ella una pareja, tal vez “de caseros” (y aquí podría tener origen el nombre de casa Casero), formada por Román Hualde Salvoch (Pelaire) y Sotera Fuertes Maisterra (Fuertes), y que no tuvieron descendencia. Cabe señalar que la mujer de esta pareja tiene los mismos apellidos que la esposa de Guillermo Sanz Calvo, pero es su tía y no su hermana.

Volvemos ahora al hilo de Petra Fuertes Hualde. Petra fue la hermana que heredó la casa, y se casó en 1869 con Ángel Antonio Sanz Navarro (Mailusa), pareja que no tuvo descendencia y durante cuya estancia en la casa fueron pasando primero parientes de casa Mailusa y posteriormente de casa Fuertes a modo de herederos. De hecho llegó a vivir en la casa un matrimonio que tuvo hijos en ella conviviendo con Petra y su marido, pero que finalmente salieron de la casa. Así, volvieron a quedar Petra y su marido solos, hasta que éste murió en 1895 y Petra volvió a casarse en 1897.

En cuanto a Petra, era la pequeña de 4 hermanos, hijos de Pedro Francisco Fuertes Eseverri (Fuertes) y Sevastiana Hualde Barrena (Landarna). Ni Petra, ni ninguno de sus 3 hermanos, ni sus padres nacieron en casa Txantxolit. Otra vez nadie de la casa. ¿Y estos cómo llegaron? Pues los anteriores propietarios de la casa eran una pareja casada en 1853, formada por Francisco Mª Larrañeta Bertol y Dolorosa (o Dolores) Mainz Urzainqui (Txantxolit), que tuvieron la desgracia de fallecer ambos en la epidemia de cólera de 1855, sin dejar descendencia y no quedando nadie de la familia en casa, ya que los padres de ella ya habían muerto y el resto de hermanos ya estaban casados a otras casas o muertos.

Sebastiana Hualde Barrena era prima carnal del padre de Dolorosa Mainz Urzainqui, de Ángel Mainz Hualde y, seguramente, no habiendo otro pariente más cercano que reclamara la casa, pues allí habrían ido Sebastiana, su marido y sus hijos.

De ahí hacia atrás, parece que la transmisión de la casa fue más “normal”, de padres a hijos.

En cualquier caso, seguimos sin conocer a quién se refiere el apodo “Txantxolit”, pero, por lo menos, ya hemos conocido con cierta profundidad las no pocas manos por las que ha pasado casa Txantxolit o casa Casero.

75 años del final de la última guerra civil (1939)

Parte que indica el final de la última guerra civil (01/04/1939)

Parte que indica el final de la última guerra civil (01/04/1939)

Los periódicos del día 1 de abril de 1939, hace 75 años, traían en portada, de manera unánime, el último parte de guerra de Franco: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”.

Y es que, casi 3 años después del fallido golpe de estado (fallido porque no consiguió su objetivo, que era tomar el poder en el mismo julio de 1936) que desembocó en guerra, los franquistas habían conseguido vencer y hacerse con el poder.

Por lo que respecta a nuestro pueblo, la posición del mismo en la guerra dejó consecuencias diversas. En el plano humano, se registraron, que yo sepa, 12 “bajas”, 12 muertos, 10 por el bando franquista y 2 por el bando republicano, todas ellas menos una como consecuencia de heridas recibidas en diversos frentes.

Dentro de los muertos del bando franquista, además, encontramos que algunos de los fallecidos pertenecían a unidades del Ejército “Nacional” y otros a Tercios de Requetés.

Portada del libro "Caidos por dios y por España: Navarra", donde se recogen los nombres de los muertos en la guerra civil del bando franquista

Portada del libro "Caidos por dios y por España: Navarra", donde se recogen los nombres de los muertos en la guerra civil del bando franquista

La lista de muertos ordenada cronológicamente (a falta de dos fechas por determinar) sería la siguiente:

  • 30/04/1937 – Ignacio Sanz Fuertes (Txantxolit – Ejército);
  • 17/05/1937 – Daniel Juanco Pérez (Paxapan – Ejército);
  • 11/06/1937 – Antonio Larrea Miquéliz (Xapatero – Requeté);
  • 11/06/1937 – Juan Urzainqui Pérez (Kostiol – Requeté);
  • 11/06/1937 – Pascual Urzainqui Hualde (Lengorna – Requeté);
  • 18/12/1937 – Bernardino Ornat Landa (Bomba – Ejército);
  • 17/05/1938 – Veremundo Artuch Urzainqui (Maisterra – Ejército);
  • 10/06/1938 – Vicente Mainz Landa (Landa – Republicano);
  • 25/02/1939 – Manuel Artuch Jimeno (Largotena – Ejército);
  • 15/07/1939 – Casildo Sanz Salvoch (Kurllo – Ejército);
  • [Sin fecha] – Gregorio Sanz De Miguel (Arlla – Ejército);
  • [Sin fecha] – Enrique Mainz Landa (Landa – Republicano);
Banderín del Tercio de Montejurra, al que pertenecían los requetés bidangoztarras

Banderín del Tercio de Montejurra, al que pertenecían los requetés bidangoztarras

Los requetés bidangoztarras estaban integrados en el Tercio de Montejurra y los 3 fallecidos lo fueron en el mismo día, en el asalto a las fortificaciones del Gallo (frente de Bizkaia, ¿cerca de Durango?) y fueron condecorados con la Medalla Militar.

 

Los fallecidos del Ejército pertenecían a diversas unidades del mismo. Apenas tenemos detalles de sus muertes, salvo en el caso de Ignacio Sanz (Txantxolit), que murió en Durango. Cabe reseñar la fecha de la muerte de Casildo Sanz (Kurllo), 3 meses y medio después de terminada la guerra, por lo que es probable que se debiera a heridas sufridas en la misma.

Interior del Penal de San Cristóbal, donde estuvo preso Vicente Mainz Landa

Interior del Penal de San Cristóbal, donde estuvo preso Vicente Mainz Landa

En cuanto a los muertos por el bando republicano, dos y de la misma familia. El primero, Vicente Mainz (Landa), fue detenido en los días posteriores al golpe de estado y encarcelado en el Penal de San Cristóbal, de donde huyó en la fuga del 22 de mayo de 1938 (ver Bidankozarte nº 8). Tras permanecer fugado durante casi 20 días, fue abatido por la “Fuerza Pública” en el valle de Esteríbar. Su hermano Enrique, tras haber sido detenido y puesto en libertad, pasó primero a Francia y de ahí volvió para combatir en el bando republicano, donde debió de encontrar la muerte, aunque las fuentes no supieron precisar el lugar ni la fecha.

Exiliados de Vidángoz parece ser que no hubo.

Pero dejando de lado la huella dejada por la Guerra Civil en lo humano, en los años que siguieron a la guerra Vidángoz también tuvo que soportar toda una serie de cambios más o menos traumáticos: la obligación de disponer de salvoconducto para salir del pueblo (debido al riesgo de fuga por estar cerca de la muga francesa); la clausura del molino (para moler), con lo que había que trasladarse a moler a los pueblos en los que todavía se permitía; la llegada del ejército y de los prisioneros de guerra para la construcción de la carretera Igal-Vidángoz-Roncal, con el impacto que aquello tendría en la población; la incursión de los maquis que registró un enfrentamiento con más de 10 muertos en las inmediaciones del pueblo…

En fin, solo he citado algunas de las consecuencias más reseñables para el pueblo, pero está claro que la última guerra civil (no nos creamos que fue la única o la única reciente: ahí tenemos las guerras carlistas), como cualquier guerra en general, dejó un balance nada positivo a los bidangoztarras.

Vocabulario bidangoztar: El queso

Vidángoz, tierra de pastores y de buen queso, al que dedicamos esta sección.

Las palabras con asterisco no están señaladas como de Vidángoz propiamente, sino del Valle en general.

Queso roncalés

Queso roncalés

Aro: Plancha de madera flexible para dar forma al queso (también *Encela);

*Casala (o Kaxala): Molde de madera para hacer queso;

*Chispite: Aguja empleada para pinchar el queso, al elaborarlo, con el objeto de que despida el suero;

*Corteza: Recipiente de corteza de haya para guardar la sal que se echa al queso;

Cucharro: Recipiente metálico de boca ancha que utilizan para ordeñar ovejas;

*Espada: Cuchillo de madera que se emplea en la elaboración del queso, para cortar y desmenuzar la cuajada antes de meterla en la quesera;

*Matón: Masada de la leche cuajada, que, cortada en trozos, se mete en los aros de madera, donde se aprieta para formar el queso;

Muir: Ordeñar (Muidera: lugar donde se ordeña);

Rader: Raer, raspar la corteza del queso para limpiarlo (“El que come queso sin rader, come mierda sin saber”, solía decir mi padre);

Zorze: Tabla redonda de madera con cerco y agujero, sobre la cual se exprime el queso;

QUESO (elaboración): En una vasija de madera se cuaja le leche y el matón resultante se distribuye para hacer los quesos. Cada fracción se coloca en un aro, cerrado por cuerda, donde se exprime tres cuartos de hora. El aro va sobre una base (zorce) agujereada para que escurra el suero; cuando ha pasado un rato, la masa se calienta suavemente para que siga derramando el suero, y la masa, ceñida por la cuerda del aro, se queda enjuta. El suero se cuece para obtener el requesón;

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