Casa Aizagar

Empezamos la sexta vuelta a las casas de Vidángoz nuevamente por el barrio de Iriburua con una de las casas que tradicionalmente cerraba la calle Salsipuedes:  casa Aizagar.
La casa, que en la actualidad pertenece a la familia Paskel, estuvo habitada habitualmente hasta 1931, siendo la última familia en habitarla la que le da su actual nombre, esto es, los Aizagar.
Con posterioridad a ellos, entre el otoño de 1939 y 1941 la casa sirvió de alojamiento, junto con dos de sus casas vecinas en la calle Salsipuedes, para cientos de los trabajadores forzosos  que llegaron a Vidángoz, su particular campo de concentración, para construir la carretera Igal-Vidángoz-Roncal a golpe de pico y pala en condiciones infrahumanas.

Casa Aizagar, al final de la calle Salsipuedes [Foto: Ángel Mari Pérez Artuch]

Volviendo a los Aizagar, cabe señalar que eran una saga de molineros llegados a Vidángoz a finales de la década de 1860 que no era oriunda de Vidángoz (habían ido naciendo en los lugares donde había trabajado el padre de molinero). La 2ª generación familiar en Vidángoz, con Fernando Aizagar, se asentó en nuestro pueblo, si bien no llegó a esta casa hasta 1894, pasando más de dos décadas de inquilinos en diversas casas.
Queda claro de esta manera que cuando hablamos del apellido Aizagar estamos hablando de un nombre relativamente nuevo, de hace 122 años como mucho. Luego hablaremos sobre sus denominaciones anteriores, pero por el momento, sigamos remontándonos en la historia de la casa.
La familia que había habitado durante las últimas generaciones esa casa eran los Garín Pascualena, que dejaron la casa definitivamente hacia 1891 para asentarse en la que a partir de entonces se conocería como casa Garín y que posteriormente hemos denominado casa Montes (tratada en el número 12 de Bidankozarte). Ni Garín ni Pascualena nos resultan apellidos familiares, entonces, ¿quién era de la casa? Pues la esposa de la pareja, esto es, María Francisca Pascualena Salboch, hija a del igariar José Mª Pascualena y la bidankoztar y natural de esta casa Francisca Salboch.

Matías Aizagar, en la foto junto a su esposa Rosa Salvoch, es el segundo Aizagar que nació en Vidángoz. [Foto: Archivo fotográfico Santiago ‘Calderero’]

Aunque desconocemos el motivo por el que esta familia dejó la casa, tal vez esté relacionado con lo tratado en el artículo ‘Mi reino por dos burros’.
Por lo que respecta al nombre de la casa, queda claro que debía de tener un nombre anterior, ¿pero cual? Casualmente, hace unos años encontré en unos documentos notariales de casa Salbotx fechados en 1864 la mención a una casa denominada casa Bortasena sita en la calle Iriburua. Tras estudiar sus lindes (averiguando los propietarios de las casas en aquella época) y descartando las casas cuyo nombre antiguo era conocido, llegué a la conclusión de que Bortasena era al antigua denominación de la actual casa Aizagar.
Bortasena no está claro de dónde proviene, aunque probablemente tenga relación con el apellido Portaz, presente en Vidángoz al menos entre 1612 y hasta 1727. Así, tal vez el nombre original de la casa sería Portazena (‘la de Portaz’) y después Bortasena, o puede que simplemente el notario transcribiera el nombre como buenamente pudo a partir de la pronunciación del nombre de la casa por parte que quien fue a realizar el documento, y eso es lo que nos ha llegado.
Pues hasta aquí ha llegado la historia de casa Aizagar, que a partir de ahora será un poco menos desconocida.

Un Sanz ilustre

Ha habido un Sanz de nuestro pueblo que, aunque apenas es conocido por la mayoría, los pocos detalles que sobre su vida he encontrado hasta la fecha dejan entrever que llegó alto.

Monumento que se montaba delante del retablo de la iglesia de Vidángoz por Semana Santa, regalado, según se dice, por Juan Bautista Sanz Ochoa. [Foto: Archivo fotográfico Santiago ‘Calderero’]

Estamos hablando de Juan Bautista Sanz Ochoa, nacido en 1851 en casa Angelena [actual casa José María]. Vivió en Vidángoz hasta los 12 años y posteriormente pasaron a residir en otra localidad que desconocemos (tal vez en Enériz, de donde procedía su madre).
Sea como fuere, lo siguiente que he conseguido saber de él es que se licenció en Derecho Civil y Canónico en la Universidad de Zaragoza en 1879 y en 1880 se doctoró con la tesis ‘Fundación de la Iglesia por Jesucristo. Sus propiedades y notas por las que puede distinguirse de las sectas que se denominan cristianas‘.
Posteriormente, y gracias a una reseña de prensa, sabemos que en julio de 1901 fue nombrado Magistrado de la Audiencia Provincial de San Sebastián, cargo de categoría en su ámbito.
Y con posterioridad a ello, solo referencias orales al susodicho Juan Bautista: se dice que fue él quien regaló el monumento que antiguamente se colocaba sobre el retablo de la iglesia en Semana Santa (cuya imagen queda junto a estas líneas).
Juan Bautista Sanz Ochoa, un personaje interesante sobre el que habrá que seguir indagando.

Apellidos bidankoztarras: Sanz

Iniciamos en el número anterior con el apellido Pasquel gracias a la aportación de Miquel Martí, que había trabajado en profundidad (mucho más de lo que se pudo exponer en este espacio) la historia y genealogía de aquel apellido.
En esta ocasión trataremos el apellido Sanz, que pasa por ser el apellido más habitual en los bidankoztarras nacidos entre 1702 y el presente, en dura pugna, eso sí, con el apellido Urzainqui, que es casi igual de frecuente. El 10,92 %  de los bidankoztarras nacidos desde hace más de 300 años lo ha tenido por primer apellido, y si sumamos los que lo han tenido como segundo apellido, tenemos que casi el 18,5 % (casi uno de cada 5) de los nacidos en Vidángoz ha sido Sanz. Se dice pronto…

Partida de bautismo de un Sanz más antigua que se conserva en Vidángoz (1702). [Fuente: Archivo Parroquial de Vidángoz]

El patronímico Sanz se ha mantenido ininterrumpidamente en Vidángoz al menos durante los tres últimos siglos, que es el periodo en el que nuestro pueblo conserva los registros de bautismos. De ahí hacia atrás en el tiempo, parece que la tónica era similar.
Así, en el Apeo de población de 1677 llevaban el apellido Sanz 6 de los 70 dueños de casas de Vidángoz.
En un documento de la misma índole pero de 1645 encontramos 5 Sanzes, con la particularidad de que 4 de ellos son mujeres, 3 viudas y una moza [soltera] en cerca de 80 casas. Es curioso el caso de este apeo porque en Vidángoz hay 24 dueñas de casas entre viudas (17) y solteras (7), prácticamente una de cada tres casas, algo que no es para nada lo habitual [en el documento de 1677, por ejemplo, el grupo de viudas y mozas dueñas de casas es de solo 5]. Está claro que algo sucedió poco antes de 1645 que mermó sustancialmente la población de Vidángoz, cebándose particularmente con los varones, pero todavía no sabemos el porqué…
Y de ahí hacia atrás, en los pocos documentos de que disponemos, se mantiene más o menos constante la cifra de 3 familias Sanz entre las aproximadamente 70 que habría en Vidángoz, al menos hasta 1501.
Para el siguiente documento relativo a la población de nuestro pueblo hemos de remontarnos hasta 1368, y entre medio queda el proceso de fijación de los apellidos. A mediados del siglo XIV, pues, no encontramos rastro de Sanzes en Vidángoz, pero sí que hay algún Sánchez.

Santxena, ‘la [casa] de Sanz’ [Foto: Ángel Mari Pérez Artuch]

¿Y a qué viene esto? A que el significado de Sanz y Sánchez es el mismo, ‘hijo de Sancho‘, con lo que tal vez se mantuviera la línea familiar aunque cambiara la forma del apellido, quién sabe…
Así pues, rara habrá sido la casa en la que no haya habido Sanz-es en una u otra forma durante los últimos 5 siglos. Seguramente por ello no podía falta ese apellido en el nombre de alguna casa, y ahí tenemos casa Santxena, cuya pronunciación habría evolucionado desde Sanz-ena o Santz-ena (‘la [casa] de Sanz‘). Aunque, visto por otro lado, si en los últimos siglos siempre ha habido varios Sanz en nuestro pueblo, ¿por qué solo hay una casa denominada ‘la de Sanz’? Seguramente nunca lo sepamos.
Pues hasta aquí llega Sanz, uno de nuestros apellidos por excelencia.

Inmigrantes de otros tiempos

En el otoño de hace cuatro siglos, esto es, en el de 1616, un bidankoztar (bueno, esto parece que era lo que ponían en duda sus convecinos, o sea, nuestros ancestros) reclamaba su derecho a ser reconocido como vecino de Vidángoz ante el Valle de Roncal.
Para ello, exponía que cumplía las dos premisas fundamentales que se exigían para poder ser aceptado como tal: tener una casa propia y haber residido en el Valle durante al menos treinta años.

Libro del Valle de Roncal relativo a los ‘advenedizos’. [Fuente: Archivo Municipal de Vidángoz]

Juan de Mongelos, que así se llamaba el protagonista de esta historia, tal vez fuera un agote, esto es, un miembro de aquel colectivo que era marginado, según se cree, debido a su apariencia de leprosos y a su procedencia desconocida.
Los agotes tuvieron presencia importante particularmente en los valles de Baztán y de Roncal, o sea, aquí. En Baztán, por aquello de que hubo agotes en el barrio de Bozate de Arizkun hasta hace pocas generaciones, se tiene clara consciencia de ellos y, probablemente por esa cercanía en el tiempo, también han sido objeto de diversos estudios. En nuestro valle, sin embargo, no ha habido ni tantas investigaciones ni en la misma profundidad, con lo que se nos antoja difícil conocer la magnitud del asunto.
Sea como fuere, este proceso judicial no es el único sobre este tema contra el valle de Roncal y, en cualquier caso, tras él subyace algo que parece tan antiguo como el propio ser humano: la fobia al de fuera, al extranjero.
Los roncaleses de antaño eran rehacios a extender sus derechos, sus privilegios, a los advenidizos (foráneos) en general, y a los agotes en particular, y pese a que diversas sentencias condenaron al Valle a cesar en la discriminación contra ellos desde 1519, todavía hubieron de sufrir persecución y vejaciones durante décadas.
Lo que son las cosas, 400 años después, los foráneos no llegan al valle sino a Europa, pero siguen estando en el punto de mira y nadie quiere compartir con ellos su tierra. ¡Qué poco hemos avanzado en ese sentido!

Centenario de Donata Jimeno Ornat (07/08/1991)

Donata Jimeno Ornat, en una de las entrevistas que se le realizaron con motivo de su centenario. [Fuente: Diario de Navarra 07/08/1991]

El verano de hace 25 años tuvo un hecho inusual: la bidankoztar Donata Jimeno Ornat [Garro/Largotena] llegó a los 100 años, y por tal motivo el pueblo le brindó un pequeño homenaje. La jornada empezó con los cánticos de los auroros delante de casa Largotena, para seguir con una misa y un aperitivo en la puerta de la misma casa, para terminar las celebraciones con una comida familiar.

Entre tanto, Donata exhibió un excelente estado de salud y dejó muestras de su carácter tanto en el homenaje que se le brindó el día de su centenario, como en el que se le ofreció pocos días después en la celebración del Día del Jubilado del Valle de Roncal que aquel verano también tuvo lugar en Vidángoz, como en las entrevistas que se le realizaron en diversos medios con motivo de sus 100 años.
Donata fue la primera centenaria de Vidángoz, pero ya no es la única, ya que 14 años después Ciriaco Salvoch Juanco [Salbotx] también llegó a la centena.

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