Archive for the ‘Curiosidades’ Category

Pleito por una pocilga

Éste es un asunto que ya se mencionó de pasada en el nº 16 de Bidankozarte, cuando hablábamos del origen del nombre de casa Xoko.
Corría junio del año 1830 y dos casas de Vidángoz andaban enfrentadas. Para más señas, los implicados en el caso eran Santiago Sanz Hualde [en el título del proceso se le denomina Sebastián por error], de casa Zoco, (la que hoy denominamos casa Xoko), y Pascual Anaut Hualde, de casa Niguecena (actual casa Peña, antiguamente denominada Inigizena).
El tema de la discordia era una pocilga del de Xoko (que, por cierto, en aquel documento se presenta como “casa de Zoco”), que suponemos que estaría en el terreno que hay entre las dos casas (tal vez en el solar correspondiente a la desaparecida casa Montes), y que habiendo diferencia de opiniones sobre la propiedad del lugar donde se encontraba la pocilga, el de  Inigizena se tomo la justicia por su mano y derribó parte de la porqueriza de su vecino.
El de Xoko, como es lógico, no se quedó conforme y, al no haber arreglo por las buenas, finalmente recurrió a los tribunales.
¿En qué quedó la cosa? La respuesta, en el proceso 141162 del Archivo General de Navarra.

¿Un guardia civil… de Vidángoz?

¡Vaya! ¡Esto si que es una sorpresa! Seguro que si nos hubieran propuesto una apuesta al respecto habríamos dicho que no, que segurísimo que no ha habido ningún guardia civil natural de Vidángoz… Bueno, o a lo sumo, diríamos que, de ser natural de Vidángoz, de haber nacido en nuestro pueblo, habría sido algo pasajero, el hijo de algún carabinero o de algún médico o secretario o algo por el estilo. Pues podría ser, pero resulta que habríamos perdido la casa, las tierras, el ganado y todo lo que hubiéramos apostado, porque realmente sí que hubo un bidankoztar de toda la vida que se caló el tricornio.
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Bodas de oro de Severo Pérez Arriola (Diego) y Dolores Goyeneche Cruchaga (Otsagabia) en 1952. [Fuente: Fondo fotográfico Santiago ‘Calderero’]

En la parte superior de la imagen que ilustra este artículo pueden observarse dos guardia civiles, probablemente invitados como autoridades, pero cuya presencia, a resultas de lo que se expondrá en este artículo, podría haber sido algo más que la mera cortesía habitual de la época.
Acabemos pues con esta intriga de una vez. ¿Quién fue aquel guardia civil de Vidángoz? Pues estamos hablando de José María Arriola Mainz, de casa Arriola e hijo del herrero Ángel María Arriola, natural de Garaioa, y de Mª Gregoria Mainz, natural de casa Santxena. Sería, por tanto, tío de Severo Pérez Arriola, pero en el momento de la foto tendría 90 años, por lo que no puede ser.
José Mari, nacido en 1863, era el pequeño de los Arriola Mainz, 10 en total, aunque al menos 4 habían fallecido sin llegar al año de edad. Con aquel panorama, con poco futuro en casa en particular y en su entorno en general, cogió el camino que muchos otros y emigró a América, pero al contrario que la mayoría, éste partió para Puerto Rico. en 1882. En ese país, concretamente en la ciudad de Cayey, consta en 1887 como soltero, músico y guardia civil.
De momento no he conseguido averiguar nada más al respecto de este José Arriola, pero algo curioso ya es lo encontrado.
Con esto, una vez más, se cumple el famoso ‘Nunca digas de este agua no beberé’… Y en nuestro caso, ‘este guardia civil no es de mi pueblo’.

Casualides de la vida, tras la publicación de este artículo he tenido noticia de que de Vidángoz salió otro guardia civil: Timoteo Galech Salvoch [Matxin].

50 años de televisión en Vidángoz

Recorte del Diario de Navarra de 14/06/1966

Recorte del Diario de Navarra de 14/06/1966 firmado por El pastor roncalés

Parece que lleva toda la vida con nosotros y va a ser que no. De hecho, este año se cumple medio siglo de la llegada de la caja tonta a nuestro pueblo y al valle en general.

Era la novedad más interesante con la que se había encontrado un pastor bardenero de Garde al volver al Valle en la primavera de 1966. Una buena noticia con un pero, ya que la imagen no llegaba a Garde y a Vidángoz llegaba mal la señal (vamos, lo habitual). Es lo que tiene ser una de las alforjas del Valle…
 
 
 
 

Casa Pantxo

Casa Pantxo será la quinta casa del barrio de Iribarnea que trataremos. Una casa que, como se expondrá a continuación, tiene unas cuantas curiosidades.

Pero empecemos por el principio: ¿de dónde surge el nombre de la casa? Pues, la respuesta en esta ocasión parece más sencilla que en otras ocasiones, y es que Pantxo es una de las maneras de denominar coloquialmente en euskera a alguien llamado Francisco. Hasta aquí fácil, pero exactamente ¿a qué Francisco debe su nombre casa Pantxo? Y aquí es donde viene la madre del cordero.

Casa Pantxo, origen de alguna leyenda sobre las brujas de Vidángoz

Casa Pantxo, origen de alguna leyenda sobre las brujas de Vidángoz

Y es que en casa Pantxo hubo cuatro generaciones seguidas en las que el cabeza de familia se llamaba Francisco Urzainqui. Partiendo de la generación actual, los hermanos Urzainqui Asín, el primer Francisco Urzainqui que encontramos en su ascendencia sería su tatarabuelo, Juan Francisco Urzainqui Sanz, que era hijo de Pedro Francisco Urzainqui Mainz, nieto de Josef Francisco Urzainqui Mendigacha y biznieto de Juan Francisco Urzainqui Mainz. Así que parece que nos quedaremos con la duda de saber con cuál de los cuatro Franciscos que fueron dueños de la casa entre 1757 y 1892 se originó la denominación Pantxo.

Sea como fuere, además de casa Pantxo, antaño debía de ser conocida
como casa Andixko. Seguramente se trate de un apodo, que tampoco sabemos con quién se originó, y cuyo significado también nos plantea alguna duda. Andixko significa literalmente “grandecito”, por lo que considerando que en muchas ocasiones los apodos tienen una connotación burlesca, tal vez no se refiriera a alguien grande sino todo lo contrario. Sea como fuere, Andixko es otro nombre con el que se conoció casa Pantxo en algún momento.

Otra de las cosas curiosas que encontramos en casa Pantxo, es su transmisión familiar. Tendemos a creer que en nuestro pueblo, en nuestro valle, las casas tendían a heredarse por el mayor de los hijos varones de una familia, pero cualquiera que profundice un poco en este tema comprobará que este modo de proceder dista bastante de ser una regla. Bueno, pues casa Pantxo es una de las pocas casas de Vidángoz en la que durante al menos ocho generaciones consecutivas la transmisión se ha producido por los varones, con lo cual estamos hablando de que ha mantenido el apellido Urzainqui desde al menos 1701 (que es desde cuando podemos seguirle el rastro documental).

Tres siglos a lo largo de los cuales la transmisión pendió en muchas ocasiones de un hilo (por muerte prematura de uno de los padres, por segundas nupcias que daban como fruto otros hijos que podían competir en temas hereditarios, por ser pocos hijos de los que las mitades se morían, etc…) pero que, caprichos del destino, consiguió seguir su camino.

En fin, casa Pantxo, casa Andixko, otra casa de Vidángoz con sus historias.

 

Casa Pantxo y las brujas

Cruz de piedra que corona el tejado de casa Pantxo, antiguo remedio contra las brujas

Cruz de piedra que corona el tejado de casa Pantxo, antiguo remedio contra las brujas

Cuenta la leyenda que unos mozos que andaban de ronda retorcieron el cuello de una gallina que andaba en la puerta de casa Pantxo y que al día siguiente la abuela de la casa andaba con dolor en el cuello.

Esta historia enlaza con lo que suelen decir los mayores de Vidángoz cuando indican que a nuestro pueblo ‘las brujas subieron de Burgui’, y es que la supuesta bruja de esta historia es Teresa Jesús Pérez Artica, natural de Burgui y casada con el viudo Juan Francisco Urzainqui Sanz, cuya primera esposa había fallecido como consecuencia de la epidemia de cólera de 1855.

Chimenea de casa Montxonena, emulando a las antiguas chimeneas roncalesas

Chimenea de casa Montxonena, emulando a las antiguas chimeneas roncalesas

Esta pareja no tuvo descendencia, pero Teresa, que era conocida por algunos como la Pantxa (por ser la mujer de Pantxo, de Francisco), vivió muchos años, dejando muestras de su carácter, que probablemente le habría acarreado algún enemigo que inventó historias para difamar a Teresa.

Casualmente (o tal vez no sea tan casual), casa Pantxo es la última casa de Vidángoz que ha mantenido la cruz de piedra que solía coronar las chimeneas roncalesas para evitar que las brujas se colaran en las casas. El ejemplo de aquella costumbre se puede observar en la reconstruida casa Montxonena.

20 años de la muerte de Don Nicolás (19/02/1996)

El 19 de febrero de 1996, hace 20 inviernos, falleció Don Nicolás, último párroco residente en nuestro pueblo. Nicolás Iribarren Tainta era natural de Güesa, valle del Salazar, a 10 kilómetros de Vidángoz, y, aunque falleció relativamente joven, con 63 años, pasó casi cuatro décadas al frente de nuestra parroquia de San Pedro Apóstol, los últimos de los cuales, además, también se hizo cargo de la parroquia de Igal.

Un joven Don Nicolás llegó a Vidángoz.

Durante esos largos 40 años Don Nicolás desarrollo principalmente su labor cura-párroco, desempeño por el que es comúnmente conocido y único ámbito en el que algunos le recordarán. Así, se encargaba de todo lo relativo a la administración parroquial, la celebración de los oficios y administración de sacramentos. De hecho, prácticamente las últimas bodas religiosas en Vidángoz fueron oficiadas por él.

Pero Don Nicolás realizó otra labor de investigación que, seguramente, será desconocida para muchos y que, precisamente por eso, no le ha sido reconocida como es debido. Sirva este artículo y el espacio que a su difusión habilitaré en el blog de Bidankozarte para poner en valor todo ese trabajo cuyos ámbitos principales trataré de explicar en los próximos párrafos.

Supongo que Don Nicolás habría empezado esto sin saber hasta dónde iba a llegar. Así, lo primero que habría hecho sería confeccionar índices de las partidas anotadas en los libros sacramentales de la parroquia de Vidángoz. Estos libros, en los que se anotan los bautizos, confirmaciones, bodas y defunciones, conservan en Vidángoz registros desde 1701-1702, no tenían índices, con lo que buscar cualquier registro en ellos era trabajo de chinos. Don Nicolás realizó y mecanografió dichos índices, pero se ve que al hacerlo se dio cuenta de que las partidas contenían multitud de detalles “reseñables” (cónyuges forasteros en las bodas, cónyuges casados en más de una ocasión, motivos de muerte atípicos…), que empezó a recoger en diversos documentos.

Cantando misa el la iglesia de San Pedro Apóstol de Vidángoz.

Desconozco si ya tendría interés por la genealogía con anterioridad pero, si no, está claro que esa labor de extracción de información de los libros sacramentales despertó su curiosidad. Ahondando en ese trabajo, procedió a realizar el denominado Libro de genealogías, donde quedaba constancia de los matrimonios oficiados en Vidángoz y la descendencia de los mismos, así como los años del enlace y de los nacimientos, y una serie de 1771 fichas personales en las que daba cuenta de los datos disponibles de cada bidankoztar (bautismo, confirmación, matrimonio y defunción).

Sin restar valor a su trabajo, a la hora de usar esos documentos hay que tener en cuenta que tienen lagunas: por un lado, en el Libro de genealogías no constan las parejas que, aunque se casaron en otro pueblo, vivieron y tuvieron hijos en Vidángoz, con lo que faltaría un número considerable de familias. Por otro lado, en lo que respecta a las fichas (algunas de las cuales, además, corresponden a cónyuges forasteros, esto es, no nacidos en Vidángoz) no se corresponden con los poco más de 3000 bautizados en Vidángoz desde 1702, y es que faltan prácticamente la mitad de ellos por diversas circunstancias (se casaron a otro pueblo, emigraron…).

Fue el último morador de la Vicaría o Casa Vicarial.

Profundizando en el devenir de cada casa de Vidángoz, también realizó un inmenso trabajo al reagrupar por casas los datos recogidos en los libros de matrículas parroquiales desde 1861-1862, que venían a ser una especie de censo de almas que se hacía anual o bianualmente y que separaba a las personas enumeradas por familias, lo que en la mayoría de casos se correspondía con casas, si bien no se indicaba qué casa era. 91 listados de unas 350-400 personas en la mayoría de los casos y en descenso pronunciado en las últimas, que Don Nicolás plasmó en una especie de índice que nos permite seguir el rastro de las familias que habitaron la mayoría de casas hasta hace siglo y medio. En este caso también hay algunas lagunas, particularmente en las casas que no se han transmitido familiarmente en ese periodo (casas a las que una pareja fueron de herederos, por ejemplo) o casas que han pasado algunos años vacías.

Gran investigador de Vidángoz.

Como colofón a este trabajo, empezó a realizar los árboles genealógicos de los cabeza de familia que iban quedando en el pueblo en la década de 1970, si bien, siguiendo el recorrido de la llega, sólo llegó desde casa Gaiarre hasta casa Juanko.

Pero su quehacer no terminó con eso. Aparte de esta inmensa labor en lo que a la genealogía se refiere, Don Nicolás trató de realizar una serie de fichas e imágenes relativas a varias profesiones o colectivos: secretarios, maestros, médicos, cirujanos-practicantes, matronas, párrocos, sacristanes, alguaciles, molineros, herreros-veterinarios, carabineros… Listas más o menos completas, más o menos detalladas, que obedecen a anotaciones de los libros sacramentales que hacen mención a las profesiones mencionadas.

Mención aparte merecen las fichas realizadas sobre los religiosos y religiosas originarios de Vidángoz, de quienes recoge los datos que sobre los mismos constan en los libros sacramentales de la parroquia hasta que dejan de aparecer en las matrículas parroquiales, lo que indicaría que ya habían partido hacia el convento, seminario o el destino que les correspondiera. En algunos casos, se indican también algunas notas relativas a sus vidas.

Colaborador periodístico bajo el sobrenombre de Botín.

Hasta aquí podría decirse que la labor realizada por Don Nicolás se reduciría al estudio detallado de los libros parroquiales, poco menos que una tesis doctoral sobre los mismos, pero no se quedó en eso. También intentó recopilar fotos de las diferentes personalidades habidas en Vidángoz, tanto de las profesiones anteriormente mencionadas como de los religiosos. En este sentido, en el de los religiosos, amplió su labor a los valles de Roncal y Salazar, en lo que debió de ser una colección fotográfica bastante completa que, por desgracia, actualmente está bastante mutilada.

Para terminar, también realizó una labor digamos periodística, colaborando con el Diario de Navarra entre los años 1979 y 1993, donde bajo el sobrenombre Botín lo mismo ejercía de corresponsal en Vidángoz que hablaba sobre las ermitas o personajes históricos de Vidángoz o redactaba necrológicas sobre religiosos conocidos suyos y que acababan de fallecer. Con anterioridad a esto, entre 1968 y 1970, también publicó varios artículos en la revista religiosa La Verdad.

Además de todo lo anterior, y para ir terminando, también fue el organizador de aquel primer “Uskararen Eguna” que se celebró en Vidángoz en 1975, una fiesta en la que se rindió por primera vez homenaje a Mariano Mendigacha y a Prudencio Hualde, y que sirvió de germen para la colocación de la placa en homenaje a éste último que se colocó en casa Rakax con motivo del Día del Valle de Roncal de 1979 celebrado en Vidángoz y que coincidía con el centenario de la muerte de Prudencio.

Promovió homenajes a los euskaltzales bidankoztarras Mariano Mendigacha y Prudencio Hualde.

En definitiva, que Don Nicolás realizó una labor notable para nuestro pueblo y que, aunque sea 20 años después de su muerte, merece la pena que se le reconozca y agradezca.

Por mi parte, en lo que respecta a su labor genealógica, ya hace unos años que me planteé la labor de rellenar las lagunas que dejó Don Nicolás, pero después de plantearme el cómo realizar la labor, decidí empezar prácticamente de cero ese trabajo y hacerlo de manera exhaustiva y sistematizada, de modo que quedara el menor número posible de lagunas de información. El proyecto, que después de seis años a mayor o menor velocidad, ya está en su fase final, permitirá relacionar a más de 5000 personas que han vivido en Vidángoz (y que han dejado “rastro” documental) en algún momento entre 1700 y 1960 o 1970 (de aquí en adelante es más difícil seguir la pista porque tanto los nacimientos como los matrimonios y muchas de las defunciones tenían lugar fuera de Vidángoz).

Una vez esté montado este árbol genealógico gigante en el que muchos podréis encontraros, el objetivo es intentar seguir la línea de transmisión de cada una de las casas apoyándome tanto en las matrículas parroquiales como en los apeos de población, e ir rellenando de información complementaria de que disponga (recortes de prensa, documentación notarial, referencias a su profesión u otras encontradas en la documentación, etc…). De este modo, podremos seguir el rastro de muchas de las familias durante 10 generaciones en muchos casos. Un trabajo que podría alargarse todo lo que uno quiera, pero que llegue hasta el punto que llegue estará bien.

Pero bueno, esto será la siguiente fase, una que llevará todavía más tiempo. De momento hay 2000 personas relacionadas, y todavía solo constan los matrimonios registrados hasta 1775 y sus descendientes, nacidos hasta principios del siglo XIX.

Para terminar, y como indicaba al principio de este artículo, a partir del 19 de febrero de 2016 (cuando se cumplan 20 años de la muerte de Don Nicolás) estará disponible en el blog de Bidankozarte un apartado destinado a dar difusión a ese legado que nos dejó este último párroco residente en Vidángoz.

Gracias, Don Nicolás.

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