Archive for the ‘Mariano Mendigacha’ Category

Las cartas de Mariano Mendigacha (IX) – Urruxkideak

En esta ocasión, en la carta de febrero de 1904, Mariano Mendigacha da cuenta de una costumbre, ya perdida, que había en Vidángoz para hacer las paces entre familias en torno a una mesa, sin necesidad de juicios:

Urruxkideak

Banquete entre "urruxkideak"

Mañana el día de la Candelaria de la Madre Virgen; cantar las vísperas y en el pórtico se ponen los nombres de todos los vecinos del pueblo cada uno en su cédula, luego se juntan en un sombrero; bien revueltos o mezclados, se llama a dos muchachos; y uno saca una cédula y se la da al cura; el otro muchacho saca otra cédula y se la da al alcalde; los dos las leen y cuyos nombres salen deben estar juntos; de esa forma se junta todo vecino por parejas; después se van todos a comer a una casa y a cenar a la otra, después el día de Santa Agueda; que es cinco días después de éste [de la fecha en que escribe la carta] se juntan las mismas parejas a comer y beber todo el día; a la casa que elijan entre ellos. Primero les obligaban a juntarse bajo pena de dos pesetas y una libra de cera cada uno; ahora no hay pena, se juntan los que tienen voluntad, pero todavía se juntan la mayoría; aunque no sea sino a hacer una cena; tenemos oído a los viejos de antes que esta cuestión estaba puesta, para poner en paz a los que estaba reñidos; ahora también tenemos observado, comúnmente caen juntos, si están algunos reñidos o enfadados y los más hacen las paces, en esta reunión. A esta cuestión le decimos urruxkideak.”

Curiosa costumbre la de los urruxkideak. Una pena que se perdiera.

Las cartas de Mariano Mendigacha (VIII)

Dejábamos el repaso a las cartas de Mariano Mendigacha en la de diciembre de 1903. En ella, además de hablar de árboles y arbustos y de las grandes nevadas que tenían a los hombres “dando guerra” en casa, ambos temas ya mencionados en números anteriores, da cuenta de unos cuantos detalles que nos permiten hacernos una idea de cómo se vivía entonces por una parte, y de la mentalidad de la sociedad en general y de Mariano en particular por otra.

Al hilo de las nevadas que han caído algo antes de lo normal, dice que “Nos ha cogido con los trabajos del monte a medio hacer. No tardarán mucho la gente en empezar a contar necesidades”. Parece que él no se incluye entre los que tendrán necesidad, pero sí que queda constancia de lo a merced que estaba la gente de entonces del tiempo.

Besugo como el que se habrían comido los de Mendigatxa

Besugo como el que se habrían comido los de Mendigatxa

A continuación menciona que a un amigo suyo le habían mandado un besugo, y éste había compartido con él parte del mismo, y en casa de Mariano, a su vez, habían repartido a cada trocico “para poder decir que todos hemos probado besugo”.

Después del asunto de la comida, un percance doméstico: “Por la mañana se nos ha olvidado en la cuadra la manta de la era. Han entrado los cerdos y nos la han roto de tal forma que la han roto en pedazos, hecho trizas, migas, casi hecha polvo”. De aquí también podemos concluir varias cosas, una que los cerdos andarían algo hambrientos, y otra que en casa Mendigatxa había más de un cerdo, lo que indica que era una casa “bien”.

Posteriormente, hace referencia a que, por entonces les llega el que, a su juicio, es el mejor tiempo del año (el crudo invierno), porque lo pasan entre parientes y amigos, en las funciones de matar al cerdo. Al hilo de esto, deja una curiosa reflexión que, traducida (como todo, porque recordemos que las cartas son en Uskara de Vidángoz), viene a decir: “Nos engordaremos de los cerdos, lo mismo que ellos se han engordado de nosotros o de lo dado por nosotros”.

Para terminar, por medio de una historia, no sabemos si verídica, nos deja el testimonio de lo que fue la política familiar en Vidángoz (y en los valles pirenaicos en general) hasta hace un par de generaciones. Cuenta cómo un padre observaba a sus hijos mientras los criaba y, por cómo se comportaban, terminó eligiendo al mayor para heredar la casa. Y llegado el día, le dijo: “Tú has de ser para la casa, y te casarás con fulana”. El hijo contestó: “No quiero casarme con ella”. Y el padre, decepcionado, sentenció: “Pues si no te casas con ella, no tienes nada con esta casa y ni siquiera trabajo, así que fuera de mi vista para siempre”.

Crudo relato, pero visto lo habitual de las bodas “concertadas” en aquel tiempo, esto ocurriría con cierta frecuencia.

Curiosas, pues, todas estas pinceladas de la sociedad de hace un siglo que nos va dejando Mariano Mendigacha.

Las cartas de Mariano Mendigacha (VII) – La madera (y II)

Seguimos donde se quedó el relato de la carta del 29 de Noviembre, que hablaba de los árboles y arbustos que crecen en Vidángoz y los usos que se les da. Habíamos visto en parte ya lo que se decía de pinos, abetos y hayas. Seguimos, pues, desde ese punto.

No hay mucho roble en Vidángoz

No hay mucho roble en Vidángoz

Sobre el roble, señalaba Mariano Mendigacha (Mendigatxa) que “no crece mucho” (que no hay mucho en Vidángoz), que su madera es buena para hacer mesas, puertas y cubas de vino y que “tiene mejor fuego que el haya”.

Por lo que respecta al encino, señala mariano que “tiene madera muy fuerte, que la buscan los carpinteros para hacer herramientas”. En cuanto a su valor como leña, dice que “tiene el mejor fuego de todos los árboles”. Y señala también, al mencionar el uso de sus cenizas para lavar, que “si las mujeres no mezclan las cenizas del encino con otras cenizas se les agrietan las manos al hacer la colada”.

Habla después del fruto de haya, roble y encino, que denomina respectivamente magalla, zin y artazi (y a todas en conjunto, ezkur). Dice que el año que hay bellotas se llevan los cerdos “a la bellota”. Y que la bellota del encino es la mejor, y que la gente la come como las castañas.

En cuanto a los lugares donde crece cada árbol, señala Mariano que “abeto y pino crecen también en los pacos, el haya en las sierras, el roble en los carasoles y el encino en lugares rocosos”.

Matas de boj en Esarena, al pie de la ermita de San Sebastián

Matas de boj en Esarena, al pie de la ermita de San Sebastián

Por lo que respecta a arbustos, señala que “los que más nacen son el boj, el espino, el acebo y la argoma. El boj es el más fuerte de todos y con él se hacen cucharas, peines y los carpinteros lo usan para poner adornos en otros materiales, y tiene tan buen fuego como el encino. El espino, que también tiene buen fuego, lo usan los carpinteros para hacer ejes. Vienen de Aragón y compran todo el monte para quitarle la corteza. De la corteza hacen goma para coger pájaros vivos”.

Ya en la carta de 18 de diciembre del 1903, termina el repaso a los arbustos con el saúco y el avellano. Dice que “la hoja de saúco se recoge en primavera para todo el año; cuando hay catarro se cuece de estas flores y con azúcar o yema de huevo (o si hay de las dos, mejor) bien batido, si se bebe mezclado con el agua de la flor cada vez la cantidad de una taza, se aflojan los pechos. También, después de pasada la sazón, muchos la recogen para hacer tinte negro. Su madera es buena para mangos de hacha. Tiene mal fuego”.

Ensamblaje de los troncos en una almadía

Ensamblaje de los troncos en una almadía

En cuanto al avellano, señala que “con él se hacen los collares para colocar el cencerro en el cuello de los animales. También se hacen cestas, aros y muchas otras cosas. Con avellano se atan los maderos (en las almadías) para llevarlos a vender. Muchos sacan la vida de estos palos, cortándolos y vendiéndolos”.

Para terminar, solo cita como frutales ciruelos y nogales. Dice que hay otros muchos árboles, pero que como no son de provecho, no los nombra. Ante todo, parece que Mariano Mendigacha era un hombre práctico.

Las cartas de Mariano Mendigacha (VI) – La madera (I)

Siguiendo con las cartas de Mariano Mendigacha (Mendigatxa), en la del 29 de noviembre de 1903 hace prácticamente un monográfico sobre la madera, qué árboles y arbustos crecen en Vidángoz, qué uso se le da a cada tipo de madera, qué frutos dan, etcétera…

Maderistas

Maderistas

Y es que, pese a que tendemos a pensar en casa Mendigatxa como una casa de tradición ganadera, se ve que tan “de toda la vida” no debe de ser. Así, es probable que las ovejas llegaran a casa Mendigatxa con Francisco Mainz (Urzainqui), que se casó con Teófila Mainz, nieta de Mariano. La hija de Mariano que se quedó en casa Ramona Inés Mendigacha, se casó con Juan Gregorio Mainz (Santxena), y podría haber sido que éste hubiera llevado ganado como dote, ya que en casa Santxena ya entonces (cuando se casaron, en 1883) había mucho ganado.

Pero hay algunas menciones en las cartas que parecen descartar esta opción. Por un lado, en la carta en la que se da cuenta de la riada que comentamos en el apartado de la hemeroteca del anterior número de Bidankozarte, Mariano dice que en su casa se libraron de perder la madera que habían preparado porque la habían vendido el día anterior, y, para entonces, la hija ya llevaba 20 años casada con el de Santxena. Por otro lado, hay una carta en la que se habla de ovejas, de esquileo, de cómo se hace el queso… y en ella Mariano habla de los pastores en tercera persona, lo que nos hace descartar que alguna vez hubiera sido ganadero.

Hablando ya de árboles, menciona Mariano que las especies principales son pino, abeto, haya, roble y encino, abundando particularmente el primero.

Pinar, paisaje frecuente en el monte de Vidángoz

Pinar, paisaje frecuente en el monte de Vidángoz

Del pino menciona que tiene dos materiales: Coral (en el interior del pino, que se usaba para hacer pez y, si tiene mucha resina, para alumbrar, igual para casa que para la calle, ya que dura mucho) y albar (donde la corteza). Añade que hay mucho tráfico de pinos, que cuando han crecido, se hacen maderos y se llevan río abajo hasta los sitios de venta. La madera de pino vale tanto para construir casas como otro tipo de construcciones, tiene fuego suave y, cuando crece, produce piñones, que es de buen valor para alimento del ganado.

Sigue con el abeto, del que dice que es más grande que el pino, aunque menos abundante. El material es más basto, pero guardándolo mojado, dura igual que el coral de pino y añade que, en su opinión, si al poco de cortarlo se pone enseguida en agua, no se pudre jamás. Señala, además, que para hacer una casa o borda, en Vidángoz prefieren el abeto que el pino. También da piñones y, además, los abetos jóvenes tienen unos bultos que están llenos de una sustancia llamada permentina (trementina), que se usa como medicamento. La madera de abeto es peor para el fuego que la de pino.

Hayedo, otro paisaje habitual en la sierra de Vidángoz

Hayedo, otro paisaje habitual en la sierra de Vidángoz

En cuanto a las hayas, señala que hay menos haya que abeto, y que, aunque hay muchos hayedos, hay pocas hayas para hacer maderos. Con madera de haya se fabrican remos para el mar, palas, aros y muchas otras cosas. En cuanto a su uso como leña, indica Mariano que es mucho mejor para el fuego que la madera de pino.

Como se puede ver por lo expuesto hasta ahora, esta carta es sustanciosa en cuanto a contenido, y como aún queda otro tanto, nos detendremos en este punto para retomarlo en el próximo número en lo relativo a otros árboles y arbustos y demás.

Seguro que, aunque a los más jóvenes mucho de lo que se menciona en esta carta se nos hace nuevo, a los más mayores les habrán venido unos cuantos recuerdos a la cabeza, recuerdos de cuando el bosque era un modo de vida.

Las cartas de Mariano Mendigacha (V) – Lluvia y nieve

Seguimos con la descripción que Mariano Mendigacha hace en sus cartas del Vidángoz de hace 110 años. Pero en esta ocasión, en vez de seguir el orden cronológico y, como hay material para ello, reflejaremos lo que Mariano menciona en alguna de sus cartas sobre las riadas y otras referencias a temporales.

En la carta del 22 de mayo de 1904 recuerda Mariano que dos años antes, estando reunido él con Azkue en Ligi (Ligi-Atherei, Licq-Atheres en francés, en Zuberoa, a 11 km de Larrau), cayó en Vidángoz una pedregada que les dejó sin cosecha.

Vidángoz nevado

Vidángoz nevado

En la siguiente carta, del 29 de junio de 1904, día de San Pedro, señala que “tenemos el tiempo lluvioso, pues ya hace varios días que no calla el rugir de los truenos”, y que, aunque son las fiestas, este año la gente anda un poco triste porque “ayer ocho cayó una gran tormenta de agua, y todos los maderos que estaban preparados en el río para arrancar a venderlos a la Ribera, la corriente de agua que se juntó por los barrancos los llevó; ahora andan los dueños reuniendo los maderos llevados pero este año ya no los pueden vender pues ha pasado el tiempo; nosotros tuvimos suerte; en la víspera del chubasco vino la nuera vendidos los últimos maderos”.

Dos cartas más tarde, en la del 6 de agosto de 1904, menciona que “En el segundo de éste (agosto) nos cayó una pedregada muy grande; pues nos ha arrasado todas las huertas”.

No faltan tampoco las menciones a las grandes nevadas, si bien parece que éstas no causaban los estragos de las otras:

En la carta del 15 de abril de 1903 dice Mariano “Tenemos el tiempo muy malo, no hemos visto en todo el invierno tanta nieve como la que hay ahora; y también traza de hacerlo”. Y eso que era ya mediados de abril…

…Y ese mismo año, ni 5 meses después, ya se daba noticia de la primera nevada del siguiente invierno, aunque la fecha en que nevó, 14 de septiembre de 1903, era, paradójicamente, verano: “hemos tenido buen tiempo hasta el catorce de éste (mes); en este día nos vino la nieve hasta cerca del pueblo; las parvas estuvieron en las eras tapadas de nieve; no hemos visto ni oído seres vivos; después por dos mañanas cayó una helada que nos taló en los huertos, las alubias y todas las cosas tiernas se han secado; las patatas también están sin hojas;

Nieve en Ziberria

Nieve en Ziberria

Y tres mesicos más tarde, el 18 de diciembre de 1903, otro nevadón: “Tenemos el tiempo obscuro; hace ya veinte días que una nevada grande nos tiene debajo; nos tiene a todos los hombres en los hogares, acoquinados, quemándose las espinillas y aborrecidos por las mujeres; pues no les hacemos otra cosa sino hacerles preparar las comidas puntualmente para la hora sabida y estorbo para preparar los trabajos de la cocina. Los caminos están cerrados por la mucha nieve; no anda sino gente aislada; ahora mismo está la nieve cayendo a copos, copos tan grandes como sombreros. Aquí tenemos el dicho, “nieve enorme, nieve grande, nieve menuda, buen tiempo”; como nos ha venido antes de tiempo nos ha cogido a medio hacer los trabajos del monte de su tiempo; antes de mucho tiempo, empezará la gente contando algunas necesidades”.

Y, pasados más de 40 días desde que nevó, siguen encerrados bajo la nieve: “Siempre tenemos el tiempo frío y estamos bajo la nieve, no hacemos otro trabajo que el que le dije a V. en la última carta. Sigo siempre con buen apetito sin dolores en ningún sitio”.

Y en la siguiente carta, fechada el 1 de febrero de 1904, continúan las menciones al crudo invierno que están pasando, al parecer más duro de lo habitual: “Tenemos también el tiempo como que estamos en pleno invierno; hoy está el peor día que hemos tenido en todo el invierno; habiendo usin no podemos ni asomar por las ventanas a la calle, si sigue así por mucho tiempo, el que viva tendrá bastante que contar del invierno de este año.”

Más de lo mismo en la carta del 1 de marzo de 1904: “por causa del tiempo, el día de carnaval ha sido tan triste como un día de cuaresma; todo el día ha estado nevando sin parar; con una nieve derretida en las calles, pues no podía salir cristiano; ni nos hemos vestido de zipoteros”.

Se ve que el tiempo también hacía desastres por entonces, y que, concretamente el de 1903-1904, fue un invierno “majo”.

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