Archive for the ‘Historia’ Category

Una cooperativa de consumo en Vidángoz (1915)

Las cooperativas de consumo nos parecen una novedad, algo que está poco menos que de moda, pero lo cierto es que Vidángoz tuvo una organización de ese tipo hace ya más de un siglo, fue un pueblo pionero en la experiencia y, además, parece que fue todo un éxito. Lo que de momento no he llegado a saber es cuándo y por qué la cooperativa desapareció.

La cooperativa de consumo debió de ser promovida por el que fuera párroco de Vidángoz entre 1913 y 1919 Don Ausencio Jiménez, que hacia 1914 y probablemente influenciado en cierto modo con el inicio de la I Guerra Mundial, impulsó este proyecto para mejorar la vida de sus feligreses. Es de reseñar que en el breve periodo que estuvo Don Ausencio en Vidángoz (realmente 1913-1917, porque pasó la mayor parte de 1918 enfermo en Pamplona y a principios de 1919 cambió de parroquia) dejó huella, ya que siendo él párroco se procedió a reformar la Vicaría (casa parroquial) y se puso en marcha la cooperativa que aquí se trata. Era un cura de marcada ideología carlista en un pueblo que tenía fama de todo lo contrario (aunque hoy en día nos parezca inverosímil) que parece que supo ganarse la confianza de sus parroquianos.

Recorte de El Pensamiento Navarro del 18/05/1915

Recorte de El Pensamiento Navarro del 18/05/1915

Este invento impulsado por el cura se llamó Caja Rural Católica Agrícola de Vidángoz, y su objetivo era conseguir productor para sus socios a un mejor precio que el de mercado y, además, que los productos prácticamente llegaran hasta Vidángoz, sin tener que ir a buscarlos a larga distancia. Así, el primer (y de momento único) evento relacionado con la misma que he encontrado fue un concurso para la compra masiva de trigo, 18.200 kg nada más y nada menos, en enero de 1915, siendo Eusebio Pérez Urzainqui (Diego) su presidente.

Aunque no tenemos más datos sobre la misma, por lo que indican recortes de prensa del verano de 1915, visto el éxito de la cooperativa algunos pueblos del entorno se estaban planteando imitarla. La cooperativa era provechosa para todos sus partícipes pero especialmente beneficiosa para los menos pudientes, que veían algo aliviada su economía.

Por último, un artículo de prensa firmado por un tal Maricalda, da cuenta de que algún comerciante del pueblo se había puesto contra el párroco por fomentar esta sociedad. Nunca llueve a gusto de todos.

Lo mismo que con esta cooperativa, hay otros tantos asuntos desconocidos sobre nuestro pueblo, algunos que ya he encontrado y otros que aún estarán por aparecer, pero todos merecerán unas líneas para no perderse en el olvido.

Los recortes de prensa que mencionan la cooperativa de consumo se pueden consultar a continuación:

La ‘tormenta perfecta’ (8 de junio de 1915)

En los últimos tiempos, cada vez que sucede una tragedia relacionada con el clima tendemos a achacarla al cambio climático, o a que el río ya no está tan limpio como antes, o a cualquier otro motivo que esté de moda. Pero lo cierto es que en esto, como en tantas otras cosas, lo escrito en su día se encarga de dejar constancia de lo frágil de nuestra memoria.

El asunto que trataré en esta ocasión tuvo lugar al final de la primavera de hace un siglo, concretamente la tarde del 8 de junio de 1915. Aquel día concurrieron una serie de circunstancias que hicieron que cayera una tormenta inusualmente fuerte, dando lugar a lo que científicamente, y siempre a nuestra escala, podríamos denominar la tormenta perfecta.

Una tromba de agua arrasó Zeleia

Una tromba de agua arrasó Zeleia

La prensa de la época tardó tres días en publicar las primeras noticias al respecto y fueron más bien escasas. Es de suponer que sería la información que había sobre el suceso el día siguiente de ocurrir. Esas primeras informaciones, el Diario de Navarra indica que sobre las 4 de la tarde se desarrolló sobre los campos de la villa una tremenda tormenta, una formidable tromba de agua que rodó por la montaña arrasando y anegando una gran extensión. La vecina Manuela Glaría (Aristu) se encuentra desaparecida y se teme que fuera arrastrada por el agua. Los daños en los campos son de consideración.

El Pensamiento Navarro añade que el término donde se produjo es Zeleia.

Y El Adelanto, un periódico de Salamanca que se hizo eco de la noticia, daba cuenta también ese mismo día 11 indica que la manga de agua dejó en  destrozos difíciles de reparar, una casa derribada (de la que no tenemos noticias, se desconoce cuál pudo ser), y da a Manuela Glaría por arrastrada por las aguas y ahogada.

El Diario de Navarra del 13 de junio amplía la información: “A las cuatro de la tarde se desencadenó un furioso huracán y poco después descargaba sobre el alto de Estoci y Jabros la imponente tormenta, cayendo piedra, granizo y agua en tal abundancia que, de ocurrir eso más cerca del pueblo, habrían ocurrido muchas desgracias.

Las aguas se repartieron por las dos vertientes, hacia Igal unas y hacia Vidángoz otras, aminorándose gracias a esa división los destructores efectos”.

Con todo, parece que aún podía haber sido peor. Pero veamos el relato que dieron los testigos presenciales sobre lo sucedido:

Los vecinos que vieron iniciarse el torrente dicen que parecía que bajaba una montaña de agua arrastrando maderos, ramas, peñascos, tierra, etcétera.

Esa montaña de agua arrastraba cuanto hallaba a su paso y así se explica el que en breves instantes desaparecieran setos naturales y artificiales, muros de contención y roca que defendían a los campos situados a ambos lados del barranco”.

En resumen, lo que hoy vendríamos a denominar un tsunami, solo que lejos del mar.

Testimonio sobre lo ocurrido, en El Pensamiento Navarro del 13/06/1915

Testimonio sobre lo ocurrido, en El Pensamiento Navarro del 13/06/1915

En cuanto a las desgracias personales, sobre Manuela Glaría, dice el artículo que “se encontraba escardando en una finca, debió guarecerse debajo de unos árboles en las inmediaciones del barranco donde fue sorprendida por la terrible é impetuosa corriente”.

Posteriormente el artículo añade que “merced a las disposiciones dadas por el juzgado se ha logrado encontrar y recoger el cadáver de la desventurada Manuela Glaría, a nueve kilómetros de distancia del lugar en que la tormenta sorprendió a la mujer”.

La pobre Manuela Glaría, viuda y de 74 años, habría aparecido, pues, por las indicaciones que se dan, más o menos en Sagarraga. Pero parece que no fue la única persona por cuya vida se temió. El relato del suceso culmina de la siguiente forma: “En el pueblo se temía por la muerte del vecino Santiago Urzainqui, de 74 años de edad, y cuando se le creía víctima de la horrorosa tromba, ha llegado sano y salvo al pueblo, causando la alegría de sus convecinos y especialmente de la familia”.

Santiago Urzainqui (Kostiol), casualmente quinto de la difunta Manuela Glaría, corrió mejor suerte que aquella y pudo salvar la vida.

El Pensamiento Navarro del 14 de junio viene a hacer una descripción similar a la del Diario de Navarra, que solo añade que “otras muchas personas, vieronse en peligro, pero gracias a su agilidad pudieron librarse de una muerte segura”.

En resumen, pues, una tragedia que pudo haber sido más, y que, además de una víctima mortal, dejo cuantiosos daños en los campos y una casa derrumbada que no he conseguido identificar de momento.

Una jornada aciaga pero, como veremos en el próximo número de Bidankozarte, no fue la única desgracia que hubo que lamentar en aquel 1915…

Para terminar, los enlaces a los recortes de prensa completos sobre este asunto:

Una promesa de matrimonio incumplida (1764-1769)

El asunto que nos ocupará en esta ocasión es un tema recurrente en la historia de cualquier pueblo de nuestro entorno y casi me atrevería a decir que en cualquier lugar del mundo.

Resumido vendría a seguir un guión como el que se expone a continuación. Empezaría con el recurrente chico conoce chica. La pareja comenzaría a intimar y, en un momento dado, el chico le propondría a la chica ir un poco más allá de los besos en la mejilla y pasar a la acción. Suponemos que, en la mentalidad de la época, la chica le diría que no, que hacer eso sin estar casados es pecado. Entonces el chico piensa para sí aquello de París bien vale una misa y le promete lo que haga falta para conseguir su propósito: “Vale, sí, nos casaremos”. Y seguramente esto último se repetiría hasta que, inevitablemente, pasaba lo que tenía que pasar: la chica quedaba embarazada.

Pareja intimando

Pareja intimando

A partir de aquí vendría la segunda parte de estos asuntos, en la que normalmente no tendrían mucho que opinar ninguno de los miembros de la pareja y que se reduciría, como la mayoría de los asuntos de aquel tiempo, a la decisión de las familias y, en su caso, a la capacidad de entendimiento entre ellas.

En la mayoría de ocasiones las familias harían apechugar a la pareja, se sentarían en una mesa a negociar las dotes, el dónde habría de vivir la pareja y demás condiciones y darían por más o menos bueno el acuerdo, pero era lo que había que hacer. Los nuevos cónyuges, por su parte, no habrían tenido mucho que decir en este proceso y no les quedaría otro remedio que vivir felices y comer perdices (buen remedio les quedaba), tendrían una pila de hijos y saldrían adelante como buenamente podrían hasta que la muerte les separase. Fin de la historia.

Pero en algunas ocasiones, las menos, la cosa se torcía, y bien porque las familias no llegaban a un acuerdo, bien por otro motivo, la familia del chico se negaba a aceptar que el chico fuera suyo y ya estaba liada.

De estos asuntos en el siglo XVIII se ocupaba la jurisdicción eclesiástica (más adelante pasaría a la jurisdicción civil), sería por aquello de que demandante y demandado habían incurrido en un pecado.

En aquel entonces las pruebas de ADN (como las que le piden actualmente a algún exmandatario) eran ciencia ficción, y la forma de solucionar esto era a base de testimonios varios. Pero, sabiendo de lo que estamos tratando, ¿quién podía dar testimonio de lo que ha pasado en la intimidad de dos personas? En la mayoría de los casos, pues, sería la palabra de una contra la del otro y, tal y como sigue sucediendo actualmente en estas situaciones, seguramente no ganaría el que más razón tendría, sino que lo haría el más pudiente, el que tendría capacidad para conseguir una mejor defensa.

Promesa de matrimonio incumplida

Promesa de matrimonio incumplida

Desgraciadamente para ellas, era prácticamente imposible demostrar que el demandado era realmente el padre, así que, entre que el acusado es inocente hasta que se demuestre lo contrario, y que tanto a nivel social, donde la mujer ocupaba un papel secundario, como a nivel religioso, donde aparte de su papel marginal, en cierto modo, se asociaba mujer con pecado, esto era como luchar contra los elementos y la mujer partía con muchas opciones de perder. Así, en 5 procesos de este tipo que hubo en Vidángoz en apenas 25 años, entre 1748 y 1774, el hombre cuya promesa de matrimonio y paternidad se reclamaba fue absuelto en 3 ocasiones, en otra el proceso no llegó a terminarse y quedó pendiente de sentencia por causas que desconocemos y solo en 1 de los 5 casos el proceso quedó en suspenso y la pareja terminó casándose.

El caso que ha dado pie a este artículo, en particular, se inició en 1764 y se alargó hasta 1769. El título de este proceso concretamente es María Elena Maíz, natural de Vidángoz, contra Antonio de Urzainqui, natural de la misma villa, pidiendo que sea obligado a cumplir la promesa de matrimonio que dio a la demandante, a la que privó de su entereza y virginidad y es uno de los que acabó con la absolución del demandado, esto es, de Antonio Urzainqui.

No sabemos a qué casas pertenecían los contendientes en este pleito (aunque algún día llegaremos a saberlo). Lo que sí es seguro es que la criatura que originó el pleito no nació en Vidángoz (no sabemos ni si llegó a nacer) y que María Elena Mainz no se llegó a casar en Vidángoz y, probablemente es la Elena Mainz que finalmente murió soltera con 74 años, habiendo llevado durante toda su vida el estigma de ser una pecadora.

En fin, que con las promesas parece que sucede como con las palabras, que, según el proverbio, se las lleva el viento.

1855: La Cólera de Dios en Vidángoz

Con motivo de las fiestas de San Agustín del año 2013, se realizó una charla sobre una epidemia de cólera que asoló Vidángoz en 1855. El contenido de aquella disertación no estaba plasmado en papel en aquel momento, pero recientemente he conseguido dejar constancia del tema y completar algunos flecos que quedaron pendientes en aquella fecha, y ya está listo el cuadernillo correspondiente al brote de cólera de 1855.

Portada del libreto "1855: La Cólera de Dios en Vidángoz"

Este número especial recoge y amplía, pues, el contenido aquella charla de fiestas de 2013, y en él se da cuenta de la que, seguramente, será la mayor tragedia que ha vivido Vidángoz: una epidemia de cólera en la que, en apenas 15 días, fallecieron 60-66 de los 400 habitantes que tenía Vidángoz, casi 1 de cada 6 vecinos. Esta publicación da cuenta del contexto histórico en que tuvo lugar el mortal brote, cómo se desarrolló y qué consecuencias tuvo en la vida del pueblo. Cuenta, además, con un apartado en el que se analizan las circunstancias de la muerte de cada uno de los 66 fallecidos.

Consta de 36 páginas de tamaño A4 (folio) y, como ya es costumbre, incluye aclaraciones relativas a qué casas pertenecen las personas que aparecen en el texto.

De venta en Bar Danielna, por correo ordinario o por correo electrónico contactando con bidankozarte@yahoo.es.

Ver índice

Las cartas de Mariano Mendigacha (XII): Tipos de ganado

Al hilo de los mulos, machos y demás a los que hemos dedicado las secciones de Notas históricas y Vocabulario, en su carta de febrero de 1905 Mariano Mendigacha da cuenta de los nombres que en Vidángoz se daban a los diferentes animales domésticos, tanto caballares como de otro tipo, en uskara y en castellano.

Así, por razas dice Mariano que a los diferentes ganados se les denomina:

  • al caballar, zamari gentia;
  • al mular, mando gentia;
  • al asnal, asto gentia;
  • al vacuno, abel gorria;
  • al ganado de cerda, txerri gentia;
  • al ganado menudo, azienda xnea;
  • al pelaje [caprino], biladuna;
  • al lanar [ovino], iladuna.

Los machos de cada raza se llaman como sigue:

  • al caballo, zamario;
  • al asno, astoa;
  • al toro, zezena;
  • al cerdo, aketza;
  • al cabrón, akerra;
  • al carnero, mardano.

A las hembras cuando están en celo se les da el siguiente nombre:

  • yegua o burra en celo, en uskara gori;
  • vaca en celo, en castellano (c) toridera, en uskara (u) susare;
  • a la cabra, urcidera (c) e irurzu (u);
  • a la oveja, amanecer (c) y arkara (u);
  • a la cerda, barraguera (c) e inausi (u);
  • a la perra, cachonda (c) y ogara (u);
  • y a la gata, amoros (u).

Para terminar, Mendigacha da cuenta de los nombres que se les da a las crías de cada raza en función de su edad:

  • caballar recién nacido, cría (c) y ume (u);
  • caballar de un año, potro (c) y putxu (u);
  • mular recién nacido, cría (c) y ume (u);
  • mular de un año, mulato (c) y manyoko (u);
  • mular de 7 años, cerrado (c) y zerratruk (u);
  • asnal recién nacido, cría (c) y ume (u);
  • asnal de un año, pollino (c) y attoko (u);
  • vacuno recién nacido, cría (c) y ume (u);
  • vacuno hasta un año, ternero (c) y xanl (u);
  • vacuno hembra hasta 3 años, bigantxa (u);
  • lanar macho hasta un año, ariko [ahariko] (u);
  • lanar macho hasta dos años, borro (u);
  • lanar macho hasta tres años, ari [ahari] (u);
  • lanar macho de más de tres años, se les llama en función de los dientes que tenga por sus años;
  • lanar hembra hasta un año, artxo (u);
  • lanar hembra hasta dos años, primala (u);
  • lanar hembra de más de dos años, se denominan de igual forma que los machos;

En aquella época los animales domésticos ocupaban un lugar fundamental en la vida de nuestros antepasados, y es por ello que el vocabulario estuviera tan especializado. Con todo, y tal y como hemos visto en ocasiones anteriores en la sección Vocabulario, no están aquí todas las que son, todavía faltarían otras muchas.

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