Archive for the ‘Notas historicas’ Category

Una promesa de matrimonio incumplida (1764-1769)

El asunto que nos ocupará en esta ocasión es un tema recurrente en la historia de cualquier pueblo de nuestro entorno y casi me atrevería a decir que en cualquier lugar del mundo.

Resumido vendría a seguir un guión como el que se expone a continuación. Empezaría con el recurrente chico conoce chica. La pareja comenzaría a intimar y, en un momento dado, el chico le propondría a la chica ir un poco más allá de los besos en la mejilla y pasar a la acción. Suponemos que, en la mentalidad de la época, la chica le diría que no, que hacer eso sin estar casados es pecado. Entonces el chico piensa para sí aquello de París bien vale una misa y le promete lo que haga falta para conseguir su propósito: “Vale, sí, nos casaremos”. Y seguramente esto último se repetiría hasta que, inevitablemente, pasaba lo que tenía que pasar: la chica quedaba embarazada.

Pareja intimando

Pareja intimando

A partir de aquí vendría la segunda parte de estos asuntos, en la que normalmente no tendrían mucho que opinar ninguno de los miembros de la pareja y que se reduciría, como la mayoría de los asuntos de aquel tiempo, a la decisión de las familias y, en su caso, a la capacidad de entendimiento entre ellas.

En la mayoría de ocasiones las familias harían apechugar a la pareja, se sentarían en una mesa a negociar las dotes, el dónde habría de vivir la pareja y demás condiciones y darían por más o menos bueno el acuerdo, pero era lo que había que hacer. Los nuevos cónyuges, por su parte, no habrían tenido mucho que decir en este proceso y no les quedaría otro remedio que vivir felices y comer perdices (buen remedio les quedaba), tendrían una pila de hijos y saldrían adelante como buenamente podrían hasta que la muerte les separase. Fin de la historia.

Pero en algunas ocasiones, las menos, la cosa se torcía, y bien porque las familias no llegaban a un acuerdo, bien por otro motivo, la familia del chico se negaba a aceptar que el chico fuera suyo y ya estaba liada.

De estos asuntos en el siglo XVIII se ocupaba la jurisdicción eclesiástica (más adelante pasaría a la jurisdicción civil), sería por aquello de que demandante y demandado habían incurrido en un pecado.

En aquel entonces las pruebas de ADN (como las que le piden actualmente a algún exmandatario) eran ciencia ficción, y la forma de solucionar esto era a base de testimonios varios. Pero, sabiendo de lo que estamos tratando, ¿quién podía dar testimonio de lo que ha pasado en la intimidad de dos personas? En la mayoría de los casos, pues, sería la palabra de una contra la del otro y, tal y como sigue sucediendo actualmente en estas situaciones, seguramente no ganaría el que más razón tendría, sino que lo haría el más pudiente, el que tendría capacidad para conseguir una mejor defensa.

Promesa de matrimonio incumplida

Promesa de matrimonio incumplida

Desgraciadamente para ellas, era prácticamente imposible demostrar que el demandado era realmente el padre, así que, entre que el acusado es inocente hasta que se demuestre lo contrario, y que tanto a nivel social, donde la mujer ocupaba un papel secundario, como a nivel religioso, donde aparte de su papel marginal, en cierto modo, se asociaba mujer con pecado, esto era como luchar contra los elementos y la mujer partía con muchas opciones de perder. Así, en 5 procesos de este tipo que hubo en Vidángoz en apenas 25 años, entre 1748 y 1774, el hombre cuya promesa de matrimonio y paternidad se reclamaba fue absuelto en 3 ocasiones, en otra el proceso no llegó a terminarse y quedó pendiente de sentencia por causas que desconocemos y solo en 1 de los 5 casos el proceso quedó en suspenso y la pareja terminó casándose.

El caso que ha dado pie a este artículo, en particular, se inició en 1764 y se alargó hasta 1769. El título de este proceso concretamente es María Elena Maíz, natural de Vidángoz, contra Antonio de Urzainqui, natural de la misma villa, pidiendo que sea obligado a cumplir la promesa de matrimonio que dio a la demandante, a la que privó de su entereza y virginidad y es uno de los que acabó con la absolución del demandado, esto es, de Antonio Urzainqui.

No sabemos a qué casas pertenecían los contendientes en este pleito (aunque algún día llegaremos a saberlo). Lo que sí es seguro es que la criatura que originó el pleito no nació en Vidángoz (no sabemos ni si llegó a nacer) y que María Elena Mainz no se llegó a casar en Vidángoz y, probablemente es la Elena Mainz que finalmente murió soltera con 74 años, habiendo llevado durante toda su vida el estigma de ser una pecadora.

En fin, que con las promesas parece que sucede como con las palabras, que, según el proverbio, se las lleva el viento.

1855: La Cólera de Dios en Vidángoz

Con motivo de las fiestas de San Agustín del año 2013, se realizó una charla sobre una epidemia de cólera que asoló Vidángoz en 1855. El contenido de aquella disertación no estaba plasmado en papel en aquel momento, pero recientemente he conseguido dejar constancia del tema y completar algunos flecos que quedaron pendientes en aquella fecha, y ya está listo el cuadernillo correspondiente al brote de cólera de 1855.

Portada del libreto "1855: La Cólera de Dios en Vidángoz"

Este número especial recoge y amplía, pues, el contenido aquella charla de fiestas de 2013, y en él se da cuenta de la que, seguramente, será la mayor tragedia que ha vivido Vidángoz: una epidemia de cólera en la que, en apenas 15 días, fallecieron 60-66 de los 400 habitantes que tenía Vidángoz, casi 1 de cada 6 vecinos. Esta publicación da cuenta del contexto histórico en que tuvo lugar el mortal brote, cómo se desarrolló y qué consecuencias tuvo en la vida del pueblo. Cuenta, además, con un apartado en el que se analizan las circunstancias de la muerte de cada uno de los 66 fallecidos.

Consta de 36 páginas de tamaño A4 (folio) y, como ya es costumbre, incluye aclaraciones relativas a qué casas pertenecen las personas que aparecen en el texto.

De venta en Bar Danielna, por correo ordinario o por correo electrónico contactando con bidankozarte@yahoo.es.

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Un bidankoztar muerto en la República Dominicana (1864)

Estaba terminando el año 1864 y un bidankoztar estaba haciendo su mili en la República Dominicana, que aunque era independiente desde 1844, había sido recolonizada por España.

Este proceso dio lugar a una guerra, denominada Guerra de la Restauración [1863-1865], en la que los dominicanos trataban de recuperar su independencia y los españoles de dominar una antigua colonia.

Luperón, victorioso tras una batalla al mando de los dominicanos.

Luperón, victorioso tras una batalla al mando de los dominicanos.

Al pobre Patricio Sebastián Artuch Mainz (Anarna), que era el primogénito de su casa, le llamaron a remplazo y su destino fue la República Dominicana, donde fue enviado con otros muchos jóvenes a “sofocar la rebelión”, combatiendo en el 2º Batallón del Regimiento de Infantería de la Reina nº 2.

Finalmente, tuvo la mala suerte de encontrar la muerte a los 22 años en Santo Domingo un 16 de noviembre de 1864.

Pues eso, Patricio el de Anarna, una víctima colateral del colonialismo.

Con las mulas a vueltas (1639, 1689 y 1739 (2))

Los bidankoztarras, aunque hidalgos desde hace siglos, no han sido históricamente demasiado pudientes y, como personas ligadas al trabajo de la tierra y del ganado que eran, nos podemos hacer una idea de la importancia que tenía para una familia el hecho de tener un macho, una mula o un buey.

Así, en esta ocasión mencionaré diversos procesos judiciales que tenían como causa principal mulas y machos y que, casualmente, tuvieron lugar en años redondos hacia atrás desde el actual (hace 375, 325 y 275 años respectivamente). No conozco la sentencia de estos casos porque no he tenido tiempo para estudiarlos. No obstante, dejo señalada la referencia de los mismos en el Archivo General de Navarra (AGN), por si alguno se anima algún día.

Las mulas, animales de carga por excelencia.

Las mulas, animales de carga por excelencia.

En el primero de los casos, de 1639, tiene por protagonistas a dos bidankoztarras: Por lo que se ve, Marcos de Urzainqui había dejado su mula a Juan Garceche (apellido que hoy conocemos como Garcés, pero que, lo mismo que Artutx o Salbotx, en su día era Garzetx), y éste se la había devuelto con una pata rota y poco menos que inútil. El caso es que el primero le reclamaba 500 reales por el valor de la mula y los gastos de curas de la pata rota.

Su referencia: AGN Proceso 227054;

Carga de vino, transportada en aquel entonces en pellejos.

Carga de vino, transportada en aquel entonces en pellejos.

El segundo proceso, de 1689, nos lleva hasta Isaba, donde el bidankoztar Pedro de Iriarte había contraído una deuda con el izabar Vicente Ros, habiendo dejado como fianza una mula y una carga de vino. Pedro de Iriarte decía haber pagado la deuda, pero el escribano real (lo que hoy llamaríamos notario), Miguel de Baines y Lorbes, también izabar, había ejecutado el aval y entre tanto se habían causado daños a la mula. El pleito en esta ocasión era entre Pedro de Iriarte y el escribano.

Más info.: AGN Proceso 270940;

Feria de ganado

Feria de ganado

Medio siglo después de este último proceso, en 1739, otro bidankoztar, Marcos Sanz, llevaba a juicio a José Resano, de Andosilla. Por lo que se ve, nuestro paisano vendió 4 caballerías lechales, esto es, 4 potros, al andolense, suponemos que en alguna feria de ganado de antaño, y habrían acordado el pago en dos plazos: parte en la misma feria y parte más tarde. Según parece, ese segundo plazo, por importe de 418 reales, no llegó a realizarse y pasó lo que tenía que pasar.

Para saber cómo terminó este asunto, AGN Proceso 242458;

Y en ese mismo año de 1739, y para que no parezca que los de Vidángoz siempre somos los paganos en estos asuntos, otro proceso que en este caso tiene al que fuera vecino de nuestro pueblo como demandado. Juan Barber, de Ezcároz, reclama a Bernardo Sanz, de Vidángoz, 26 ducados que le debe por la venta de un macho.

Su referencia: AGN Proceso 092599;

Y estos procesos son solo los que coinciden en años redondos con el actual, así que nos podemos imaginar los que habrá habido… Bueno, con esto nos hacemos una idea de la importancia que tenía el ganado caballar (equino) en el Vidángoz de hasta no hace tanto tiempo.

El asesinato de Irene Pérez Goyeneche (1964)

Irene Pérez Goyeneche, de joven, ataviada con el traje típico roncalés.

Irene Pérez Goyeneche, de joven, ataviada con el traje típico roncalés.

Corrían los años 60 y diversos países africanos afrontaban su independencia tras el proceso de descolonización promovido por una entonces joven O.N.U.. El país que nos ocupa, la actual República Democrática del Congo (anteriormente conocido como Zaire y como Congo Belga), no es una excepción. Así, las primeras elecciones del Congo Belga independiente se celebraron en 1959 y el primer gobierno nacional se constituyó en 1960. Sin embargo, el intento de varias regiones de escindirse y la ayuda que recibieron por parte del gobierno belga hicieron que el gobierno buscara el apoyo de E.E.U.U., ayuda que pareció no recibirse de manera suficiente, lo que sumió al país en el caos. La violencia se generalizó y se sucedieron varios gobiernos hasta que Mobutu dio un golpe de estado apoyado por E.E.U.U. y accedió al poder en 1965.

En esos cinco años de inestabilidad política y social es donde transcurre la historia que relata este artículo. En aquella época y en aquel país, como en otros tantos, diversos misioneros realizaban su labor. Si a esto le añadimos que a Vidángoz se le conocía como “el pequeño Vaticano” en relación a la cantidad de religiosos que había, es fácil llegar a la conclusión de que algún misionero bidangoztar habría en el Congo Belga en los años 60.

En aquel país se encontraban en aquel momento dos misioneras bidangoztarras, hermanas y de casa Diego, para más señas: Irene (Sor María de San Marciano) y Guadalupe Pérez Goyeneche (Sor María Victorica), ambas Franciscanas Misioneras de María (las “blancas”).

Irene, ayudando a los desfavorecidos en el Congo Belga.

Irene, ayudando a los desfavorecidos en el Congo Belga.

Había pasado ya julio de 1964 y las tropas de la O.N.U. habían abandonado ya el país, dándolo poco menos que por pacificado, pero todavía quedaban diversos focos de rebelión. Uno de ellos era la entonces denominada ciudad de Stanleyville (actual Kisangani). A finales de noviembre parte de la ciudad, a un lado del río, se encontraba “liberada”, y la otra, al otro lado del río, en manos de los rebeldes. En la zona rebelde se encontraba Irene junto con otras misioneras navarras varias. Dado lo extremo de la situación, su superiora le había recomendado pasar a la zona “liberada” donde, al parecer, la congregación tenía otra casa, pero Irene y otros prefirieron permanecer en la casa en la que desarrollaban su labor y que pasara lo que tuviera que pasar.

Y, desgraciadamente, lo que pasó fue lo peor que se podía esperar: fueron capturados por los rebeldes y llevados a una casa que hizo las veces de prisión improvisada. En el sótano de la misma aquel 24 de noviembre de 1964 se encontraban retenidas y encerradas 32 personas, en su mayoría misioneros europeos, que en algunos casos ya llevaban dos días en aquellos 20 metros cuadrados. Y allí permanecieron, sufriendo los tormentos de sus captores, hasta que al día siguiente, 25 de noviembre, fueron casi todos ellos ejecutados en una habitación de la misma casa, fusilados contra la pared.

Placa que recuerda a la difunta Irene, en la fachada de Casa Diego, su casa natal.

Placa que recuerda a la difunta Irene, en la fachada de Casa Diego, su casa natal.

Uno de ellos tuvo la fortuna de poder sobrevivir haciéndose el muerto y tres religiosos congoleses que había en el grupo tampoco fueron ejecutados, y es gracias a ellos que ha quedado el relato de aquellos momentos.

Posteriormente, además del esperado funeral en su pueblo natal, en Vidángoz, se hizo otro funeral en Peralta, donde ejercía de párroco su hermano Santiago y, posteriormente, el Arzobispo de Pamplona celebró una en la catedral una misa por las misioneras navarras fallecidas. Casi 7 años más tarde, una iniciativa del ayuntamiento hizo que se colocara una placa en recuerdo de Irene en la fachada de su casa natal, casa Diego. Y, por último, en 1994, con motivo del 30 aniversario de la muerte de Sor María de San Marciano, su hermano Santiago Pérez Goyeneche (Diego) publicó el libro “Irene: roncalesa, misionera, mártir” (1995, edición del autor), con el que relató la biografía de la difunta Irene.

A continuación, diversos recortes de prensa relativos a la muerte de Irene:

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