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Gazteluzarra

El topónimo que nos ocupa esta vez es Gazteluzarra. Se denomina así, o también Peñas de Gazteluzarra, al término situado al Sur de Elizarena, y puede ser observado fácilmente desde la carretera Igal-Vidángoz a la par del Castillo y de ahí hacia Burgui. Desde prácticamente cualquier punto que se divise, Gazteluzarra se presenta como una atalaya rocosa, que es precisamente lo que le habría conferido esa característica que originaría su nombre.

La etimología del topónimo es inequívoca en este caso: “gaztelu” (castillo) + “zarra” (viejo) = “el castillo viejo”.

Y el hecho de llamarse Gazteluzarra, el castillo viejo, en el caso de Vidángoz se puede relacionar con otro topónimo que tenemos en el mismo pueblo (y que trataremos en otra ocasión) y que no es otro que El Castillo, que, por contraposición, podríamos considerar “el castillo nuevo”.

Las "peñas" de Gazteluzarra vistas desde San Juan

Las "peñas" de Gazteluzarra vistas desde San Juan

En los valles de Roncal y Salazar se pueden encontrar diversos “Gazteluzarra” o “Gaztuluzarra”, todos ellos situados en cimas y conectados visualmente entre sí, lo que, como explica más detalladamente Iñaki Sagredo en su libro “Vascones: Poblamiento defensivo en el Pirineo” (Pamiela, 2011), implica la existencia de una organización defensiva común entre los pueblos de la zona. Por ejemplo, desde el Gazteluzarra de Vidángoz, además de controlar visualmente todo el valle del Biniés, hay contacto visual con los Gazteluzarra de Igal y Burgui, lo cual, ante una situación de peligro, permitiría dar aviso rápidamente a los Gazteluzarra cercanos, seguramente usando fuego.

Además, es probable que en algún momento convivieran “en activo” el castillo de Gazteluzarra y El Castillo del pueblo, puesto que, dependiendo de la ubicación exacta de este último, podrían haber tenido incluso contacto visual entre ellos.

En cualquier caso, por el momento todo son conjeturas ya que, por un lado, no hay documentación que mencione ni uno ni otro (lo cual no quiere decir que no existieran, sino que serían de época anterior a la de la documentación que se conserva), y por otro, hasta la fecha, no han aparecido vestigios reseñables de que en alguno de los dos emplazamientos hubiera una edificación de tipo defensivo. De hecho, a finales de 2012 un equipo comandado por el citado Iñaki Sagredo realizó una primera cata arqueológica en Gazteluzarra que no fue fructífera.

Para terminar y como muestras de lo que la memoria colectiva dice respecto a Gazteluzarra, Crisanto Pasquel Ornat (Paskel) comentaba que “en ese castillo se hicieron fuertes los nativos de aquí, cuando la invasión de los moros”, y mencionaba una leyenda que decía que “la tradicional riqueza de casa Santxena se debía a un becerro de oro que habían encontrado en Gazteluzarra”. En un aspecto similar, Evaristo Urzainqui Hualde (Lengorna), aseguraba que, siendo su madre pequeña, había encontrado en una pequeña cueva de Gazteluzarra un almirez (mortero) de piedra, que habría quedado en casa Navarro al casarse ella a casa Lengorna.

Riadas en Vidángoz en el siglo XX

Riadas de mayor o menor tamaño siempre ha habido, periódicamente, pero la memoria es muy volátil y a veces, cuando nos parece que algo que ha ocurrido es lo nunca visto, las hemerotecas (hasta donde llegan) y la documentación en general, se encargan, tozudamente, de recordarnos que, casi siempre, hubo un antecedente.

La riada de 1915, en el Diario de Navarra del 13/06/1915

La riada de 1915, en el Diario de Navarra del 13/06/1915

Con las riadas ocurre exactamente eso y, al menos en cinco ocasiones encontramos referencias a crecidas en el Biniés en la primera mitad del siglo XX.

Hacia el 20 de junio de 1904 comenta Mariano Mendigacha en una de sus cartas a Azkue que la crecida del Biniés debido a una tormenta había llevado muchos de los maderos que estaban preparados para ser vendidos, haciendo la puñeta de muchos de los madereros del pueblo.

El 8 de junio de 1915, un “furioso huracán de agua, piedra y granizo sobre el alto de Estoci y Jabrós” causó otra gran riada que causó la muerte de Manuela Glaría (Aristu). La crónica añade que “los vecinos que vieron iniciarse el torrente dicen que parecía que bajaba una montaña de agua arrastrando maderos, ramas, peñascos, tierra, etc…”. Un tsunami en Vidángoz, vaya. Escalofriante. En esta ocasión la riada derribó incluso una casa, si bien no sabemos cuál y, hasta dónde llego a saber, nadie ha mencionado algo semejante en las entrevistas que realicé.

El 2 de noviembre de 1937, además de la que estaba cayendo, y aunque no conocemos datos precisos de Vidángoz, el Biniés y el Esca andaban desbordados, y se dice que en todo el valle los ríos arrastraron millares de maderos y destrozaron centrales eléctricas, molinos, presas, regadíos e incluso parte del puente de Burgui.

El 20 de julio de 1944 una “aparatosa tormenta de piedra y agua que, a juzgar por sus efectos, no se había conocido cosa semejante” hizo que el Biniés volviera a salirse, arrastrara nuevamente maderos preparados para el transporte y causara daños importantes en los cultivos.

Para terminar, el 27 de mayo de 1956 se produjo otra gran riada, y en esta ocasión, aunque resultaron afectadas, las centrales eléctricas, molinos y presas aguantaron el temporal, si bien los daños en los campos y el sector maderero fueron cuantiosos, Burgui se quedó sin electricidad para una temporada larga y en Roncal se señalaba que era la primera vez que el río inundaba el frontón. En lo que a nuestro dichoso río se refiere, la crónica relata que “El Biniés inundó la vega del Valle de Vidángoz, llegando el río en banda hasta casi cubrir el arco del puente de la carretera de Roncal”.

Pues eso, riadas de ayer y hoy. Se han expuesto cinco ejemplos que he encontrado, pero seguro que ha habido más riadas de diversa consideración.

Casa Xereno

En esta ocasión trataremos casa Xereno, que tradicionalmente y en el sentido en que se realizaban los listados referentes a Vidángoz, era la primera casa del barrio Iribarnea por la que se pasaba.

El barrio de Iribarnea (que como indicaba en el número anterior viene a significar “lo de abajo de la villa” o “la parte baja de la villa”) agrupaba algo más de 20 casas entre las que se incluían las casas situadas en el paraje del castillo.

Cabe reseñar que en este barrio se encontraba la herrería (para herrar a las caballerías), la muela (para afilar), la casa del Secretario y la ermita de San Miguel. Además, casa Santxena ejerció durante bastante tiempo de posada y estanco.

En cuanto a la casa que nos ocupa, el hecho de que no haya llegado una sucesión familiar de los habitantes primigenios de esa casa hasta nuestros días dificulta el poder conocer la historia de la casa. Recientemente encontré un mensaje de una nieta de uno de los últimos nacidos en casa Xereno de la familia que era originaria de la casa, pero de momento no he conseguido contactar.

Casa Xereno

Casa Xereno

Así, lo que conocemos de la historia de la casa es que los últimos descendientes de la familia originaria de esta casa emigraron a Argentina, donde alguno de la casa ya había probado fortuna a principios del siglo XX, con buenos resultados, al parecer.

En el periodo de tiempo entre que la dejó la familia nativa y la compraron los actuales propietarios (familia Sanz-Artuch) fueron inquilinos en esta casa la familia Arbizu-Salvoch, entre 1943 y 1951, antes de comprar casa Arotx (actual casa Arbizu) y posteriormente, cuando se realizaron las obras de traída de aguas, algunos de los trabajadores venidos de Ávila también se alojaron en esta casa.

El 4 de diciembre de 1973 un incendio declarado en la vecina casa Landa (actual casa Martín) arrasó la casa en apenas 2 horas, cuando en el interior se encontraban el matrimonio formado por Salvador Sanz (Arguedas/Xereno) y Paula Artuch (Largotena/Xereno) y tres de sus hijas, que apenas pudieron salvar unos pocos enseres.

Posteriormente, se construyó la casa Xereno que conocemos actualmente.

Por lo que respecta al nombre, Xereno, desconozco su origen, que probablemente fuera el apodo dado a alguno de la casa, y tampoco he encontrado testimonios sobre a quién podía hacer referencia. Cabe reseñar la “X” inicial tan característica en la pronunciación de los nombres de algunas casas de Vidángoz (Xapatero, Xoko, Paxapan, Pexenena, Mux…).

Además del nombre Xereno, algunos de los mayores entrevistados indicaron que, durante algún tiempo, también se hacía referencia a la casa con los nombres de casa Bertol y casa Zazu.

El primer caso, Bertol, fue un nombre que algunos le dieron durante un breve periodo de tiempo, y que es debido al nombre de la casa de origen de Eugenio Glaría Aznárez, de casa Bertol de Burgui, que se casó en 1927 con Fermina Zazu Fuertes (Xereno). Este nombre se habría usado desde 1927, cuando se produjo el matrimonio, hasta 1939-1940, cuando al parecer emigró la familia Glaría Zazu a Bahía Blanca (Argentina).

El segundo nombre, anterior en el tiempo, casa Zazu, también hace referencia al apellido de Francisco Zazu (Anxelarna), que se casó con Mª Josefa Fuertes Urzainqui (Xereno) en 1895. Casa Anxelarna, como explicaremos en su momento, era una pequeña casa que se encontraba en la parte de arriba de lo que hoy es casa Calderero.

Antes que éstos fueron dueños de la casa Ángel Fuertes Salvoch (Fuertes), casado con Fca. Manuela Urzainqui Mendigacha (Xereno) en 1859. Y en la generación anterior, el matrimonio dueño de la casa era el formado por Juan Antonio Urzainqui Labiano y Mª Isidora Mendigacha Martín (en este caso todavía no sé identificar quién era de la casa y de dónde venía el cónyuge). El apodo “Xereno” se lo darían a alguno de estos hombres o, menos probablemente, a sus hijos, pero no tenemos forma de asegurarlo.

El verano de 1561 en Vidángoz

Hace 450 años el verano andaba movido, con varios procesos fuera de lo común. Por un lado, se iniciaba un proceso en el que se enfrentaban la Colegiata de Roncesvalles y Carlos Bornas, vecino de Ochagavía, sobre  ejecución de 3 bueyes por 29 ducados del arriendo de los frutos decimales de la iglesia parroquial de Vidángoz con el molino de Burgui, y 7 reales, una tarja y 12 cornados de costas.

Por lo visto, el arrendatario de el diezmo de la iglesia no había satisfecho el arriendo y tenía que responder con 3 bueyes que habrían sido puestos como fianza.

Graciana Belza debía de conocer bien el uso de hierbas.

Graciana Belza debía de conocer bien el uso de hierbas.

Pero aquel verano, todavía coleaba otro proceso contra dos vecinas acusadas de varios hurtos, Graciana Belza y María Lópiz, en el que, además, se acusaba también a la primera de “hechicera e ponzoñera”.

El proceso se inició en abril de 1560, se alargó durante varios meses de la primavera y el verano de 1560 y, se cerró en primera instancia con la condena a azotes y destierro de las condenadas, si bien las condiciones fueron diferentes para cada una de ellas. Después, se reabrió para cerrarse definitivamente en el verano de 1561.

Es un proceso ciertamente extenso pero en el que podemos encontrar diversas referencias al Vidángoz de entonces y a la mentalidad de la época y, hasta donde sé, el único en el que se acusa a una bidangoztarra de brujería.

Por ello, y para un desarrollo adecuado del tema, se tratará el proceso con mayor profundidad en una charla-proyección que, a bien ser, tendrá lugar en las fiestas de 2012.

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