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Proyecto Amabitxi

Durante los últimos años en Navarra en general y en nuestro valle en particular se han venido realizando una serie de acciones y proyectos que han tenido en común un objetivo: el de conservar y recuperar nuestro patrimonio. Este mismo boletín es solo una muestra de ello, pero también están las entrevistas realizadas a una treintena mayores de Vidángoz hace 4 años, las recopilaciones de fotografías de Santiago Calderero y muchas otras que ahora no entraremos a enumerar.

Almadía en la Pechera (VIdángoz)

Almadía en la Pechera (Vidángoz)

Pero, ¿qué es patrimonio? Patrimonio es nuestra historia, nuestra cultura, nuestra lengua, nuestra forma de vestir, nuestra forma de vivir; asimismo, los viejos oficios, los juegos de los niños, las canciones, la música, las danzas, las creencias; y además las casas y sus nombres, las bordas, las iglesias, las ermitas, los puentes, las fuentes; y también los viejos documentos y legajos, las fotografías y lo que recuerdan nuestros ancianos de lo que antaño fue su vida.

Es por ello que un grupo de personas del valle hemos decidido poner en marcha el Proyecto Amabitxi, que tiene como objetivo incidir de lleno en la recuperación del patrimonio, pues aunque hasta ahora se ha hecho bastante, lo que está todavía sin hacer es muchísimo.

Para quien no lo sepa amabitxi es el nombre roncalés que se le da a esa joya que utilizan las mujeres en su indumentaria tradicional para amarrar la falda encimera por detrás y así evitar que se caiga. Dándole el nombre de esta pieza al proyecto, por tanto, lo que queremos dar a entender es que nuestro patrimonio es una joya a conservar, y que este proyecto, al igual que el amabitxi, busca sujetarlo para evitar que caiga.

El patrimonio se puede clasificar en dos categorías: material e inmaterial. El patrimonio material es aquél que es tangible, que se puede tocar. Y a su vez se subdivide en patrimonio material mueble, es decir, que se puede mover (un martillo, una plancha, una capa, etc.); y patrimonio material inmueble, que no se puede mover (una casa, un puente, una iglesia, un lavadero, etc.).

El patrimonio inmaterial es aquél que no se puede tocar: una canción, una danza, una oración, un refrán, la memoria de un anciano, etc.

Los de Diego aventando en Peñeta

Los de Diego aventando en Peñeta

Así pues, sobre ambos patrimonios quiere incidir el Proyecto Amabitxi, catalogando el mayor número de elementos posible. Pero nos encontramos con que hay una parte de este patrimonio que precisa obligadamente de la colaboración vecinal: se trata del patrimonio material mueble.

¿A qué nos referimos con catalogar? Catalogar una pieza es hacer de ella una ficha con su número de referencia, su nombre, su fotografía, sus medidas, su historia, su utilidad, su estado de conservación, etc…

En nuestro valle están catalogadas las piezas que están en los museos de la Almadía, de Julián Gayarre y la Casa de la Memoria, contando en total con unas mil piezas, un número insignificante para las que hay en el interior de las casas. Hay varias viviendas en el valle que, individualmente, atesoran varios miles de piezas, lo cual nos da una idea del riquísimo patrimonio que se conserva todavía y que nos es totalmente desconocido. Es una realidad que en el interior de casas, bordas, ermitas e iglesias de nuestro valle son muchas las piezas que, por el simple hecho de no estar dentro de un museo, no se ven beneficiadas de esa obligatoriedad de estar catalogadas. Algunas de ellas de suma importancia.

Del mismo modo, también es una realidad que se ha tirado y se ha quemado muchísimo; y pese a las campañas de concienciación realizadas, todavía hoy es mucho lo que se va perdiendo.

Por ello, de forma pionera en Navarra, queremos impulsar el esfuerzo altruista, sin subvención alguna, de emprender poco a poco la catalogación de las prendas, documentos, herramientas y otro tipo de objetos de interés etnográfico. Queremos que quede constancia de su existencia, entre otras muchas razones porque sabemos que entre todas esas paredes se ocultan auténticos tesoros de nuestro patrimonio histórico, lingüístico, etnográfico y cultural. Lo sabemos con certeza.

Niños de Vidángoz tocando los "trucos" preparando la llegada de los reyes magos.

Niños de Vidángoz tocando los "trucos" preparando la llegada de los reyes magos.

Y en este caso el Proyecto Amabitxi lo que busca es la colaboración de todos los vecinos para que poco a poco nos vayan abriendo sus puertas, y así podamos ir catalogando las piezas que se conservan, garantizando en todo momento (si así se desea) el anonimato del propietario. Queremos saber qué es lo que hay, en qué cantidades, y sólo de esta manera podremos seguir avanzando en la investigación de nuestro patrimonio.

No hay que olvidar, además, que en el cien por cien de los casos la catalogación de una pieza sirve para revalorizarla y otorgarle sin duda un valor añadido. Tal vez no podamos evitar que en un futuro esa pieza acabe desapareciendo (rotura, robo, incendio, carcoma, a la basura), que es lo que acaba sucediendo con la mayoría de esas piezas, pues no todas las generaciones las valoran de igual manera. Pero lo que sí podemos evitar que desaparezca es la imagen y la información que nos da esa pieza.

Partimos del hecho de que todas las piezas son importantes, a pesar de que la rutina de verlas puede llevarnos a no valorarlas como se debe. Y dentro de que todas las piezas nos parecen importantes, por su vulnerabilidad vamos a dar prioridad a la indumentaria tradicional. Las prendas de vestir y el textil en general es lo que tiene una mayor tendencia a desaparecer. Esto además nos servirá para avanzar en la investigación que se está llevando a cabo a nivel de valle sobre nuestra indumentaria.

En cualquier caso, entiéndase que nos interesa todo, todo aquello que aporte algo a nuestro patrimonio: prendas de vestir, herramientas, aperos de labranza, alfarería, fotografías, documentos manuscritos, estampas, útiles de la cocina, artesanía pastoril, marcas de ganado, y un montón de cosas más.

Merienda de los de Largotena en la muidera

Merienda de los de Largotena en la muidera

Ya sabemos que es un trabajo casi infinito (o sin casi), pero esto, lejos de asustarnos, lo que hace es animarnos a seguir trabajando. Hemos de ser conscientes de que cada ficha que completemos es un pequeño éxito, será una pequeña parcela que le habremos arrebatado al olvido.

Detrás de toda esta iniciativa estamos un grupo de personas del valle a quienes nos preocupa nuestra historia y nuestro patrimonio. Confiamos en que, en la medida en la que vayamos dando a conocer esta iniciativa, vamos a ser muchos más.

La puesta en marcha de todo este trabajo surge de unas personas que cuentan ya con unos antecedentes importantes en los campos de la investigación, difusión y promoción del patrimonio roncalés. Se trata de José Ignacio Riezu Boj (Roncal), Fernando Hualde Gállego (Isaba), Iñaki Ayerra Arrarás (Burgui), y Angel Mari Pérez Artuch (Vidángoz).

Se busca que los vecinos no sólo se sientan colaboradores, sino que se sientan responsables de la necesidad de este trabajo y del éxito de su desarrollo. Es tarea de todos, y de todos se espera que abran la puerta de sus casas. En ningún caso se van a sacar las piezas del lugar en el que están, y siempre que el propietario lo quiera se garantizará el anonimato.

El punto de arranque de este proyecto está previsto para el 1 de enero de 2014. Sin embargo, en localidades como Roncal e Isaba se ha empezado ya en estas semanas previas a redactar algunas fichas en base a piezas que ya estaban localizadas. Han bastado cuatro voces para que inmediatamente algunas personas de diferentes localidades del valle nos hayan abierto sus puertas para que podamos acceder a catalogar sus piezas.

Mujeres de Vidángoz hilando

Mujeres de Vidángoz hilando

Ha sido suficiente esta primera prospección para descubrir que el patrimonio conservado en las casas del valle es mucho mayor de lo que se sospechaba. Existen colecciones particulares de piezas antiguas que, por su envergadura y por la calidad de las mismas, rebasan con creces a lo conservado en los diferentes museos etnológicos y etnográficos del valle. En el terreno de la indumentaria roncalesa, por poner un ejemplo, lo que creíamos que podían ser tan sólo unas decenas de prendas las conservadas, hemos visto que se pueden contar por centenares; y algunas de ellas afectan a la indumentaria de otros valles colindantes.

Podemos dar fe de la existencia de piezas realmente excepcionales, únicas en Navarra en lo que hasta ahora se conoce; y podemos dar fe, igualmente, de la existencia de piezas de un valor histórico muy relevante. Y es esto lo que nos hace reafirmarnos en que esta iniciativa, el Proyecto Amabitxi, va a servir para conocer mucho más a fondo nuestro patrimonio y nuestra historia.

No sabemos hasta dónde vamos a llegar. Pero sí que sabemos que cada pieza que se catalogue, por sí sola, ya será un éxito. Y esperamos que, con la ayuda de todos vosotros, sean muchas las piezas catalogadas.

La riada de 1787

Vidángoz y el valle de Roncal en particular, y toda la cuenca del río Aragón en general, vivieron hace 225 años otra riada de las que no se olvidan. Pero, al contrario de lo que ocurrió en octubre de 2012, cuando la peor parte del temporal tuvo lugar en la parte alta de las cuencas del Biniés, Jabrós y Salazar, en 1787 esa situación anómala se dio en la de forma generalizada en los valles pirenaicos, y por ende, en nuestro Vidángoz.

Grabado de una riada histórica en Murcia

Grabado de una riada histórica en Murcia

Desgraciadamente, no podemos conocer con detalle los daños causados por dicha riada en el pueblo, ya que el libro de actas que supuestamente incluye el año 1787, carece de ninguna información sobre ese año, centrándose el libro en los años 1793-1797. Es probable que la falta de esta documentación esté relacionada con la Guerra de la Convención,  que comenzó en 1793 y que sacudió a nuestro valle de forma directa.

Sin embargo, el libro de cuentas correspondiente a ese año sí que nos permite confirmar que hubo daños en el pueblo, ya que en el libro de cuentas que incluye ese año 1787, en la partida nº 85 del año 1788 se resumen los gastos derivados de “los daños y extragos que executó la extraordinaria riada del día veinte y quatro de sepre del año último ochenta y siete para presentar en el Real Consejo […]. Veinte y seis reales y veinte y nueve más dados a Josef Marichalar, maestro albañil y carpintero, por su trabajo en hacer las declaraciones regulando el coste de los daños en puentes, paredes y demás edificios. Ocho reales a Juan Miguel Salboch y Esteban Onco […] por la ocupación de un día acompañando a Josef Marichalar para enseñarle los parajes en que había causado daño la riada; Quarenta y ocho reales a Bauptista Yrigaray y Pedro Juan Fuertes […] por la ocupación que durante seis días tuvieron en reconocer todos los términos de esta villa y tomar razón de todos los daños ocasionados por la riada en las heredades y campos […]”.

Grabado de una riada histórica en Lorca

Grabado de una riada histórica en Lorca

Deducimos, pues, que los daños en Vidángoz fueron diversos y, a juzgar por lo que sucedió aguas abajo en Sangüesa en aquella ocasión, cuando la crecida del Aragón (10 metros) solo dejó en pie 39 de las cerca de 500 casas con que contaba la ciudad en aquel entonces, la crecida debió ser de órdago. Desgraciaciadamente, este desastre de Sangüesa atrapó acabó con la vida de un joven bidangoztarra: Pedro Francisco Laviano Reta, de 17 años, natural de casa Calderero (casa que por aquel entonces tendría otro nombre). Su partida de defunción dice así: “Murió en la ruina que acaeció en dicha ciudad de Sangüesa, donde residía como aprendiz de comerciante, y se encontró muerto junto a su Amo”. La riada debió de arrasar también Urzainqui y Garde y derribó prácticamente todos los puentes del valle de Roncal.

Tanto en esta época como en riadas posteriores el entorno del río estaba más limpio que ahora, ya que el tráfico de almadías así lo requería, pero ello tampoco evitó que las crecidas de los ríos causaran estragos. Y es que, seguramente, como pasaba en la aldea de Astérix, una de las pocas cosas que temían los bidangoztarras de entonces era que “el cielo cayera sobre sus cabezas”… Y, en aquella ocasión, parece que cayó.

La conquista de Navarra y Vidángoz (1512)

Vidángoz, como el valle de Roncal y Navarra entera, se encontraba por estas fechas hace 500 años intentando reaccionar a la invasión que Castilla había realizado a finales de julio.

El escudo de armas del valle de Roncal en el libro de armería de Navarra

El escudo de armas del valle de Roncal en el libro de armería de Navarra

Los roncaleses, que desde tiempos inmemoriales venían siendo hombres de armas tomar (literalmente), no estaban dispuestos a someterse tan fácilmente. Cómo serían de guerreros, cuando en diversas fuentes se menciona a los roncaleses como “soldados de élite” del ejército navarro.

En el recuerdo (y mucho más atrás) quedaban las batallas contra los musulmanes, la batalla de Roncesvalles y muchas más que habían hecho crecer la leyenda alrededor del carácter guerrero de los roncaleses, incluso las recientes disputas por el goce de las Bardenas, acaecidas apenas 20 años antes (1490).

Es por ello que, en aquel julio de 1512, los únicos en salir al paso de la comitiva castellana que entraba por la Sakana fueron un puñado de roncaleses (200 según algunos, hasta 800 según otros), en el desfiladero de Oskia.

Escudo de armas de Navarra

Escudo de armas de Navarra

Vistas sus pocas posibilidades debieron de retirarse pronto y tras pasar agosto y a instancias de su rey, Juan III, se rindieron a principios de septiembre… si bien empezaron a preparar el contraataque, que se produciría apenas mes y medio después.

A lo largo del otoño de 1512, el rey Juan III entró por el pirineo y recuperó para su causa el castillo de Burgui y fue reuniendo a los que todavía le eran leales.

En este primer contraataque del otoño de 1512, los roncaleses aún protagonizaron algún capítulo memorable más, como aquel en el que 100 roncaleses que se dirigían a la Ribera pusieron en fuga a una pila de aragoneses (entre 250 y 600 según las fuentes).

Los intentos fueron en vano y, conforme terminaba el otoño, los castellanos recuperaron el control de la situación y muchos roncaleses fueron condenados a muerte por ser leales a su rey legítimo.

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